
Sionismo cristiano
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Algunos pasajeros murmullaron que también se hubiera debido mencionar al Presidente Petro en los agradecimientos pero, ante las miradas de censura de los vecinos, esas voces no se elevaron. De lo que no se puede hablar, es mejor callar. Más de 22 horas después, y luego del paso por Lisboa, las Islas Azores y Punta Cana, los 110 colombianos llegaron a Bogotá. Al llegar varios sacaron banderas de Colombia e Israel, agradecieron, de nuevo, a la Fuerza Aérea, y pidieron incluir a Israel en sus oraciones. Para ese entonces la operación militar israelí en Gaza le había costado la vida a unos 1600 palestinos. Pero de eso no hablaban los peregrinos. Las conversaciones giraban en torno a qué tan lamentable era no haber podido visitar la Iglesia de la Natividad en Belem o de haber recorrido la via dolorosa, en Jerusalén. Jesús estaba muy presente en las conversaciones, pero no su compasión.
El grupo de viajeros incluía un pastor católico y a miembros del grupo de 92 personas que había viajado a Tierra Santa con Jesús Hernán Orjuela, un predicador mediático conocido como el ‘Padre Chucho’. En 2022, él había promocionado el viaje “Las Siete Iglesias del Apocalipsis y tras los Pasos de San Pablo”, en Turquía y Grecia, y, ahora, el destino había sido Israel. El sacerdote venía de un encuentro, en Roma, de la Asociación Internacional de Exorcistas. Días antes del vuelo humanitario, desde Jerusalén, se había convertido en el principal analista geopolítico de varios reconocidos medios de comunicación. Sollozando, en medio de un grupo de feligreses alineados cuidadosamente detrás de su líder espiritual, el ‘Padre Chucho’ contaba desde el lobby de un hotel qué tan dramática era la situación, cómo habían escuchado alarmas de alerta, aludía a la supuesta escasez de alimentos y medicinas –después de 5 días en una ciudad libre de ataques– y cantó con pasión, junto con su coro plañidero, el himno nacional. Explicó, en su nuevo rol de analista internacional, cómo “los terroristas en Irán” buscaban, a través de la acción de Hamas, “evitar estas alianzas o pactos de hermandad, de paz”, entre Israel y los pueblos árabes. La paz ante todo. Señaló de todas las formas su solidaridad con Israel y criticó la postura de Petro –a quien, en el pasado, había caracterizado como un “Chávez Pequeño”– ante el conflicto en curso.
La simpatías político-religiosas del ‘Padre Chucho’, y de muchos feligreses colombianos, no son nada excepcional en el marco, transversal a católicos y protestantes, del ‘sionismo cristiano’. En EEUU, ante la ofensiva israelí, han aparecido varios pronunciamientos, como, por ejemplo, el “Evangelical Statement in Support of Israel”, firmado por unos 90 pastores, respaldado por unos 2000 y derivado de una asociación con 45.000 iglesias. El Estado de Israel cuenta con fieles apoyos entre las iglesias evangélicas norteamericanas, mexicanas y brasileras. Cabe preguntarse a qué se debe ese apoyo, cuya aparición dista de ser obvia. En Colombia, desde el debate sobre la inmigración judía, en los años treinta, hasta algunos pronunciamientos del exprocurador Ordoñez, inspirados por el Lefevbrismo, ha abundado la hostilidad hacia los judíos desde bases católicas. Del lado protestante, no está mal recordar, entre otros elementos, que Lutero escribió, en 1543, un agresivo panfleto antisemita titulado ‘Sobre los judíos y sus mentiras’. Obviamente los cristianos no católicos no son necesariamente luteranos, y otros reformadores, como Calvino, no parecen tener una relación particularmente conflictiva con el judaísmo, pero, para desnaturalizar la proximidad de muchas iglesias protestantes a Israel, en las cuales no es extraño encontrarse con la estrella de David, la menorah (candelero de 7 brazos), banderas de Israel y hasta uso de la kipá, es importante remontarse a los orígenes de una de las ramas centrales del cristianismo no católico.
Aunque todo esto requeriría un mayor desarrollo, podrían mencionarse al menos 3 razones para ese apoyo incondicional, aún en el contexto de una catástrofe humanitaria en Gaza. En primer lugar, la presencia, entre muchas de estas iglesias, de posturas marcadamente “gobiernistas” y la simultánea suspicacia ante cualquier forma de desafío a un gobierno establecido –llámese ‘terrorismo’, subversión o, simplemente, protesta–. Que aquí se deslicen con facilidad posturas hostiles a la izquierda y, como significativa excepción a la regla, no se reconozca la legitimidad de gobiernos de izquierda, no es así casual. En ese marco es diciente la mención, en el “Evangelical Statement in Support of Israel”, de un pasaje del capítulo 13 de la Epístola a los Romanos: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo”. El operativo contra Hamas sería así parte de la necesidad de infundir temor a los ‘malos’. Dice el versículo 4: “Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano (el magistrado) lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”. Un esquema de interpretación de todo desafío a un Estado como un acto de impiedad, merecedor de un acto de venganza, legitima aquí la “legítima defensa” de Israel.
En segundo lugar, y sobre todo en relación a las iglesias evangélicas norteamericanas, pueden hallarse razones para el apoyo a Israel en su escatología. Para muchos cristianos no solo el establecimiento del Estado de Israel, sino los conflictos en los cuales este se vea involucrado e, incluso, el sufrimiento del pueblo judío, son signos del cumplimiento de sus expectativas sobre el fin de los tiempos. El pastor John Hagee sostuvo por eso, en el 2008, que el Holocausto era parte de los planes de Dios para el retorno de los judíos a Tierra Santa. Los judíos, desde esta perspectiva, son un pueblo elegido por Dios cuyo retorno a la zona en la cual tendrá lugar, en el Valle de Jezreel (Israel), el retorno triunfante del mesías y la batalla final entre Jesús y el anticristo, es un signo profético. Se profetiza que un ejército combatirá al pueblo de Dios y sitiará a Jerusalén, de modo que la presencia de los judíos en este lugar, y las amenazas contra ellos, son un momento necesario de la llegada del fin de los tiempos. Con la derrota del anticristo se instaurará, de manera definitiva, el Reino de Dios. Esto se mezcla fácilmente, además, con la islamofobia extendida entre la derecha cristiana, en tanto el ‘falso profeta’ de Apocalipsis 16:13 podría ser, desde esta lectura, nada menos que el profeta Muhammad. Que una organización islamista ataque a Israel encuadra así en la expectativa escatológica.
En tercer lugar, como suele pasar en otros fenómenos que involucran la religión y la política, la forma de interpretación de pasajes de textos sagrados y la selección de tales o cuales pasajes como particularmente significativos y nucleares –y no de otros- , va de la mano con la capacidad de movimientos estructurados, partidos y Estados de generar apoyos ideológicos, tejer redes y satisfacer a sus clientelas, esto es, con razones no puramente hermenéuticas acerca de cómo y por qué se impone una cierta línea de interpretación. En este punto se entrecruzan procesos endógenos, al interior de las iglesias y sus disputas hermenéuticas, con dinámicas políticas más amplias. En ese sentido, cabe decir que el Gobierno actual de Israel ha sido particularmente hábil en establecer redes de solidaridad entre las iglesias evangélicas –como lo muestra, por ejemplo, el encuentro de Netanyahu con la plana mayor de los pastores evangélicos mexicanos en 2017 y con sus pares brasileros en 2018 – y, asimismo, que el Partido Republicano, en los EEUU, ha cultivado eficazmente su apoyo a la par que promueve, de manera sutil o velada, la islamofobia. Bolsonaro, en esa misma línea, promovió una relación muy estrecha con Israel y calculó el respaldo de las iglesias evangélicas haciéndose bautizar, en el 2016, en el Río Jordán. Apoyar incondicionalmente a Israel da votos. Más de 100 miembros del congreso norteamericano actual se declaran evangélicos. No es de sorprenderse, entonces, que ciertas líneas interpretativas prosperen allí donde cuentan con atmósferas institucionales que las estimulan y premian.
El silencio acrítico del Padre Chucho, junto a muchos creyentes, católicos y protestantes, ante el genocidio en Palestina, no es gratuito. Cuando a ciertos criterios metahistóricos convertidos en el núcleo de una fe se suman coyunturas propicias para su aplicación, están dadas las condiciones para omitir o relativizar la información adversa a las propias expectativas. Incluso si eso violenta otros elementos de la propia tradición, tal como preceptos morales con una vocación universal. Para muchos creyentes solo cabe decir, por eso, respecto al Estado de Israel: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan” (Génesis 12:2).

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Acerca del autor
Carlos Ramirez
Politólogo y filósofo de la Universidad de los Andes y doctor en filosofía por la Universidad de Heidelberg. Es profesor asociado del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes. Sus intereses giran en torno a la teoría política y social, la militancia política, la relación entre religión y política y los métodos de investigación cualitativos.
4 comentarios






Pues en la simplemente «violenta incursión» de Hamas el nieto de una prima fue asesinado de un tiro en la cabeza. ¿Cuántos muertos hacen falta para clasificar como Genocidio? ¿1200, 10.000, 6.000.000?
Amigo, lo que dice no tiene nada que ver con el artículo. Vaya y diviértase, escribiendo cosas descontextualizadas, en Semana.
Juan esos civiles muertos cuentan y merecen condena absoluta. La barbarie es de los extremistas de ambas partes y tiene que ver con el articulo. Este conflicto tiene profundas raices de alucine religioso. Escuche hablar a Yuval Noah Harari de este conflicto y tambien escuche el podcast Making Sense de Sam Harris por si quiere enterarse de una vision mas amplia y ponderada de este problema de nunca acabar.
Juan reproduce la cultura traqueta colombiana: si asesinan a alguien «por algo será». Para eso no se necesita leer, ni siquiera Semana.