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Así debería ser la “nueva normalidad”

Escrito por Pablo Andrés Martínez Silva
Reapertura organizada

Explicación razonada y precisa de las medidas que el gobierno, las empresas y las organizaciones sociales deberían adoptar para reactivar la economía y evitar que la pandemia se nos salga de control.

Pablo Andrés Martínez*

El virus va para largo

En medio de la avalancha informativa que acompaña a la pandemia, muchos han olvidado el mensaje más importante de los epidemiólogos y expertos en salud: el virus llegó para quedarse.

Al igual que otras enfermedades infecciosas como el dengue o la influenza, la COVID-19 podría convertirse en una enfermedad endémica, es decir que podría estar presente por un tiempo indefinido en ciertos espacios, poblaciones o momentos del año. En ese caso, habría picos en ciertas regiones y ciertos meses, que dependerían de las características naturales del virus.

Lo mucho que hoy sabemos sobre el virus

Aunque han sido objeto de debate, los modelos epidemiológicos cumplieron su objetivo: facilitar la toma de decisiones públicas para salvar el mayor número posible de vidas.

La cuarentena obligatoria nos permitió ganar tiempo y conocer mejor el virus. Sin duda, hoy sabemos mucho más de él que en enero: entendemos sus mecanismos de transmisión, sus características principales y sus bases moleculares. También hemos avanzado en el desarrollo de la vacuna, y cada vez estamos más cerca de identificar puntos débiles que nos permitan desarrollar fármacos para limitar o impedir su transmisión o sus daños a la salud de los infectados.

Ese conocimiento ha permitido confirmar la importancia de prácticas de autocuidado como el lavado de manos, la desinfección de objetos, el uso del tapabocas y el distanciamiento físico. Así mismo, ha facilitado la adopción de estrategias alternativas de cuidado doméstico para los casos leves y moderados, promoviendo la solidaridad entre vecinos y familiares.

Por su parte, los estudios de campo llevaron a la noción de “contacto de riesgo” (aquel que dura más de catorce minutos con una distancia inferior a dos metros), facilitando la identificación de nodos o “puntos calientes” es decir, de lugares que presentan mayores posibilidades de contagio y, por ende, requieren medidas especiales como el rastreo temprano.

La descripción clínica de la enfermedad también ha mejorado mucho: pasamos de una descripción basada en signos y síntomas respiratorios a un cuadro mucho más complejo que involucra varios sistemas. Este cambio ha permitido que los profesionales y técnicos de la salud tengan más posibilidades de identificar tempranamente a los portadores del virus.

El rastreo y el aislamiento de casos

Foto: Gobernación de Nariño
El rastreo y el aislamiento de casos será la clave para contener el virus ahora que se relajaron las medidas.

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Lo mucho que nos falta por saber

Pese a todos estos avances, es evidente que aún persisten muchas dudas.

Son varios los debates que siguen abiertos porque los datos no son concluyentes. Algunos tienen un nivel de especialización que escapa a la mayor parte de la población, pero otros, como el papel de los asintomáticos en el contagio o los efectos del virus en los niños son de interés general.

Y las respuestas a preguntas como éstas tienen o tendrían por supuesto, implicaciones importantes para la toma decisiones políticas.

Razones para abrir

Aunque según las cifras disponibles, todavía estamos en la fase ascendente del primer pico, el gobierno nacional ha optado por apostarle a la “nueva normalidad”.

En términos prácticos, esta estrategia consiste en relajar las medidas de control central y delegar las decisiones en los gobiernos territoriales. La decisión se basa en tres argumentos:

  • La expansión de la capacidad asistencial. El aumento significativo de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), laboratorios para el procesamiento de muestras y dotación de equipos de protección personal;
  • La mejoría de la capacidad de monitoreo. El aumento de la capacidad para hacer exámenes de laboratorio y el mejor conocimiento sobre el virus permitirían que el seguimiento y monitoreo territorial, delegado a alcaldes y gobernadores, tenga como base la aplicación de protocolos y la regulación gremial.
  • La cuestión socioeconómica. Si bien se han hecho grandes esfuerzos –sobre todo en las grandes ciudades– para aliviar las necesidades de gran parte de la población, la “cuestión socioeconómica” solo podrá ser resuelta mediante la reapertura de las empresas productivas formales e informales.

Si bien es innegable que la capacidad asistencial ha aumentado, aún estamos lejos de las metas propuestas en la fase de preparación. Ha habido dificultades para adquirir ciertos insumos y tecnologías debido al comportamiento de los mercados internacionales, y no es claro qué ha pasado con el talento humano pese a que se han dispuesto un buen número de insumos y piezas comunicativas.

En el ámbito territorial reina la incertidumbre porque muchos de los sectores abiertos constituyen “puntos calientes”, y todavía no está claro si será posible lograr un monitoreo acompañado por la autoridad sanitaria. Finalmente, es importante mantener en mente que el principal objetivo de la reapertura debe ser mitigar los nefastos efectos socioeconómicos de la pandemia.

EL confinamiento temprano

Foto: Gobernación de Boyacá
EL confinamiento temprano permitió ganar tiempo para conocer más del virus.

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Entonces, ¿cómo lo hacemos?

Es importante tener en cuenta que Colombia presenta condiciones particulares y, por tanto, no podemos limitarnos a extrapolar lo que ha sucedido en otros países, incluyendo a los vecinos de América Latina.

Algunos elementos que deben ser considerados en estos momentos son:

  • Cambios en la estrategia de comunicación. Se han perdido mensajes importantes que subrayan la importancia de las medidas de autocuidado. El distanciamiento físico, el lavado de manos y el uso correcto del tapabocas son esenciales para disminuir el contagio. Es hora de evaluar en qué punto estamos, y transmitir esta información de forma clara y didáctica. La noción de “contacto de riesgo” es fundamental.
  • La hora de los colectivos. Es momento de pasar del aumento de capacidad institucional a la expansión de las capacidades colectivas. Las formas organizativas, asociativas y de cooperación cobran mucha importancia en este punto porque pueden ayudar a prevenir el contagio y a mejorar el rastreo de contactos, especialmente en territorios donde el sistema de salud es frágil. Es hora de poner en práctica lo que algunos autores denominan Inteligencia Colectiva Epidemiológica.
  • Los ojos sobre los “puntos calientes”. Es fundamental identificar los lugares principales lugares de riesgo para tratar de convertirlos en “puntos fríos” donde el contagio es poco probable.
  • Extensión del rastreo y medidas tempranas de aislamiento de casos. La importancia del rastreo –bien sea con tecnología o con talento humano– es innegable. Hasta este momento se han puesto en práctica ejercicios exitosos en Antioquia y Boyacá. Es hora de extrapolar esas experiencias y aprendizajes a los territorios que tienen menos recursos. Así mismo, es importante desarrollar nuevas formas de rastreo en contactos semi rurales, rurales y dispersos. Los colectivos juegan un papel fundamental en este proceso.
  • Un mercado de bienes y servicios de bajo contacto. El intercambio de bienes y servicios es uno de los “puntos calientes”. Es fundamental promover el teletrabajo digno y favorecer la agilidad y el distanciamiento físico en las actividades que no pueden llevarse a cabo de forma virtual. En este ámbito, los mercados informales representan un gran reto.
  • Despliegue de otros programas de salud pública. La COVID-19 ha opacado otras enfermedades como el dengue, la malaria y la tuberculosis. Es importante desarrollar estrategias para controlarlas y adelantar programas sociales para disminuir sus efectos.
  • Acompañamiento a las entidades territoriales. En Colombia abundan territorios con sistemas de salud frágiles y recursos escasos. Es fundamental crear un sistema de acompañamiento técnico a las entidades territoriales que les permita tomar mejores decisiones. Para esto es necesario descentralizar el acompañamiento, facilitar los convenios entre instituciones y desarrollar herramientas adecuadas para estos efectos.

En muchos de estos aspectos, Colombia cuenta con experiencia previa que debemos revisar y comparar con experiencias internacionales, para escoger las que mejor se adapten a las particularidades del contexto colombiano.

* Médico cirujano, especialista en Economía, magíster en Antropología Social, candidato a Doctor en Salud Pública, socio y asesor técnico de Sinergias Alianzas Estratégicas para la Salud y el Desarrollo Social. Correo: pmartinez@sinergiasong.org

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