Polo Polo vs Ocampo: el daño es la represión sexual - Razón Pública
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Polo Polo vs Ocampo: el daño es la represión sexual

Escrito por Pedro Adrián Zuluaga

“De donde yo más recibo ataques homofóbicos, es de la izquierda”, le dijo el congresista Miguel Polo Polo a un periodista de Semana TV, luego de que el propio representante revelara un video en el que aparece su colega, Alejandro Ocampo, de la bancada oficialista del Pacto Histórico, sugiriendo que compraría de regalo un juguete sexual para “Polo Polo y sus amigos”. El episodio, como saben, alineó los astros a favor de Polo Polo, quien recibió muestras de solidaridad desde diferentes sectores, incluidos algunos líderes de la comunidad LGBTIQ+.

En este “escándalo”, viralizado por el presunto afectado (quien como político ha hecho toda una carrera basada en la exageración y el insulto), quedarse en muestras vacías de corrección política puede llevar a la reproducción de males sociales mayores que aquellos que ocuparon el centro del debate y permitieron su capitalización por parte de un opositor al gobierno.

La polémica se fundamentó, especialmente, en la homofobia de un político de izquierda y en el estigma que habría sufrido un grupo específico: las personas LGBTIQ+. La homofobia es, claro que sí, un mal extendido en el que coinciden sin distingo ideologías y clases sociales. Y a la izquierda, por su filiación con las causas progresistas (incluidas las actuales políticas de la identidad), se le debe exigir que se desmarque de manera más tajante de la violencia simbólica por razones de orientación sexual.

En este desliz de Ocampo y en el oportunismo de Polo Polo, sin embargo, la homofobia parece más una consecuencia que una causa. Lo que muestra el absurdo cruce entre ambos representantes es que uno y otro se pliegan a una moral hipócrita, que no puede ser sino el producto de una represión sexual extendida. En el video de Ocampo y en la respuesta de Polo Polo lo que vemos es que, independientemente de su orientación sexual, ambos representantes propagan homofobia y misoginia, dos males que siempre van unidos.

“Por lo visto a quien le gusta que lo tengan clavado es a usted, que Petro le subió la gasolina, el mercado, la energía eléctrica y ahora le va a subir el predial y usted feliz. Sin contar la clavada que se llevaron en las elecciones regionales y con esta victoria de Milei”, respondió Polo Polo en su cuenta de X. Para defenderse, el representante usó pues el mismo lenguaje simbólico de su presunto agresor y así, ambos quedaron expuestos como portadores de un mismo miedo: el de ser sexualmente penetrados. Y de una misma tara: ver en esa disposición una minusvalía.

Toda persona, déjenme explicarles, puede ser penetrada, ya sea por otra persona o por alguna extensión no humana, y encontrar placer en esa experiencia. Por otro lado, es bueno que sepan que hay prácticas sexuales no encaminadas a la reproducción, que se hacen por simple placer. La sexualidad es un teatro de la imaginación, y es esa promesa de libertad la que inquieta a reprimidos sexuales como sospecho son los dos congresistas.

No está de más advertir que en la cuenta de Polo Polo en X él se describe como “casado con el capitalismo”. Ya que es tan abanderado de la única libertad que concibe, que es la de comprar, podría haber interpretado de otra manera la visita de un contrincante político a una tienda sexual.

No ocurrió así. En los dos representantes habló el patriarca que ambos llevan dentro y que, nervioso como siempre ante el miedo a la castración (intensificado por un juguete que vuelve irrelevante su pene), solo puede conjurar su miedo a través de chistes anodinos (como el Ocampo) o respuestas ansiosas (como las de Polo Polo).

Desde su lugar como líderes políticos, escogieron hablar a nombre del desprecio a la penetración, repitiendo el lugar común que la asocia a debilidad, y que ha servido, en efecto, para maltratar real y simbólicamente a mujeres y personas con orientaciones sexuales que se fugan del código heterosexual.

En una sociedad con más educación erótica y con conversaciones más relajadas y sinceras sobre la sexualidad, el asunto de los dos representantes no habría tenido lugar. Ante la artificialidad de este escándalo conviene preguntarse una cosa más: ¿qué es el daño (el que se inflige o el que es recibido) en contextos como el de los políticos o las celebrities que viven en el capitalismo del escándalo y las economías de la atención?

El episodio, a pesar de su artificialidad y del oportunismo con que Polo Polo lo asumió, debería servir para pensar en que el daño verdadero que como sociedad padecemos es la forma en que la sexualidad es capturada, controlada y vigilada por personas e instituciones que han hecho de la fobia al placer una cruzada de superioridad moral y de corrección.

“Empecé a sospechar que en el hurto social del cuerpo y de la sexualidad de las personas se hallaba la clave del enigma de todos los oprobios”, escribió el autor bogotano Fernando Molano Vargas en Vista desde una acera, una novela escrita en la década de 1990. Más de veinticinco años después, en materia de conversación social sobre el placer parecemos estar en la misma indigencia. Espero que, a pesar de esa represión pública, tras la cerradura de sus cuartos las personas encuentren, en todo caso, la forma de ser felices.

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