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​Los años dorados de la televisión colombiana

Escrito por Germán Yances
Primeros equipos de televisión en Colombia.

Primeros equipos de televisión en Colombia.

Germán Yances¿Por qué los años ochenta fueron tan especiales en la historia de la televisión colombiana? ¿Por qué los programas actuales han perdido la calidad que alguna vez  tuvieron las producciones nacionales? Un experto analiza estas y otras preguntas.  

Germán Yances*

Una identidad propia

La década de 1980 fue una época marcada por la búsqueda y la experimentación de relatos, narrativas y lenguajes propios en la dramaturgia televisiva colombiana. No había entonces internet ni globalización, y Colombia era un país ensimismado que se miraba el ombligo. 

En esas condiciones, el culebrón televisivo que México y Venezuela propagaban con furor por toda América Latina no hizo gran mella en Colombia, debido a la conjunción entre una serie de factores: 

1.    La televisión aún obedecía a las premisas culturales señaladas desde su fundación; 
2.    Los gobiernos intervenían de manera activa para diseñar las parrillas de los canales y matizar la competencia comercial; 
3.    Los directivos más influyentes, tanto en lo administrativo como en lo creativo y lo artístico, tenían una amplia y sólida formación humanista; 
4.    Durante buena parte de esa década existió una norma legal que desestimulaba la transmisión de telenovelas extranjeras y las condicionaba a que estuvieran basadas en obras de la literatura.

Los logros más notables de la televisión colombiana de esos años fueron, sin duda, las adaptaciones literarias en formato de telenovelas y miniseries. 

Todo esto hizo posible que las telenovelas y los seriados nacionales consolidaran una identidad propia, como un fenómeno insular y ajeno a lo que sucedía en las televisiones del resto del continente.
 
Aunque a simple vista se pude imaginar que este era un escenario restrictivo (y sin duda lo era), la suma de estas condiciones garantizaba una diversidad cultural y un pluralismo informativo que se perdió con la privatización. (Por ejemplo, en ese momento se emitían al menos cinco noticieros diarios de diferentes empresas productoras y dos el fin de semana que representaban matices políticos distintos, y hasta el M-19 tuvo derecho a su propio noticiero como parte de su proceso de reinserción a la vida civil).

Como en esos años el gobierno nacional diseñaba las parrillas de programación y adjudicaba los espacios para que las empresas concesionarias programaran y produjeran los contenidos, era habitual encontrar al aire la obra dramática de Shakespeare producida por la BBC o la serie documental Cosmos, de Carl Sagan, así como toda clase de programas científicos de primer orden en el prime time.

Televisión con literatura 

Escena de La Casa de las Dos Palmas basada en la novela de Manuel Mejía Vallejo.
Escena de La Casa de las Dos Palmas basada en la novela de Manuel Mejía Vallejo.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Pero los logros más notables de la televisión colombiana de esos años fueron, sin duda, las adaptaciones literarias en formato de telenovelas y miniseries. En ese momento la competencia entre las productoras se libró en los terrenos de la literatura universal (norteamericana, inglesa, rusa, latinoamericana o colombiana). 

La telenovela del mediodía (entre semana) podía perfectamente ser una adaptación de Piel de zapa o Crimen y castigo; y la de la noche, una de Los premios, El alférez real, La tía Julia y el escribidor, El bazar de los idiotas o El diario de Ana Frank.
 
También La vorágine, María, El gallo de oro, Tiempo de morir, El cristo de espaldas, La tregua, Castigo divino o Gracias por el fuego se pasearon con total naturalidad por los televisores de los hogares colombianos en formato de miniserie.
 
Las firmas de Vargas Llosa, Balzac, Cortázar, Dostoievski, García Márquez, Ibsen, Eustaquio Palacio, Tennessee Williams, Benedetti, Isaacs, Rivera, Álvarez Gardeazábal, Sánchez Juliao o Gossaín eran el respaldo de las principales telenovelas.
 
Otra impronta de esos años preindustriales de la televisión colombiana fueron las telenovelas de autor. Libretistas y directores tenían identidad, les ponían un sello personal a sus obras y el televidente podía reconocer el estilo y el universo dramático de autores como Julio Jiménez, Marta Bossio y Bernardo Romero, o la dirección de David Stivel, Pepe Sánchez o Jaime Botero. A diferencia de lo que sucede en la actualidad, cuando la creación es un trabajo colectivo y totalmente despersonalizado.

Una influencia duradera

La década de 1980 fue un complejo hervidero creativo y social que incubó tendencias que aún subsisten en los dramatizados nacionales. El melodrama nunca fue una gran impronta en las telenovelas nacionales porque guionistas y productoras se preocuparon más por darle protagonismo a los contextos.
 
Por otra parte, el humor irrumpió con tal fuerza en las telenovelas que acabó por sepultar el género de la comedia. Se impuso el costumbrismo como contenido, forma y atmósfera. Además, durante estos años quedó asentada la telenovela social en nuestra cultura. 

El país necesitaba contarse y lo social dio paso a la guerra, que ha dominado la escena colombiana en las últimas décadas. 

Un puñado de títulos sembró la semilla de esta visión social. Novelas como Las muertes ajenas, de Manuel Mejía Vallejo, o Amar y vivir, Detrás de un ángel y Cuando quiero llorar no lloro (dirigidas por Carlos Duplat) le abrieron las puertas de las telenovelas a la realidad nacional.
 
Todo esto deslumbró a una audiencia acostumbrada a novelas que poco o nada se ocupaban de los conflictos y de la actualidad del país. Hasta entonces los relatos eran más de tipo existencial y a lo sumo narraban en abstracto conflictos familiares o de pareja.
 
Estas nuevas producciones se convirtieron en el antecedente directo de los relatos de narcos, paramilitares y prepagos que abundan en la actualidad. El país necesitaba contarse y lo social dio paso a la guerra, que ha dominado la escena colombiana en las últimas décadas. Las telenovelas y seriados han cambiado junto con una sociedad que se ha venido transformando rápidamente. 

Cambios no siempre para bien

El dramaturgo colombiano Tennessee Williams.
El dramaturgo Tennessee Williams.
Foto: Wikimedia Commons

El cambio de década del 1970 a 1980 estuvo acompañado de innovaciones tecnológicas, como el video tape o la masificación de la televisión a color, que transformaron por completo las lógicas de producción. 

Esto demandó en adelante una mayor profesionalización en los oficios de la televisión y por eso comenzó a llegar al medio un talento con más formación. De igual manera, las antenas parabólicas, los primeros operadores de televisión por cable y los canales regionales le inyectaron vitalidad al sector. 

Todo esto se acompañó con la intervención del Estado, que trajo directrices y políticas que ponían el negocio de la televisión en función del servicio público y de las audiencias.

Sin embargo el deterioro de la calidad de la televisión en los últimos años tiene que ver con la aplicación de procesos industriales a la producción de contenidos por parte de la televisión privada, que busca maximizar la rentabilidad del negocio por encima de todo lo demás.
 
La entrada en operación de los canales privados mejoró la televisión en términos de recursos de producción y tecnológicos, pero empobreció sus contenidos. Sobre todo por las condiciones de anomia casi total que el Estado estableció al inaugurar un mercado feroz de competencia con multimillonarios presupuestos de inversión publicitaria.

Comunicador Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Fue director de la Especialización en Televisión de la Universidad Javeriana. Trabajó 15 años en El Espectador. Analista de medios. Ha sido crítico de televisión de El Espectador y El Tiempo. Defensor del televidente de Canal Capital. Asesor de la Comisión Nacional de Televisión. En la actualidad es el Director del Archivo de Bogotá. 

twitter@geryances

 

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