Las Cenizas de la Luz (2005) Majid Majidi: Irán - Razón Pública
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Las Cenizas de la Luz (2005) Majid Majidi: Irán

Escrito por Ana María Trujillo

Ana María TrujilloDel mismo director de Los Niños del Cielo (1997) y El color del paraíso (1999), Las cenizas de la luz (2005) casa muy bien con el estilo de las dos entregas anteriores del premiado director iraní, Majid Majidi: historias sencillas que encierran dramas profundos. Contada con gran sensibilidad, la película logra trascender la simple narración de la historia para entretejer una serie de reflexiones e interrogantes sobre la vida y la condición humana.

Ana María Trujillo

Youssef es un hombre de 45 años que enseña literatura en la universidad, tiene una esposa devota que transcribe sus escritos a Braille y una hija de seis años con quien explora el mundo que dejó de ver cuando niño, tras un accidente que le dejó ciego. A pesar de ello su vida transcurre normalmente y Youssef nos da la impresión de ser un hombre sereno y feliz. Pero la sospecha de un cáncer lo obliga a viajar a Francia para hacerse chequeos médicos, y es allí donde cambia su suerte: los exámenes muestran que no sólo no tiene cáncer, sino que una cirugía podría devolverle la vista. Y lo hace.

El que en apariencia -o en los lugares comunes- sería el final feliz de la historia se revela en cambio como el catalizador de todos los dramas. Tras la operación acompañamos a Youssef en su conmovedor reencuentro con la luz, con su propio rostro y con el mundo que se le revela en sus más ínfimos detalles (las tomas del hombre mirando detalladamente a una hormiga caminar por la ventana de su habitación, o absorto en la contemplación de un copo de nieve son apenas dos ejemplos de cuán ínfimos pueden llegar a ser), así como el esperado re-conocimiento de todos aquellos que le rodean. En el aeropuerto de Teherán, donde le esperan emocionados su familia, amigos y alumnos, Youssef se detiene a mirarlos, intentando descubrir en la multitud a sus seres queridos, buscando las correspondencias entre los rostros y esos seres que le acompañaban en la oscuridad. Esta es, sin duda, una de las escenas mejor logradas del filme.

Pero la emoción que desata el "milagro" va dando paso a un paulatino desencanto. Su esposa no es tan atractiva como su cuñada y su devoción comienza a parecérsele a la lástima. Su casa deja de ser el palacio que le resguardaba para erigirse en museo de su antigua discapacidad. Lenta e inexorablemente, Youssef pierde todo interés y aprecio por todo lo que antes fuera una bendición y un refugio, resiente el peso de los años perdidos, la vida que vivía ya no se le antoja suya.

Sin ser una película excepcional, Las Cenizas de la Luz no decepciona a quien vaya en busca de una buena historia, bien contada, que no deslumbra pero cautiva. Ver, acto y delicia fundacional del enfrentamiento a la pantalla, es una condición que se examina y se reevalúa en este largometraje que nos incita a cuestionar cómo miramos. Al terminar de verlo, no pude evitar recordar a Oscar Wilde cuando sugería: "es la incertidumbre lo que nos cautiva, la niebla lo embellece todo."

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