¿Y si se acaba el voto preferente? - Razón Pública
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¿Y si se acaba el voto preferente?

Escrito por Margarita Batlle
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Foto: Sredni Vashtar – Congreso de la República.

Margarita Battle RazonPublica Colombia vive de reforma en reforma. En este año pre-electoral ha surgido otra propuesta: abolir el voto preferente y permitir solo la lista cerrada. ¿Qué tanto convendría el cambio para los partidos, para el sistema político y para los electores?

Margarita Batlle*

La propuesta

En Colombia los partidos tienen la potestad de decidir si presentan sus listas de forma cerrada y bloqueada o con voto preferente. 

En efecto: el sistema electoral permite el voto mediante las listas que el partido presenta  con el orden preestablecido, cuyo nombre técnico es (“listas únicas cerradas y bloqueadas”, o que el votante escoja un candidato dentro de la lista, lo cual puede alterar el orden de los renglones que aparece en el tarjetón. 

En teoría el voto preferente da mayor libertad al elector y le ayuda al partido a que todos sus candidatos hagan un esfuerzo máximo. La lista cerrada en cambio acentúa la unidad programática, la disciplina interna y el poder decisorio de quienes dirigen al partido.  

La fórmula vigente en Colombia ha sido objeto de muchos debates. En los últimos días el senador Roy Barreras propuso eliminar la opción del voto preferente y quedar sólo con la de listas cerradas. El senador consideró que “el voto preferente se había vuelto agotador” y defendió su propuesta porque según él al no existir  el voto preferente: 1) Se acabaría la compra de votos; 2) Se acabaría “la clientelización” de las listas, y (3) Disminuiría la infiltración de fuerzas y dineros ilegales, sobre todo en las regiones. 

Probablemente, en teoría, son ciertas las afirmaciones de Barreras acerca de las bondades de las listas cerradas. Sin embargo, lograr estos objetivos implica un arduo trabajo por parte de los partidos políticos como instituciones. voto. 

Tres argumentos

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Foto: World Economic Forum
Expresidente y candidato al senado
por el movimiento Puro Centro Democrático,
Álvaro Uribe Vélez.

Analicemos una por una esas tres afirmaciones.

1. No es realista creer que las listas cerradas y bloqueadas acabarían con la compra de votos. Esta práctica no dejaría de existir sino que cambiarían sus actores: ya no serán el candidato y sus brókers o mdeiadores, sino el partido y su maquinaria quienes compren los votos.  

2. No es claro lo que el senador Barrearas entiende por “clientelización” de las listas.  Pero si se refiere a la capacidad de algunos aspirantes para “comprar” su renglón  a cambio de cuotas burocráticas u otros favores, es verdad que el partido tendría más incidencia en decisiones que hoy se toman de manera descentralizada y, a menudo, menos transparente. Pero tampoco desaparecería la “clientelización”, porque el candidato interesado negociaría su posición en el orden de la lista sobre la misma base de favores que hoy presumiblemente se utilizan para ganar el voto preferente. 

3. En cuanto a la penetración de la ilegalidad en la competencia electoral, debe advertirse que – con o sin voto preferente – hoy los partidos son quienes tienen “la última palabra” al conformar y presentar las listas. Por eso eliminar el voto preferente no necesariamente traería consigo la desaparición de estas prácticas corruptas. El verdadero cambio  dependería del manejo juicioso y transparente que hagan los partidos y del uso de  filtros eficaces para evitar la interferencia de intereses non sanctos en las listas y en los cuerpos colegiados. 

Aquello de que el “voto preferente se volvió agotador”, refleja entonces el sentir de muchos candidatos que, al igual que Barreras, han logrado asegurar un caudal propio y están cansados de disputar esos votos con contrincantes de dos tipos: los candidatos de otros partidos y sus compañeros de lista, a quienes el partido les ha “prestado” el logo o el aval sin que en efecto vaya a trabajar por ellos. 

¿Y los electores?

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Foto: Congreso de la República de
Colombia senador Roy Barreras,
autor del proyecto del Marco Jurídico
​para la Paz.

La eliminación del voto preferente podría tener al menos dos efectos sobre los votantes. 

-Por una parte, puede reducir la complejidad del voto. Hoy en día se anulan y desperdician muchos votos porque el tarjetón está mal marcado o porque es difícil contabilizarlo ya que el ciudadano debe elegir a la vez al partido y al candidato y las autoridades de las mesas de votación no se encuentran adecuadamente capacitados para comprender estas mecánicas. Reducir los votos desperdiciados no es una cuestión menor, en un país donde menos de la mitad de la población habilitada para votar acude a las urnas.

-Por otra parte, los electores tendrían más incentivos para construir una relación más cercana con el partido, además de aquellas que ya tuviesen con  sus candidatos de preferencia. 

La democracia interna: ¿poco útil para los políticos?

La lista cerrada como único medio para elegir senadores y representantes implica también un reto interno para los partidos. 

Cerrar las listas para que solamente los caciques, los “delfines” o las élites que han acumulado poder tengan acceso a renglones “elegibles”, desvirtuaría los intentos que se han venido realizando para abrir el juego político de manera racional y disciplinada. 

Se debe abogar por mayores cuotas de democracia interna, y esto implica: 

1. Mecanismos democráticos para la selección de candidatos. 

2. Más contundencia en el esfuerzo por garantizar espacios a mujeres, jóvenes y minorías étnicas ya que, por ejemplo, en las últimas elecciones locales (2011) y legislativas (2010), según la Mesa de Género de la Cooperación Internacional en Colombia, menos del 10 por ciento de los alcaldes y gobernadores electos son mujeres; menos del 18 por ciento diputadas y el 16 por ciento concejalas; 12 por ciento de representantes a la Cámara y 16,6 por ciento de los senadores. 

Tanto las cuotas vigentes como las otras que deban adoptarse, serían más factibles y eficaces para incluir a los grupos marginados bajo el sistema de las listas cerradas y bloqueadas. 

3. Más y mejores mecanismos de control y rendición de cuentas de los partidos políticos respecto del origen y destino de los recursos para sostenimiento y financiación de campañas.

Estas metas no parecen cercanas si recordamos las declaraciones de líderes como el entonces ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, sobre el fracaso y la pérdida de recursos que significaron las consultas populares para escoger candidatos  que competirían en las elecciones de octubre de 2011. 

Esos políticos sostienen que las consultas para escoger candidatos cuestan mucho dinero, dividen al partido y no garantizan que el ganador sea quien más votos obtenga en la elección general. Por eso no es extraño que la consulta popular sea empleada solo como último recurso, después de que fallaron las opciones de una encuesta, un consenso, un “colegio electoral” y todas las demás. 

La tarea pendiente de los partidos

La reforma de 2003 se propuso fortalecer la disciplina interna de los partidos políticos y propiciar una  competencia más racional entre los mismos. Sin embargo, el voto preferente fue desde siempre un lunar que opacó esos esfuerzos, y que de hecho contradice la reforma. 

Desde esta perspectiva, la supresión del voto preferente sería una buena noticia. Sin embargo, la responsabilidad recae sobre todo en los partidos. La lista cerrada no cambiaría mucho de las prácticas  y el panorama político si no viene acompañada de más democracia interna para escoger candidatos, mayor participación para las minorías y más pulcritud en el maneo de los recursos. 

En el escenario hipotético -e interesante- de eliminar el voto, el balón quedaría en la  cancha de los partidos: de ellos dependen las jugadas que siguen. 

Profesora y coordinadora del Observatorio de Políticas, Ejecución y Resultados de la Administración Pública de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. 

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