Las consultas del Partido Liberal y del Polo Democrático: ¿qué pasó, qué implican y qué se sigue? - Razón Pública
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Las consultas del Partido Liberal y del Polo Democrático: ¿qué pasó, qué implican y qué se sigue?

Escrito por Andrés Hernández
Andrés Hernández Quiñónez

Andres Hernandez Quinonez

A pesar de la baja participación, las consultas del 27 Septiembre tuvieron dos resultados importantes: la renovación de los partidos y el triunfo de quienes buscan una alianza o convergencia de oposición democrática. Un análisis de la situación interna y de las perspectivas de la oposición en Colombia.

Andrés Hernández Quiñones *

Este artículo consta de tres cortas secciones. En la primera sugiero que las interpretaciones opuestas de los resultados electorales tienen parte de la razón, y que mirar con cuidado cada argumento resulta la mejor forma de no ignorar realidades. En la segunda señalo dos hechos positivos que dejaron las consultas: la victoria de fuerzas renovadoras tanto en el Partido Liberal (PL) como en el Polo Democrático Alternativo (PDA); y el triunfo de los candidatos que propusieron alianzas o convergencias en torno a programas mínimos como  estrategia para las elecciones del 2010 y para enfrentar la degradación de las instituciones democráticas. En la tercera sección señalo que el éxito posible de estas alianzas y el carácter de las mismas dependerán del papel de los liderazgos. Dejo por fuera las consultas del Partido Conservador y del MIRA porque éstas tuvieron un alcance bastante más modesto. 

1. El resultado de las consultas: las interpretaciones opuestas tienen parte de la verdad

Las elecciones del domingo arrojaron los siguientes resultados: la victoria anunciada del candidato Rafael Pardo con una votación de 376.739 votos, que representa el 37% del total del PL (1.015.910 votos); y el triunfo de Gustavo Petro con 223.627 votos que representan el 49.6%, frente a 203.449 votos que obtuvo Carlos Gaviria (45.1% del los  450.589 votos por el PDA). Estos resultados han dado pie a dos tipos de interpretaciones encontradas:

  • Por una parte muchos de los medios titularon "triunfó la abstención" o "la oposición se rajó en las urnas";  algunos dirigentes uribistas señalaron que "los partidos de oposición no existen y se abre un camino para sacar adelante el referéndum", y otros analistas afirmaron que la baja votación muestra que "el ciudadano escéptico, el que nunca vota, no encuentra un proyecto político que lo movilice".
  • Del lado opuesto afirman algunos analistas que "las votaciones no fueron bajas y el éxito de las mismas no debe compararse con el censo electoral" o que se "trata de elecciones donde sólo participan los militantes de los partidos"; otros, como Francisco Gutiérrez sostienen que el "bajo nivel de participación, se ajusta más o menos a lo que se podía esperar; sólo en pocas partes del mundo, en pocas ocasiones, estos eventos despiertan gran entusiasmo"; otros, como Posada Carbó argumentan que en las consultas "no se jugaba la fortaleza electoral de la oposición…lo que verdaderamente estaba en juego eran decisiones concernientes a los desarrollos internos del liberalismo y del Polo". Quienes defienden esta segunda lectura coinciden en apuntar que la baja participación en votaciones internas es normal en todo el mundo, y añaden que en este caso existían pocos incentivos para participar dado que las curules del Congreso no estaban en juego y no se dio la consiguiente movilización de las maquinarias.  A esto se suma el hecho que los partidos que acudieron a consultas fueron los de oposición, que no tienen cargos ni prebendas para repartir. 

Hay que decir que las dos interpretaciones o lecturas de los resultados electorales tienen paradójicamente parte de la razón:

  • Es cierto que hubo una abstención alta. Es cierto que los resultados muestran que la mayoría de los electores en el país siguen apoyando la propuesta de reelegir a Uribe, o a candidatos que respalden sus tesis en el caso de que él no se presente. Es cierto que el PL y el PDA son fuerzas minoritarias y débiles en el sistema de partidos en Colombia. Y es cierto que la baja votación podría explicarse tanto por la pérdida de confianza en la capacidad de cambio del PL como por el voto- castigo al PDA. 
  • Pero también es cierto que la votación para consultas no necesariamente mide la fuerza electoral real de los dos partidos de oposición. Es cierto que esta votación se obtuvo sin tener prebendas para repartir. Y es cierto que las consultas internas de los partidos están separadas de las votaciones para corporaciones públicas, lo que reduce los incentivos a participar.

A pesar de tener parte de la razón, ambas posiciones se niegan a aceptar los argumentos del contrario y a reconocer la dificultad de sacar conclusiones definitivas en el actual proceso de reconfiguración del sistema partidista y de incertidumbre frente al comportamiento futuro del electorado:

  • Las versiones que afirman el triunfo de la abstención y del uribismo sacan conclusiones demasiado apresuradas e ignoran dos grandes resultados de la consulta que señalaré más adelante
  • Las versiones contrarias, pese a tener razón que este evento no necesariamente midió el potencial de votación de los partidos, corren el riesgo de desconocer un hecho innegable: los bajos niveles de participación en las dos consultas (1.015.910 votos para el PL y  450.589 para el PDA,  además de los 350 mil votos nulos, o sea menos de dos millones de votos sobre un total de 29.000.000 de electores potenciales). La votación estuvo por debajo de lo que esperaban los líderes de los dos partidos y también por debajo de las obtenidas en consultas anteriores. 

Sin pretender resolver esta disputa, es posible señalar que quienes afirman la debacle total del PL y el PDA se equivocan, dado que pese a la baja votación no se produjo el desplome de estos partidos pues, al contrario, en ambos casos triunfaron las fuerzas renovadoras. Pero también se equivocan quienes sostienen que la oposición podría ganarle las elecciones a Uribe, sin antes consolidar una alianza de amplio espectro.   

2. Dos logros de la consulta: renovación en los partidos y triunfo de quienes defienden la alianza anti-reeleccionista

La victoria de fuerzas de renovación y la posibilidad de construir partidos más fuertes

Por victoria de las fuerzas de renovación política entiendo aquí el triunfo de los candidatos que representan en el seno de los dos partidos: (a) la lucha contra prácticas clientelistas y los esfuerzos por renovar las formas de hacer política; (b) el rechazo a las posiciones radicales que consideran que la unidad del partido en torno a proyectos ideológicos claros es el valor supremo a defender en este proceso electoral; (c) la defensa de la tesis de una alianza o convergencia democrática antes de la primera vuelta de las elecciones para presidente como condición necesaria para defender la institucionalidad democrática y oponerse con relativo éxito a la  reelección de Uribe; y (d) el logro del respaldo no sólo de la maquinaria, sino del voto de opinión. Veamos cada caso por separado.

  • En el PL, y aunque Rafael Pardo era el candidato preferido de Gaviria, no fueron votos de la maquinaria sino -aparentemente- el voto de opinión quien le dio el triunfo. Y todo apunta a que en el proceso de elaboración de listas, Pardo trataría de abrir el partido a nuevos liderazgos que representen otra forma de hacer política (ésta es una tarea por realizar, porque en las regiones Pardo se presentó con el apoyo de los barones tradicionales, de suerte que la renovación sólo se ha iniciado a nivel nacional). Un segundo rasgo del proceso de renovación en el seno del PL fue la competencia abierta entre cinco candidatos de diversas tendencias. Esta competencia implicó la presencia de figuras nuevas, distintas de Serpa o de Gaviria, y con poco o ningún apoyo de las maquinarias. El tercer rasgo de renovación  es el más incierto: el de consolidar al PL como una opción de centro-izquierda que defiende un proyecto socialdemócrata y reformista más dispuesto a hacer alianzas con la izquierda que con sectores no reeleccionistas del uribismo. La inclinación a aliarse con Vargas Lleras y la escasa disposición a construir acuerdos con el ala izquierda-samperista que perdió en las elecciones pueden echar por la borda este proyecto y convertir la victoria  de Pardo en una involución hacia la derecha antes que un proceso de renovación hacia un partido que aboga por la igualdad.
  • En el caso del PDA la renovación fue más clara y por varias razones. En primer lugar porque la victoria de Petro sobre el candidato oficial Carlos Gaviria resultó la gran sorpresa de la jornada. Petro contó con el respaldo de apenas 4 de los 19 congresistas, y su triunfo obedeció a  la presencia  activa de un votante de opinión independiente del aparato que invitó a votar por Gaviria. El triunfo de Petro implicó además la derrota de las vertientes más radicales como el MOIR y el Partido Comunista en el seno del PDA.  

La presencia de esta nueva corriente de opinión se habría manifestado de varias maneras en las distintas regiones del país: (a) en Bogotá, como un voto de castigo por parte de electores de izquierda a la mala administración de Moreno y a sus prácticas clientelistas. Varios concejales (entre ellos Carlos Vicente de Roux) y varios grupos (sectores del magisterio) se sumaron a las toldas del petrismo atraídos por tesis de renovación y cambio de estrategia. (b) En la Costa Caribe, como voto de juventudes y de víctimas del paramilitarismo que respaldan a Petro por sus debates en el parlamento y por sus denuncias contra la corrupción política en la región. Y finalmente (c) en el Valle, como apoyo de los sectores del PDA que expresaron su rechazo al sectarismo oficialista que se negó a respaldar al alcalde Jorge Iván Ospina, quien ha mostrado capacidad de transformar la política y la gestión pública en la ciudad[1].

En segundo lugar, el resultado de la consulta augura cambios significativos dentro del PDA. Se abre la posibilidad de cambiar las directivas del partido y liberarlo, por ende, de las amarres clientelistas y sectarios; se inicia un proceso de alianzas con nuevas fuerzas en torno a un acuerdo programático de rechazo a la reelección; se proyecta un discurso más fuerte contra todos los actores armados y se abren las puertas a sectores sociales y políticos nuevos; y se inicia un esfuerzo por luchar contra las formas de hacer política clientelista y sectaria. En síntesis, como señala Carlos Vicente de Roux, "se envía un mensaje de un partido con futuro". Al contrario de lo que sucedió en el Congreso del PDA, esta vez se impuso el discurso de la reforma. No es posible luchar por un país decente manteniendo silencios frente a prácticas corruptas o clientelistas y éste fue un gran error de Carlos Gaviria.  

Finalmente, se trata del triunfo de las fuerzas que prefirieron el camino de la renovación del partido, a la solución de la salida del mismo (como antes lo hizo Lucho Garzón). Hay que decir, sin embargo, que el camino de este esfuerzo de renovación hasta ahora se inicia, quedando mucho trecho y obstáculos por recorrer y superar.

En síntesis, las consultas de los partidos sentaron las condiciones para iniciar procesos de renovación y transformación programática, organizacional e institucional en el seno de los mismos. Falta ver si estas potencialidades dan buenos resultados en la configuración de partidos de centro-izquierda democráticos. 

El triunfo de la tesis de la alianza amplia como estrategia para las próximas elecciones

Tanto Pardo como Petro defendieron la tesis de que es preciso lograr una alianza  democrática  amplia como mejor estrategia de la oposición frente al proyecto reeleccionista y la progresiva desinstitucionalización del país, el deterioro de la democracia representativa, el desmonte de los pilares de la constitución de 1991 y la creciente corrupción que ello está generando.  

Esta propuesta no estaba en la agenda política colombiana, pero gracias a las consultas del domingo se convirtió en el centro del debate de las fuerzas democráticas (o que dicen serlo al menos).  Independientemente de los enormes obstáculos que enfrenta, construir esta opción representa una apuesta de gran importancia para Colombia. 

Se trata de una propuesta con mandato ciudadano o con respaldo electoral probado, y en esto se diferencia de las posiciones tanto del Partido Verde como de Sergio Fajardo que por ahora no acogen esta estrategia. La propuesta de ir hasta la primera vuelta sin alianzas que defiende Fajardo sólo se ha sometido al escrutinio de encuestas de opinión; y además esta propuesta no está orientada a construir un partido sino a buscar respaldo ciudadano a su figura y al proyecto que se construya bajo el liderazgo de su equipo y no de estructuras partidistas. De esta forma, es un hecho que el llamado al acuerdo o alianza democrática impulsado por Pardo y Petro tiene por ahora un contenido más democrático que el esfuerzo solitario que está realizando Fajardo basado en los respaldos de las encuestas y en los apoyos recibidos en sus viajes por las regiones de Colombia. 

Pero se trata además de un llamado al realismo político: es una propuesta que hacen dos fuerzas políticas minoritarias. Tanto Pardo como Petro saben que ninguno de los dos partidos es fuerte. Son conscientes de que si suman los votos de los tres ex alcaldes agrupados en el Partido Verde (Mockus, Peñalosa y Garzón) con los votos de Fajardo y los de Vargas Lleras, es posible configurar una opción política competitiva en el concierto nacional. La última encuesta de RCN, FM y Semana muestra que aunque (aún) no son mayoría, sí logran conquistar el 20% del respaldo electoral.

Hay que añadir que las alianzas no debilitan necesariamente a los partidos, pues esto depende del contenido de las mismas. Pero lo que no puede ignorarse es que sería un suicidio seguir aferrado a proyectos ideológicos que en algunos casos no superan el margen de error en las encuestas, y en otros no superan un umbral del 6% o 7% de la votación.

Una vez reconocida la importancia de la propuesta surgen dos interrogantes: ¿en qué consiste la alianza?, ¿cuáles son sus principales obstáculos?

¿En qué consiste la alianza o convergencia democrática?

Mucho se ha dicho sobre lo que significa el acuerdo o la alianza democrática, sin bien es difícil conocer cuál será su contenido final, es importante destacar algunas precisiones realizadas por Pardo y por Petro, así: (a) no es un acuerdo exclusivamente electoral, sino que aspira a ser una consulta programática de largo alcance donde se llegue a consensos que logren ampliar la mayoría de estos partidos. (b) No es una acuerdo entre fuerzas antiuribistas, sino que incluye al uribismo que no respalda la reelección (Vargas Lleras) y a fuerzas que no han definido su posición respecto de Uribe (como Fajardo). (c) No es un acuerdo entre fuerzas políticas exclusivamente sino que busca convocar a fuerzas sociales como los indígenas, las victimas, el sindicalismo, los movimientos sociales. (d) No es un acuerdo para las elecciones presidenciales de 2010, sino que pretende ser un acuerdo en torno a la selección de candidatos y propuestas para alcaldías, gobernaciones y congreso. (e) No es un acuerdo sólo en torno a la posibilidad de una consulta interpartidista, ésta es el punto de llegada, no de inicio en las conversaciones.  Aunque los énfasis de estos aspectos son diferentes en Petro y Pardo, esto es lo que comienza a estar sobre la mesa en el debate político que se le presenta a todos los partidos que no están de acuerdo con la reelección. 

¿Cuáles son los obstáculos que enfrenta la alianza o convergencia democrática?

La propuesta de una alianza o convergencia amplia parecería enfrentas tres grandes obstáculos potenciales.

  • En primer lugar, la negativa o resistencia dentro de los mismos partidos que se oponen a la reelección del presidente Uribe. Por un lado, el rechazo a priori por parte de Vargas Lleras de una alianza con el PDA. Hay que ver si todos los miembros de su debilitado Cambio Radical comparten esta opinión a nivel nacional y regional; líderes como Galán en Bogotá, o concejales de otros municipios probablemente no comparten esta opinión, pero enfrentan el problema de que las decisiones en el partido no se discuten sino que las toma el jefe. Aunque representa una vertiente de derecha democrática, Cambio Radical no está dispuesto a encontrarse en valores supremos como la defensa de la constitución del 91 ni a debatir esta decisión en el seno de su partido. Esto muestra que la alianza no es posible con todos los actores que están contra la reelección de Uribe. 

En la orilla del PDA también existen tendencias dogmáticas que se oponen a una alianza.   Sectores del MOIR, del Partido Comunista y académicos que opinan que acercarse a fuerzas tradicionales como el PL o el Partido Verde es una traición a la izquierda y una amenaza a la identidad del PDA.

  • El segundo obstáculo es la posibilidad que se configure una alianza cerrada, excluyente y poco pluralista. De esta forma, ante el llamado de Pardo y el de Petro, varios sectores del uribismo (como Vargas Lleras) del Partido Verde (como Peñalosa) y del PL han manifestado su rechazo o escasa voluntad de respaldar un acuerdo que involucre al Polo y a sectores sociales populares. 

Aunque Pardo ha dicho que no aceptará vetos, ya inició conversaciones con Vargas antes de llegar a consensos con las tendencias del PL, que están más abiertas a una alianza con el PDA y a la posibilidad de una consulta interpartidista. El PL tendrá que escoger entre Vargas Lleras y el PDA. Si escoge el primero y rechaza al segundo, no sólo pierde ocho años de caminar hacia un partido socialdemócrata, sino que agudiza las tensiones y divisiones internas con sectores samperistas o independientes de tradición liberal-izquierda.  Por otro lado, si en el seno del Partido Verde gana la posición de Peñalosa, se trata de la victoria de los odios pasados sobre el diálogo y la disponibilidad de Mockus, de Garzón y de sectores que los apoyan a favor de la alianza.

  • El tercer obstáculo es la opinión de los votantes. No se pueden realizar alianzas que no cuenten con el apoyo del electorado que respalda a cada uno de los partidos que firman el acuerdo. Por ello vale la pena hacerse preguntas como las siguientes: ¿es Pardo un buen candidato para los electores del PDA y del Partido Verde?, ¿es Petro un buen candidato para los electores del PL, de Vargas Lleras y del Partido Verde?, ¿es Mockus un buen candidato para los electores del PL y del PDA?; difícilmente lo serian. 

De modo que se impone reconocer que los acuerdos no tienen lugar de la noche a la mañana, sino que son el desenlace de procesos cuidadosos, del trabajo de los líderes, de acercamientos y relaciones de confianza entre grupos políticos y clases sociales dominantes e influyentes, y de la correspondiente maduración de la conciencia política no sólo de las elites sino de la ciudadanía, situación que no es propia de la cultura política en Colombia.

3. Responsabilidad de los nuevos líderes cambiar el lenguaje y garantizar el pluralismo bajo esquemas programáticos

En este contexto, para alcanzar un acuerdo democrático los líderes de los partidos de la oposición y de las fuerzas que no respaldan la reelección tienen una enorme responsabilidad política no sólo en la definición del tipo de acuerdo, sino en la posibilidad del mismo. Hay que abandonar ambiciones de poder, viejas rencillas políticas y sobre todo actitudes antidemocráticas que rechazan el diálogo y las razones a favor del mismo.

* Profesor asociado del CIDER de la Universidad de los Andes.

** La imagen del artículo es una adaptación de la foto publicada en la página   www.factum.edu.uy

Nota de pie de página


[1]  Revista Cambio. "Declaraciones de Petro". No 848. Bogotá. 1-7 de Octubre de 2009. Pág. 24 

 

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