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Tráfico de madera: pierden los bosques

Escrito por Carolina García Arbeláez

Colombia es el país de los bosques; pero el tráfico de madera y la competencia por el uso del suelo están acabando con esta riqueza natural. Este es el panorama.

Carolina García Arbeláez*

Falsa legalidad

A finales de 2012, la Policía Nacional incautó dos camiones repletos de madera proveniente del Parque Nacional Natural El Cocuy. Quienes la llevaban tenían un permiso fraudulento del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). La madera, supuestamente, iba a ser destinada a la construcción de los socavones del Oleoducto Bicentenario. Los traficantes trataron de sobornar a los agentes, ofreciéndoles 300 millones de pesos. Esa vez, los funcionarios no cedieron.

Según estudios del Banco Mundial, el 42 por ciento de la madera que se explota, transporta y comercializa en Colombia es ilegal

Fue un evento excepcional: la mayor parte de la madera ilegal que circula en el país se ”blanquea”, pasa desapercibida y acaba en nuestras casas y apartamentos.

Según estudios del Banco Mundial, el 42 por ciento de la madera que se explota, transporta y comercializa en Colombia es ilegal. Esta cifra, aunque alarmante, es conservadora, pues se limita a la madera ilegal. Es decir, a aquella que no está registrada y se tala y moviliza sin ningún permiso. Pero en Colombia no hay forma de asegurar que la madera es legal. Claro, la madera legal viene amparada por un permiso de aprovechamiento que dan las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR). Sin embargo, gran parte de esa madera que es aparentemente legal, realmente ha sido “legalizada”.


Zona de deforestación en Puertonariño.
Foto: Lowfill Tarmak 

Blanquear, operación sencilla

La mayor parte de la madera que llega a Puerto Asís, Putumayo, ya ha sido “blanqueada”.

En Puerto Leguízamo, un municipio aledaño más cerca del Amazonas, se venden los permisos como pan caliente. Se ha vuelto una práctica común, casi cultural y carente de control. Una comunidad saca los permisos y en lugar de explotar la madera que le fue autorizada, vende a los traficantes el permiso y el salvoconducto para la movilización. Los que talan madera ilegalmente muchas veces lo hacen en áreas protegidas que son lugares estratégicos de conservación. Cuando los detiene la policía, ya la madera ha sido blanqueada o sea que está amparada por documentos que le dan la apariencia de legalidad.

Hay dos tipos de permiso utilizados para hacer el blanqueamiento de madera: el que da el ICA  y los que dan las CAR.

-El primero es para aprovechar el bosque plantado. Normalmente lo solicita quien tiene un predio y quiere empezar a sembrar algún tipo de bosque. El ICA expide una autorización para talar el bosque, comercializarlo y movilizarlo. Este permiso se lo venden a los traficantes, quienes con el salvoconducto pueden movilizar el producto y camuflar madera de bosque natural, haciéndola pasar por madera de plantaciones.

-El segundo permite aprovechar el bosque natural y es un salvoconducto para movilizar la madera; dentro de éste existen tres tipos de permisos:

· El de aprovechamiento único, que se concede por una sola vez cuando se quiere cambiar el uso del suelo (en este caso no existe la obligación de conservar o renovar el bosque);

· De aprovechamiento doméstico, cuyo fin exclusivo es el consumo.

Colombia pierde anualmente cerca de 300.000 hectáreas de bosque

· Aprovechamiento persistente, que se otorga a quienes quieren explotar la madera del bosque durante un periodo definido. En este caso, la persona debe asegurar la sostenibilidad del bosque, mediante un plan de manejo ambiental. Este permiso, con el salvoconducto correspondiente, es el que se vende a los traficantes.

Una vez la madera ha sido blanqueada, hay muy poco por hacer, y la policía, en la mayoría de los casos, no está capacitada para identificar si la madera que está inspeccionando es la misma de la que habla el permiso. Por ejemplo, un cargamento puede estar lleno de cedro, cativo, nazareno –un tipo de madera escaso que actualmente está en veda–, o comino crespo –una especie que está al borde de la extinción. En general, la policía no es capaz de distinguir las varias clases de madera, de modo que los traficantes hacen pasar especies vulnerables como madera de menor valor o de cultivo.

A la falta de capacitación de la policía se le suman los problemas de corrupción –los funcionarios son vulnerables a los sobornos–, la falta de capacidad para controlar todas las rutas y la tolerancia hacia un fenómeno que en muchos lugares del país se ha vuelto  cotidiano. Además las CAR –autoridad ambiental– no tienen la capacidad ni el presupuesto para controlar que la madera se esté sacando del lugar autorizado por el permiso. Para rematar, el tráfico de madera está asociado con grupos armados al margen de la ley y con bandas criminales.

Leyes anacrónicas

Los orígenes de la actual regulación forestal se remontan a más de cincuenta años. No existe un régimen forestal unificado. En su lugar, hay una pluralidad de fuentes jurídicas que regulan el tema, lo que hace difícil su interpretación y aplicación. Además, no existe una definición jurídica de lo que significa madera ilegal.

En 2006 se expidió la ley que pretendía establecer el Régimen Forestal Nacional, pero la Corte Constitucional la tumbó por no haber sido consultada con las comunidades indígenas. Además de eso los ambientalistas criticaron la ley por considerarla menos proteccionista que la regulación anterior. Por ejemplo, la ley eliminaba la guía de transporte para movilizar madera, uno de los documentos que ayuda a controlar que la madera que circula no provenga de bosques protegidos.


Maderas taladas en el Chocó. 
Foto: Brodie Ferguson

La certificación, salvavidas para los bosques

Entonces es imposible saber si la madera que se compra es legal o no lo es. Y así, la única manera de asegurarse de que realmente se cumplieron las normas para explotar la madera es la certificación forestal.

No obstante, la certificación sigue siendo un tema incipiente en Colombia, aunque alrededor del mundo los consumidores busquen seguridad sobre el origen ambientalmente sostenible de los productos que compren. El certificado FSC (Forest Stewardship Council) garantiza al comprador que la madera fue producida de manera responsable.

En este escenario, y con la idea de impulsar la compra y producción responsable de madera, organizaciones como WWF han diseñado ruedas de negocios, que han sido un éxito rotundo. En la primera se negociaron sólo 160 mil dólares y en la última 3,2 millones de dólares. El crecimiento de esta práctica es un salvavidas para los bosques.

Colombia, un país donde los bosques pierden

Colombia es un país de bosques: más del 60 por ciento de su territorio tiene cobertura boscosa. Esta riqueza forestal hace que en el país se concentre el 10 por ciento de la biodiversidad mundial, a pesar de que su territorio no representa ni el 1 por ciento de la superficie terrestre global.

No obstante la riqueza del país, la tasa de deforestación es alarmante. Colombia pierde anualmente cerca de 300.000 hectáreas de bosque, un área equivalente al departamento de Risaralda. Esto ha causado grandes cambios en el uso del suelo y ha puesto en situación de vulnerabilidad a muchos de los ecosistemas boscosos del país.

La región Andina sólo preserva el 30 por ciento de sus bosques originales, la región Caribe sólo conserva el 10, el Pacífico el 75 y la Amazonia el 65 por ciento. Las causas principales de esto son la expansión de la frontera agropecuaria, la extracción de madera legal e ilegal, la minería, el desarrollo de infraestructura y la plantación de cultivos ilícitos.

En este panorama, las actividades de reforestación no son suficientes para compensar las demás actividades que deforestan miles de hectáreas anualmente. En la competencia por el uso del suelo, los bosques acaban perdiendo.

Si Colombia no vuelve una prioridad la conservación de sus bosques ni adopta medidas efectivas para controlar el tráfico de madera, pronto dejará de ser uno de los países más diversos del mundo y habrá perdido su mayor tesoro: su capital natural.

 

*Abogada de la Universidad de Los Andes, escribe historias free-lance para varios medios, fundadora de Tío Conejo, blog de medio ambiente de La Silla Vacía,  Oficial de Medios y Producción de Contenido para la WWF.

 

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