Sumando ausencias de Doris Salcedo: ¿oportuna u oportunista? - Razón Pública
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Sumando ausencias de Doris Salcedo: ¿oportuna u oportunista?

Escrito por Ricardo Arcos-Palma

Ricardo Arcos Las obras de Doris Salcedo suelen lidiar con la ausencia y el duelo, y llevarse a cabo con un gran despliegue técnico. Sin embargo, debido a ciertas particularidades de su montaje, su última acción no fue muy bien recibida.

Ricardo Arcos-Palma*

Acciones de duelo

Cuando se anunció la ejecución de la obra Sumando ausencias de la artista Doris Salcedo, se dijo que esta sería realizada por voluntarios, en su mayoría estudiantes de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

Los voluntarios realizaron la inscripción de los nombres de víctimas del conflicto armado en grandes telas blancas en tiempo récord (tres días). Los nombres se escribían en cenizas de madera (en un acto de profunda solemnidad según me contaron algunos de mis estudiantes que participaron en la primera etapa de ejecución de la obra).

Al parecer, el proceso fue muy conmovedor, pues los 1.900 nombres estaban dispuestos en un gran espacio para luego terminar en las telas. Algunos de los familiares de las víctimas estaban presentes en la acción. Los nombres estampados en cada fragmento de tela se tejerían con otros fragmentos hasta crear un gran manto que terminó cubriendo el suelo de la Plaza de Bolívar en Bogotá.

Este tipo de “acciones de duelo”, como las llama la artista, ya habían sido realizadas con anterioridad en la Plaza de Bolívar.

En 2002, la artista realizó la obra Sillas vacías del Palacio de Justicia, en honor a los magistrados de la Corte que fueron asesinados durante la retoma del Palacio en 1985. En esta obra las sillas se desprendían de la fachada del Palacio renovado, lo que producía una especie de efecto de caída libre.

Otra de esas acciones fue realizada en 2007 en honor a los 11 diputados del Valle secuestrados por las FARC y muertos en la operación de rescate. En esta acción de duelo la artista dispuso una cantidad considerable de velas que iluminaron toda la Plaza de Bolívar.

Otro antecedente que no podemos pasar por alto es la acción espontánea donde participó la artista cuando se supo el asesinato del periodista Jaime Garzón en 1999. En ese momento dispuso en la Plaza miles de velas y en las calles flores rojas que pacerían alfombrar el camino.

La artista ha realizado desde hace años contundentes obras que hablan de las victimas de la violencia, incluso en el extranjero, como la obra Shibboleth, una grieta de gran tamaño realizada en el suelo de la prestigiosa Tate Modern Gallery. Con esta obra Salcedo quiso mostrar el problema de la exclusión y la segregación racial.

Muy pocos se habían atrevido a cuestionar esta obra

Igualmente, llevó a cabo la instalación de cientos de sillas dispuestas entre dos edificios durante la Bienal Internacional de Estambul en 2003. En esta obra, una vez más, los objetos aludían a la ausencia. Esa fue también la intención de Plegaria muda, una obra que aludía a las madres que habían perdido sus hijos en enfrentamientos de pandillas en Estados Unidos.

Como se ve, Doris Salcedo es una artista que realiza obras de gran impacto sobre diferentes acontecimientos en los que la violencia está implicada. La obra Sumando ausencias, presentada esta semana en Bogotá, se enmarca dentro de este proceso.

La polémica

Sin embargo, en los días previos a instalarse la gran obra en la Plaza, las redes sociales comenzaron a comentar el hecho y a preguntarse cómo haría la artista para instalar la obra si en la Plaza en ese momento había un campamento de paz.

Este campamento fue el resultado de la multitudinaria marcha realizada el 5 de octubre, días después del plebiscito en el que ganó el No. El campamento fue instalado por estudiantes, líderes sociales y familiares de victimas del conflicto armado y en defensa de los acuerdos de La Habana. Fue planteado como un lugar de resistencia civil en defensa de la paz.

Sin embargo, la artista siguió con la idea fija de extender los cientos de retazos de tela con los nombres inscritos de las 1.900 victimas, los cuales se coserían por manos voluntarias y asalariadas hasta cubrir toda la Plaza. Desafortunadamente, por el afán de realizar en tiempo récord esta acción, se desplazó y prácticamente se desmontó el campamento de paz.  

Muy pocos se habían atrevido a cuestionar esta obra, sobre todo porque era de una artista tan prestigiosa como Doris Salcedo, y más aún cuando hablaba de las victimas. Sin embargo, las preguntas y cuestionamientos no se hicieron esperar después de que se pasara por encima del campamento de paz.

¿Se fueron ellos por su propia cuenta? ¿Los desalojaron o fue una negociación? Después se supo que fue una negociación, aunque algunos se quejaron de la manera en que esta se dio. Al día siguiente un habitante del campamento de paz y su esposa (profesores en una vereda) gritaban con un cartel en mano: “Doris Salcedo: no trafique más con el dolor de las víctimas”.

Poco después, Jorge Párraga publicó un artículo titulado “Sumando ausencias y multiplicando exclusión” en el portal Esfera Pública.  El texto señala problemas reales que hicieron surgir suspicacias sobre cuánto costará el metro de tela de esta obra en el mundo del arte.

Ahora se sabe que este manto reposará en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación. Pero, ¿se donará a las víctimas el dinero producido por la venta de las fotografías y los videos (que es lo que generalmente se comercializa en este tipo de acciones)?

Otros se preguntan por qué utilizar las víctimas para estetizar el dolor. ¿Por qué no tejieron presencias con los activistas y habitantes del campamento en vez de desalojar la Plaza ocupada por ellos? ¿Por qué con esa tela comprada no se hicieron cobijas para los marchantes de la Organización Nacional Indígena de Colombia que llegaron a la capital para marchar el 12 de octubre?

Varios activistas sociales denunciaron igualmente la manera como el lugar estaba protegido por una gran barrera instalada por la Policía y cómo los que tejían no eran propiamente el pueblo sino artistas, estudiantes y demás integrantes de "la burguesía artística" (aunque también estuvieron presentes algunos familiares de las víctimas).

De hecho, varios activistas fueron desplazados para no interferir en la obra, la cual debía acogerse a los cánones de la pulcritud y rigor estético que caracteriza el trabajo de Salcedo.

La importancia de los símbolos

Una última pregunta que yo hago es: ¿por qué esta obra se hizo el día del Yom Kippur, día del perdón judío? ¿Por que no se escogió otro día para instalar ese gran manto en la Plaza de Bolívar? 

Tal vez fue el apuro por tener la obra para ese día lo que llevó a que el trabajo fuera realizado precipitadamente. Como escribió una de las participantes en la instalación en una carta dirigida a la artista: “en su afán de sacar no se cuántos nombres al día se perdió toda solemnidad”.

La obra se hizo bajo salario y a toda “máquina” para ser expuesta justo el día del Yom Kippur, un día estrechamente relacionado con el conflicto árabe-israelí. Sin embargo, una artista tan rigurosa e inteligente como Doris Salcedo pareció no poder escoger otra fecha más oportuna para realizar su obra.

¿por qué esta obra se hizo el día del Yom Kippur, día del perdón judío?

¿Por qué no instalar el manto el 12 de octubre, cuando llegarían a la capital miles de activistas de todo el país a favor del Acuerdo de La Habana? Los conocedores de arte contemporáneo sabemos que el lugar y el tiempo son determinantes para este tipo de obras, y condicionan su lectura.

El filósofo Rodolfo Wenger se preguntaba a propósito de la obra de Doris hace ya algún tiempo:

“¿Cómo representar la violencia sin exaltarla o hacerla inevitable y sin hacer que las víctimas sean nuevamente víctimas?, ¿Cómo representar lo irrepresentable, el horror, el genocidio?  ¿Cómo hacer para convertir la violencia -eventos, víctimas, consecuencias- en algo que puede ser percibido como "arte" y no como documentación, periodismo o escritura crítica? El problema del arte político realizado bajo la bandera de la representación es que o bien niega el arte mismo, limitándose a la conmemoración documental, o rechaza la representación de la violencia, haciéndose abstracto”.

Por otra parte, la sicoanalista Eugenia Varela dijo respecto a Sumando ausencias que: “Por una curiosa confusión de lugares y de personas, la acción de cubrir la Plaza con un gran velo blanco y la lista de nombres es un semblante, una ilusión, fuera de lugar. La hora es la de la movilización y de las decisiones hablando, con los cuerpos vivos celebrando este momento de "Kayros", eso que los griegos llamaban la oportunidad, el poder contingente de transformar”.

Al final, todo esto se reduce a la creación de imágenes que circulan en esta gran pantalla global de la sociedad del espectáculo. Y yo prefiero la imagen de la Plaza de Bolívar llena de gente (sumando presencias) en defensa del Acuerdo de La Habana más que el manto inmaculado de Sumando ausencias, una obra políticamente correcta, diseñada, encargada, confeccionada a mano y a la medida de Doris Salcedo y exhibida justo el día del Yom Kippur y a pocos días de que empiecen las ferias de arte de Bogotá, a las que acuden grandes coleccionistas de todo el mundo.

Parece que es cierto que en este mundo nadie da puntada sin dedal.

*Crítico de arte y de la cultura. Docente Universidad Nacional de Colombia.

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