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Las elecciones en Estados Unidos: el espectáculo del año

Escrito por Luis Javier Mejía

Candidata a la presidencia, Hillary Clinton por el partido Demócrata de Estados Unidos.

Luis MejiaAgresiones, escándalos, sexismo y otras perlas similares han marcado la campaña para el cargo más poderoso del mundo. ¿Cómo están las cosas en este momento y cómo se proyectan para las elecciones del 8 de noviembre?

Luis Javier Mejía*

Los candidatos

Terminadas las elecciones primarias los partidos mayoritarios reconocieron como sus candidatos presidenciales a Hillary Clinton (demócrata) y Donald Trump (republicano).

Hillary Clinton tiene inteligencia, educación, autocontrol y disciplina. Su carrera como abogada y política es respetada por admiradores y detractores. Es ambiciosa y se prepara a conciencia para toda actividad. Es cerebral y calculadora, aunque atempera estos rigores con momentos de empatía y calor humano.

Es una hábil comunicadora gracias a su dominio del idioma y a los temas de los que habla, es capaz de desarrollar ideas completas en freases bien construidas, de “hablar en párrafos” sin perder el hilo, y de mantener la atención enfocada. Su mensaje llega a la población educada, liberal y cosmopolita.

Donald Trump es lo contrario (excepto en lo ambicioso): superficial, ignorante, vanidoso, indisciplinado, distraído, errático y desenfocado. Pierde el control con facilidad. Aunque está orgulloso de su carrera de negocios y se ha autoproclamado “genio” de las finanzas, los impuestos y la administración de empresas, muchos dudan de su buen juicio en estos asuntos.

No expresa ideas completas ni construye frases gramaticalmente correctas, y su discurso se compone de exclamaciones, muletillas, repeticiones y palabras sueltas en libre asociación. Su mensaje llega a la población menos educada, conservadora y provincial.

Moral y escándalos

Candidato por el partido Republicano, Donald Trump.
Candidato por el partido Republicano, Donald Trump.  
Foto: Wikimedia Commons

Sin duda el carácter moral de los candidatos influye sobre la de decisión del pueblo. Y ambos tienen defectos. Trump es racista, sexista, xenofóbico, autoritario, indiferente a los hechos reales y adicto a fantasías y teorías conspirativas, ignorante de la Constitución y sus principios, amigo de insultar a sus oponentes y de hacer acusaciones infundadas.

Sus referencias a mexicanos como violadores, a los musulmanes como terroristas, a las mujeres como objetos y a los veteranos con estrés postraumático como pusilánimes muestran un alto grado de insensibilidad. No acepta responsabilidad por sus palabras ni da excusas por sus actos. Contrariando la costumbre, se niega a publicar sus declaraciones de impuestos, lo que despierta serias dudas sobre el tamaño de su fortuna y el monto de sus donaciones caritativas, puntos claves en su autopromoción.

Clinton ha sido acusada de aprovechar su papel de primera dama en Arkansas y en la Casa Blanca, de senadora por Nueva York y secretaria de Estado para mover los intereses de su familia, de recibir dinero de las entidades financieras que ella critica en sus discursos y de usar la Fundación Clinton en beneficio personal. A ello ha respondido con la publicación de todas sus declaraciones de impuestos así como de los reportes financieros de la Fundación.

Entre los dos candidatos, Clinton es la mejor calificada

Criticada por el uso de un servidor personal para enviar mensajes gubernamentales cuando fue secretaria de Estado, Clinton ha reconocido su error, ha pedido excusas y ha prometido ser más prudente. Igualmente criticada por referirse a los seguidores de Trump como deplorables por sus posiciones extremistas, también pidió excusas y reconoció que sus comentarios fueron ofensivos.

Poco se ha discutido sobre su propensión a hablar sobre derechos humanos y de la mujer al mismo tiempo que respalda regímenes de derecha no democrática en países no desarrollados.

Las operaciones de desprestigio pueden afectar su elección a última hora. Por ejemplo, el fundador de Wikileaks y el canal de televisión RT, vocero extraoficial del gobierno ruso, están compitiendo en este momento en la búsqueda de informacion negativa sobre Clinton. Periodistas independientes, organizaciones cívicas y contratistas frustrados de Trump también andan a la caza de información negativa sobre él, algo que no es difícil de encontrar.

Por su parte, el gobierno ruso, acusado de hacerle guerra cibernética a Clinton, ha pedido a  Naciones Unidas que silencie a su jefe de derechos humanos por criticar a Trump y a otros políticos islamofóbicos.

Entre los dos candidatos, Clinton es la mejor calificada y tiene cualidades que la hacen, como dijo el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, “la opción por quien se debe votar responsablemente en estas elecciones”.

Los debates y la plaza pública

Las ideas, actitudes y conocimientos de los candidatos se reflejan en sus documentos de trabajo, discursos, comentarios informales y respuestas en los debates televisivos.

El impacto final de los debates televisivos en la elección es marginal pues cuando estos ocurren la mayoría de los televidentes ya han tomado una decisión de voto. Su mayor efecto es sobre los indecisos y los simpatizantes de otros partidos.

En los dos debates presidenciales, del 26 de septiembre y el 9 de octubre, los comentaristas aclamaron a Clinton como ganadora por su tranquilidad y su control; y criticaron a Trump por su falta de cortesía al interrumpirla repetidamente e ignorar a los moderadores. Pero dijeron que ambos candidatos carecieron de sustancia y no dieron detalles de sus políticas, aunque el formato de dos minutos para responder las preguntas favoreció a las respuestas absurdas, triviales y emotivas de Trump.

Algunos de los detalles más llamativos de estos debates fueron:

  • Las preguntas que los candidatos no respondieron (por ejemplo, Trump nunca dijo cómo repatriaría los empleos y las empresas que se han ido del país),
  • Los intentos de Clinton de hacer un resumen serio de sus planes y la incapacidad de Trump de articular los suyos,
  • La promesa de Trump de enviar a Clinton a la cárcel si es elegido presidente, ignorando la separación de poderes y los límites del poder presidencial,
  • La conducta grosera y físicamente intimidante de Trump en los debates,
  • La humillación de las mujeres que Trump invitó al segundo debate para abochornar a Bill Clinton, como si eso tuviera importancia en la campaña actual.

Al parecer, hay medios y periodistas que trabajan para normalizar a Trump y establecer una equivalencia moral e intelectual entre él y Hillary. También es posible que todavía haya quienes rechazan a Clinton por ser mujer, por tener algunas posiciones progresistas y por ser más inteligente que todos los hombres con los que ha competido en esta campaña (con excepción de Bernie Sanders).

Los vicepresidentes

Campaña presidencial de Hillary Clinton en Phoenix, Arizona.
Campaña presidencial de Hillary Clinton en Phoenix, Arizona.  
Foto: Wikimedia Commons

En el debate vicepresidencial del 4 de octubre Mike Pence, republicano, fue aclamado como ganador por su actuación calmada, mientras que Tim Kaine, demócrata, pareció muy agitado e interrumpió continuamente a su contrincante.

Aunque ambos defendieron a su compañero de fórmula y desacreditaron al oponente, fue obvio que Pence tuvo 90 minutos ininterrumpidos de amnesia, pues calmadamente negó todo lo ofensivo que Trump ha dicho sobre muchas personas.

Ambos nacidos en familias católicas, Kaine acepta la separación de la Iglesia y el Estado con sus implicaciones. Por su parte, Pence es creacionista, homofóbico y pro-vida (aunque parece ignorar el conflicto entre su respeto a la vida y su respaldo a la pena de muerte, la guerra para solucionar conflictos internacionales, la presunción de impunidad en favor de la Policía y el porte de armas).

Los temas

Desde la presidencia de Ronald Reagan el liderazgo nacional ha dejado acumular problemas que marcarán el próximo gobierno y muestran la diferencia entre las dos campañas:

  • Intervención armada en el exterior,
  • Tamaño y misión del Ejército,
  • Relaciones con Rusia y China,
  • Respaldo a la ocupación de Israel en Palestina,
  • Comercio internacional y tratados de comercio,
  • Militarización de la Policía y sus relaciones con las minorías,
  • Distribución de la carga impositiva entre las clases altas y bajas,
  • Libertades y regulaciones del mundo financiero y los monopolios,
  • Financiación de la seguridad social,
  • Creación de empleos y salario mínimo,
  • Reconstrucción de la infraestructura nacional,
  • Inmigración,
  • Reevaluación de los poderes presidenciales y del papel del Congreso,
  • Elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia,
  • Financiación de la educación superior,
  • Relaciones raciales.

El futuro presidente deberá navegar las presiones de su propio partido y de la oposición para ofrecer soluciones viables y oportunas. De ahí la importancia de estas elecciones.

Los equipos de campaña

Trump se impuso sobre diez candidatos republicanos que compartían su mismo nivel de ignorancia, intolerancia, irrespeto a las minorías y mediocridad en las propuestas de gobierno, aunque no lo expresaran con el mismo desenfreno verbal. Ahora a Trump lo acompañan republicanos que han perdido el respaldo de las masas del partido (Newt Gingrich, Rudolph Giuliani, Chris Christie) o que nunca lo han tenido.

El impacto final de los debates televisivos en la elección es marginal

Mientras tanto, en la campaña de Clinton están las figuras más populares de su partido: el excandidato Sanders, el presidente Barack Obama, la señora Michelle Obama, la senadora Elizabeth Warren, el expresidente Bill Clinton y el exvicepresidente Al Gore.

Algunos miembros disidentes del Partido Republicano (senadores, antiguos funcionarios del gobierno, comentaristas de medios) han dicho que Trump no es una persona calificada para la Presidencia y han comprometido su voto por Clinton o se han declarado abstencionistas.

El respaldo de personalidades demócratas y republicanas a Clinton puede validar la afirmación de Trump de que ella representa el establecimiento y sus fracasos. Pero los repetidos pasos en falso de Trump pueden terminar por favorecer a Clinton.

Aunque el resultado de las elecciones no es seguro, el video vulgar y arrollador donde Trump se vanagloria de sus abusos sexuales bien podría haber sellado su derrota. El modelo electoral del reconocido estadígrafo Nate Silver da a Clinton más del 80 por ciento de probabilidades de ganar en el Colegio Electoral.

Abogado, economista e investigador social, residente en Nueva York.

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