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El retorno a la normalidad

Escrito por Pablo Andrés Martínez
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Aunque son muchas las personas contagiadas en Colombia, el gobierno planea reabrir los espacios públicos. Estos son los obstáculos y las mejoras formas para lograrlo.

Pablo Andrés Martínez Silva, M.D.*

Convivir con la COVID-19

Desde hace meses sabemos que eventualmente llegaría el momento cuando aprenderíamos a convivir con el nuevo coronavirus. Ese momento ha llegado.

Desde hace varias semanas, la COVID-19 ha dejado de ser el tema de discusión, pues la agenda noticiosa está ocupándose cada vez más de la realidad política y social. Además, los encuentros virtuales se refieren a otros temas.

Actualmente, la pandemia ocupa el horario de la tarde en la televisión. En este horario se divulgan los datos de las pruebas, el número de contagios y fallecimientos.

Sin embargo, estos datos ya no son analizados ni discutidos como hace unas semanas. Se ha hecho evidente el esfuerzo de la ciudadanía por volver a la “normalidad”. Además, la audiencia del programa Prevención y Acción presentado por el presidente Iván Duque va en caída.

La situación actual

Casi cuatro meses después de que llegara el virus a Colombia, finalmente:

  • ha aumentado la capacidad diagnóstica;
  • ha aumentado el número de camas de cuidados intermedios e intensivos; y
  • poco a poco coge fuerza el sistema de rastreo de personas que han tenido contacto con casos positivos.

Pese a lo anterior, aún hay deudas importantes:

  • los resultados de los diagnósticos se demoran más de lo esperado, de manera que las personas contagiadas son aisladas tardíamente;
  • las camas no llegan a los números propuestos;
  • y la norma que da vida a Pruebas, Rastreo, Aislamiento Selectivo Sostenible (PRASS) tiene enormes vacíos operativos.

La pandemia ha dejado claro que las entidades territoriales no cuentan con las mismas capacidades ni los mismos recursos.

La dificultad de coordinar los sistemas generales de seguridad social en salud en distintos niveles e incentivos se hace evidente. Es clara la enorme distancia, por no decir insalvable, entre la gestión del riesgo del aseguramiento y la salud pública.

Con este telón de fondo, Colombia ha llegado a más del medio millón de casos reportados. Aunque los prestadores de servicios de salud reportan una tasa de ocupación crítica, los gobiernos han relajado las medidas de bioseguridad. Esto es el resultado de la presión de diversos sectores productivos y comerciales.

En Colombia, las autoridades locales son quienes toman las decisiones en cuanto a la pandemia y no el gobierno central.

• En Bogotá, Claudia López optó por unas cuarentenas sectorizadas cuyos resultados aún son poco claros;
• En Medellín, Daniel Quintero, con ciertos aires autoritarios, ha apostado por el disciplinamiento y el orden; y
• En Cali, Jorge Iván Ospina ha ejecutado un plan piloto de profilaxis con un antiparasitario cuya eficacia aún no es soportada por la evidencia clínica.
Mientras tanto, la ciudadanía aún está aprendiendo a:

• Utilizar correctamente tapabocas y mascarillas,
• Mantener el distanciamiento físico apropiado,
• Lavarse las manos frecuentemente,
• Evitar espacios cerrados y concurridos, donde tiene lugar buena parte de esta nueva “normalidad”.

Foto: Presidencia de la República El hecho más controversial de este nuevo momento ha sido el orden en que han retornado las actividades.

La apertura

Con la pandemia, hay términos que se han generalizado, como cuarentena, aislamiento preventivo y aislamiento inteligente selectivo. Actualmente, el gobierno central ha traído el neologismo “aperturar” para hablar del regreso a la normalidad.

“Aperturar” es el retorno, no siempre eficaz, de las actividades con sus respectivos protocolos de bioseguridad.

Lo que ha dado para críticas es el orden de reapertura de las actividades. Pasamos de un momento de “preparación”, a uno de excepciones, y posteriormente, de puestas en marcha. Esta última etapa incluyó iniciativas polémicas como el “Día sin IVA”.

Es innegable que, si el objetivo es aprender a convivir con el virus, como lo han repetido varios funcionarios, el éxito dependerá de seguir una secuencia lógica, no solo desde el punto de vista “técnico”, sino desde el sentido común de la ciudadanía.

Visto de esta manera, el “aperturar” debe ser la consecuencia de:

  • La percepción del riesgo entendida como reconocimiento de las probabilidades de transmisión del virus en las actividades que la ciudadanía debe llevar a cabo en su vida diaria;
  • El autocuidado entendido como el uso práctico del conocimiento divulgado, y las posibilidades de desarrollarlo. Por ejemplo, el uso correcto del tapabocas y las mascarillas implica saber cómo usarlos, los recursos para adquirirlos o elaborarlos en casa; y
  • El cuidado común, tal vez el más complejo, ya que implica una visión de cooperación, solidaridad y empatía asociada con lo que solemos denominar redes de apoyo, redes de cuidado y tejido social.

Con esto presente, podemos señalar que, más allá de un protocolo, el retorno de una actividad implica tener presente lo que necesita cada una de estas esferas.

Las contradicciones

Para volver a la normalidad es necesario seguir una secuencia:

  1. Las actividades de abastecimiento deberían ser las primeras en regresar. Sobre todo en un momento como este en el que no pueden parar. En este caso, el papel del protocolo es hacer que el ciudadano sea consciente del riesgo y, progresivamente, que sea consciente de la necesidad de autocuidarse.
  2. Después vendrían aquellas actividades individuales donde están en juego la percepción del riesgo y el autocuidado, como las actividades en espacios abiertos y públicos. Posteriormente vendrían las actividades en espacios amplios con interacciones pequeñas, y finalmente, estos mismos espacios, pero con interacciones moderadas.
  3. Finalmente deberían regresar aquellas actividades colectivas de mayor riesgo, ya que involucran la noción de cuidado común, que no es automática. Los gobiernos deben orientar y dirigir a la ciudadanía a un cuidado común.

Entre estas actividades están aquellas donde la ciudadanía comparte espacios con personas desconocidas durante cierto tiempo.

Con esto presente, ¿tiene sentido prohibir actividades individuales que exigen percepción del riesgo y autocuidado, mientras se reactivan otras que necesitan del cuidado común?

En palabras menos técnicas, ¿por qué prohibir el trotar en un espacio público y permitir el regreso de bares y cines?

Foto: PxFuel Los mensajes claves en torno a la percepción del riesgo y el autocuidado deben ser lo principal.

Avanzar, pero despacio

Ante el agotamiento del discurso, es necesario buscar rápidamente nuevas formas de información, educación y comunicación a la ciudadanía. Los mensajes claves acerca de la percepción del riesgo y el autocuidado deben ser la principal preocupación.

Bajo estos criterios, lo lógico es que en algunos días se pongan en marcha actividades que en la actualidad están prohibidas, pero que apelan a la individualidad, y que dan beneficios inmediatos en el bienestar y calidad de vida, como las actividades deportivas.

Hacer el seguimiento apropiado de la pandemia, tanto en este nivel, como con el aumento de rastreadores de contactos, nos permitirán reducir las cadenas de contagios y, por ende, mantener a raya el colapso de los servicios de salud.

Es un riesgo innecesario apelar al cuidado común sin haber promovido primero la cooperación, solidaridad y empatía, mediante diferentes tipos de incentivos y recompensas no materiales. España, tras la reapertura de espacios públicos, enfrenta un serio rebrote. Este es un ejemplo de por qué es preferible avanzar lentamente que exigirnos un retorno a la fuerza a la “normalidad”.

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