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La cuarentena no puede alargarse

Escrito por Hoover Quitian
Reapertura

Sin propósitos claros ni adopción en el momento oportuno, la cuarenta es cada vez menos útil y en efecto se vuelve más peligrosa. Estas son las razones.

Hoover Quitian Reyes*

Sin metas claras

Reabrir la economía depende de las razones que existían para instaurar la cuarentena.

Es claro que la COVID-19 fue la causa de la cuarentena, pero en Colombia no son claros los objetivos de las medidas de aislamiento.

Tener objetivos claros orienta los procesos de seguimiento; define métricas adecuadas y metas claras. De esa manera no habría tanta incertidumbre sobre cuándo retornar a la normalidad.

Para qué la cuarentena

Habría sido ingenuo pensar que el confinamiento solucionaría el problema, que el coronavirus desaparecería tras un lapso definido y que podríamos retomar la vida como era antes. Esto habría sido verdad en una etapa mucho más temprana de la curva de contagios.

Pero ya no era así cuando en Colombia se tomaron las decisiones, que se anunciaron cuando ya estábamos en etapa de mitigación. En esta etapa el virus circula libremente, y por eso se trata de minimizar sus impactos.

Visto de otra manera: cuando comenzó el aislamiento, el objetivo no podía ser erradicar el virus sino, como siempre se dijo, «aplanar la curva epidemiológica»: no se podía evitar que un alto porcentaje de la población se contagiara, pero se podía aplazar o posponer una parte de los contagios para evitar el colapso del sistema de salud.

¿Cuarentena a destiempo?

El efecto esperado de una cuarentena depende en buena parte de cuándo se aplique durante el proceso de diseminación; dicho de otra manera, el punto en la curva de contagios define cuándo cerrar actividades. Pero Colombia en el momento de establecer la cuarentena no había hecho pruebas suficientes para determinar el número de personas contagiadas.

  • En el caso de los países que ya se acercaban al punto más alto de la curva de contagio —el pico epidemiológico—, los resultados se observarán mucho más pronto, en términos de muertes y de nuevos contagios.
  • En el caso de Colombia, la cuarentena comenzó (aparentemente) antes de que hubiera una aceleración de contagios similar a la registrada en naciones europeas. Por eso su efecto sobre la disminución de enfermos y muertos sería más lento que en España o en Italia.

Provisional y traumática

Dicho en otras palabras: la cuarentena alarga el periodo en el que combatiremos la enfermedad. Se cambia una sola gran batalla — que defina la guerra— por una confrontación mucho más duradera —con muchas batallas pequeñas—.

El propósito de «aplanar la curva de contagios» es válido en la medida que la pandemia durará bastante tiempo. Todos los días hay un número mayor de contagios y de muertes, pero aun así la medida es exitosa: el ritmo de crecimiento es relativamente lento.

Por lo tanto, si ese es el objetivo principal y si la medida está funcionando, su vigencia debería prolongarse –en aras de minimizar el número de muertes a causa de la COVID-19–.

Reapertura del comercio en Bogotá

Foto: Alcaldía de Bogotá
Pensar en mantener la cuarentena es equivocado porque el instrumento se agota

Y sin embargo la vida necesita de muchas cosas, además de seguir respirando. Congelar gran parte de la economía, aunque retrase los contagios, daña el complejo sistema social que hemos construido para atender a nuestras necesidades.

No es posible detener la economía por completo, y tanto así que desde un comienzo se establecieron excepciones para las actividades mínimas necesarias.

También hay que comprender algunos aspectos de la economía. En particular, para que funcione bien, no puede haber faltas ni excesos de liquidez. Hay empresas que no pueden atender sus nóminas durante varios meses sin recibir ingresos, y eso no significa que estén mal dirigidas. Pero del otro lado, tener más liquidez de la que requiere el curso normal del negocio es simplemente ineficiente para todo el aparato productivo.

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Aprender a vivir con el virus

Ante este panorama y dado el momento de comenzar la cuarentena en Colombia, parece más sensato que el objetivo sea ganar tiempo: nos prepararíamos para librar la batalla con más probabilidades de victoria y minimizando las pérdidas humanas.

Para esto habría que fortalecer el sistema de atención médica y, sobre todo, la detección de infectados; también se necesita una nueva forma de organizar el trabajo para minimizar la probabilidad de contagio.

Los indicadores para este objetivo no se limitan al comportamiento de la enfermedad, es decir, al número de contagiados, recuperados, casos graves y muertes. Además, hay que considerar la capacidad para atender a estos pacientes y la infraestructura de las empresas para operar con un nivel aceptable de bioseguridad.

Lo gran ganancia hubiera sido aprovechar el tiempo para cambiar la forma como producimos y como comerciamos. Pero infortunadamente, al ser una medida de emergencia, el aislamiento comenzó sin una planeación adecuada: no era claro cuántas personas requerirían ayuda humanitaria, dónde estaban y cómo hacerles llegar ayudas; tampoco hubo indicaciones para que la economía se adecuara desde el primer día a unos estándares de bioseguridad mínimos.

Esas indicaciones no tenían que ser necesariamente explícitas; bastaba con información general que cada sector pudiera adaptar a sus circunstancias. En lugar de esto, primero se informó que la cuarentena duraría apenas 19 días, un plazo que parecía soportable para la mayoría de las industrias, la cuales por lo tanto decidieron esperar.

Si se hubiera explicado que el aislamiento tomaría un tiempo mayor e indeterminado, desde el primer día todos hubieran comenzado un proceso de cambio —la famosa «reinvención»— y pronto habríamos tenido muchas más propuestas y protocolos para dar continuidad a la vida productiva.

Reforzar las medidas de bioseguridad, higiene y el distanciamiento social

Foto: Alcaldía de Bogotá
Es necesario reforzar las medidas de bioseguridad, la higiene y el distanciamiento social para la reapertura.

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El aislamiento sirve menos cada día

Pero además la efectividad de las medidas de aislamiento disminuye con los días:

  • La capacidad de soportar el encierro es cada vez menor;
  • A medida que se pierda el autocontrol, quienes salgan constatarán que la fuerza pública no puede hacer cumplir las normas;
  • La gente sabe que es probable contagiarse y morir, pero que con seguridad se quedarán sin recursos para subsistir; mejor es arriesgarse.

En conclusión, la efectividad de las medidas de aislamiento es menor cada día; el tiempo transcurrido parece suficiente para fortalecer la capacidad instalada. Por ningún motivo podemos levantar las medidas de prevención —como el uso del tapabocas y el distanciamiento—; pero ya es hora de que la producción y el comercio opere de forma normal, obviamente con las medidas de protección correspondientes.

Dado el tipo de servicio o producto que ofrecen, a algunos sectores les costará adaptarse; tal vez estos no deban abrirse, pero es posible subsidiar esas excepciones, cosa que se logrará solo si el resto de la economía funciona.

Si exageramos la duración de la cuarentena, tal vez tengamos el peor de los escenarios: veremos los estragos de la COVID-19, no tendremos recursos para subsistir, y enfermaremos de muchas otras cosas. Si sobrevivimos, tardaríamos en recuperar lo perdido.

*Economista y magister en Investigación en Ciencias Económicas, profesor del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística en la Universidad Javeriana de Bogotá.

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