Periodismo sin ética: ¿Contradicción o contagio? - Razón Pública
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Periodismo sin ética: ¿Contradicción o contagio?

Escrito por Gustavo Castro Caycedo
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Gustavo Castro CaycedoEn medio de los escándalos de corrupción ha pasado de agache otro fenómeno: el periodismo sin ética que se ampara en la libertad de expresión para abusar de un oficio privilegiado, pero vulnerable. Es el oficio de buscar la verdad y honrar un pacto de confianza con la sociedad.

Gustavo Castro Caycedo *

Por encima de todos

Escribo esta nota desde la perspectiva del periodista, pero también como receptor de información que ve y “mide” la responsabilidad del periodismo y de los medios, estando del lado de una opinión pública que detecta y cuestiona todo desbordamiento informativo. 

Este fue justamente el tema de una investigación para el Ministerio de Comunicaciones, adelantada por la firma encuestadora Napoleón Franco hace quince años y publicada en el libro de Javier Darío Restrepo y Germán Rey, Desde las Dos Orillas [1].

En una valiente autocrítica de los medios, el periodista Rafael Santos Calderón expresó en un Congreso de Bioética:

“Perdí la cuenta de las veces que hemos perturbado con nuestras ruidosas cámaras el momento sagrado en que un padre o una madre llora a un hijo muerto en una balacera, en una masacre o en uno de tantos asesinatos que copan diariamente las páginas de los periódicos, violando el derecho a la intimidad y el silencio de los vivos con sus muertos”.

“¿Tenemos una ética frente a esa apabullante realidad? ¿Son nuestros redactores y editores conscientes del impacto que tienen en la comunidad para la cual escriben? ¿Estamos como periodistas por encima de todo y como ciudadanos, satisfechos con lo que hemos hecho y conscientes de lo que hemos dejado de hacer en la actual coyuntura?

“En gran parte y al haber asumido por tanto tiempo una posición de indiferencia y pasividad frente a la brutal escalada de violencia de todos los cortes, somos responsables de ese estado colectivo de desesperanza y desconcierto que nos embarga. ¿Cuánto? No lo sé, pero siento que somos muy culpables”.

La libertad de expresión tiene límites

Como en todos los sectores nacionales hay lunares: en los últimos días han sido condenados algunos periodistas colombianos por delitos como extorsión, lavado de divisas y homicidio; y se cuestiona seriamente el comportamiento de otros por vender información, abusar de su posición y cobrar por entrevistas a políticos.

Muchas personas en Colombia sufren hoy vergüenza pública por información sobre familiares inocentes, calumniados y sometidos al escarnio, despojados de su honra y su buen nombre, debido a informaciones erróneas, malintencionadas o deliberadamente falsas, o fruto de simples rumores sin confirmar o de verdades a medias que se echaron a rodar…

Como la Constitución Nacional declara expresamente que en Colombia no hay censura, se interpreta a veces esta disposición en forma ilegítima: ¿tendrá realmente todo periodista patente de corso para escribir, decir o hacer todo lo que quiera o se le ordene? Ese argumento parece habilitar y autorizar a algunos para mostrar, decir y hacer cuanto se les ocurre, sacrificando sin escrúpulos la ética periodística.

¿Cómo trazar un límite que separe drásticamente a los pseudo-periodistas irresponsables de quienes ejercen legítimamente este digno oficio y cumplen con sus obligaciones profesionales, de tal manera que la opinión pública pueda emitir un juicio? 

Dice Daniel Samper Pizano: “El periodista no puede considerarse autorizado por razón alguna para atentar contra el derecho que toda persona tiene al buen nombre y a la fama. Desconocer ese derecho lesiona la justicia y, además arroja sobre los periodistas, la sindicación de grupo que abusa de su poder en contra de las personas. No hay ejercicio de la libertad de expresión que pueda dar respaldo a la conducta injusta y cobarde de acusar sin pruebas para provocar escándalo”.

Que “la libertad de información está en peligro”, dicen algunos, porque se pide más responsabilidad. Un sector de la opinión pública, y muchos periodistas, le dicen a quienes ejercen el periodismo sin ética: ¡Basta ya!

Aves de mal agüero

Algunos medios y periodistas censuran y violan sistemáticamente el derecho de los colombianos a ser informados con imparcialidad: no solo a recibir noticias sobre todo lo malo que ocurre, sino también sobre los hechos positivos que se producen discretamente en Colombia y que ciertamente son muchos más, pero que exigen mayores esfuerzos para detectarlos y comunicarlos eficientemente.

El sociólogo Germán Rey escribió: “Con una facilidad reprochable, siguiendo el hipócrita argumento que, la realidad hay que mostrarla, se entrometen en los catafalcos, se posan como aves de mal agüero sobre los cúmulos de cuerpos abandonados por las masacres, no tienen la menor piedad por el dolor de los deudos a quienes violan permanentemente su intimidad”.

La emisión repetida de hechos violentos insensibiliza y paraliza las emociones: es la “desensibilización sistemática”, practicada en tratamientos psicológicos contra las fobias, técnica que expone a una persona repetidamente frente a la causa de su temor, hasta lograr disminuir su ansiedad.

Héctor Abad Faciolince lo expresó bellamente: “Parecería que la tarea de algunos periodistas fuera la de extirpar y exhibir la tristeza, incluso en aquellos que estoicamente tratan de ocultarla”.

Poderes del oficio

Otra práctica antiética es la de periodistas agresivos que acorralan a sus entrevistados, con arrogancia intimidante, esgrimiendo micrófonos, grabadoras y cámaras amenazantes; o que persiguen a sus fuentes potenciales, exigiéndoles declaraciones; asumiendo el rol de jueces, sin sustentación válida.

Para ellos la libertad de información es una excusa para abusar de ciudadanos que también tienen derechos fundamentales, como el derecho a la honra, al buen nombre y a proteger su vida privada.

Confunden informar con opinar. Los periodistas ni somos ni podemos ser jueces. Tenemos la obligación de investigar la verdad y de denunciar los hechos contrarios a la ley, pero no nos corresponde ejercer presiones indebidas sobre la justicia y menos faltar éticamente, culpando sin elementos probatorios.

Ningún periodista puede violar la reserva del sumario, entorpecer las investigaciones, atentar contra el derecho de la gente a la honra, o interferir con la justicia.

Pacto de confianza

Sé que la inmensa mayoría de nuestros periodistas son éticos, honestos y responsables, y que gracias a ellos y a los medios de comunicación social, se combaten con éxito el delito y la corrupción.

Por ellos y por el país es vital defender la libertad de expresión en los medios, y fortalecer la democracia; distinto, claro, de practicar una parcializada solidaridad de cuerpo que lleva al silencio de algunos pecados cometidos por periodistas contra la ética, lo cual representa una forma de complicidad.

Los periodistas -y los medios- deberían reflexionar sobre los pecados de algunos comunicadores que se olvidaron de la ética, cediendo a las conveniencias del poder (político, ideológico, comercial o económico); o a intereses personales y limitados, en detrimento de los derechos de la sociedad.

El apoyo a la búsqueda de la convivencia pacífica, a la formación de una cultura política, al mejoramiento de la calidad de vida y la orientación de la opinión pública, hacen parte de la misión irrenunciable de aquellos.

Ni censura, ni silencio: imparcialidad, veracidad, responsabilidad, respeto, honestidad, son los valores que siempre han guiado a los grandes periodistas. Incumplir su propio código de ética no solo afecta el bien común en abstracto: causa también daños irreparables a la imagen de los colegas que sí lo acatan y liquidan el contrato implícito entre el periodista y la sociedad: un pacto de confianza.

Cumplir éticamente no es un favor que el periodista le hace al país; no, es un deber que le obliga. La práctica del periodismo con ética, responsabilidad social y compromiso con la comunidad, con valor civil, es lo que los colombianos esperan recibir de los medios de comunicación social.

Cada vez resulta más necesaria una reflexión sincera y profunda sobre la estructura ética que soporta la investigación periodística, la búsqueda de la verdad, la elaboración de información útil, honesta, responsable e imparcial.

* Periodista. Investigador y asesor de temas sociales. Experto en planeación y dirección de medios de comunicación. Fue Director de Inravisión; Vicepresidente del Consejo Nacional de Televisión; Asesor de la Comisión Nacional de Televisión; miembro de la Comisión para la Vigilancia de la Televisión. Ex Presidente de RCN Radio.

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