Abrir iglesias, gimnasios y aeropuertos: una muy mala idea por ahora - Razón Pública
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Abrir iglesias, gimnasios y aeropuertos: una muy mala idea por ahora

Escrito por Jorge Martín Rodríguez
Jorge Martín Rodríguez

La velocidad de contagio es tan alta que estamos en segundo lugar en probabilidad de muerte en la región y, seguramente, entre los primeros cinco del mundo. No es momento de pensar en reaperturas.

Jorge Martín Rodríguez, M.D.*

Mantener el aislamiento

Todos o casi todos los salubristas y epidemiólogos hemos manifestado nuestra oposición a abrir nuevos sectores económicos, sociales, empresariales o productivos.

No lo hacemos por capricho.

Sin obstar el diseño y adopción cuidadosa de protocolos de bioseguridad, el virus sigue siendo altamente trasmisible. Las personas se comportan de maneras no siempre responsables, las aglomeraciones son difíciles de evitar, y estos contactos entre personas susceptibles y enfermos asintomáticos, subsintomáticos o presintomáticos aumentarán el riesgo de contagio.

Ha aumentado la velocidad del contagio

Según los reportes internacionales, estamos en el octavo lugar de casos reportados por COVID-19, de manera que Colombia supera a varios países emblemáticos de hace apenas unos meses: hoy estamos por encima de Italia, España, Alemania, Irán o Reino Unido.
Es cierto que la toma y lectura de pruebas se ha multiplicado por más de cinco en los últimos tres meses; desafortunadamente la velocidad de contagio también se ha multiplicado, como se explica a continuación:

  • En lo corrido de agosto, Colombia ha reportado 10.640 casos promedio/día y 6,2 muertes promedio/día por cada millón de habitantes;
  • En el mismo periodo, México ha notificado 6.200 casos promedio/día y 5,1 muertes promedio/día por cada millón de habitantes;
  • Perú registra 7.730 casos promedio/día y 7,0 muertes promedio/día por cada millón de habitantes.
  • Brasil es un caso aparte: aunque haya reportado 43.330 casos promedio/día, el riesgo de muerte en los últimos días ha disminuido a 4,8 muertes promedio/día.

Según lo anterior, la velocidad de contagio es tan alta que estamos en segundo lugar en probabilidad de muerte en la región y, con seguridad, entre los primeros cinco del mundo.

COVID-19: más contagios que los detectados

El Instituto Nacional de Salud (INS) ha reportado la presencia creciente de clústeres (conglomerados con focos activos del brote por COVID-19) en todo el territorio colombiano.
Imaginémonos ahora que hay clústeres activos no detectados a causa del desbordamiento de la capacidad de respuesta de los Equipos de Respuesta Inmediata, del Sistema de Vigilancia en Salud pública y, en general, de los aspectos preventivos del Sistema de Salud.

Como lo hemos visto, la toma de pruebas ha tardado hasta una semana —ni se diga la entrega de los resultados—. Es posible que esto tienda a mejorar con el muy reciente desarrollo sistemático del PRASS (Pruebas, Rastreo, Aislamiento, Selectivo y Sostenible); no obstante, esta es una medida que con seguridad no se ejecutará de manera uniforme en todo el país.

Por ejemplo, abrir ahora una iglesia, un gimnasio o los aeropuertos es crear las condiciones para que el virus se disemine indiscriminadamente entre personas susceptibles en todo el país. Los protocolos de bioseguridad —insisto— disminuyen el riesgo; pero no controlan y, por supuesto, no lo eliminan de forma adecuada.

Pxfuel Los protocolos de bioseguridad disminuyen el riesgo; pero no lo controlan

Número reproductivo efectivo: el riesgo de contraer COVID-19

El Rt se puede definir como la capacidad de una persona o un grupo de transmitir el agente infeccioso a otras personas.
El INS también reporta que, desde el comienzo de la epidemia en marzo, en las últimas semanas se ha logrado reducir el Rt de 3,0 a 1,1.
Pero imaginémonos un Rtp poblacional, no individual y de medición mensual:

También se podría hacer semanal o quincenal. Durante el mes de abril, este Rtp mensual fue de 6,54, teniendo en cuenta que el primero de abril teníamos 1.065 casos, y el primero de mayo, 6966.

En mayo, el Rtp fue de 4,38, teniendo en cuenta que el primero de junio había 30.499 casos positivos reportados de COVID-19.

Ahora bien, el Rtp en junio fue de 3,34, teniendo en cuenta que el primero de julio los casos reportados fueron 102.015.

El Rtp en julio fue de 3,0, teniendo en cuenta que el primero de agosto se reportaron 306.181 casos.

Con corte del 13 de agosto, la proporción de casos ha aumentado en más del 40%.

Con este ritmo de propagación de la epidemia, a final de mes podríamos estar en el quinto o sexto lugar de casos reportados mundialmente, con los riesgos de salud y de forzar un cierre más severo de la economía que esta situación implica.

Lo anterior por supuesto varía de región a región, pero las cifras de arriba sí reflejan la capacidad de diseminación de la COVID-19 dentro del territorio nacional en su conjunto.

Pxfuel Wikipedia Abrir el aeropuerto de Bogotá en pleno pico de la pandemia, podría ayudar en la diseminación del virus hacia lugares que ya lo tienen bajo control.

No se debe reabrir, por ahora

Aunque durante estos meses se registró algún progreso, las cifras anteriores también muestran que las medidas de control dadas por los protocolos de seguridad, la regulación y los comportamientos de las personas no han sido completamente efectivas.

Por eso no es prudente propiciar las aglomeraciones y los contactos entre personas susceptibles y aquellos con capacidad de diseminar el virus. El aislamiento, por ahora, debe continuar.

Para algunos es imperioso viajar, volver a hacer ejercicio o asistir a algún templo religioso; pero es más importante mantener el aislamiento preventivo obligatorio hasta donde sea posible: distanciamiento social, uso de elementos de protección personal, mayores acciones de control y prevención de los equipos de respuesta en vigilancia en salud pública, control e intervención de clústeres y observación del comportamiento epidemiológico del evento.

Por supuesto, en la medida en la que el evento esté controlado, con una tendencia clara al descenso, y con intervención sobre los casos existentes, se podría pensar en aperturas graduales, controladas y muy monitorizadas.

En ese mismo sentido se han pronunciado las autoridades de Cartagena, que, aunque vean con buenos ojos la reapertura de varios sectores de la economía, consideran que no es el momento de recibir vuelos de lugares como Bogotá. Incluso, el alcalde William Dau se manifestó recientemente: «solo se haría una vez Bogotá haya pasado su pico de la pandemia, porque el estado actual que tiene Bogotá con la COVID-19 no da para abrir vuelos con Cartagena». En otras palabras, solo podría pensarse en la apertura cuando haya una tendencia al descenso, cuando los indicadores epidemiológicos —número de casos nuevos, proporción de positividad de las muestras, letalidad o riesgo de muerte, etc.— reporten una tendencia clara y sostenida a la baja.

Planear y hacer lo contrario en el presente, al menos en Colombia, es contribuir a la diseminación progresiva de la COVID-19, como hasta ahora ha ocurrido.

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