Orlando Fals Borda: academia, compromiso ético y movimientos sociales - Razón Pública
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Orlando Fals Borda: academia, compromiso ético y movimientos sociales

Escrito por Jaime Eduardo Jaramillo
Jaime Eduardo Jaramillo RazonPublica

Jaime Eduardo Jaramillo RazonPublicaA cinco años de su fallecimiento, conviene repasar por qué este gran investigador amplió el horizonte de las ciencias sociales al enfocar todos sus esfuerzos sobre la relación entre campesinos, tierra y territorio: la clave de la paz…y de la guerra.

Jaime Eduardo Jaramillo*

Intelectual y comprometido

Orlando Fals fue una personalidad multifacética, un verdadero “anfibio intelectual”. Heterodoxo, polémico y controvertido, vivió siempre en los límites: dentro y, a la vez, fuera de la universidad, del Estado colombiano, de las iglesias cristianas, de la izquierda política y de los movimientos sociales.

También se resistió a dejarse encasillar en alguno de los múltiples roles que ocupó:   perceptivo investigador de campo, creyente religioso activo, alto funcionario estatal, carismático organizador académico, periodista crítico y prolífico escritor (traducido a varios idiomas), líder social y regional e inconforme pensador político.

Transgredió los límites canónicos de las disciplinas de las ciencias sociales y postuló un tipo de intelectual “senti–pensante”, capaz de romper con la separación tradicional entre ideas y emociones, tan propia de la civilización occidental. 

Puede afirmarse que no ha existido otro científico social colombiano con tan amplia y reconocida presencia internacional, dentro fura de la academia.  

Jaime Jaramillo Orlando Fals agro
Archivo Museo Universidad Nacional

 

Fundador de la sociología en Colombia

Fals Borda realizó sus estudios de sociología en las universidades de Minnesota y Florida durante los años 50, convirtiéndose en el primer sociólogo profesional colombiano.

Allí se formó con reconocidos maestros de la sociología rural estadounidense, asimiló y recreó sus métodos de investigación de comunidad, la riqueza y multilateralidad de su observación etnográfica, como también sus concepciones desarrollistas y modernizantes.

Éstas estaban en boga en centros universitarios e instituciones estatales cuando Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, emergía como potencia dominante, jugando un rol central dentro de la nueva geopolítica del saber, especialmente en su área de influencia más directa: América Latina. 

Su tesis de maestría es considerada hoy como un clásico en los estudios rurales latinoamericanos. “Campesinos de los Andes” fue recibida con entusiasmo por reconocidos académicos norteamericanos y mereció a su autor el prestigioso Premio de la Fundación Guggenheim a una edad excepcionalmente temprana, en 1953.

La tesis doctoral de Fals — “El hombre y la tierra en Boyacá: bases socio-históricas para una reforma agraria” — abrió el camino para su reconocimiento intelectual en Colombia: en 1959 fue nombrado Viceministro de Agricultura y fue uno de los principales formuladores de la Reforma Agraria bajo el gobierno de Alberto Lleras.

Ese mismo año, Fals Borda y el sacerdote–sociólogo Camilo Torres Restrepo (quien había realizado sus estudios universitarios en la Universidad de Lovaina) fundaron la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, hito en la profesionalización de esta disciplina en Colombia y una de las primeras en América Latina.

Bajo el impulso de Orlando Fals — su orientador y primer decano — y con el apoyo de quien era su “brazo derecho”, Camilo Torres, y de un conjunto de entusiastas profesores y profesoras — varios de ellos egresados de la Escuela Normal Superior en Bogotá, en los años 40, como Virginia Gutiérrez de Pineda (quien denominaba a Fals un “guerrero romántico”) — la Facultad se convirtió en el epicentro académico y político en la Universidad Nacional en los años 60.

Fals Borda lideró desde ahí investigaciones pioneras sobre el cambio social y cultural, sobre las comunidades campesinas, sobre las formas de vida y los conflictos en los barrios populares y acerca de un tema central en el debate nacional desde los años cuarenta: la violencia política.

Junto con Monseñor Germán Guzmán Campos y el abogado Eduardo Umaña Luna, Fals escribió: “La violencia en Colombia: estudio de un proceso social”.  En palabras de Gonzalo Sánchez, “El libro constituye sin lugar a dudas el primer producto colectivo en las ciencias sociales en el país.” (…) “Con él se inicia también en buen medida la historia contemporánea de las ciencias sociales [en Colombia]”[1].

No ha habido un libro de ciencias sociales que haya desencadenado un debate nacional tan amplio, polarizado y pasional: en el parlamento, en la prensa, en la universidad y en las Fuerzas Militares…

Este texto “clásico” — padre de la “violentología” colombiana — analizaba con las herramientas conceptuales de la época y desde una posición no partidista, pero nunca neutral, las que consideraba “causas estructurales”, así como los actores, las consecuencias y el número de víctimas de esta “guerra civil”, calificada por el historiador Eric Hobsbawm como el mayor conflicto de base campesina sucedido en el hemisferio occidental, desde la revolución mexicana.

A partir de 1967 se registró en la Universidad Nacional — y en particular dentro del  Departamento de Sociología — al unísono con estudiantes de otras universidades públicas colombianas y latinoamericanas, una dura oposición a la presencia de organismos internacionales de financiamiento y de orientaciones académicas provenientes de Estados Unidos.

De esta manera sectores estudiantiles de Sociología, liderados por organizaciones de izquierda muy ideologizadas, convirtieron a Orlando Fals en “chivo expiatorio” de su furia “antiimperialista” y provocaron su renuncia, en 1970. 

La Investigación – Acción Participativa

Durante los años 70, Fals se vinculó a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) en la costa caribe. Fue militante político y participó del espíritu mesiánico propio de la época, de su generosidad y de sus dogmatismos, de sus ilusiones y desilusiones y de sus reivindicaciones sociales. En medio de agitados debates, criticó y descalificó las posiciones de sus adversarios, pero también fue criticado recia, y muchas veces, injustamente.

Su vinculación emocional, intelectual y política con el movimiento campesino y regional lo condujo, en una ardua e imaginativa labor teórica y práctica de casi una década, a realizar su opus magna: “Historia doble de la costa”, verdadero libro-río que consta de cuatro volúmenes. Una combinación de historia, sociología, antropología, relato literario y análisis cultural y político. 

En un sonado debate sobre esta obra, adelantado en medios  académicos, Charles Bergquist — un reputado historiador colombianista — criticaba las bases epistemológicas y políticas de Fals y algunos principios de la Investigación–Acción Participativa: “Ya que su elección de la información y la interpretación no está sujeta a un control exterior independiente, su método tiende constantemente a subvertir la causa de la ´ciencia` en nombre del ´compromiso político` – el suyo, el de su grupo, el de su región y el de su clase” [2].  Pero al mismo tiempo, Bergquist reconocía que Historia doble de la costa era una obra multifacética, un “conjunto sinfónico”, una investigación “holística y vivencial”.[3]

Desde esos años, Fals fue el más conocido formulador e impulsor de la Ivestigación-Acción Participativa (IAP): en sus mejores expresiones, no ha constituido solamente una metodología de investigación social, sino también una práctica pedagógica dentro de clases subalternas y una propuesta de diálogo de saberes, de trasformación y de auto–transformación social–comunitaria.

Como toda construcción histórica y social, la IAP ha estado sujeta al debate y a la crítica. Pero puede afirmarse que su teoría y su práctica han hecho grandes aportes a las corrientes contemporáneas del pensamiento y a una praxis reflexiva y contra–hegemónica, construida desde la “periferia”, concebida ésta como un espacio geocultural y geopolítico.

También ha contribuido a gestar una perspectiva altermundista y a las concepciones contemporáneas de un “pensamiento situado”: clase, género, raza, nacionalidad.

La IAP ha estimulado expresiones de la investigación social que buscan “echar raíces en América Latina”, al reclamar una “investigación autónoma (…) estimulando el pensamiento creador y la originalidad” (…) [para] estimular la creación nacional de escuelas independientes” [4]. 

Jaime Jaramillo Orlando Fals campesinos
Foto: Orlando Fals Borda
Archivo Museo Universidad Nacional A la
izquierda, de sombrero y ruana, el científico
político Orlando Fals Borda con habitantes
de la vereda Saucio en reunión de la
junta de Acción comunal.

Genealogía intelectual y territorio

A partir de los años ochenta — fiel a profundas convicciones morales y políticas sostenidas desde su juventud — Orlando Fals tomó distancia del dogmatismo, el eurocentrismo, el faccionalismo y el anti–intelectualismo dominante en las izquierdas latinoamericanas.

Procedió a reivindicar entonces una corriente impugnadora, marginal, incómoda y heterodoxa en Occidente: Rousseau, Marx y Gramsci — pero no Lenin ni Stalin—, Fourier, Kropotkin, Gandhi, Kuhn, entre otros, fueron autores cuyas obras buscó asimilar a su pensamiento y a su actuar.

Le interesaba construir otra genealogía intelectual y política que lo vinculara a procesos de conocimiento, sociales y políticos, que se estaban gestando también en diversos lugares del mundo.

En 1991, Orlando Fals participó en la Asamblea Nacional Constituyente, elegido por la Alianza Democrática M-19. Allí, presidió la Comisión de Ordenamiento Territorial. Con algunos  compañeros de ruta, propuso una reestructuración político–administrativa del país bajo los principios de la “autonomía local, el Estado regional y la democracia participativa”.

Esta novedosa y debatida propuesta de reordenamiento territorial requirió una amplia consulta a organizaciones y pobladores en todo el territorio nacional: los principios de la IAP fueron aplicados con ese propósito. 

Ethos de tolerancia y paz

En su “Carta-Testamento” —  redactada en 2008, año de su muerte — Fals expresaba la satisfacción de una vida dedicada al pensamiento proyectivo y a la praxis reflexiva, pero manifestaba, a la vez,  angustia y desazón sobre Colombia.

Estas palabras suyas hoy resuenan con acentos de gran actualidad:

“Por eso mis colegas y amigos, esta es mi mayor frustración como sociólogo y como ser humano. Pasé toda mi vida en guerras múltiples, a veces deformadas, o sufriendo sus trágicas consecuencias, tratando de entenderlas y explicarlas, combatiendo el belicismo, con ideas, propuestas y algo de malicia indígena”.

 (…) “El esfuerzo de reconstruir nuestra sociedad y el ethos de tolerancia y paz queda ahora en las manos y en los corazones de las nuevas generaciones, que veo más aptas, liberadas, informadas e imaginativas que la mía. Las guerras, la intolerancia, la estulticia gobernante deben terminar en esas buenas manos”.[5] 

* Sociólogo, docente e investigador social, profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en “Sociología y Ciencias de la Comunicación” de la Universidad Complutense, de Madrid. 

 

[1] Sánchez, Gonzalo: “La violencia en Colombia”. Revista Credencial, No. 110. Bogotá. Feb. de 1999. 

[2] Bergquist, Charles: “En nombre de la historia: Una crítica disciplinaria de la Historia doble de la costa de Orlando Fals Borda”. En: Anuario colombiano de historia social y de la cultura. Bogotá. 1990. P. 226. 

[3] Ibíd. P. 228. 

[4] Mohamed Anissur Rahman y Orlando Fals Borda , “The Application of  Participatory Action Research in Latin America”. En: International Sociology, Vol. II. Decmber1988. P. 330. 

[5] Fals Borda, Orlando: “Me queda la angustia de la continuidad”. Revista Foro. Bogotá, 2008. P. 10.

 

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