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El Nobel de Economía: la teoría de los juegos llevada a la práctica

Escrito por Oscar Benavides
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El premio Nobel de este año exalta la importancia de la teoría y sigue premiando las innovaciones prácticas que años después resultan de esas teorías abstractas. Por eso hay que invertir en ciencia “pura”.

Oscar Benavides*

La economía, ¿de veras una ciencia?

El Premio Nobel de Economía fue instaurado en 1969. Es el único premio que no hizo parte de la idea original de Alfred Nobel.

Desde el comienzo este otro premio fue objeto de críticas por parte de científicos naturales y sociales que dudaban del carácter científico de la economía y de su equiparación con las ciencias naturales que eran galardonadas con anterioridad (química, física y medicina).

Sin embargo, es innegable que algunos aportes económicos ayudaron a mejorar la comprensión del mundo, entendido como una relación entre necesidades, deseos y recursos; y permitieron mejorar las condiciones de vida de muchas personas. En este sentido, está dentro de la filosofía original del Premio creado por Alfred Nobel.

El anuncio del premio permite saber qué y quién hizo aportes significativos al avance de las disciplinas económicas. A lo largo de estos 51 años, el premio ha sido otorgado a quienes aportaron en la fundamentación teórica, el desarrollo de las herramientas de análisis y el diseño de los mecanismos de la política económica.

Muchos de esos aportes habían sido elaborados desde hacía mucho tiempo: aportes de los años treinta, cuarenta y cincuenta fueron reconocidos varias décadas después. En economía es tradicional que las ideas novedosas, por originales y pertinentes que sean, tarden mucho tiempo en ser reconocidas —y más aún si no hacen parte del pensamiento dominante o mainstream—.

Wilson y Milgrom

El Nobel de Economía 2020 no es ajeno a esta tradición, pues los aportes de Robert Wilson y Paul Milgrom son del siglo pasado.

Robert Wilson es profesor emérito de la Universidad de Stanford, en los años sesenta realizó aportes teóricos y aplicaciones prácticas en la teoría de juegos y subastas, pero tuvo que esperar casi cincuenta años para recibir el Nobel. Desde hace cuarenta años venía siendo postulado para este galardón. De hecho, al conocerse la noticia el 12 de octubre, un exalumno suyo, Alvin Roth, actualmente profesor de Stanford y galardonado con el Nobel en 2012, se limitó a decir: “finally… (ya era hora)”.

Paul Milgrom también es profesor de la Escuela de Economía y la Escuela de Negocios de Standord. Es exalumno de Wilson e hizo aportes significativos a la teoría de juegos y subastas y a la teoría de las organizaciones económicas en la década del setenta.

Se cuenta que en la reunión anual de profesores de Economía de Stanford, desde hace ya un par de décadas, sus colegas hacían una parodia en la que el profesor Milgrom esperaba y esperaba la llamada del Comité del Premio Nobel. Ni en la parodia ni en la vida real Milgrom oyó el teléfono. Curiosamente la noticia se la comunicó Robert Wilson, su exprofesor, colega y vecino, quien, a muy altas horas de la noche lo despertó para contarle.

De este par de anécdotas es claro que Wilson y Milgrom eran fuertes candidatos al Nobel desde hace décadas, pero ante era necesario el pleno reconocimiento por parte de otros especialistas en teoría de juegos.

Foto: Wikimedia Commons - Por sus aportes a la teoría de subastas les fue otorgado el nobel a Paul Milgrom y Robert Wilson.

La teoría de los juegos

El punto de partida del trabajo de los galardonados es la teoría de juegos, una herramienta que se usa en ciencia política, sociología e incluso en biología.

En economía, se usa sobre todo para describir las situaciones donde no funciona la libre competencia y donde por lo mismo los mercados no producen los mejores resultados.

Con el Nobel a John Nash, Reinhard Selten y John Harsanyi en 1994, la teoría de juegos fue reconocida como una herramienta de análisis económico que finalmente logró incorporar las mal llamadas “imperfecciones del mercado”, además de permitir el diseño de nuevos mecanismos para solucionar los problemas económicos resultantes de esas imperfecciones.

De hecho, mediante la teoría de juegos fue posible obtener una herramienta para agrupar las imperfecciones del mercado, que incluyen monopolios, oligopolios, presencia de externalidades, bienes públicos y asimetrías en información.

Además, la teoría permitió diseñar sistemas de subastas y hacer de estas una herramienta al servicio de los hogares, las empresas y el gobierno (por ejemplo, en materia de licitaciones).

El nobel otorgado a James Mirrlees y William Vickrey en 1996 también fue un antecedente importante, debido a su trabajo en teoría de juegos bajo información asimétrica y subastas. Más aún, ante la trágica muerte de Vickrey, fue Paul Milgrom quien leyó el discurso en la entrega del premio.

El reconocimiento de Wilson y Milgrom también está relacionado con el trabajo de Joseph Stiglitz, George Akerlof y Michael Spence que les hizo merecedores del nobel en 2001.

Estos autores analizaron los problemas de “aversión al riesgo” y de “riesgo moral” ( por ejemplo, en el rescate de la banca en medio de una crisis financiera), utilizando para ello la teoría de juegos con información asimétrica y ampliando el arsenal teórico de los economistas para entender los problemas de política económica en los últimos años.

El último antecedente es el aporte de Leonid Hurwicz, Eric Maskin y Roger Myerson quienes en 2007 fueron reconocidos con el Nobel por su aporte al diseño de mecanismos, de los cuales, las subastas son un caso particular.

En síntesis, el Premio Nobel de Economía del 2020 reconoció los aportes teóricos que después fueron aplicados para solucionar problemas concretos mediante el diseño y la ejecución de subastas.

De esta manera el premio otorgado a Wilson y Milgrom encaja perfectamente en el adagio según el cual “no hay nada más práctico que una buena teoría”.

Foto: US Army - Los aportes de la teoría de juegos han permitido avances tecnológicos importantes.

De la teoría a la práctica

El trabajo de Wilson en las subastas petroleras, las comunicaciones y el sector energético es la muestra de ese paso tan necesario de la teoría a la práctica.

Milgrom, por su parte, es un académico destacado, investigador prolífico, asesor económico en el diseño de las subastas para la asignación del espectro electromagnético, los mercados eléctricos y de gas, y asesor del gobierno.

Para muchos, ellos son los diseñadores de la industria de las telecomunicaciones modernas, ya que esta surgió de un formato de subasta que ellos desarrollaron para la Comisión Federal de Comunicaciones (CFC) de Estados Unidos. Las subastas que usan su diseño fueron empleadas en todo el mundo para asignar licencias por miles de millones de dólares.

De hecho, estos trabajos traspasan los límites de su disciplina y son una motivación para que los economistas desarrollen ideas radicales que permiten solucionar problemas reales. Tal vez son una de las mejores maneras de mostrar cómo la investigación teórica puede tener aplicaciones prácticas.

Actualmente trabajan en el diseño de subastas para adjudicar los derechos sobre el espectro electromagnético para la tecnología 5G y para resolver los problemas de asignación de recursos originados por la COVID-19.

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