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Claves para pensar la crisis

Escrito por Adolfo Eslava
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Las crisis solo se solucionan si hay liderazgos audaces que se hagan cargo de las decisiones que hay que tomar y si todos nos hacemos responsables de lo que nos corresponde*

Adolfo Eslava**

Aprender de la crisis

La pandemia nos ha impuesto nuevos retos para pensar nuestras sociedades y la mejor forma de gobernarlas. Desde luego, todos los líderes buscan superar esta crisis, pero no hay un consenso sobre la mejor forma de hacerlo.

En la vida cotidiana sucede lo mismo: en ocasiones, sabemos qué es lo correcto pero no está claro cómo lograrlo. En los hogares, las organizaciones y los gobiernos a menudo no es fácil saber cómo pasar de las buenas intenciones a los hechos.

Pero en la coyuntura actual cerrar esa brecha entre la intención y la acción es más importante que nunca. Entonces, ¿qué podemos aprender de esta crisis?

Las cinco C

En procesos de toma de decisiones colectivas, es necesario promover un liderazgo audaz y responsable. No bastan los enunciados grandilocuentes: hay que buscar nuevas formas de hacer las cosas para que las acciones sean coherentes con los discursos.

Estoy convencido de que, en ese proceso, las miradas aisladas y confrontacionales son agotadoras e inútiles. Por eso creo en la necesidad de construir un nosotros, alrededor de algunos ejes comunes —para facilitar su rememoración, cada eje comienza por la misma letra—:

• Cambio;
• Confianza;
• Coraje;
• Coherencia;
• Conversación.

La tesis que quiero defender puede resumirse así: en tiempos de crisis, el cambio social es impostergable, la confianza es un ingrediente esencial, el coraje es una tarea pendiente, la coherencia es un deber ser y la conversación es el camino.

Cuando nos damos cuenta de que estamos ante una grave crisis —ya sea de salud pública, ambiental, económica, o de cualquier otra índole—, la consecuencia debe ser el cambio social. En efecto, la indiferencia o la inercia simplemente llevarán a más de lo mismo: en las crisis actuales, que amenazan la existencia misma del ser humano, no hay lugar a postergar decisiones ni acciones.

Pero el cambio social implica un cambio personal: dejar parte de nuestro propio bienestar en manos de otro. Por eso, este proceso implica asumir riesgos, confiar en los demás y actuar colectivamente. No olvidemos, por ejemplo, que la pobreza es algo que la gente le hace a otra gente.

A su vez, para atender la motivación que nos hace actuar es necesario tener coraje. Se trata de un punto de partida para construir virtudes sociales: debemos ser valientes y cuestionar lo que debe cuestionarse. En todo ese proceso, debemos buscar la coherencia individual y colectiva: que no existan brechas entre lo que decimos y lo que hacemos.

Estoy convencido de que el mejor camino para llegar a todo lo anterior es conversar. Hacerse preguntas comunes y confrontarlas es el inicio del diálogo y, en consecuencia, del cambio.

Parafraseando a Richard Sennett, la sociedad es un taller para restaurar, rehabilitar y reconfigurar aquello que está malogrado. Lo primero es reflexionar colectivamente para identificar los problemas sociales. Luego, es necesario restaurar elementos del pasado, rehabilitar el escenario actual y reconfigurar nociones de futuro. Solo así se puede reparar la confianza.

Pero la reparación de la confianza no es apenas un fin, sino también un medio. Al reparar las relaciones rotas, se pueden restaurar las virtudes sociales, rehabilitar las interacciones y buscar una visión compartida de lo que buscamos.

En ese sentido, puede ser útil pensar en nuestro modelo económico capitalista. En efecto, el actual modelo económico tiene dos caras:

• El mercado puede entenderse como un lugar de encuentro impersonal entre fines egoístas y como un escenario de interacción entre sujetos que buscan su propio bienestar;
• Pero el mercado también puede unir a aquellos que toman en consideración la suerte de los demás. La mano invisible puede estar acompañada de un “corazón visible”, de tal suerte que las empresas tomen conciencia de su vulnerabilidad y de su responsabilidad pública.

Como en el anterior ejemplo, no es necesario transformar de cabo a rabo el mundo como lo conocemos para hacer un cambio. Podemos usar lo que existe para buscar escenarios comunes y soluciones creativas que nos lleven a un futuro mejor.

Foto: Wikimedia Commons - la solución de la crisis está en el trabajo en equipo.

Una tarea individual

En su más reciente encíclica, el papa Francisco expuso algunas ideas similares a las que estoy defendiendo aquí. Su carta es una invitación a construir en común, para alcanzar criterios colectivos de convivencia social y consenso. En palabras del papa:

“El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el debate público sea más completo todavía”

Para alcanzar ese escenario común, podemos comenzar por cuestionar, comprender, conectar y construir. En el proceso, urge expandir la conversación y celebrar el desencuentro.

Sin duda, el cambio social tiene detonantes individuales. Cada uno de nosotros debe incomodarse, vencer miedos y superar inercias.

Por eso, la tarea comienza en casa y se puede contagiar en nuestros círculos sociales. Así avanzaremos juntos para que las acciones no estén tan lejos de las intenciones.

* Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad EAFIT. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

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