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Los supuestos y los límites de la teoría económica

Escrito por Fernando Estrada

fernando estradaEn esta obra madura de un destacado economista y filósofo colombiano se examinan algunas de las ideas y herramientas fundamentales de la ciencia económica, en diálogo con los grandes pensadores que la han hecho posible. Una lectura necesaria.    

Fernando Estrada*

Sentimientos y racionalidad en economía
González, Jorge Iván (2016)
Universidad Externado de Colombia (Bogotá) 

De vuelta a lo esencial

Debo confesar que, desde mi primera lectura de Sentimientos y racionalidad en economía, sigo sorprendido con la enorme riqueza conceptual, la variedad de pensadores y el poder contradictorio de las ideas que ofrece el libro de Jorge Iván González.

En 172 páginas, 5 capítulos y una poderosa batería de fuentes documentales, el autor expone parte de los problemas dominantes en la teoría y la historia del análisis económico. Y lo hace para recordarnos que la economía, siendo una ciencia social avanzada, debe retroceder para examinar los supuestos que la fundamentan.

Uno de estos supuestos- tal vez el principal-  es de la racionalidad  de los seres humanos que siempre buscan optimizar sus propios intereses- el supuesto del homo economicus racional- que González somete a un riguroso análisis desde casi todos los ángulos de la teoría económica y la epistemología. Su mérito es deconstruir falsos supuestos.

Modelos y realidad

Jorge Iván González, profesor de la Universidad Nacional y Universidad Externado. Decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional.
Jorge Iván González, profesor de la Universidad Nacional y Universidad Externado. Decano de la Facultad de Economía
de la Universidad Nacional. 
Foto: Unimedios 

Según se lee en la contraportada del libro, “En el texto se muestra que la acción humana se expresa en la elección que las personas realizan en el mercado, y en este proceso las dimensiones valorativas y emocionales son determinantes…”, pero los modelos económicos “tienen que recurrir a supuestos que limitan los alcances de la decisión humana, y llevan a la derivación lógico-formal del homo economicus racional”.

Dicho con más claridad: “La construcción imaginaria es un elemento constitutivo del paradigma. A medida que los modelos se van retroalimentando, las escuelas de pensamiento se consolidan y los paradigmas se fortalecen…. El lenguaje económico ha ganado prestancia porque ha avanzado en consistencia y rigor. No porque sea más verdadero” (página102). 

Estoy completamente de acuerdo, con una diferencia. En particular porque creo que los economistas tendríamos que ser más autocríticos. Un tema central del libro es la función de las construcciones imaginarias o los modelos en la economía. Según los críticos del uso de modelos, estas construcciones imaginarias simplifican la compleja realidad, al emplear supuestos poco realistas.   Pero González rechaza esta crítica. Según él, la validez de los modelos es intrínseca y “no depende de su aproximación a la realidad, o de su capacidad de indagar por la verdad. Todos los modelos son construcciones imaginarias” (página 12).

En cambio creo yo que describir la realidad no es un accidente, sino la esencia de un buen modelo. Mi propia formación de posgrado fue en lógica y filosofía de la ciencia. Como   estudiante graduado en la década de 1980 presencié la introducción del lenguaje formal en las ciencias sociales. Durante los años noventa esta batalla se fue ganando y los departamentos de filosofía tuvieron al menos un profesor con entrenamiento en lenguajes lógicos. Hoy la mayoría de los estudiantes deben dominar un cuerpo robusto de formalismo matemático para acceder a los niveles avanzados de las ciencias sociales.

…. El lenguaje económico ha ganado prestancia porque ha avanzado en consistencia y rigor. No porque sea más verdadero.

Lectura necesaria

El libro de González tiene la virtud de introducir este debate, y lo consigue mediante una prosa clara y liberada de tecnicismos.

La teoría económica es presentada por el autor en el contexto en donde surgen las ideas. “Sentimientos” y “racionalidad” son términos guía que buscan proponer la superación de falsos dilemas, y situar a la economía de regreso a sus fuentes fundamentales.    

Se trata de notas de clase que se presentan en función de los problemas nucleares de la teoría económica: los alcances de la racionalidad, el homo economicus racional, las relaciones entre lógica, física y ética, la tríada razón, creencia y deseos, con un extenso análisis de los aportes de Elster, Simon, Coase, Arrow, Samuelson, Hicks y Sen, entre otros grandes economistas.

El capítulo central sugiere los problemas básicos de la epistemología y de la historia de la  teoría económica: la permanencia del paradigma, el principio de correspondencia y los teoremas significativos. La necesidad de pensar la economía por fuera de los ideales positivistas de la ciencia unificada o reduccionista.  

El libro es una excelente introducción, todos los aspirantes a la economía como profesión deben leer Sentimientos y racionalidad en economía.

Redescubriendo pensadores

Una razón adicional para recomendar la lectura de este libro es el valor refrescante que bien resume González  al principio: “La lectura de los grandes teóricos de la economía muestra una diversidad de opiniones apasionante. Es una lástima que se incluya bajo el calificativo de “neoclásicos” a pensadores tan distintos como Arrow, Hiks o Samuelson. Este afán por establecer taxonomías simplistas ha sido muy perjudicial, entre otras razones, porque ha desestimulado a los estudiantes, que frente a clasificaciones fáciles no sienten curiosidad por seguir los intensos debates que han permitido ir construyendo el lenguaje del análisis económico” (página 11).

En particular, encontré convincentes las precisiones del autor sobre las controversias provocadas por modelos como el teorema fundamental de la economía del bienestar, el diseño de mecanismos y las discontinuidades entre los precios y los cuasiprecios. Esta parte del libro, junto a la riqueza de referencias que se ofrecen, podría servir de apoyo para un excelente seminario sobre aquello que la teoría económica ha heredado de la epistemología, y lo que la misma economía le ha aportado a la epistemología.

Y un mensaje general que se desprende del libro es que si queremos entender las grandes preguntas de la economía: cómo funcionan o cuando fracasan los mercados, y cuáles son los efectos del gasto -no hay una modelo fundamental, "el modelo". En cambio, tenemos que estudiar una serie de modelos, cada uno contando historias parciales.

Paradoja del mercado

Libro a reseñar.
Libro a reseñar. 
Foto: Universidad Externado de Colombia

Cambiemos de perspectiva y veamos el capítulo 5 sobre “Los límites del mercado”.

Según la propaganda oficial “el mercado es una institución que facilita la interacción humana en el proceso de intercambio de bienes” (página 137). Siguiendo a Hayek y Mises, González logra un trabajo admirable que explica por qué, en muchas condiciones, el mercado puede llegar a tener consecuencias realmente negativas para las economías.

Todos los aspirantes a la economía como profesión deben leer Sentimientos y racionalidad en economía.

Pero existen expresiones contradictorias. En el contexto del mercado, quizás los líderes no comprendan el principio de ventaja comparada, o tal vez se preocupen más por el largo plazo en un ambiente de anarquía internacional, que por los beneficios inmediatos. En un pasaje revelador del libro, González escribe:  

“Hayek y Mises muestran que las instituciones no son el resultado de un diseño realizado por una persona o un grupo de técnicos. Las sociedades se reconfiguran permanentemente. Y en este proceso cada individuo actúa de acuerdo con sus criterios. Unos se sienten mesías y siempre están imaginando sociedades ideales, y se molestan porque los demás no entienden la belleza de sus argumentos; otros consideran que su función no es política y se autodenominan “técnicos” y se dedican a una tarea específica; otros cantan; otros pintan; otros bailan; otros se dedican a predecir el comportamiento del PIB y el valor del dólar; otros se convierten en intérpretes de los mercados; otros se sienten científicos puros con la capacidad de controlar la inflación desde algún banco central, etc. En esta abigarrada interacción humana se van reconfigurando las instituciones sociales, y se rediseñan los mecanismos. El resultado final de estas acciones individuales es incierto, y no vale la pena perder el tiempo tratando de predecirlo (página 140).

Esta perspectiva orienta el análisis de González hacia uno de los mayores retos de la teoría  económica (y de la filosofía política), el reto de crear una organización institucional que permita pasar de la elección individual a la racionalidad colectiva. En el campo de la justicia moral, el mecanismo más conocido es el llamado “velo de la ignorancia” de Jhon Rawls (página 145).

Filósofo de la economía

Todas estas observaciones tienen sentido porque Sentimientos y racionalidad en economía ha sido escrito por un filósofo de la economía.

Uno de los pensadores que nos quedan de aquella generación que, junto con Carrillo, Zuleta, Colmenares, Hoyos y demás, hicieron parte del diálogo de saberes en Colombia. Lo expresa González en su concepción de la vida universitaria: “Conversar despacio y de manera sistemática es un privilegio de los claustros universitarios. Este ejercicio que es intrínsecamente científico tiene dos virtudes. Primero, ayuda a entender, segundo, contribuye a cambiar los paradigmas”.

Creo que la obra se propone llevar a su posición relativa a un personaje que es el homo economicus racional. Y extremar su construcción imaginaria para descomponerlo críticamente. En el modelo de equilibrio general no cabe un sujeto pensante, con pasiones y creencias. El agente que escoge es una pieza que le falta al rompecabezas. Se le puede llamar homo economicus racional, pero también podría ser un gato o una rata. Cualquiera de los tres cumple con el requisito que exige el modelo” (pàgina 179).

Pero en último término, la construcción imaginaria “termina ahogada en una ingeniería social que le rinde culto a un positivismo ingenuo, con pretensiones de objetividad. El relato novelado de la construcción imaginaria queda preso de una tecnocracia que lo presenta como la verdad, en medio de un discurso aséptico, que se pretende apolítico y libre de cualquier prejuicio valorativo”.      

 

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