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Los negativos de Beatriz González

Escrito por Camilo Quiroga
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La obra pictórica de Beatriz González exhibe la verdad de la sociedad colombiana, para la cual la hipocresía es de buen gusto.

Camilo Quiroga*

Negativos y repetición

En diciembre culminó la exposición sobre la obra de Beatriz González en el Museo de Arte del Banco de la República.

La obra de la artista bumanguesa puede entenderse como un álbum fotográfico que recoge la identidad de la sociedad colombiana durante los últimos sesenta años. González, quien se autodenomina pintora de provincia, basa su obra en tres tipos de imágenes: las religiosas y publicitarias que son repetidas en serie para su consumo; las de la prensa escritas que son reproducidas miles de veces por los periódicos; y las de las obras de arte que se replican en masa para su divulgación.

Beatriz llama la atención sobre los elementos en común que tienen estas imágenes: la repetición y reproducción constantes. Personalmente, los colores y las formas en la obra de Beatriz me recuerdan las imágenes en los negativos fotográficos, esenciales en la fotografía análoga. Estas pequeñas películas se extraen de los rollos y permiten reproducir una fotografía cuantas veces sea necesario.

Eso mismo ocurría con las planchas en las que se montaba la diagramación diaria de un periódico. La plancha era otro tipo de negativo que permitía reproducir en masa las noticias diarias.

La obra de Beatriz parte de la premisa del negativo, es decir, de aquello que esconde la esencia y permite la reproducción de la imagen. Esta analogía no es gratuita, ya que ella es una amante de la reportaría gráfica y de los archivos.

Sobre la repetición como punto de partida de sus obras ella misma dijo que “repetir es un método, es un método efectivo, es un método que hay que usar no solamente en la educación…sino en las imágenes”.

La obra de Beatriz parte de la premisa del negativo, es decir, de aquello que esconde la esencia

Representando a Colombia

La obra más representativa de Beatriz González es Los Suicidas del Sisga. Esta obra parte de una fotografía publicada en el periódico El Vespertino en 1965. En la exposición se aclaró que la imperfección de la imagen procedente posiblemente de un problema con la impresión llamó más la atención de la artista que la historia detrás de la foto. Para ella el negativo imperfecto de la imagen muestra su esencia: incómoda, siniestra y poética.

En su etapa más temprana, González satiriza la forma como solemos ver a los santos, los héroes nacionales y los villanos cotidianos mediante el álbum de negativos. Ella se burla de cómo en Colombia se ve el arte europeo o los grandes íconos del siglo pasado como Kennedy, Jackie o la realeza.

En una etapa posterior de su carrera, Beatriz González usa esa misma bitácora para retratar a la clase política a través de Turbay y, en su etapa más reciente, para sensibilizar a la sociedad colombiana frente a sus víctimas.

González insiste en la idea del negativo cuando habla de sus “segundos originales” para referirse a su reinterpretación de las grandes obras de arte. Esto también lo hace cuando presenta algunas de sus obras y referentes a través de binarios que actúan entre sí como espejos: las estampas de Molinari de La muerte del justo versus La muerte del pecador o el Zócalo de la comedia versus el Zócalo de la tragedia.

Mi favorito es la obra Sr. presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico en donde contrapone dos visiones de la escenificación del gobierno Betancur ante la Toma del Palacio de Justicia. En una se observa al presidente reunido con sus generales y ministros en un ambiente sombrío, pintado con una paleta de colores oscuros y fríos; en el centro de la mesa yace un cadáver calcinado, prueba de los horrores de noviembre de 1985. En la otra se observa la misma escena, pero en un ambiente festivo, pintada con colores vivos y en el centro de la mesa hay un ramo de flores.

Según ella, la Toma del Palacio marcó un quiebre en su obra. El álbum de negativos deja de ser un libro alegre y burlesco, que recuerda el video de Lucy in the Sky with Diamonds, y se vuelve un registro de los horrores que ocurrieron en Colombia durante las últimas cuatro décadas.

En este momento, el negativo como idea base de la obra se vuelve un ejercicio de memoria. La artista muestra que Colombia tiene la capacidad de producir muertos y llanto en serie, de repetir y repetir las mismas imágenes cuantas veces se quiera.

Los negativos de Beatriz guardan aquello que Colombia parece estar decidida a repetir. Sus Auras anónimas en los columbarios de la calle 26 condensan esta idea.

Auras anónimas (2009) Tomada de: museodememoria.gov.co

Además de reproducir una imagen, los negativos guardan o capturan algo que ya no existe y que desea conservarse en la memoria: personas, lugares, objetos, épocas, etc. El negativo señala hacia ese algo y al mismo tiempo indica que ya no existe: afirma que aquello que retrata la imagen alguna vez fue, pero al mismo tiempo reafirma que ahora está ausente.

Las obras de la última fase de Beatriz pueden verse de esta manera. Por ejemplo, en varias oportunidades afirmó que concibió las Auras anónimas cuando pasaba una noche por los columbarios y la luna iluminaba los más de 8.000 nichos vacíos. En ese momento pensó que podía hacer lápidas para sellar dichos huecos y con ellos las auras que los habitaban.

Esta obra marca una transición, pasa de verse una repetición de cuerpos ausentes a ver una serie de lápidas que indican la presencia de alguien que ya no está. Las lápidas son la repetición de una silueta (negativo). Dicha silueta afirma la existencia de un individuo, pero no se trata de una persona específica, sino de las víctimas sin rostro a las que el país se acostumbró.

Ese juego entre presencia y ausencia también puede verse en otra dupla de obras que estuvo expuesta en el museo: La corriente y La pesca milagrosa.

En estas hay presentes dos cuerpos que están en el agua. El paisaje a su alrededor está quieto, inalterado, inexpresivo. Las obras resaltan el cadáver: unos restos mortales que están presentes en la vida cotidiana y en el paisaje de muchos en el país. Pero los restos también representan la ausencia de muchas personas causada por la violencia.

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Arte y realidad

El negativo como forma simbólica para describir las obras de Beatriz es una visión incompleta. El negativo carece de sentido si el positivo refleja lo mismo. Pero esa es la razón por la cual Beatriz se expresa a través de los negativos, porque la ‘realidad’ no manifiesta lo que está ocurriendo.

Según esto, el positivo o la ‘realidad’ es una manifestación hipócrita de algo que quiere aparentarse, mientras que el negativo oculta tras de sí eso que pretende esconderse. Esta hipocresía contamina la vida cotidiana: camas y nocheros de aparente madera, cortinas, televisores, tocadores, percheros, etc. Los mismos que Beatriz pintaría para mostrar que la cotidianidad es hipócrita.

Beatriz se burla de cómo en Colombia se ve el arte europeo o los grandes íconos del siglo pasado como Kennedy, Jackie o la realeza.

Los colombianos quieren mostrarse refinados, aparentar que tienen buen gusto y a partir de allí definir y expresar su identidad de forma ‘aspiracional’. En una entrevista en El Espacio en 1974, Beatriz González dijo que: “aquí la gente no puede entender el Arte de lo feo porque siempre está buscando lo refinado. Mientras yo trato de expresar a cabalidad la sociedad colombiana, ella se ve en mis obras y no lo soporta. Creo que el Arte del buen gusto es más perjudicial que el Arte del mal gusto”.

Esta tensión entre negativo y positivo también es parte de la esencia de su obra en conjunto. De no ser por su archivo y el contraste con sus referentes, la obra de Beatriz González sería para muchos un conjunto de objetos adornados, meras reproducciones de otras imágenes u objetos pintados al estilo pop sin profundidad.

Ver así su obra es una injusticia que la curaduría debe corregir, ya que el museo debe mostrar tanto el positivo como el negativo y queda a criterio del observador determinar cuál es cuál.

Al analizar la historia de Colombia, los negativos de Beatriz González revelan el ‘parroquialismo’, el elitismo, el esnobismo, los muertos y las masacres. La sociedad colombiana se refleja en estos elementos y no puede soportarlo. Pero tampoco soporta la hipocresía que la caracteriza, que le hace creer que las apariencias y las formas son lo más importante porque reflejan el buen gusto.

La sociedad colombiana está decidida a ignorar lo que le parece de mal gusto. Por eso puede aparentar que el país estaba bien cuando no es así, o consumir muertos en las noticias diarias con indiferencia.

El arte no es juez para dictar sentencias ni diccionario para definir significados, pero la obra de Beatriz sí parece expresar una verdad simple y contundente que nadie quiere oír: en Colombia la hipocresía es de buen gusto.

Crédito de la imagen de portada: Auras anónimas (2009). Inversión de colores hecha en pinetools.com. Tomada de: museodememoria.gov.co

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