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Ley de licencia de paternidad: una oportunidad para reducir las brechas de género

Escrito por Sandra Balanta y Natalia Escobar
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La ley que amplía la licencia de paternidad y crea la licencia compartida es un avance en materia de igualdad de género. Estos son sus beneficios y sus retos.

Sandra Balanta Cobo* y Natalia Escobar Váquiro**

Una nueva ley

Este 5 de agosto entró en vigencia la Ley 2114 de 2021, que amplía la licencia de paternidad y crea la licencia parental compartida y la licencia parental flexible.

De ahora en adelante los padres no tendrán ocho días sino dos semanas de licencia de paternidad. Además, las últimas seis semanas de las dieciocho a las que tiene derecho la madre podrán ser distribuidas entre ella y el padre.

La ley agrega un artículo con “medidas antidiscriminatorias en materia laboral”:

  1. Se prohíbe que el empleador les exija a las mujeres prueba de embarazo para acceder o permanecer en su empleo; y
  2. Se prohíben las preguntas sobre planes reproductivos en las entrevistas de trabajo.

La Corte Constitucional ya había afirmado que es discriminatorio pedirle a una mujer una prueba de embarazo para acceder a un empleo. Sin embargo, según una encuesta de 2020 del Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), al 28 % de las mujeres en Cali les han solicitado esta prueba. Esa es una muestra de lo que sucede en el resto del país.

Las licencias

La licencia de maternidad es un derecho de las madres antes o después del parto; la licencia de paternidad es un derecho  del padre en el momento del nacimiento de su hijo y las licencias parentales pueden ser tomadas por alguno de los dos, al mismo tiempo o en momentos diferentes.

Las licencias de maternidad se crearon hace más de cien años. En Colombia existen desde la década de los 30, cuando el país adhirió al Convenio sobre la protección de la maternidad, impulsado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Algunos países escandinavos adoptaron las licencias parentales desde los años 70. Países como Noruega introdujeron, desde 1993, una licencia obligatoria para el padre, que no puede ser transferida a la madre y se pierde si no es utilizada.

Las licencias de paternidad son más recientes, y en Colombia ya existían algunos antecedentes: la Ley 50 de 1990 estableció que los padres tenían derecho a unos pocos días libres que debían gestionarse como calamidad doméstica y  la “Ley María” (755 de 2002) creó la licencia de paternidad de ocho días.

Los beneficios

Muchas investigaciones demuestran los beneficios de una mayor participación de los   padres en la crianza de sus hijos.

Un estudio realizado en 2018 en Alemania reveló que los padres que tomaron una licencia dedicaron más tiempo al cuidado de los niños y se involucraron más en las tareas domésticas. Otro estudio realizado en Suecia demostró que una mayor participación de los padres en el cuidado de sus hijos implica un mayor grado de corresponsabilidad en el proceso educativo. Y otra investigación realizada en Noruega en 2011 concluyó que la licencia de paternidad está asociada con más igualdad en la distribución de las tareas domésticas.

Además, los beneficios del tiempo que pueden dedicar los hombres al cuidado en el hogar se extienden a otros ámbitos. Algunas investigaciones muestran efectos positivos en la salud mental de las mujeres cuando los hombres toman la licencia de paternidad: su apoyo durante la lactancia y la reducción del estrés disminuyen la probabilidad de depresión posparto.

La vida de pareja también puede beneficiarse al asumir el cuidado de forma más equitativa. En Alemanía se encontró que los hombres que tienen mayor participación en las tareas domésticas tienen más sexo y reportan más satisfacción sexual.

El mercado laboral

Colombia se ha comprometido a reducir las brechas de género y alcanzar la igualdad en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

La distribución desigual del cuidado es probablemente el principal obstáculo para alcanzar esa igualdad. Dado que las mujeres dedican más tiempo al cuidado en el hogar, su participación en el mercado laboral es más baja o precaria.

La última Encuesta de Uso del Tiempo (ENUT) muestra cómo entre enero y abril de 2021 las mujeres dedicaron, en promedio, casi ocho horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras que los hombres dedicaron, en promedio, un poco más de tres horas.

La mayor dedicación de las mujeres a actividades de cuidado, que se explica en buena parte por la presencia de hijos, hace que las mujeres busquen empleos más flexibles, y por lo tanto más precarios, o trabajen menos horas para poder atender sus labores    no remuneradas. Todo esto tiene efectos negativos sobre su nivel de ingresos y refuerza la discriminación en el mercado laboral.

Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señalan que disminuir el trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres puede hacer que su participación en la fuerza laboral aumente un 10%, lo cual beneficia tanto a las propias mujeres como a la economía en general.

Foto: Radio Nacional - Nuestra invitación hoy a los hombres es a cuidar, no solo porque es su responsabilidad, sino porque van a encontrar un lado de la vida que históricamente se les ha negado.

Los retos

Aunque la nueva ley trae ventajas significativas para las madres y los padres, también tiene sus problemas.

Uno de esos retos es el alcance limitado que podría tener la norma. El DANE estima que alrededor del 48 % de los trabajadores son informales. Esto significa que cerca de la mitad de la fuerza de trabajo no podrán disfrutar de los beneficios de la ley.

Por eso es necesario complementar la nueva norma con otros instrumentos y estrategias orientadas a que el cuidado sea una tarea de todas y todos. Los sistemas de cuidado que se están diseñando en ciudades como Bogotá y Cali son un ejemplo que puede replicarse en otros lugares del país.

Además, como la licencia compartida no es obligatoria, su efecto puede llegar a ser muy reducido. La experiencia de otros países, como Uruguay, muestra que las licencias opcionales son tomadas por un pequeño número de hombres. Esto podría explicarse, en parte, por los estereotipos y las creencias sobre la maternidad y la paternidad.

Por eso es un acierto que la ley le ordene al gobierno adelantar campañas pedagógicas y de comunicación sobre el involucramiento de los padres en el cuidado de los hijos. Esta puede ser una gran oportunidad y “una excusa” para abrir el diálogo sobre los estereotipos de género en Colombia.

Si bien la ley tiene varios desafios, es un paso importante en el camino de la redistribución y reducción del trabajo de cuidado no remunerado que recae desproporcionadamente sobre las mujeres. Pero la ley también es un avance importance para los hombres: les va a permitir cuidar más de cerca a sus hijos, y ser protagonistas en sus primeros días de vida, no apenas los proveedores que aparecen al final.

Los hombres deben asumir el trabajo de cuidado porque es su responsabilidad y además porque con ello van a encontrar un lado de la vida que históricamente se les ha negado. Estamos seguras de que los hombres pueden cuidar y amar igual que las mujeres y esta es su oportunidad para empezar a ejercer ese derecho.

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