La ola invernal: por qué los daños y cómo prevenirlos - Razón Pública
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La ola invernal: por qué los daños y cómo prevenirlos

Escrito por Camilo Cárdenas
Camilo Cardena

Camilo CardenaMientras los riesgos ambientales aumentaban, el gobierno desmontaba el Sistema y la cultura de la prevención. Ahora que comienza otra ola invernal, es necesario precisar las causas de los desastres, señalar a los responsables, repasar los remedios y preparar al país para los tiempos difíciles que vendrán. Un resumen oportuno y completo de lo que ha pasado y de lo que queda por hacer.

Camilo Cárdenas Giraldo* 

Cada vez más vulnerables

0163El número y la magnitud de los desastres vinculados con fenómenos naturales han aumentado vertiginosamente en el mundo: durante los últimos treinta años, el número de desastres se multiplicó por cinco y el valor de las pérdidas que originaron se multiplicó por quince.

En América Latina y el Caribe –la segunda región más afectada del mundo– durante los últimos cuarenta años los desastres se triplicaron en número y las pérdidas económicas se multiplicaron por once; el mayor número de desastres estuvo vinculado con fenómenos climáticos. Un botón de muestra: la más reciente ola invernal en Colombia dejó un total de 2’350.207 personas afectadas, según reportó el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

El crecimiento de los desastres no se debe tanto a la naturaleza como al fuerte aumento de las vulnerabilidades creadas por el hombre:

  • El deterioro de las condiciones sociales, económicas y ambientales de amplias franjas de la población.
  • La baja gobernabilidad sobre el territorio, especialmente en los países en desarrollo.

En síntesis, se reconoce que el crecimiento de los riesgos y desastres es producto de problemas no resueltos en el modelo de desarrollo imperante: la misma causa estructural que origina el cambio climático.

Se vislumbra entonces un aumento mundial en la incidencia de las inundaciones, las tormentas, los deslizamientos, las avalanchas, las sequías, los incendios forestales, los déficits de alimentos, de energía y de agua para consumo y para la agricultura, así como el aumento de epidemias, entre otros.

De todas maneras, las tendencias actuales de crecimiento de los riesgos y de los desastres y los pronósticos sobre los efectos del cambio climático indican de manera irrefutable que los riesgos vinculados con la variabilidad y con el cambio climático van a convertirse en una de las mayores preocupaciones de la humanidad, muy particularmente en los centros urbanos.

Los riesgos en Colombia siguen creciendo, entre otras razones:

  • por los elevados niveles de pobreza y de marginalidad existentes,
  • por la creciente concentración de la propiedad del suelo urbano y rural,
  • por la escasez de alternativas de soluciones de vivienda segura y económicamente accesibles para los más pobres,
  • por el desarrollo ilegal y desordenado de las ciudades,
  • por el uso inapropiado del suelo y de los recursos naturales,
  • por el alto deterioro ambiental,
  • en los últimos años, por el aumento de la migración hacia las ciudades, fenómeno originado primordialmente por el conflicto interno, y
  • la corrupción que ha facilitado, entre otros, que se construyan asentamientos humanos en sitios de alto riesgo, como los de amortiguación de crecientes o en laderas inestables.

Retroceso y anuncios

El Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (SNPAD) cuenta con bases legales e institucionales entre las más avanzadas del continente para la reducción de riesgos.

No obstante, para los últimos gobiernos nacionales –en especial para el anterior– y, por tanto, para los municipales y departamentales, la prevención de riesgos y desastres dejó de ser un tema importante, como lo había sido anteriormente.

Por ello, con excepción de lo que se está haciendo en unas pocas ciudades, este sistema está casi desaparecido y lo poco que de él queda está centrado casi exclusivamente en los preparativos y respuesta a emergencias y desastres. Se requiere recuperar y fortalecer este Sistema a nivel nacional y local.

Tan solo a raíz de las enormes consecuencias de la pasada temporada invernal, el gobierno actual ha reconocido la necesidad de una gestión preventiva de los riesgos. Y estamos a la espera de que dichos anuncios se vuelven realidad.

Porque la tendencia no se ha corregido. El presidente tuvo que urgir a los alcaldes para que se ejecuten las necesarias obras de mitigación, pues aunque Colombia Humanitaria ha desembolsado 7,1 billones de pesos, solo se han ejecutado 5,4 billones. En algunas obras prioritarias, “no se ha levantado ni un centímetro” y pueblos como Gramalote, aún siguen confinados a un coliseo cubierto por falta de reubicación.

Pero ante todo, se necesita que el SNPAD, así como el Sistema Nacional Ambiental, el Sistema Nacional de Planificación y el Sistema Nacional de Cambio Climático, próximo a crearse, integren el tema de la gestión ambiental y el cambio climático con el de la gestión de riesgos y desastres y que utilicen la cuenca como unidad de gestión. Y que asuman el liderazgo nacional para que la prevención y la mitigación de riesgos y desastres adquieran de nuevo la importancia que ameritan.

Prevenir, prevenir

El principio de solución a estos problemas está vinculado ante todo con el nivel de conciencia y de cultura de la prevención de los tomadores de decisión públicos y privados y de la ciudadanía en general.

Como lo expresara recientemente el ex ministro del Ambiente Manuel Rodríguez, entre las acciones concretas más urgentes y obvias, a nivel urbano, está la reubicación de viviendas en alto riesgo no mitigable, tarea que por su magnitud solo se lograría en el mediano o largo plazo, pero que es urgente iniciar. Además, es necesario corregir carencias y déficits en los alcantarillados de aguas lluvias y corregir las vulnerabilidades de los acueductos existentes.

También es necesario considerar los riesgos ambientales que se originan por fuera del área urbana de los municipios, pero que pueden afectar de manera importante la vida en las ciudades. Entre ellos pueden mencionarse:

  • la protección de las zonas productoras de agua, para evitar déficit en su suministro;
  • la conservación de las comunicaciones terrestres y redes de servicios, para evitar el aislamiento en momentos de emergencia o desastre, que impidan el ingreso y salida de ayuda emergente y de productos de toda naturaleza;
  • vigilar que la destrucción de zonas de amortiguación de crecientes, aguas arriba de los centros urbanos, no vaya a producir inundaciones.

Lo que no podemos es seguir señalando al cambio climático como causa principal o única de problemas como los producidos en la pasada ola invernal, tal como lo ha hecho equivocadamente el Gobierno Nacional. Es necesario reconocer que la causa fundamental de dichos problemas ha sido la acción humana.

Una gestión desastrosa

Durante la anterior ola invernal, la naturaleza pasó la cuenta de cobro que algún día habría de llegar: en los pasados gobiernos, sobre todo en el anterior, se abandonó por completo el manejo de los riesgos y desastres con concepto preventivo y la acción gubernamental se orientó básicamente hacia la atención de las emergencias.

Volvimos 20 años atrás, hoy estamos de nuevo inventando la rueda y el SNPAD es inexistente en la práctica. Otro gran actor, el Sistema Nacional Ambiental, seriamente debilitado, permaneció casi al margen de esta problemática, al igual que el Sistema Nacional de Planificación.

¿Por qué no analizar la responsabilidad de los gobiernos anteriores, en especial del último, que no volvieron a mencionar el tema de la prevención y mitigación de riesgos y desastres? Más aún, redujeron los recursos financieros a las dependencias públicas que trabajaban en la prevención de los riesgos, para dedicarlos principalmente, como sabemos, al conflicto interno.

Pocas alcaldías y gobernaciones iniciaron o continuaron los trabajos de reducción de riesgos iniciados tiempo atrás, y los Comités Departamentales y Municipales para la Prevención y Atención de Desastres que aún funcionan están en su mayoría debilitados y sin recursos para actuar.

Dos ejemplos para ilustrar el problema de la gestión oportuna de los riesgos:

  • Ahora se descubre que Útica (Cundinamarca) debe ser reubicado. Esa fue precisamente la principal conclusión a la que se llegó a raíz da la avalancha de 1988. ¿Qué se hizo entre tanto?
  • Desde los años ochenta se concluyó que gran parte de Tumaco desaparecería cuando se produjeran otro terremoto seguido de tsunami, como los acaecidos en 1906. Esto puede suceder en cualquier momento. Se propició entonces un debate de control político en el Congreso de la República sobre el caso, que confluyó en un plan de prevención de desastres para Tumaco, sobre el cual no se volvió a hablar. Ojalá no descubramos tarde que el puerto sí estaba en altísimo riesgo.

El ministerio del Interior, al cual pertenece la Dirección del SNPAD, no ha asumido sus competencias en la materia: se le dio un entierro de octava categoría, al cercenar su función principal de liderar la prevención de riesgos y desastres, para concentrarlo exclusivamente en la atención de emergencias.

Desde hace 10 años se tiene conocimiento público de las enormes debilidades de los planes de ordenamiento territorial (POT) de la mayoría de los municipios, del desacertado tratamiento que reciben los temas ambientales y de riesgos, amplificados por la corrupción en favor de los intereses privados de dueños u ocupantes de suelos urbanos y rurales.

Se sabía que un número importante de Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) estaba siendo controlado por la parapolítica, grave responsabilidad que recae sobre el Sistema Nacional Ambiental, en cabeza del Ministerio de Ambiente.

Buscar a los responsables

La Procuraduría Generalde la Nación poco o nada venía haciendo durante la pasada década para vigilar las acciones que diversas entidades del Estado deberían realizar en este campo. ¿Qué pasó con el programa que durante gobiernos anteriores se puso en marcha, con resultados exitosos, para establecer una vigilancia sistemática en este tema, municipio por municipio, entidad por entidad?

En cuanto a responsabilidades sobre los daños producidos durante los desastres, lo que hoy día recomiendan los organismos internacionales –y lo que hacen los países serios en esta materia– es que tan pronto ocurre un desastre se evalúan las causas de cada daño producido, para identificar e individualizar a los generadores de los riesgos, con el fin de que estos asuman las responsabilidades que les correspondan.

Las normas colombianas fueron innovadoras en América Latina, en cuanto a establecer responsabilidades de diferente orden para quienes generen riesgos públicos; varios países del Continente se apropiaron y mejoraron esas normas.

Las verdaderas causas

Especialistas o allegados a la problemática de los riesgos, así como las comunidades y otros actores sociales han tenido la oportunidad de analizar muchas de las verdaderas causas del desastre resultante de la pasada temporada invernal:

  • Colombia es considerado uno de los grandes deforestadores a nivel global. Según el Presidente, que no se comprometió con una cifra exacta, son cerca de 300 mil hectáreas o algo más al año.
  • El río Magdalena es uno de los mayores productores de sedimentos en el mundo. El país sigue esperando medidas eficaces para solucionar esta situación.
  • El cambio de tecnología cafetera, que implicó la eliminación del sombrío para elevar la productividad del café, tuvo un gran impacto sobre la producción de agua y de alimentos, sobre la flora y la fauna y un aumento de la erosión en las zonas cafeteras.
  • El conflicto por la tierra ha conducido a la desecación de zonas de amortiguación de crecientes para destinarlas a la agricultura, a la ganadería extensiva y a construir asentamientos humanos, con las consecuencias ya conocidas durante la temporada invernal.
  • Los desplazamientos de población generados por el conflicto interno han aumentado sustancialmente las zonas de alto riesgo en las áreas urbanas.
  • Territorios que deben permanecer como zonas naturales de amortiguación de crecientes, como La Mojana yla Depresión Momposina, han sido invadidos y deteriorados con el apoyo técnico y financiero del Gobierno, mediante enormes inversiones en diques carreteables.

Julio Carrizosa decía recientemente: “Buena parte de los daños que han causado estos cambios (climáticos) se debe a errores humanos: ciudades construidas en las laderas de las cordilleras o sobre pantanos y humedales, bosques convertidos en potreros, cultivos en grandes pendientes y sin sombrío, ciénagas desecadas, concesiones mineras sin evaluación ni control, contaminación intensa de los ríos, etc. Esta situación no se puede mejorar con soluciones simples; la reconstrucción debería empezar por una rehabilitación ecológica del territorio”.

Volver a las buenas prácticas

Frente a ello, el país necesita urgentemente retomar el camino, iniciado hace más de dos décadas, de incorporar transversalmente la gestión ambiental y la prevención y mitigación de riesgos y desastres en todas las actividades del desarrollo público y privado, a nivel nacional y local. De hecho, así lo establecen las leyes pertinentes.

Es absolutamente necesario, después de cada desastre, investigar las causas de los daños producidos y de ahí establecer las responsabilidades para quienes hayan generado los riesgos.

El ordenamiento del uso del territorio, basado en la gestión ambiental y en la reducción de riesgos, es un instrumento indispensable para reducir los riesgos y adaptarnos al cambio climático.

Para que esto se convierta en un instrumento eficaz, es indispensable prestar apoyo técnico masivo a la gran mayoría de municipios, por su escasa capacidad técnica en estos temas.

Por último, se requiere con urgencia establecer un programa permanente y sistemático de vigilancia, control y rendición de cuentas en el tema de riesgos y desastres.

* Ingeniero Civil de la Universidad Nacional, primer Director del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, consultor en Reducción de Riesgos Socio-naturales.

 

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