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Las consecuencias económicas de Míster Santos

Escrito por Álvaro Moreno
alvaro moreno rivas

alvaro moreno rivasSantos des-uribizó la política pero no la economía. La tecnocracia volvió a tomar el control, pero la política económica sigue por la misma senda -o es aún más regresiva-. En efecto: la evidencia mundial prueba que el crecimiento a base de gran minería tiende a debilitar la estructura productiva, a concentrar la riqueza, a agravar la informalidad y crear muy poco empleo.

Álvaro Martín Moreno Rivas*

Aire fresco

0174Aunque las primeras decisiones del presidente Juan Manuel Santos eran predecibles, la mayor parte de los columnistas y ciudadanos del común se sorprendieron con los movimientos iniciales del ajedrez en materia de política internacional. Se restablecieron casi automáticamente las relaciones con los vecinos. Un ejercicio que no demandaba un esfuerzo excepcional, aunque requería cierto grado de audacia y rapidez.

Posteriormente el nuevo mandatario acogió casi sin reparos la iniciativa del Partido Liberal sobre la Ley de víctimas y restitución de tierras, conforme lo exigía el acuerdo de la Unidad Nacional.

Y en medio de la tragedia que trajo consigo la ola invernal, guardó un silencio prudente ante las acciones judiciales que recayeron sobre los altos funcionarios del gobierno anterior. De hecho, aprovechó como ninguno la oportunidad para denunciar los grandes actos de corrupción en el sistema de salud y de impuestos nacionales. Se llegó a insinuar que el nuevo gobierno iniciaba la des-uribización de la sociedad colombiana.

Vuelve la “tecnocracia oligárquica”

Sin duda existe un cambio en los estilos y en el manejo de la cosa pública. El presidente Santos devolvió el poder perdido a la tecnocracia colombiana. Las instancias técnicas y el saber de los expertos fueron rescatados del lugar secundario a donde habían sido relegados bajo el régimen populista del ex-presidente Uribe y de su ministro estrella, Andrés Felipe Arias.

La sugestión emotiva fue reemplazada por el juicio razonado de los jefes de las carteras y de sus asesores, quienes recobraron la voz en el seno de los consejos de ministros y el protagonismo en los medios de comunicación. Ello le ha reportado puntos positivos al presidente Santos y elogios por parte de los representantes de gremios y centros privados de investigación.

En efecto, el modelo de un gobierno de sabios o mejor -como la llama [1].

Un buen ejemplo para ilustrar lo anterior ha sido el debate reciente sobre la medición de la pobreza entre el vicepresidente y los ministros de Hacienda y Protección y el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP).

Los tecnócratas dicen que las metodologías son rigurosas y universales. No cabe pues en este caso el control político ni la discusión deliberativa. “Como la razón les pertenece, sus decisiones deben llevarse a cabo a toda costa, aun si ello significa evadir la consulta y el control político” [2].

Siempre es bueno recordar las palabras de Richard Feynman, premio Nobel de Física: “La ciencia enseña que se debe dudar de los expertos…la ciencia es el conocimiento de la ignorancia de los expertos… Existe una increíble dosis de tiranía intelectual en nombre de la ciencia” [3].

Aún más regresivas

Aunque el cambio en la retórica y en el manejo técnico de los problemas y las controversias ha reducido las tensiones y la exuberancia irracional que caracterizaron al gobierno de Uribe, puede decirse que en términos de las políticas y del modelo de desarrollo permanecen los mismos fundamentos.

Incluso, buena parte de las iniciativas de Santos en áreas como la salud, la educación y las pensiones son mucho más regresivas que las que trataron de ejecutarse durante la administración de su antecesor:

  • La introducción del ánimo de lucro en la educación superior se mantuvo en la reforma de la Ley 30 hasta que Santos constató con sus propios ojos la fuerza y el respaldo popular al movimiento estudiantil en Chile, en contra de una iniciativa similar.
  • La reforma a la salud conserva los aspectos esenciales de la Ley 100 e incluye topes o techos que tarde o temprano limitarán el acceso de los pobres a este servicio.
  • La regla fiscal y el principio de la sostenibilidad fiscal son una cota adicional a los derechos sociales contemplados en la Constitución de 1991. Como lo mostró el reciente episodio en Estados Unidos para subir el techo de la deuda, los republicanos condicionaron al presidente Obama a reducir el gasto en servicios de seguridad social.
  • Finalmente, como lo anunció el ex presidente Gaviria, se espera que la reforma pensional reduzca aún más los beneficios de los trabajadores y se profundice el proceso de flexibilización del mercado laboral. Política uribista sin Uribe, no cabe duda.

Optimistas a rabiar

En los prolegómenos al Plan de Desarrollo “Prosperidad para Todos” se nota un optimismo desbordante. Al parecer los técnicos de Planeación Nacional nunca supieron que a la economía se le conoce como la “ciencia lúgubre” [4].

Sin mayor análisis se afirma que “el camino a la prosperidad parece ahora más despejado”. Pero no solo eso: supuestamente “nos encontramos en un momento especial de nuestra historia”, que si se aprovecha y no hay razón para no hacerlo, pues el “optimismo auténtico” permitirá dar el “gran salto que nos dé la entrada, en un futuro no muy lejano, al selecto grupo de países desarrollados”.

La ruta única, sin duda, son los trazos definidos en el mamotreto de más de ochocientas páginas, donde se delinean las dinámicas de cinco extraordinarias locomotoras. Una metáfora sugestiva, que pretende vender la idea de que el desarrollo del país depende de explotar sus ventajas comparativas.

En el fondo, lo que se defiende es un modelo primario-exportador, sustentado en el arrastre de la minería, los recursos naturales, la agricultura y la infraestructura y un sector no transable, la construcción de vivienda.

El supuesto proceso virtuoso se resume en el siguiente párrafo: “Un país integrado a la economía mundial con una infraestructura y un entorno de competitividad que transforma las ideas en negocios, los negocios en empleo, el empleo en ingresos, y por ende, en menos pobreza y mejor bienestar y progreso social”.

Esta parece ser más la lógica del Doctor Pangloss: “Todo sucede de la mejor manera, en el mejor de los mundos posibles” [5]. Pero resulta que en las economías reales no todas las cosas buenas van juntas.

Maldición de los recursos naturales

La apuesta por los sectores primario-exportadores tiene grandes riesgos y peligros. Aunque en el texto del Plan de Desarrollo no se mencione siquiera en una nota de pie de página, la maldición de los recursos naturales es una amenaza real.

Existe una abundante literatura que muestra cómo países con grandes recursos naturales y cuyas exportaciones se sustentan en sectores primarios, en general crecen a ritmos menores que los que carecen de dichas “riquezas”:

  • La idea central es que si la industria es el sector que presenta externalidades y rendimientos crecientes [6], cuando se presenta un boom de un recurso natural, el cambio de precios relativos puede desplazar los recursos hacia los sectores no transables, desacelerando la actividad económica.
  • El mismo mecanismo se puede desencadenar por la mayor volatilidad de la tasas de cambio y de las tasas de interés. A este fenómeno se le conoce como la “enfermedad holandesa”.
  • También se puede presentar el mismo problema si las rentas del sector se destinan a actividades improductivas y corrupción [7].

En el gráfico 1 se presenta evidencia empírica que apoya esta hipótesis[8].

Gráfico 1
Recursos Naturales y Crecimiento Económico

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Si bien existen casos exitosos de crecimiento fundamentados en recursos naturales, como Australia y Nueva Zelanda, no necesariamente son experiencias que puedan generalizarse. Estas economías cuentan con bajas densidades de población y un mercado interno reducido, lo que les ha exigido orientarse al comercio exterior, logrando eso sí niveles importantes de diversificación productiva. De todos modos, su desempeño está muy por debajo de países como los del Sudeste Asiático que crecen sobre la base de una sólida industrialización.

Poca industria, mucha concentración del poder

Existen otros males que pueden derivarse de la especialización en sectores intensivos en recursos naturales y de extracción de rentas. Cimoli y Rovira han formulado el esquema conceptual y dan alguna evidencia empírica al respecto [9].

Se encuentra una correlación negativa entre la concentración del poder en una élite y la participación de las industrias de alta y mediana tecnología. La razón es que a diferencia de los sectores primarios y mineros, las rentas del sector industrial se pueden diseminar rápidamente por toda la economía, una vez se dinamizan los procesos de aprendizaje y competencia, pues no dependen del monopolio de los derechos de propiedad sobre un recurso que simplemente se extrae, como el petróleo y el oro (Gráfico 2).

Gráfico 2
Concentración del Poder y Estructura Productiva
(Muestra de 44 países)
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Fuente: Cimoli y Rovira(2008)

 

Poca industria, mucha informalidad

Finalmente, como lo han mostrado los análisis de la escuela estructuralista, existe una relación inversa entre informalidad y grado de desarrollo industrial de un país. A diferencia de los argumentos neoclásicos que sustentan las políticas de empleo y crecimiento en el Plan de Desarrollo, la informalidad no es el resultado de mercados laborales imperfectos ni de salarios rígidos, sino de la ausencia de dinamismo en sectores de punta y de alto valor agregado, que permitan desplazar la oferta ilimitada de trabajo de los sectores tradicionales y primarios hacia los modernos, acelerando el crecimiento y mejorando los salarios mediante aumentos en eficiencia económica y en productividad (Gráfico 3)

Gráfico 3

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Locomotoras adelante, sociedad en reverso

En este orden de ideas, cabe la posibilidad de que si la economía colombiana se dedica a convertir las ideas en negocios intensivos en recursos naturales y bienes primarios, posiblemente se crezca rápidamente por unos años.

Pero dicho crecimiento vendrá indefectiblemente acompañado de mayor desempleo e informalidad, menores salarios de los trabajadores, daños irreparables al medio ambiente [10] y una alta concentración de las rentas y la riqueza en una élite conservadora que abortará cualquier cambio democrático que amenace su posición.

Tal vez, Santos des-uribizó la política, pero profundizará la uribización de la economía.

* Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia y Profesor Investigador de la Universidad Externado de Colombia.

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