La no violencia como parte del diálogo y la acción - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad La no violencia como parte del diálogo y la acción

La no violencia como parte del diálogo y la acción

Maria-Victoria-Llorente-y-Jeronimo-Castillo
Jeronimo Castillo
Maria Victoria Llorente

El diálogo que plantea el gobierno incluye el punto de la ‘no violencia’. Qué se debe hacer y qué se debe discutir para hacer realidad este propósito*.

María Victoria Llorente**
Jerónimo Castillo Muñoz***

La invitación del gobierno

El gobierno nacional lanzó una agenda limitada y no concertada para avanzar en los diálogos y atender las demandas que durante los últimos días se ha expresado en las calles.

Es una agenda limitada porque incluye temas como la vacunación masiva y la matrícula cero que —así sean necesidades concretas— están lejos de reformas de fondo, como la de salud, o de atender problemas en torno a la educación, que se han agravado durante la pandemia.

Por otro lado, esta agenda ignora la naturaleza de las demandas, que se caracterizan por la heterogeneidad en términos de contenido y de quienes las esgrimen en las calles.

Pero además quienes están en las calles no representan las demandas ciudadanas. Partidos políticos, grupos de interés, ciudadanos independientes que no han salido a protestar también deben ser oídos en un diálogo amplio y con propósitos concretos que permitan entrar a solucionar las dificultades actuales.

Hay que tomar conciencia de que, si bien muchos de estos problemas vienen del pasado, la pandemia los ha agravado y transformado de tal forma que aún no podemos estimar sus efectos sociales, económicos y políticos. Basta con pasearse por el centro de cualquier ciudad para notar que buena parte del comercio y de la actividad económica han desaparecido.

Pero hay en esta agenda propuesta un elemento que llama mucho la atención: el punto de la no violencia. Sin embargo, no lo entendemos como parece hacerlo el consenso social: una condena de la violencia que por un lado rechaza formas no específicas de la misma y, de otro lado las rechaza desde lógicas que justifican alguno de los tipos de violencia.

Foto: Radio Nacional - En el marco de la no violencia, la discusión sobre el sector seguridad es uno de los puntos centrales que deben ser abordados.

Justificando lo injustificable

Esa justificación puede observarse en las redes y en algunas declaraciones del gobierno y de los movimientos sociales que se manifiestan.

En las expresiones de lado y lado se constata una lógica de la reciprocidad, donde la violencia se justifica porque uno de los involucrados ha sido violento y por lo mismo debe ser confrontado con más violencia. O sea que a la violencia se responde con una violencia justificada.

Esta lógica, como señala Judith Butler en La fuerza de la No violencia, se ampara también en la idea de la autoprotección. En este caso la violencia se justifica para proteger lo cercano, lo que no es ajeno.

Si no empezamos por desmontar estas lógicas que inundan nuestros discursos, será imposible o casi frenar esta ola de homicidios, lesiones y destrucción que parece venírsenos encima. Buena parte de la violencia de los últimos días ha sido estimulada por los discursos de políticos y mandatarios, donde parece que cierto tipo de violencia es justificada.

En las expresiones de lado y lado se constata una lógica de la reciprocidad, donde la violencia se justifica porque uno de los involucrados ha sido violento y por lo mismo debe ser confrontado con más violencia

Sería tonto decir que son responsables directos de las acciones concretas en las calles, pero no cabe duda de que las declaraciones políticas tienen efectos sobre la realidad. No conocemos al receptor del mensaje ni la manera como este lo recibe, pero las declaraciones, en apariencia inocentes, ponen en marcha un mecanismo que apela a emociones que rondan a los ciudadanos.

Desde los hechos de noviembre de 2019, esta violencia y su justificación han venido aumentando. Cada vez se destruyen más instalaciones de policía en las ciudades, cada vez se atenta más contra la vida de estos funcionarios y cada vez hay más homicidios en las calles cometidos por miembros de la fuerza pública, que actúan por fuera de cualquier marco institucional y legal que hayamos acordado.

Desescalar la violencia, aunque somos desconfiados

Todo lo anterior se basa en una profunda desconfianza hacia el otro. Hacia todo aquello que consideramos extraño, que no hace parte de nuestro entorno inmediato. Este es otro elemento que permite la espiral de violencia.

Tanto en las encuestas que hemos llevado a cabo en la Fundación Ideas para la Paz (FIP), como en la última Encuesta Mundial de Valores, los colombianos nos caracterizamos por confiar apenas en nuestras familias y por sentirnos seguros sólo con ellas. Los niveles de seguridad y confianza disminuyen de manera drástica al referirse al barrio, la vereda o el municipio en general. No tenemos mucha capacidad para construir un ‘otro’ que se aleje de nuestra experiencia directa, y eso dificulta cualquier posibilidad de reducir la violencia y avanzar en el diálogo.

Pero la tarea inmediata es por supuesto desescalar o frenar la espiral de la violencia. En este sentido, han surgido opciones en el Valle del Cauca, para aliviar la dramática situación que vive Cali, y en Antioquia, que proponen comenzar diálogos locales con quienes están en las calles.

Estas propuestas son necesarias para comenzar a desmontar la violencia e iniciar los diálogos que conduzcan a soluciones de fondo. Esta es una tarea que parecen haber entendido algunos gobiernos locales y otras personas en los territorios, y que debe ser tenido en cuenta por el gobierno nacional. Las demandas sociales, aunque son de carácter nacional, tienen una expresión local.

El sector de la seguridad

En el marco de la no violencia, la discusión sobre el sector seguridad es uno de los puntos centrales que han de ser abordados. Las demandas de los ciudadanos por un uso racional de la fuerza, por el respeto de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario no se limitan a los eventos de la protesta social.

El sector seguridad hace parte de los mecanismos de control de la violencia que tiene un Estado. Pero esta discusión tampoco puede darse simplemente en términos de reformar el cuerpo de policía o las fuerzas militares. Reducirnos Ca este asunto es negar la realidad de una jerarquía de civiles que han estimulado y estimulan el uso de las fuerzas militares y de policía en una determinada dirección.

La tarea inmediata es por supuesto desescalar o frenar la espiral de la violencia.

Si no rompemos con la lógica que justifica el diseño del sector de la seguridad, difícilmente superaremos la oposición entre Estado y sociedad que hace de cada manifestación masiva un campo de batalla. En este sentido, nuestra comprensión del Estado ha subrayado o sobredimensionado el control de la violencia, desestimando la idea de un Estado que responde a las necesidades del desarrollo. Otra dicotomía que afecta la posibilidad del diálogo.

Y si bien la discusión sobre el sector de seguridad tiene dimensiones técnicas, es también y antes que toda una conversación que necesita la presencia de expresiones de la ciudadanía. Existe una gran desconfianza y una distancia enorme entre los ciudadanos y la fuerza pública. Esta desconfianza está basada en situaciones reales, como las que hemos visto en las calles.

Superar lo individual

La sucesión de datos sobre muertos y heridos que se han presentado a lo largo de los últimos días muestra bien la manera como somos informados. No existe en realidad una organización o entidad que consolide las diferentes evidencias difundidas por los medios o las redes. En estas publicaciones virtuales se registran, entre otros:

  • ataques de miembros de la fuerza pública a ciudadanos,
  • grupos de motocicletas de la policía que persiguen jóvenes en los barrios de las ciudades,
  • policías parapetados en las estaciones de Transmilenio disparando de forma indiscriminada,
  • confrontaciones entre ciudadanos y contingentes de policía,
  • ataques a la infraestructura policial en las ciudades por parte de personas agrupadas en piquetes,
  • noches caracterizadas por los incendios,
  • gritos angustiosos de mujeres y hombres cuando son llevados por las autoridades,
  • homicidios tenebrosos de personas,
  • niños y niñas que les gritan a sus padres y madres policías que no salgan a trabajar.

En fin, videos y videos que deshumanizan y humanizan lo que sucede en las calles para despertar en nosotros un conjunto de emociones antes que un grupo de ideas que nos permitan pensar y superar la ola de violencia que vivimos. Un momento cuando el dolor y la destrucción predominan.

Este modo de informarnos, sin un consolidado y sin una reflexión sobre lo que sucede en la calle, nos lleva a entender el fenómeno social que ahora vivimos de manera individual. Cada vida es llorada, pero tristemente apenas se hace por parte de los suyos.

Tenemos que romper el círculo de reproducir la información a través de las redes. En las encuestas de homicidios que hicimos entre 2018 y 2019 en Cali, Barranquilla y Quibdó encontramos que la mayor parte de las noticias eran recibidas y reproducidas por este medio. Además encontramos que muchas veces se culpabiliza a las víctimas de lo sucedido.

El efecto de esa forma de informarnos es tener una visión segmentada de la situación, totalmente ‘emocionalizada’, que nos impide pensar con claridad para encontrar las salidas. Estamos aterrados.

Las tareas son variadas

Si bien la agenda del gobierno es imperfecta, este punto de la no violencia nos impone a todos, y en especial al gobierno, la obligación de desmontar aquellos elementos que constituyen la relación con nosotros mismos, con los otros y con las redes de información.

Para empezar, debemos desmontar las lógicas de justificación de nuestra propia violencia. Gobiernos y organismos locales juegan un papel fundamental en este proceso. Debemos avanzar en el reconocimiento del otro y extender nuestro círculo de confianza hasta lograr reconocer al ciudadano y no apenas al hermano o familiar. Debemos reconocer que la discusión de la seguridad y de nuestros mecanismos para ejercer la violencia asociados con el Estado deben abrirse a las discusiones ciudadanas.

Finalmente, tenemos que romper y mejorar nuestros mecanismos para informarnos y para construir las realidades. Para esto debemos recurrir a las ideas de fondo y los mecanismos que subyacen a los fenómenos, más allá de las emociones fragmentadas con las que somos bombardeados, sin culpar a las víctimas y sin hablar únicamente entre amigos. Lo contrario es seguir alimentando esta espiral de violencia que podría romper aún más nuestros lazos sociales en las próximas protestas.

*Los autores reconocen que buena parte de estas ideas están inspirados en el libro de Judith Butler “La Fuerza de la No Violencia” e invitan a su lectura crítica)

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Conoce la galería de obra gráfica de Razón Pública

Podrás adquirir obra gráfica de reconocidos artistas latinoamericanos a un excelente precio y ayudarnos a financiar este maravilloso proyecto periodístico