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La literatura: ¿puede divertir y educar?

Escrito por Francisco Bermúdez
Francisco Bermúdez

Francisco Bermúdez

Vuelve a plantearse el debate sobre la literatura como arte o como vehículo de mensajes. La capacidad de lectura de los jóvenes deja mucho que desear. ¿Será necesario volver a los libros?

Puro goce

El presidente Juan Manuel Santos honraba la labor del escritor Gabriel García Márquez en un medio de comunicación de esta forma: “Muchas gracias, Gabo, por darle alegría a la gente”.

 

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José María Vargas Vila, un liberal furibundo y panfletario, que plasmó en sus escritos de forma velada y a veces no tan velada sus pensamientos más íntimos.

 

Algunos escritores se plantean el problema de la utilidad de la literatura. Pero, en general, los artistas gozan al producir arte y son felices al hacerlo. Quienes disfrutan del arte también sienten felicidad cuando observan esta expresión del espíritu humano. Los escritores sienten alegría en el proceso creativo y los lectores en el acto de leer.

Sin embargo, ¿debe la literatura quedarse como un acto netamente lúdico? ¿Podría ser un instrumento de educación, o de apoyo a la educación? ¿Se desdibuja la esencia artística de la literatura cuando tiene un propósito de formación, de culturización?

Literatura comprometida

Muchos escritores piensan que la literatura es un arte y nada más. Opinan que una novela o un cuento que trate de emitir un mensaje se convierte en propaganda, en instrumento de una  especie de proselitismo.

Un empresario colombiano — cuyos ratos libres los dedica a escribir cuentos —  decía lo siguiente a Gloria Valencia de Castaño en una vieja entrevista para un programa de televisión: “Si yo quisiera mandar un mensaje con mis cuentos, mejor envío una carta o un telegrama”.  No creo que este empresario y escritor colombiano sea un ferviente partidario de asignar una labor educativa a la literatura. Una multitud de escritores comparte esta opinión.

A lo largo de la historia, en ciertos momentos, la literatura ha sido utilizada por gobiernos y líderes políticos para provocar una determinada reacción en el pueblo. Los artistas —  en este caso escritores — también tienen un ideario político como cualquier persona, es natural, y también es normal que ellos expresen sus ideas a través de su obra.

En Colombia, tuvimos el caso de José María Vargas Vila, un liberal furibundo y panfletario, que plasmó en sus escritos de forma velada y a veces no tan velada sus pensamientos más íntimos sobre distintos temas que no necesariamente se podrían considerar como artísticos en estricto sentido.

Lo mismo se dice de la obra de Fernando Vallejo, quien retrata una realidad social en algunas de sus obras con ánimo crítico. ¿Podríamos decir que Vargas Vila y Vallejo mandan un mensaje? ¿Y que por lo tanto están tomando una postura que de cierta forma podría tener un tinte educativo?

En “El mercader de Venecia”, por ejemplo, Shakespeare toma partido claramente frente al cobro de intereses en el préstamo de dinero: para los judíos no generaba ningún repudio moral, mientras que para los cristianos era una acción totalmente reprochable.

En el mismo sentido, algunas óperas de Wagner se utilizaron como arma propagandística durante el régimen del Tercer Reich, donde — según los nazis — se exaltaba el ideario de Hitler de superioridad de la raza aria, otro ejemplo de cómo se han utilizado la literatura y el arte para “mandar mensajes”. En este caso, la literatura sí cumplió una función auxiliar del propaganda.

La literatura no ha sido ajena a la influencia política o filosófica. Podríamos decir que en la mayoría de los casos, y me refiero a las novelas, cuentos u obras de teatro, el artista ha plasmado en sus obras muchas de sus ideas no artísticas.

La obra netamente artística es una quimera, un unicornio. Incluso, si el escritor sólo quiere plasmar una historia de forma puramente lúdica es probable que no lo logre, porque su historia va a estar determinada por sus pensamientos más íntimos, en lo político, en lo económico, en lo filosófico.

Mario Vargas Llosa, otro Nobel de literatura, ha sido un acalorado defensor de la libertad de mercado y del concepto occidental de democracia. “La fiesta del chivo” es una crítica de las dictaduras tropicales.

García Márquez profesaba — o profesa, no lo sé — una gran simpatía por el régimen cubano y su líder. Borges fue tildado como de “derecha”. Creo que estos son algunos ejemplos de autores con ideología; aunque como ya dije no creo que exista una historia ficticia que no tenga cierto ánimo de moraleja.

Entre el arte y la educación

La literatura nace bajo el influjo no necesariamente consciente del pensamiento político y filosófico del autor. La neutralidad en este campo es muy difícil de obtener, aunque muchos autores se declaran apolíticos, y afirman que simplemente son artistas.

Por lo tanto, podríamos decir que existen tres tipos de literatura:

  1. La literatura que pretende ser arte y nada más;
  2. La literatura que tiene una influencia y un fondo político y filosófico, pero que no busca hacer labor de proselitismo y enviar moralejas;
  3. La literatura con propósitos educativos y de proselitismo.

El primer tipo de literatura, que podríamos calificar como “purista”, es una quimera, un unicornio, no existe.  Muchos escritores podrían calificarse o autocalificarse como “puristas”, pero al revisar su obra uno se encontraría con deslices ideológicos. Los puristas piensan que son neutros, pero esa neutralidad sólo queda en el deseo del escritor.

El segundo tipo de literatura la podríamos calificar como “ideológica no proselitista”; en la que el escritor expone una historia llena de conceptos políticos, filosóficos, y hasta religiosos, pero no le interesa que el lector se identifique con estas ideas.

La literatura de “moraleja” o “proselitista”, donde el autor quiere enviar un mensaje, o donde quiere educar, es la literatura que me interesa analizar.  Aquí el arte es un placer que se utiliza para transmitir ciertos valores.

En las parábolas de Jesús de Nazaret, la figura literaria está al servicio de directrices morales, de comportamientos. Las religiones de todo el mundo también han utilizado los cuentos como parábolas, como fábulas morales o éticas. El budismo, el hinduismo, el sufismo, el taoísmo utilizan ampliamente los recursos literarios para enseñar.

En la psiquis humana, las historias cumplen una función pedagógica profunda desde niños. Ya adultos no leeremos cuentos de hadas, pero seguimos aferrados a la ficción, porque las historias, los cuentos ejercen una influencia muy grande en el hemisferio derecho de nuestro cerebro, que controla todo lo irracional, lo mágico, lo absurdo, lo fantasioso.

Volver a los libros

¿Se puede utilizar la literatura para incentivar la lectura? ¿Se puede aplicar la literatura para educar? Durante el gobierno de César Gaviria (1990-1994) una comisión de sabios realizó un estudio sobre este tema.  Entre los “sabios” se encontraban personas como Rodolfo Llinás y Gabriel García Márquez. Su veredicto fue el siguiente: se puede utilizar la literatura como incentivo lúdico para propiciar un mayor grado de lectura.

 

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Fernando Vallejo retrata una realidad social en algunas de sus obras con ánimo crítico.   Foto: Wikipedia.

Creo que la literatura puede ser un aliciente eficaz para que los jóvenes y los niños lean más. Y no sólo literatura, sino todo tipo de libros. El efecto “Harry Potter”, el efecto “Crepúsculo”, y entre los más adultos el efecto “Millennium” y el efecto “50 sombras de Grey” han logrado promover la actividad de la lectura entre niños, jóvenes, adultos, y personas de la tercera edad.

Pero volviendo a la preocupación inicial, ¿puede educar la literatura? ¿Puede transmitir valores? Sobre la base de las evidencias expuestas, tanto históricas como actuales, me atrevería a dar una respuesta positiva.

Si el escritor ofrece moralejas a sus lectores,  no creo que esto desvirtúe o desnaturalice la esencia de este arte, de esta disciplina. El lector puede divertirse con una historia, con un cuento, con una novela, y a la vez es posible que asimile el mensaje que se busca transmitir.

En algunos casos, los escritores temen dar este paso, que se les tilde de “fanáticos”, de “ideologizados” o de “partidistas”.  En otros casos, los literatos cuentan entre sus pesadillas con la de ser etiquetados como “escritor de autoayuda” o “escritor New Age”. Paulo Coelho, por ejemplo, ha sido blanco de la crítica “culta”, que lo vincula con el género de autosuperación. El autor brasileño rechaza esa etiqueta.

Otros autores de autosuperación — públicamente declarados como tales — efectivamente utilizan los cuentos y las novelas para enseñar una moraleja, para dar una lección. Los escritores puristas se burlan de este tipo de literatura, calificándola como “light”.

Los escritores de este nuevo milenio comprenden que el mundo necesita divertirse, pero que también necesita ser guiado hacia ciertos valores para construir una sociedad más pacífica, más fraterna, más próspera, más justa, y más veraz.

 

*     Abogado de la Universidad del Rosario, profesor universitario, autor de varios blogs y de las novelas: "La dignidad de los soldados del tiempo dorado", "Venus sonríe como tú", "El unicornio del bosque de las mariposas", "Robots en índigo".

@fbermudezg

 

 

 

Francisco Bermúdez Guerra*
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mario Vargas Llosa, otro Nobel de literatura, ha sido un acalorado defensor de la libertad de mercado y del concepto occidental de democracia.
 

 

 ¿Se puede utilizar la literatura para incentivar la lectura? ¿Se puede aplicar la literatura para educar?

 

 

 

 

 

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