La Junta del Banco de la República y su falta de pluralidad - Razón Pública
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La Junta del Banco de la República y su falta de pluralidad

Escrito por Juanita Villaveces y Diego Guevara
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Los dos nuevos nombramientos confirman que existe un techo de cristal y que por eso el Banco de la República se guía por la opinión de unos pocos y la formación en una sola universidad.

Juanita Villaveces* y Diego Guevara**

Más allá de los nombramientos

La semana pasada, el presidente Duque anunció los nombres de los dos nuevos codirectores del Banco de la República: Mauricio Villamizar y Bibiana Taboada.

Villamizar es hijo del exministro de Energías, Rodrigo Villamizar, y Taboada es hija de la exministra del Interior de Duque, Alicia Arango. Por eso, académicos, políticos y periodistas han criticado los nombramientos, por considerar que desvirtúan la tradición de que al Banco de la República se llegue por mérito, excelencia académica, trayectoria y reconocimiento.

Para algunos el principal problema es la posible la pérdida de independencia del emisor. Pero se ha hablado poco sobre la falta de pluralidad teórica y la concentración de la política macroeconómica del país en egresados de una sola escuela y universidad.

Este escenario hace recordar la frase de la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher: “no hay otra alternativa”. Thatcher empleó esa frase para argumentar que la economía de mercado es el único sistema que funciona y que es inútil probar nuevas opciones.

En Colombia, el Banco de la República está dominado por una teoría: la estrategia de la “inflación objetivo” y la lucha agresiva contra la inflación, incluso a costa del crecimiento económico.

Ante la crisis producida por la pandemia, muchos bancos centrales han flexibilizado sus posturas respecto de los preceptos teóricos tradicionales. Pero este no ha sido el caso de Colombia. ¿Por qué?

Una tendencia dominante

Actualmente, los cinco codirectores del Banco de la República, su gerente general y el ministro de Hacienda son egresados de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, una de las que tradicionalmente ha formado las élites del país y se puede clasificar como uno de los bastiones de los “economistas de la séptima” como lo describió en esta revista el profesor Álvaro Moreno.

Sin duda, se trata de una escuela destacada en el ámbito colombiano, pero que imprime una visión teórica con un intenso acento ortodoxo en lo que se refiere a política macroeconómica.

La meritocracia oculta barreras o restricciones a la entrada, pues reproduce a una élite que se forma en escuelas particulares y sus redes internas.

Además, casi todos ellos tienen trayectorias previas en organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo) y otras instituciones cuya perspectiva teórica se inscribe en la corriente ortodoxa, muy conveniente para los intereses de los concentrados grupos financieros locales.

Pero esto no es nuevo: en la primera junta directiva del Banco de la República, cuyo trabajo empezó en 1991, ya había prevalencia de egresados de una sola institución. Sin embargo, esta junta contó con algo de pluralidad en términos de la composición de los egresados.

Por eso vale la pena mirar más allá de la menguada experiencia académica y laboral de los dos nuevos codirectores y de sus relaciones familiares con exministros de gobierno. ¿Puede la falta de pluralidad afectar la toma de decisiones del emisor y la política monetaria?

Algunos pueden argumentar, desde una visión optimista, que esta tendencia es reflejo de la excelencia y el mérito de una facultad. Sin embargo, incluso si eso es cierto, la sobrerrepresentación no deja de ser un problema.

Como afirma Michael Sandel en La tiranía del mérito, la meritocracia oculta barreras o restricciones a la entrada, pues reproduce a una élite que se forma en escuelas particulares y sus redes internas.

Además, el mensaje para los miles de estudiantes que inician carreras de economía o los casi 105 mil economistas que hay en Colombia es desalentador: “si no estudias en determinada Universidad, no tendrás un espacio en las decisiones monetarias del país, al menos no en el grupo selecto de la Junta Directiva”. Más aún, “si de allí te gradúas, tampoco tienes garantizado que tu éxito académico y trayectoria laboral sean tenidas en cuenta”.

Sin duda, no hay espacio para todos en los cargos de altísimo nivel, como la Junta del Emisor. Pero ¿solo hay espacio para los egresados de una escuela y de una universidad? ¿Ningún egresado de otra universidad cuenta con los elementos de análisis, los argumentos y el sentido crítico para plantear políticas monetarias?

Foto: Facebook Banco de la República - Una Junta directiva menos ortodoxa tomaría medidas más arriesgadas en un momento de crisis como el que estamos viviendo

¿Por qué importa la pluralidad?

Hay un largo listado de economistas de otras universidades y de otras ciudades que podrían ser considerados para la Junta Directiva del Banco de la República, entre otros, a título de ejemplo y que además se inscriben en muy distintas tradiciones del pensamiento económico

  • Olga Lucía Acosta;
  • Astrid Martínez;
  • Martha Misas;
  • Luis Lorente;
  • Jorge Iván González;
  • Mario García;
  • Javier Birchenall;
  • José Eduardo Gómez;
  • Munir Jalil;
  • Álvaro Concha;
  • Ramón Javier Mesa Callejas;
  • Andrés Velasco;
  • José Roberto Acosta;
  • Álvaro Moreno;
  • William Baca;
  • Jairo Parada;
  • Julián Parra.

¿Qué tienen en común estos nombres?: son académicos, han trabajado en el sector público y privado, tienen una amplia trayectoria y enfoques distintos. Algunos son poskeynesianos, heterodoxos, matemáticos, de historia económica, y tienen amplios conocimientos de macroeconomía y política monetaria.

Esta lista se queda corta y deja por fuera los cientos de economistas que han labrado carreras académicas y técnicas en el exterior y que, incluso en la misma escuela teórica, podrían dar aires refrescantes al tener menos compromisos con los grupos económicos de la agenda local.

A veces se tiene la idea de que la Junta es un organismo completamente técnico y, por eso, muchos se rasgan las vestiduras ante los recientes nombramientos. Pero un análisis histórico muestra que, en la política monetaria, la dimensión política juega un papel vital.

Ya lo decía James Tobin cuando le preguntaron sobre la cercanía de la Junta de la Reserva Federal (FED) y la Casa Blanca en algunos momentos de la historia: “no es solo una cuestión técnica (…) la política monetaria es la política”.

Justamente por eso es preocupante que la Junta Directiva del Banco de la República esté dominada por una sola escuela y un tipo de egresado: se trata de una decisión política de las élites, que les ha sido muy útil.

¿Existe un techo de cristal para los egresados de otras universidades? Si en el pasado la Junta tuvo algo de diversidad, hoy no parece interesada en recuperarla. Decimos “algo” de diversidad, pues tan sólo el 35,7% de quienes han pertenecido a la Junta se ha graduado de otras universidades diferentes a la facultad dominante.

Desde 1991, cuando se inauguró la primera Junta del Banco de la República, el país ha transitado por cambios importantes en la educación universitaria y en la formación de los graduados. Un Banco Central más plural podría ser más propenso a arriesgar más en bajar las tasas de interés de su nivel actual.

Las universidades han mejorado su calidad, medida en investigación o en publicaciones. Las facultades de economía se han esforzado por ampliar la cantidad de profesores con doctorado en su planta, por enseñar a escribir y a pensar, por investigar y por ampliar las relaciones con universidades en el mundo.

Por eso, no es posible que el resultado de 30 años de esfuerzo académico sea usar el discurso de “educación como movilidad social” “de dientes para afuera”, pero concentrar los cargos de alto nivel en una sola escuela.

La pluralidad es importante por varios motivos: desde una perspectiva de justicia, es importante para no excluir a otros arbitrariamente. Pero también es importante por la posibilidad de tener mayores disensos, que lleven a mayor discusión de la política monetaria. Así, la política monetaria no será favorable para los mismos de siempre.

En el marco de una pandemia, un Banco Central más plural podría ser más propenso a arriesgar más en bajar las tasas de interés de su nivel actual, y a tener una actitud menos obsesiva con la inflación para dar prioridad al crecimiento.

Pero una Junta plural también puede tener en sus equipos técnicos mayor pluralidad de modelos macroeconómicos de pronóstico, que no solo estén en el paradigma del equilibrio general. Hoy Bancos centrales como el “Bank of England” tienen entre sus modelos algunos de orientación heterodoxa, como los modelos Stock Flow Consistent (SFC).

Al final la pluralidad es un asunto político. Sería muy conveniente que el país ampliara el espectro teórico, y esto pasa por revisar si todos los economistas del Banco de la República en sus altas esferas son de una sola universidad. Incluso pensar en mecanismos más democráticos para la elección de la junta debería ser un punto de discusión en los 30 años de la constitución.

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