La Cumbre de Naciones Unidas: ¿aumentar las donaciones internacionales o cambiar de modelo? - Razón Pública
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La Cumbre de Naciones Unidas: ¿aumentar las donaciones internacionales o cambiar de modelo?

Escrito por María Claudia Romero

Maria Claudia RomeroUna mirada crítica a la cooperación internacional en la lucha contra la pobreza y una enumeración de los cambios necesarios.

María Claudia Romero* 

Los comienzos: un nuevo colonialismo

En la cumbre que acaba de concluir en Nueva York, la ONU evaluó los avances de todos los países hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Pese a lo logros que se han tenido hasta el momento, las conclusiones mostraron que si se quiere conseguir una relación más horizontal y de asociación entre donantes y beneficiarios que llegue con eficacia a las metas propuestas, se necesita aumentar la financiación y modificar la estructura del Sistema de Ayuda.

Desde 1945, cuando nació el Sistema Internacional de Cooperación, el problema del "subdesarrollo" ha sido una de las preocupaciones centrales en la agenda global. Motivados por intereses políticos, económicos o geo-estratégicos -aunque cubiertos con el manto de la solidaridad, el humanitarismo y el altruismo-, los países ricos han mostrado interés especial en contribuir a mejorar la calidad de vida de los habitantes del globo, en particular de aquellos que enfrentan mayores niveles de pobreza.

Durante los primeros cuarenta y cinco años el Sistema desarrolló sus políticas y estrategias en el marco de la Guerra Fría, cuando la pobreza constituía una amenaza severa y la vulnerabilidad de los gobiernos y de las gentes de los países más pobres podía conducir a alianzas con el bando ideológico opuesto. En este contexto, nació y se consolidó el Sistema de Ayuda bajo el sino de una acción asistencialista, que llevó a muchos a concebir la cooperación internacional como una "nueva forma de colonialismo" y que a la postre generó una fuerte relación de dependencia sin mayores impactos sobre el nivel de vida.

Los 90's: la fatiga del donante

La década de los noventa y las transformaciones políticas del Sistema Internacional trajeron cambios, al menos en el discurso. De una parte, porque las motivaciones iniciales de la Cooperación habían desaparecido, y de la otra, porque cada vez con mayor contundencia los países desarrollados empezaron a resentir lo que hoy se conoce como la fatiga del donante: una suerte de agotamiento tanto económico como moral frente a los escasos resultados obtenidos tras décadas de esfuerzos sostenidos.

Dichas transformaciones pudieron percibirse en dos sentidos:

1. Se amplió la concepción del desarrollo. La estrecha visión economicista que primó hasta finales de los 80 y que le dio al crecimiento del PIB el privilegio de ser el indicador casi exclusivo del desarrollo, cambió hacia una comprensión más integral que se expresó en el concepto de Desarrollo Humano y en el establecimiento de un indicador como el Índice de Desarrollo Humano (IDH). En este último, se sumaron a la variable del ingreso las de escolaridad y longevidad, que mostraron el reconocimiento de la salud y la educación como motores del desarrollo.

2. De otra parte, el Sistema de Ayuda replanteó su estructura inicial y empezó a dar un giro, de la verticalidad a la horizontalidad, y del asistencialismo a la asociatividad. Donantes y receptores empiezan entonces a comprender que el problema del desarrollo amerita y necesita un tratamiento mancomunado, y que la participación de los beneficiarios juega un papel cada vez más determinante en la consecución de los resultados.

El 2000: Cumbre del Milenio

Con base en esta nueva forma de entender la Cooperación y el Desarrollo, se asistió en la década de los 90 a una serie de conferencias temáticas lideradas por la ONU, donde participaron tanto donantes como receptores, reunidos para reflexionar sobre los nuevos temas que se imponían en la agenda del desarrollo y que tenían interés para todos.

Las discusiones se resumen en la Cumbre del Milenio, realizada en Nueva York en septiembre del  2000. En esa reunión se adoptaron los Objetivos del Milenio, ODM, sintetizados en ocho propósitos que se consideraron de interés mundial, y para los cuales se fijaron metas cuantificables con plazos determinados de cumplimiento.

La formulación de los ODM constituye un paso importante en la coordinación de la ayuda, tanto entre donantes como entre donantes y receptores. Es de destacar el logro que se obtuvo en ese sentido, dado que hasta entonces existía una alta dispersión de esfuerzos, duplicidad de acciones y una mayor burocratización del Sistema, que llevaba al despilfarro de recursos y a una relación costo/ beneficio excesivamente alta.

Diagnóstico de los problemas

El balance realizado diez años después y cinco antes del vencimiento de los plazos para que se cumplan los objetivos, no es alentador y refleja problemas de fondo:

  • En primer lugar, el Sistema de Ayuda está concebido bajo un modelo de desarrollo generalizado que desconoce las particularidades sociales, políticas, económicas y culturales de las diversas zonas del planeta. Dicha universalización es perversa y contraproducente en la medida en que plantea recetas únicas para problemas diversos; el diagnóstico no corresponde a las necesidades de cada región; y los puntos de partida para hablar de "desarrollo" no son los mismos en todas partes.
  • En segundo lugar, no se ha hecho aún una revisión de las políticas y su impulso inicial. El Sistema de Ayuda se fundamenta todavía:

a. En una relación vertical, impuesta desde los más hacia los menos desarrollados;

b. En una relación unilateral, sin una real participación de los receptores en la identificación de los problemas ni en la formulación de las soluciones; y

c. En una relación parcial, bajo el entendimiento de que los problemas del subdesarrollo afectan sólo a quienes los padecen y no al mundo en general.

  • En tercer lugar, el Sistema de Ayuda no reconoce la presencia de intereses en las motivaciones. Es comprensible que los donantes no hagan explícito en su discurso la existencia de dichos intereses, pero es ingenuo que los receptores sigan negociando bajo el supuesto de una asistencia filantrópica que los somete a una posición claramente desventajosa.

Del dicho al hecho…

En cuanto a la financiación, el tema es también complejo. Desde la década de los 70, la ONU ha establecido metas para los países desarrollados, relativas a la proporción del PIB que debe dedicarse a la Ayuda Oficial al Desarrollo. Desde entonces se habla del 0,7 por ciento, porcentaje que solo ha sido alcanzado por cuatro o cinco países del norte de Europa. Los demás, incluyendo a Estados Unidos que a pesar de ser el mayor donante en términos netos es uno de los que menos contribuye porcentualmente hablando (alrededor del 0,22 por ciento para el año 2000), han visto cómo año tras año se reduce el monto de sus contribuciones al desarrollo.

En ese sentido es importante valorar varias iniciativas:

  • La del presidente Sarkozy, que busca aumentar el monto de la ayuda en los próximos tres años (esta propuesta tiene un interés político en términos de reivindicación interna e internacional de su imagen, fuertemente vapuleada en los últimos tiempos); 
  • La del presidente Zapatero, que busca crear un impuesto a las transacciones financieras internacionales; y 
  • La del presidente Obama, que muestra su intención de aumentar los aportes a la Ayuda.

Des-aprender el modelo

Pero el problema no es sólo el monto de recursos que se dedicará en adelante al desarrollo. La situación de fondo radica en una revisión del sistema en sí mismo.

En el seno del Comité de Ayuda al Desarrollo -espacio principalmente europeo que discute las políticas de Cooperación Internacional- se ha hablado mucho sobre el replanteamiento del modelo. Desde 2005, en el Foro de París, se establecieron lineamientos tendientes a la Armonización, Apropiación, Coordinación Alineación de políticas de cooperación. Pero el reto es grande en cuanto implica "des-aprender" un modelo que ha permeado las mentes de ricos y pobres.

  • Los ricos no pueden seguir utilizando la Cooperación Internacional como un espacio político en donde las decisiones se toman de manera "oportunista", guiadas por el interés que cada uno de ellos tiene de proyectar su potencia en la escena internacional. Como lo expresa Arturo Escobar en su libro La Invención del Tercer Mundo, no es posible seguir concibiendo al Tercer Mundo como un juego de ajedrez en el que se mueve a las personas como fichas en el tablero del progreso.
  • Y los pobres no pueden seguir pensando que el desarrollo es un problema en manos de los ricos. El desarrollo es un reto interno, es una situación de Estado que debe ser abordada desde las sociedades mismas que lo padecen. Sólo entonces tendrán valor las acciones asistencialistas ejercidas por los poderosos, cuando la presencia de situaciones realmente críticas así lo ameriten. La propuesta del presidente Obama, en el sentido de reducir el asistencialismo tiene un fondo político relevante: el de ir des-tejiendo la red de dependencia que atrapa a los países menos desarrollados y no los deja caminar por fuera de ella.

El valor de la Cumbre

Una cumbre como la que acaba de terminar cobraría mayor relevancia si lograra proponer transformaciones reales al sistema y una concepción moderna del desarrollo. Se requiere un modelo:

  • Que se fundamente en relaciones horizontales entre donantes y beneficiarios;
  • Que conciba la estrategias en forma multilateral;
  • Que reconozca que en el mundo contemporáneo los problemas de los más pobres afectan también a los más ricos;
  • Que ponga en práctica una estructura de ayuda que pase del asistencialismo a la asociación y que precise políticas y recursos no sólo en temas centrales, como los ODM, sino también en regiones vulnerables y de acuerdo con sus necesidades;
  • Que al menos en principio reconozca las diferencias entre regiones y permita plantear políticas y estrategias diferenciadas para cada una de ellas. 

* Profesora de Cooperación Internacional y Directora de la Especialización de Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Externado de Colombia.

 

 

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