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Irán nuclear: ¿tranquilidad a la vista?

Escrito por Éric Lair
mapa Irán

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Eric Lair

El programa nuclear iraní ha sido fuente de inquietud y zozobra para la comunidad internacional desde hace varios años. Los recientes acuedos entre Irán y los países de Occidente parecen traer la promesa de estabilidad. ¿Será cierto?

Éric Lair*

Una historia nuclear

El pasado 24 de noviembre, el “Grupo 5+1” (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China – miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas–, más Alemania por ser interlocutor privilegiado con Irán) alcanzó un acuerdo con Teherán que prevé el control sobre sus actividades nucleares a cambio de un alivio de las sanciones en su contra.

Considerado “histórico”, este acuerdo representa un gran avance hacia la solución de la crisis prolongada entre las autoridades iraníes y la comunidad internacional. Sus claúsulas sin embargo no están libres de limitaciones y de riesgos; de ahí las interpretaciones discordantes, y a veces abiertamente críticas, que han suscitado las negociaciones.

El programa nuclear de Irán ha sido objeto de múltiples luchas de interés, controversias y especulaciones a lo largo de las décadas; pero vistos retrospectivamente, puede decirse que los desarrollos nucleares de Irán han sido a la vez continuos e irregulares.

El programa nuclear de Irán ha sido objeto de múltiples luchas de interés, controversias y especulaciones a lo largo de las décadas

Durante la segunda mitad de la monarquía de Mohammad Reza Pahlavi, “Shah de Irán” (1941-1979), se establecieron las bases de un programa nuclear. Se trataba  de una industria a partir del uranio con el respaldo de Estados Unidos y otros países aliados del régimen. Concebido para producir energía civil -aunque no se excluía pasar a una dimensión militar en caso de tensiones regionales-, el programa sirvió de propaganda nacionalista.

La Revolución de 1979 trajo cambios que alteraron el desarrollo de la industria nuclear iraní, en un momento en que se había pensado extender las actividades al plutonio. La proclamación de la República Islámica selló el derrumbe de la monaqrquía y consagró el ascenso al poder de clérigos chiítas. Hasta finales de la década de 1980, Ali Jamenei asumió la Presidencia (1981-1989), a la sombra del Ayatolá Ruhollah Jomeini, máxima figura política y religiosa de la nación (1979-1989).

Por esa época las autoridades chiítas dieron la impresión de alejarse de los asuntos nucleares, pues el país estaba debilitado por la ruptura de las relaciones con Estados Unidos y la guerra contra Irak. No obstante, y pese a estos numerosos obstáculos, las pretensiones nucleares no fueron abandonadas, como indican los planes llevados a cabo, con relativa discreción, durante los últimos semestres de la década de 1980a.

Ali Khamenei, el Líder Supremo y principal clérigo
islamista de Irán.
Foto: Aslan Media

Terror nuclear en el nuevo milenio

La voluntad de disponer de amplios recursos energéticos y las fricciones con distintos Estados, más allá de Irak y Estados Unidos, fueron decisivas para prolongar las investigaciones nucleares en Irán.

Durante la década de 1990, ni los cambios internacionales ni la modernización de la sociedad iraní provocaron el cese de la actividad nuclear. Al terminar la guerra Irak-Irán, eventos como la guerra en Kuwait llevaron a Teherán a acelerar los procesos nucleares  necesarios para efectos militares. Aumentaron entonces los esfuerzos para el enriquecimiento de uranio, y se acudió a diversas ayudas externas. Sin declarar explícitamente sus propósitos, los dirigentes iraníes vieron la oportunidad de asentar el poderío y la soberanía del Estado en un entorno que les era adverso.

Esta estrategia coincidió con la llegada de elites pragmáticas y reformadoras en los mandatos presidenciales de Akbar Hashemí Rafsanyaní (1989-1997) y Mohammad Jatami (1997-2005). Los nuevos gobernantes tuvieron que negociar constantemente sobre la cuestión nuclear con las clases conservadoras reunidas en torno al Ayatolá A. Jamenei, quien asumió como líder supremo del país desde 1989 hasta el presente, tras el fallecimiento de R. Jomeini.

A principios de la década de 2000, salieron a la luz revelaciones sobre los progresos nucleares de Irán: el país explotaba uranio y plutonio con una doble finalidad civil y militar. Las informaciones procedían de opositores a la Revolución de 1979 y causaron gran sorpresa. Acusadas de tener ambiciones nucleares militares, las autoridades de Teherán asumieron una nueva postura. En medio de la conmoción, el presidente Jatami enunció lo que se convirtió en un leitmotiv de la diplomacia iraní: Irán promueve un programa nuclear civil pacífico que legitima la fabricación de combustible de origen nuclear.

El presidente Mahmud Ahmadinejad (2005-2013) hizo del proyecto nuclear una de las prioridades de su administración. La independencia nuclear de Irán fue presentada como un derecho inalienable y un motivo de orgullo nacional. Ahmadinejad pronunció discursos que negaban o sugerían, según las circunstancias, la existencia de actividades nucleares que no fueran exclusivamente civiles en Irán. Detrás de una retórica firme, el mandatario instrumentalizó el tema en un juego de influencias no solo dentro de su país sino también con el exterior.

Intentos de controlar a Irán

El panorama internacional parece aún más complejo para el actual Gobierno de Hassan Rouhani (2013-2017), si se tene en cuenta la continua falta de cumplimento y transparencia de Irán ante la legislación nuclear existente.

Como signatario del estatuto del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), creado en 1957 bajo los auspicios de las Naciones Unidas, Irán tiene que responder por una serie de exigencias y garantías.  Entre ellas, la de someterse a verificaciones que buscan impedir la adquisición de tecnologías y ciencias asociadas con lo nuclear para fines no pacíficos.

Asimismo, Irán firmó y ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1968, y adhirió al Protocolo Adicional de la OIEA de 1998. A grandes rasgos, las cláusulas del TNP y el Protocolo permiten a las autoridades iraníes adelantar un programa nuclear civil. En contraparte, estas deben acreditar que no buscan adquirir – o no poseen – material destinado a la creación de armas nucleares.

Irán sacude los equilibrios geopolíticos no solo en Medio Oriente sino también en el resto del mundo.

Los compromisos internacionales de Irán restringen y contradicen, en muchos puntos, las orientaciones observadas desde la Revolución. De manera específica, en los años que correspondieron a las presidencias de M. Jatami y M. Ahmadinejad, los asuntos nucleares fueron un motivo de crispaciones e inquietudes en la escena internacional.

El Protocolo Adicional de la OIEA no fue ratificado por las instancias iraníes, y las alarmas intenacionales se encendieron cuando se supo Irán había ocultado actividades de enriquecimiento de uranio y producción de plutonio, en las instalaciones de Natanz y Arak.

Frente a las acusaciones de no respeto de sus obligaciones, Irán multiplicó las decisiones y los comunicados desafiantes, dejando entrever que podría llegar a ruptura total con la comunidad internacional.

En estas condiciones, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó la resolución 1696 de 2006 que exigía interrumpir todas las actividades relacionadas con el enriquecimiento de uranio. Pocos meses después, el Consejo expidió la resolución 1737 que impuso a Irán sanciones económicas y diplomáticas, abriendo el camino a otras iniciativas coercitivas.

El actual Presidente de Irán, Hassan Rouhani.
Foto:  Wikimedia Commons

Los acuerdos entre Irán y el “5+1”

Sin embago, Irán nunca se ha encontrado en una posición de aislamiento absoluto y tampoco ha manifestado la intención de retirarse de las instancias institucionales en materia de no proliferación nuclear.

El acuerdo provisional con el “Grupo 5+1” parece demostrar que el presidente Rouhani está dispuesto a atenuar, y quizás a resolver por la vía de la concertación, la crisis heredada de los gobiernos anteriores.

El acuerdo, de una vigencia de seis meses renovables por consentimiento mutuo, es fruto de intensas negociaciones, incluso entre Irán y Estados Unidos, que aceptaron dialogar en secreto. Según sus términos Irán acepta, bajo el control de la OIEA:

– Inhabilitar las reservas de uranio enriquecido y no enriquecer más uranio a niveles superiores al 5 por ciento, es decir, las cantidades potencialmente utilizables con fines militares.

– Detener la construcción de centrífugas de uranio -aunque se contempla la posibilidad de reemplazar las plantas en funcionamiento-.

– Permitir el acceso in situ a las infraestructuras de Natanz y Fordo, donde se concentra la mayor parte de las actividades de producción de uranio con usos oficialmente civiles.

– Suspender las obras en el reactor de la central de Arak, la cual se sospecha sirve de fachada a un proyecto nuclear militar y a la explotación del plutonio.

En reciprocidad, el acuerdo estipula que:

– Se flexibilizará parcialmente el sistema de sanciones impuestas a Irán, en especial en lo tocante a las exportaciones de automóviles y a las ventas del sector petroquímico.

– No se impondrán nuevas sanciones contra el país.

– Se facilitará la asistencia humanitaria entre Irán y diferentes entidades internacionales.

Si bien es cierto que el acuerdo permite una pausa momentánea en la crisis, sus resultados pueden ser precarios e inciertos. Además de depender de una eventual prórroga, la efectividad del acuerdo dependerá de las estrategias, los medios y las percepciones de los países involucrados en las negociaciones.

Equilibrio geopolítico mundial

El programa nuclear iraní pone a prueba la credibilidad de los mecanismos de no proliferación que fueron adoptados durante el antagonismo “este-oeste” por las cinco potencias nucleares que hoy participan en las conversaciones con Irán, e invita a reflexionar sobre los retos y las correlaciones de fuerzas inherentes a la diplomacia entre los Estados y las organizaciones multilaterales.

Para los analistas partidarios del status quo, el acceso de Irán al rango de potencia nuclear militar tendría consecuencias negativas sobre la seguridad colectiva. Entre los escenarios vislumbrados, se cree factible un ataque preventivo o defensivo entre Irán e Israel. Adicionalmente, el armamento nuclear de Irán implicaría una escalada militar en la región, sin descartar la amenaza de que surjan nuevas potencias nucleares.

Por el contario, otros expertos estiman que un arsenal nuclear iraní ayudaría a prevenir o reducir la probabilidad de agresiones armadas, e instaturaría un ambiente de no guerra entre los países implicados.

Todos los escenarios se inspiran implícitamente en la idea de que la disuasión nuclear ha contribuido a evitar un enfrentamiento bélico entre las potencias. La pregunta es si la disuasión pudiese tener efectos similares entre potencias regionales como Irán e Israel.

De allí la importancia de las negociaciones en curso, pues Irán sacude los equilibrios geopolíticos no solo en Medio Oriente sino también en el resto del mundo.

*Profesor de la Universidad del Rosario; areas de estudio: sistemas y partidos políticos – (post-) conflictos armados – derechos humanos eric.lair@urosario.edu.co

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