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El Parque Tayrona: conflicto de intereses

Escrito por Sandra Vilardy
Sandra Vilardy Parque Tayrona RazonPublica

Sandra Vilardy Parque Tayrona RazonPublica

Todos dicen querer al Parque Tayrona, pero de modos y por motivos distintos. Pocos saben por qué es un auténtico tesoro ambiental, único en el mundo. La institución responsable de protegerlo no podrá hacerlo sola.

Sandra Patricia Vilardy *

 

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La realidad de este pequeño territorio de 15.000 hectáreas refleja la complejidad de Colombia.   Foto: Berta Martin Lopez.

Intereses y apetitos

No quedan dudas de que el Tayrona es el Parque Nacional Natural que más interés despierta en la opinión pública. Esto quedó confirmado tras la avalancha de noticias,  columnas de opinión y comentarios en Twitter sobre la licencia ambiental inicialmente otorgada al proyecto Los Ciruelos, que luego fue suspendida por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales.

La realidad de este pequeño territorio de 15.000 hectáreas refleja la complejidad de Colombia:

  1. El Parque Tayrona está formado por un mosaico de ecosistemas marinos y terrestres de gran singularidad ecológica, y por lo tanto es poseedor de una gran biodiversidad;
  2. Constituye un territorio multicultural, donde confluyen valores e intereses sociales y culturales de muy diversa índole;
  3. Históricamente el Estado ha tenido grandes dificultades para ejercer control efectivo sobre este territorio;
  4. Se presentan conflictos intensos, la mayoría asociados con la ilegalidad, como consecuencia de la retroalimentación de todos los factores antes mencionados.

La importancia del Tayrona

La belleza paisajística del Tayrona es uno de los atributos más destacados del parque, reconocida en los rankings internacionales, especialmente por la calidad escénica de sus playas. Pero el paisaje es sólo la punta del iceberg de la riqueza del Tayrona.

  Sandra Vilardy parque tayrona ecosistemasEl Parque Tayrona está formado por un mosaico de ecosistemas marinos y terrestres de gran singularidad ecológica, y por lo tanto es poseedor de una gran biodiversidad.   
Foto: Berta Martin Lopez. 

Los negociantes del turismo y sus colaboradores — muchas veces descontextualizados —  suelen comparar las potencialidades del Tayrona con las de otros parques reconocidos mundialmente como Yosemite, o con otros destinos de alta gama ecoturística en el sureste de Asia o en Indonesia. Por eso es importante comprender mejor la identidad ecológica del Tayrona.

El mejor adjetivo para definir al Tayrona desde una perspectiva ecológica es lo singular: geomorfológicamente, no existe en el planeta un lugar similar a este. El Tayrona corresponde a las estribaciones bajas de la montaña costera más alta del planeta, la Sierra Nevada de Santa Marta, en un área que corresponde al cinturón árido del Caribe.

Las formaciones montañosas de la Sierra Nevada aumentan la superficie disponible para la biodiversidad, tanto en la parte terrestre como en la marítima, formando ese característico conjunto de bahías y ensenadas. Por otro lado, la Sierra actúa como una barrera frente al efecto árido de los vientos costeros, por lo cual se forma un enclave climático.

Estos dos factores determinan la singularidad y la riqueza de la biodiversidad en el Tayrona, evidentes en la diversidad de ecosistemas y en la gran cantidad de especies endémicas, muchas de ellas marinas, como resultado del aislamiento geográfico.

Si hacemos un recorrido por estas 15.000 hectáreas, desde los puntos más altos hacia el mar encontramos:

  1. Bosque húmedo tropical, especialmente hacia el oriente del parque por las entradas de Calabazo y El Zaino.
  2. Luego el  bosque seco tropical, en estos días famoso por el estado de fragilidad en que se encuentra en todo el país, y del cual el parque Tayrona conserva muestras en muy buen estado, especialmente en las bahías occidentales, a las cuales se accede ya sea por Bahía Concha o por Neguanje.
  3. Para completar el mosaico de bosques, en las zonas internas de algunas bahías también hay pequeñas formaciones de manglares, están asociadas con corrientes estacionales de agua.
  4. Ya en la zona costera encontramos las bellas y deseadas playas, la mayoría dentro de las bahías.
  5. También encontramos corredores de dunas en las bahías más abiertas.
  6. Resguardando las bahías y frente al mar, en cada una de las puntas se encuentran los litorales rocosos.
  7. También existen pequeñas lagunas costeras y otros humedales asociados con las desembocaduras de los ríos, llamados madre–viejas, de un gran valor ecológico.
  8. Pero los ecosistemas no terminan ahí: si realizamos una inmersión, nos encontraremos con praderas de pastos marinos.
  9. En fin, se llega a unas de las zonas más importantes de arrecifes de coral del Caribe continental colombiano, en donde no solo hay arrecifes superficiales de borde, sino unas comunidades muy especiales de arrecifes de profundidad.

Este mosaico de ecosistemas suministra una gran cantidad de flujos de materia y energía que benefician a los ecosistemas aledaños, ya que cumplen un papel fundamental al servir de refugio y de hábitat para especies que migran e interconectan ecosistemas más distantes. Por lo tanto el Tayrona ecológicamente no sólo es importante por el mismo, sino por lo que le ofrece a otros ecosistemas más allá de los límites del Parque Nacional.

Servicios de los ecosistemas

Pero además, esos flujos de materia, energía e información que provienen de los ecosistemas, producen un efecto positivo sobre las varias dimensiones del bienestar humano: los servicios de los ecosistemas.

Cada uno de los ecosistemas suministra servicios referentes al abastecimiento de alimento o de fibras, por ejemplo, o servicios de tipo cultural relacionados con la identidad, con la capacidad de comprender y aprender, con la recreación y el disfrute.

   Sandra Vilardy parque tayrona playasLa belleza paisajística del Tayrona es uno de los atributos más destacados del parque, especialmente por la calidad escénica de sus playas.   
Foto: Berta Martin Lopez.

De manera a veces imperceptible, los ecosistemas nos protegen y regulan muchos procesos de los cuales dependemos, como la calidad del agua y del aire, la protección ante tormentas o los controles biológicos de plagas.

Desde la perspectiva de la diversidad cultural, sobre este territorio se han dado históricamente usos ancestrales y tradicionales a los servicios ecosistémicos, que atienden varias de las necesidades humanas fundamentales, como la subsistencia, la protección, el entendimiento, el ocio, la creación, la identidad y la libertad.

Pero justamente es en la diversidad de usos — ya sea por identidad cultural, por diferentes percepciones del valor, o por la aplicación de políticas públicas — donde tienen su origen  los conflictos de uso. En efecto – y sin ser exhaustivos- el Tayrona

  • contiene lugares sagrados para los indígenas;
  • suministra paisajes y oportunidades para el descanso, la relajación y la recreación para los turistas;
  • provee el alimento para los pescadores y colonos;
  • ofrece lugares para investigar y conocer la biodiversidad para los científicos;
  • les brinda estatus y oportunidades de negocios para los propietarios de tierras;
  • ha suministrado inclusive soporte físico y resguardo para narcotraficantesparamilitares y delincuentes comunes.

La discusión que se ha planteado últimamente puede resumirse así: ¿cómo distribuir los beneficios de un mosaico de ecosistemas declarados Parque Natural Nacional con el objetivo de preservar la fauna y la flora de valor excepcional y que hacen parte del patrimonio de la Nación?

Institucionalidad débil

El Tayrona está formado por zonas de utilidad pública, según lo contemplado por la ley 2ª de 1959, cuando se creó la figura de los Parques Naturales Nacionales, y en el Código de Recursos Naturales.

Es precisamente ese carácter de utilidad pública del parque lo que va en contravía del disfrute privado y lo que ha desatado la protesta de quienes abrigan intereses económicos particulares sobre el parque.

El artículo 58 de la Constitución establece que la propiedad privada también tienen una función ecológica y social. En el caso de los Parques Naturales Nacionales, la Corte Constitucional — mediante sentencia C 126 de 1998 — confirmó que la propiedad privada sobre los recursos naturales renovables está sujeta a todas las limitaciones y restricciones que derivan de la función ecológica de la propiedad.

Este hecho no debería prestarse a discusiones, cuando resulta tan claro en el papel. Sin embargo, la realidad social e institucional del parque nos recuerda una vez más la realidad nacional.

Una institución muy comprometida, pero también muy débil, como Parques Nacionales Naturales de Colombia, no ha logrado diseñar e imponer un sistema que garantice de veras su conservación, más que todo porque otros actores, legales o ilegales, y movidos por intereses económicos han resultado ser más fuertes que esa institución.

Por ejemplo, las escrituras y derechos de propiedad se han multiplicado, fraccionado, cedido y sumado de manera vergonzosa, tal como afirma el propio superintendente de Notariado y Registro.

Peor aún: varios directores del Parque Tayrona han sido asesinados y otros han tenido que irse bajo amenazas de muerte.

La conservación es prioritaria

Estamos entrando en la década de la economía verde, tal como se anunció en la cumbre de Rio +20. Van a aparecer cada vez más negocios con caras pintadas de verde: eco-algo o bio-algo.

Colombia debe irse preparando para este greenwashing y para identificar cuáles son las iniciativas ecológicas que realmente responden al interés nacional y al criterio de equidad en la repartición de los beneficios – y de los riesgos-

A propósito del eco-turismo en el Tayrona, Diana Ojeda, doctora en Geografía de la Universidad de Clark, realizó un valioso y oportuno análisis donde exploró cómo el ecoturismo está inmerso en la lógica de la apropiación violenta de tierras, a pesar de los imperativos ecológicos de la conservación del medio ambiente.

El estudio revela cifras del aumento de visitantes internacionales y nacionales al Parque Tayrona: de alrededor de 90.000 en 2004, se pasó a 250.000 en 2010, como resultado de un intenso proceso de turistificación, promovido explícitamente por políticas nacionales asociadas con la seguridad democrática.

También se indica en este análisis cómo el avance del ecoturismo ha afectado las actividades de subsistencia de las comunidades locales asociadas con el parque, incluyendo a campesinos, pescadores, transportadores, comerciantes y guías turísticos.

El futuro de la riqueza ecológica del Parque Tayrona, del suministro sostenible de servicios de sus ecosistemas, de la posibilidad de disfrutarlos, depende fundamentalmente de una revisión de la política nacional sobre los parques nacionales y de asignar los recursos necesarios para su funcionamiento.

Pero también depende de lograr una articulación real, fluida y concreta de Parques Nacionales con otras entidades públicas cuyas jurisdicciones se traslapan, así como con las comunidades locales y con la academia.

Se debe reforzar en la opinión pública un principio elemental: que la conservación debe ser el uso prioritario de las áreas protegidas, donde se podrán permitir otros usos, siempre y cuando no vayan en contravía de los objetivos de conservación.

 

* Bióloga marina y doctora en ecología y medio ambiente, profesora de la Universidad del Magdalena.

twitter1-1@svilardyq       

  Sandra Vilardy Parque Tayrona Anyelik

 

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