Colombia sin doctores - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad Colombia sin doctores

Colombia sin doctores

Escrito por Orlando Acosta
Unidad de recursos genéticos del CIAT en Colombia.

Unidad de recursos genéticos del CIAT en Colombia.

Aunque en Colombia ha aumentado el número de programas de doctorado y de graduados, al compararnos internacionalmente la formación doctoral es realmente baja. Un repaso detallado de las cifras, las causas- y los remedios- de esta verdad preocupante. 

Orlando Acosta* – Jorge Celis**

Los hechos

En los últimos días varios medios de comunicación han venido señalando que la formación de doctores en Colombia se encuentra rezagada.

En efecto: según las estadísticas del Ministerio de Educación Nacional, en 2013 graduamos anualmente apenas siete doctores por millón de habitantes. Esta cifra está muy lejos de los 23 doctores por millón de habitantes de Chile, los 63 de Brasil, los 156 de Estados Unidos y los 259 del Reino Unido, como muestra una investigación publicada en la revista Prospects.

No obstante las inversiones del Estado para remediar la situación desde principios de este siglo, Colombia está muy lejos de un sistema de formación doctoral con capacidad suficiente para producir investigadores en la cantidad y con la calidad necesarias para construir un sistema sólido de ciencia, tecnología e innovación.

En 2013 teníamos apenas siete doctores por cada millón de habitantes. 

Una breve radiografía de la formación doctoral en Colombia muestra algunas verdades  preocupantes:

1. Falta la masa crítica. En el año 2000 apenas el 1,66 por ciento de los profesores de educación superior tenía el título de PhD. o D.Phil (por “Doctor of Philosophy”,  doctorado dentro del sistema anglosajón) lo cual contribuyó a que en 2013 los doctores solo representaran el 5,8 por ciento de los profesores en todo el país.

2. Rápido crecimiento de programas doctorales. En 1990 había 6 programas doctorales en Colombia, y esta cifra subió a 215 en 2013. Sin embargo, se mantiene una densidad relativamente baja de estudiantes por programa (17,6), unida a una mucho más baja tasa de graduación (14,1 por ciento). Por ejemplo, solo se graduaron 329 doctores en 2013, de una población estudiantil que era de 2.326 estudiantes cuatro años atrás.

3. Creciente endogamia doctoral. Si a principios de los años 1990 el porcentaje de doctores que trabajaba en las mismas universidades de las que se habían graduado era prácticamente cero, hoy algunas instituciones con programas doctorales ya cuentan entre sus profesores con casi un 20 por ciento de egresados de sus propios programas doctorales (incluyendo profesores a quienes sus propios compañeros de trabajo les conceden el título doctoral).

4. Baja contribución de los doctores a la productividad académica medida por la publicación de resultados de investigación. Hoy Colombia se ubica en el quinto lugar en Latinoamérica en los escalafones de producción de artículos académicos por cada 100.000 habitantes.

5. Concentración geográfica de los doctores. El 78 por ciento de los doctores y el 64,4 por ciento de los programas doctorales están en Bogotá, Antioquia y Valle. Nada más en Bogotá se concentra más del 44 por ciento de los doctores.

6. Ausencia casi total de doctores en el sector industrial. Hay una capacidad muy débil  de absorción de conocimiento innovador por parte de este sector.

7. Dudosa calidad académica e investigativa de la mayoría de los programas doctorales.  Solo el 5,1 por ciento de ellos cuenta con acreditación de alta calidad. Además, la escasa movilidad internacional favorece su parroquialismo.

8. Incumplimiento sistemático de metas institucionales de formación doctoral. Se esperaba formar 1.800 doctores por año entre 2010 y 2019, y estamos lejos de cumplir esas metas.

Laboratorios de biología en la Universidad Cooperativa de Colombia.
Edificio de Posgrados en Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia,
Sede Bogotá.
Foto: Sede Bogotá Universidad Nacional de Colombia

Las causas

¿Cuáles son las causas de esta deprimente realidad en materia de formación doctoral?  

El capital humano de alta calificación es fundamental para asegurar la fortaleza económica del mundo desarrollado. Mientras que hace mucho más de un siglo los países capitalistas empezaron a ver en las universidades un factor que contribuye a la acumulación de capital y al desarrollo económico, en Colombia, aun en nuestros días, este no es un interés del Estado ni de los propietarios del capital nacional o transnacional.

Tradicionalmente, nuestro sector productivo e industrial ha sido poco intensivo en conocimiento y poco complejo en sus actividades, y por eso le basta con el capital humano calificado a nivel profesional y técnico, el cual está esencialmente dedicado a administrar o utilizar tecnologías importadas. Por eso, mientras en Colombia el sector productivo no reclama doctores, en un país desarrollado como Estados Unidos más del 47 por ciento de los PhD en ciencias e ingenierías trabaja en las empresas industriales.

Si la industria nacional no decide intensificar su aparato productivo en conocimiento y demandar doctores en escala masiva; y si, por su parte, la universidad no decide formar investigativamente una parte de sus PhD en las áreas industriales, no se dará la deseable sinergia entre el conocimiento académico avanzado y el interés nacional por dotar al sector productivo con la mayor capacidad de innovación.

La academia colombiana, por su parte, también ha sido víctima de tradiciones que han conspirado contra la formación doctoral y la generación de nuevo conocimiento. En Colombia, la actividad académica aún permanece en una alta proporción limitada a la exposición de textos desactualizados y mal traducidos, para lo cual no se necesita tener título de PhD.

Además, mientras en Estados Unidos los que enseñan son los mismos que investigan y tienen PhD (y esto explica en buena parte el éxito y prestigio de su sistema universitario) en Colombia se supone que quien ostenta un PhD se hace irremediablemente incapaz de enseñar: parece que no tener PhD concede capacidades pedagógicas innatas que se pierden irreversiblemente al realizar un PhD.

Únicamente en la Universidad Nacional de Colombia (entre 2005 y 2013) se estableció la obligación estatutaria  de tener el título de doctor para aspirar a ser profesor de planta, lo que explica que hoy en su planta haya un 41 por ciento de profesores con este título.

En algunos círculos académicos (que afortunadamente están disminuyendo) la formación de pregrado sigue siendo considerada un nivel académico suficiente para ser profesor universitario, lo que además contribuye a las costumbres endogámicas y de  reproducción de conocimientos estáticos. Según esta lógica, la universidad está solo para transmitir conocimientos y no para producir nuevo conocimiento, y mucho menos para formar investigadores de nivel doctoral.

El papel del Estado

El Estado también tiene responsabilidad. A pesar de que entre 2000 y 2011 Colciencias y otros financiadores garantizaron 3.751 becas condonables para formación de nuevos PhD en Colombia y en el exterior, estos recursos fueron insuficientes para aproximarnos a las cifras de otros países de la región: Colombia tenía solo 15,19 PhD por 100.000 habitantes en 2011, mientras Chile tenía 28,1 y Brasil 44,8.

En los países desarrollados han sido continuas las inversiones públicas en ciencia y tecnología e investigación y desarrollo (I&D), unidas al liderazgo que en esta área ha asumido el sector industrial en las últimas décadas. Una mirada al mundo muestra que el Estado sigue siendo el principal financiador de investigación básica y formación de capital humano doctoral en el mundo desarrollado.

En Colombia, este no es un interés del Estado ni de los propietarios del capital nacional o transnacional.

En Colombia, los recursos estatales asignados a las universidades públicas se han destinado más al funcionamiento que a la inversión, y como hace más de dos décadas los presupuestos universitarios permanecen prácticamente intactos, muchas universidades han visto gravemente afectados la creación y el funcionamiento de programas doctorales de calidad.

Pero todavía: se anticipa que los recursos de Colciencias para la investigación (fundamento de la formación doctoral) no aumentarán en el futuro. Para los siguientes 4 años el Plan Nacional de Desarrollo asigna a esta entidad un presupuesto igual al actual es decir, menos del 0,2 por ciento del PIB, lo cual contrasta con el típico 2 por ciento (o mucho más) que le asignan los países desarrollados.

Frente a los desafíos de los tratados de libre comercio y el ingreso de Colombia a bloques de países desarrollados, es urgente la confluencia del Estado, la universidad y la empresa en el propósito de fortalecer un sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación con grandes inversiones públicas y privadas para investigación y formación de capital humano a nivel doctoral. Solo así se generará y asimilará conocimiento útil para la innovación. 

 

* Químico y biólogo, con maestría en bioquímica de la Universidad del Valle y doctorado en virología de la Universidad de Dundee (Reino Unido), profesor de la facultad de medicina de la Universidad Nacional. oacostal@unal.edu.co

** Sociólogo y magister en Sociología de la Universidad Nacional, estudiante de maestría  en estudios internacionales y comparados en educación en la Universidad de Estocolmo (Suecia). celis.jorge@gmail.com

 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies