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Los riesgos de la alternancia educativa durante la pandemia

Escrito por Orlando Acosta
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El Ministerio insiste en reanudar las clases presenciales entre la tercera semana de enero y la primera de febrero. ¿Cuáles son los riesgos, cuáles los criterios que deberían aplicarse, y qué tan bien lo han hecho las autoridades colombianas?

Orlando Acosta*

La alternancia educativa

La COVID-19 ha cobrado más de 2,2 millones de vidas en el mundo. En promedio en Colombia hay 15.000 casos diarios ─aunque ha habido un descenso en los últimos días─, un total de 2.094.884 casos positivos y casi 54.000 muertes hasta ahora.

Aunque las cifras vayan en aumento, el Ministerio de Educación Nacional insiste en que las clases deben empezar entre la tercera semana de enero y la primera de febrero de 2021.

El Ministerio propone empezar clases bajo el modelo de alternancia educativa, es decir sesiones presenciales alternadas con jornadas de trabajo virtual y en casa.

Los daños de cerrar las escuelas

La reclusión en el hogar reduce el ejercicio físico de las niñas y niños y las interacciones sociales formativas con personas de su edad y profesores. A esto se suma que el artículo 44 de la Constitución ampara los derechos fundamentales de las niñas y niños a la vida, la integridad física, la salud y la educación.

El confinamiento puede traer efectos negativos en la salud física y mental de los adultos, niños y adolescentes. Por eso las organizaciones de salud han recomendado actividades para que las madres, los padres y el Estado aseguren el bienestar social, emocional y mental de las niñas y niños durante el confinamiento.

Pero, además:

  • La suspensión de las clases presenciales afecta la economía y los ingresos de muchas madres y padres de familia que deben cuidar a sus hijos y no pueden trabajar desde sus casas.
  • La inasistencia a los colegios puede privar de servicios asistenciales a niños de estratos vulnerables, más todavía porque durante la pandemia algunas autoridades se han desentendido de sus obligaciones.
  • Muchos estudiantes carecen de equipamiento y conectividad a internet, lo cual puede agrandar la brecha educativa.

Conflicto entre derechos

Aunque la educación virtual ha atenuado el impacto del confinamiento, durante esta pandemia se ha hecho evidente el conflicto entre el derecho a la educación y la salud mental de las niñas y niños y el derecho a la vida y la salud física de los mismos estudiantes, sus madres, padres y profesores.

El aumento de contacto en actividades educativas presenciales, que incluyen el transporte, inevitablemente traerá nuevos casos y muertes que se hubieran podido evitar.

Contagio y transmisión entre los niños

Los datos iniciales de varios países sugirieron que los niños prácticamente no padecían COVID-19 ni transmitían el coronavirus. Pero los estudios más recientes muestran que los niños tienen cargas virales en la nasofaringe similares a las de los adultos, y pueden contaminar a otras personas.

La suspensión de las clases presenciales afecta la economía y los ingresos de muchas madres y padres de familia que deben cuidar a sus hijos

En Estados Unidos el número de niños con COVID-19 sigue aumentando. Sin embargo, las tasas de hospitalización de niños son mucho menores que las de adultos.

Un estudio reciente mostró que alrededor del 16% de los niños con COVID-19 es asintomático, aunque hay evidencia de que hasta la mitad de los niños pueden ser asintomáticos y pueden transmitir el virus a los otros niños y a los adultos.

Los niños tienen menor probabilidad de enfermarse gravemente y las tasas de letalidad son muy bajas. En Estados Unidos, hasta el 6 de enero de 2021 habían fallecido 154 menores por COVID-19. En Colombia, hasta noviembre de 2020 habían fallecido 99 según el DANE. La tasa de fallecimientos es cuatro veces mayor que la de Estados Unidos.

¿Cuándo se debería reabrir?

Hay muy distintos ejemplos de reaperturas y cierres de colegios en distintos países y en diferentes momentos.

Los análisis en general sugieren que el nivel de contagio en los colegios está determinado por el nivel de la pandemia en la respectiva comunidad. ¿Cuál es entonces la diferencia en términos de riesgos de contagio entre ir y no ir a la escuela?

La diferencia la produce el punto de partida. La probabilidad de contagiarse aumenta cuando el estudiante o profesor se han expuesto al contagio antes de ingresar a la escuela, por ejemplo, en el sistema de transporte.

Los gobiernos no están en capacidad de garantizar las medidas de bioseguridad recomendadas por la OMS y UNICEF para la reapertura de colegios

Hay riesgos manejables y hay otros prácticamente inmanejables. Hay medidas de bioseguridad que en teoría podrían ser 95% efectivas, pero en la práctica son mucho menos y algunas veces son inefectivas.

En condiciones de pandemia, ¿cuándo es razonable la reapertura presencial de los colegios? Sobre la base de una lista de indicadores de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, se hace una clasificación de la magnitud de los riesgos:

  • El riesgo es bajo si hay 5 o menos casos nuevos diarios por cada 100.000 habitantes durante los últimos 14 días. El riesgo es alto si hay más de 200 casos diarios.
  • Cuando menos del 3% de las pruebas de RT-PCR en la comunidad son positivas durante este mismo periodo, el riesgo es el más bajo. El riesgo es alto cuando la cifra supera el 10%.
  • Otro indicador de riesgo es la ocupación de las camas de las UCI. La ocupación del 90% significa el más alto riesgo; muchos municipios de Colombia superan este nivel máximo.

Bogotá se encuentra en estado de alto riesgo porque apenas está saliendo de semanas muy duras, en las que se han registrado hasta 765 casos por cada 100.000 habitantes. Las pruebas positivas por RT-PCR correspondieron en ese caso al 34,02% según el Observatorio de Salud de Bogotá (SALUDATA).

Foto: Secretaría de Educación Los análisis sugieren que lo más determinante para los niveles de contagio en los colegios es el nivel de la pandemia en la respectiva comunidad.

¿Cómo lo ha hecho el gobierno colombiano?

Independientemente del grado de desarrollo, los países siguen contando el número de muertes. Estos son algunos ejemplos por millón de habitantes: 1.738 (Bélgica), 1.330 (Italia), 1.245 (Reino Unido), 1.185 (Estados Unidos), 1.156 (Perú), 1.056 (Francia), 1.045 (México), 921 (Colombia), 93 (Noruega), 33 (Japón), 23 (corea del Sur), 14 (Cuba), 5 (Singapur), 3 (China).

Estas cifras reflejan sobre todo el acierto o el fracaso de las medidas de prevención y mitigación de la pandemia. Las cifras de Colombia sugieren la laxitud e ineficacia de las medidas tomadas por el gobierno y muchas autoridades municipales.

De las sobreactuadas, bulliciosas y tardías medidas de cuarentena y confinamiento pasamos al “confinamiento inteligente”, después al “sálvese quien pueda” y al “cada uno es responsable de su propia vida”.

El riesgo es bajo si hay 5 o menos casos nuevos diarios por cada 100.000 habitantes durante los últimos 14 días

El gobierno no supo satisfacer las necesidades básicas de la población desempleada en cuarentena y por eso optó por exponerlos al virus. Un hecho agravado por los distintos casos de corrupción.
En diciembre, el gobierno cedió al interés comercial antes que al derecho a la vida y la salud. Las consecuencias están a la vista. Los países que administraron tempranamente con mayor acierto la pandemia hoy tienen economías en mejores condiciones y con menores riesgos para la salud y la vida.

Bogotá no está preparada

En general, ni el gobierno nacional ni los gobiernos locales están en capacidad de garantizar las medidas de bioseguridad recomendadas por la OMS y UNICEF para la reapertura de colegios:

  • mover las clases a espacios al aire libre,
  • mantener instalaciones higiénicas,
  • entrenar sobre la forma de toser, estornudar y distanciarse físicamente,
  • adecuar las instalaciones, que incluyen la bioseguridad de la preparación y distribución de los alimentos,
  • tratar apropiadamente a los estudiantes positivos para evitar el estigma y matoneo,
  • destinar recursos financieros para adecuar los espacios de aislamiento temporal de estudiantes, profesores y empleados administrativos positivos, y para garantizar la detección y seguimiento permanentes de casos positivos.

En Colombia, en algunas escuelas del sector rural no hay ni agua potable

Las preocupaciones de los profesores y padres de familia sobre la alternancia son razonables si consideramos indicadores como el de nuevos casos de COVID-19 por 100.000 habitantes durante los últimos 14 días, el porcentaje de pruebas positivas de RT-PCR o el porcentaje de ocupación en unidades de cuidado intensivo (UCI).

La pandemia está exacerbada no solo en Bogotá, sino en el país. Además, las autoridades no están dispuestas a asumir responsabilidades penales, civiles y disciplinarias por las muertes que puedan ocurrir en la comunidad educativa por el COVID-19.

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