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Educación sexual para niños: más allá de las leyes

Escrito por Francisco Cajiao

El Procurador General Alejandro Ordóñez.

Francisco CajiaoEl procurador y muchas gentes pacatas se oponen a la educación sexual temprana,  pero la vida de mil maneras se ocupa de educar -peor, de maleducar- en la sexualidad a los niños y a las niñas. Mejor reconocerlo que tratar de ignorarlo.    

Francisco Cajiao*

Historia legal

La polémica desatada por el procurador al oponerse a la educación sexual para niños y niñas no es trivial y tampoco puede resolverse mediante leyes o “leguleyadas”.

Un titular de la revista Semana en su edición virtual dijo que “Procurador gana batalla contra cátedra de la sexualidad”. El texto señala que “la Corte Constitucional declaró exequible la norma que impone la clase como obligatoria únicamente en bachillerato y universidades”.

La discusión se refiere a la Ley 1146 de 2007, que estableció como obligatoria la educación sexual para estudiantes de bachillerato y universidad. Un grupo de ciudadanos consideró que la norma era insuficiente y que debía extenderse a preescolar y primaria, de moldo que interpusieron una demanda ante la Corte Constitucional.

Ante esta situación, el procurador reaccionó de manera radical, como suele hacerlo ante cualquier tema que toque la sexualidad humana y afirmó que esto “podría generar, en cambio, consecuencias indeseables, como la curiosidad hacia conductas sexuales que aceleren de manera inconveniente el inicio sexual de los niños, niñas y adolescentes con el ya consabido riesgo de embarazos adolescentes y el contagio de enfermedades de transmisión sexual”.

Por su parte la ministra de Educación, Gina Parody, defendió la inclusión de la educación sexual desde el preescolar. La ministra afirmó que “la Ley General de Educación exige que haya formación en educación sexual en todas las edades, y que esta debe respetarse”. Por eso calificó el pronunciamiento de Ordóñez como un concepto del Medioevo: "Procurador, estamos en el siglo XXI", dijo.

Al final la Corte, con ponencia del magistrado Jorge Pretelt y por una exigua diferencia de 5 a 4, declaró exequible la norma que señala que la clase de educación sexual debe ser obligatoria únicamente en bachillerato y en carreras universitarias.

La escuela infantil surgió en gran parte para proteger a los niños de la perversión del ambiente familiar.

Con esta decisión terminó esta historia legal y ahora los colegios no tendrán educación sexual en preescolar y primaria obligatoriamente, aunque nadie les está prohibiendo que la incluyan como parte de su compromiso ético. No obligar no equivale a prohibir, y ni siquiera a recomendar que no se haga.

El problema de fondo

Jornada de prevención de embarazos adolescentes realizada por el Hospital del Sur.
Jornada de prevención de embarazos adolescentes realizada por el Hospital del Sur.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Es claro que lo sustancial de esta discusión no es el tema legal, sino el deber ético de las instituciones educativas de ofrecer las mejores oportunidades de formación a los seres humanos que se entregan a su saber profesional.

La educación sexual está presente incluso antes del nacimiento. Desde que los padres y familiares conocen si el niño por venir es hombre o mujer se inicia una preparación que incluye la selección del nombre, los colores que se usarán para su primeras prendas de vestir, los juguetes y regalos que irá recibiendo y la forma como las personas más próximas le hablarán con el fin de que el niño o niña vaya construyendo su identidad.

Todo esto hace parte de la educación sexual que se recibe en la familia: cada prenda nueva, el arreglo del pelo, los cuidados corporales, los comportamientos esperados de acuerdo con el género irán componiendo un repertorio muy complejo de actitudes y pensamientos con respecto a la sexualidad.

El procurador y quienes piensan como él tienen la idea de que todo ese conjunto de hábitos y comportamientos se hace correctamente en todas las familias. Lamentablemente, esto no es cierto. En esa primera infancia muchísimos niños y niñas han visto y experimentado las más perversas conductas machistas en su entorno, han construido la imagen de la mujer sumisa que debe ceder a cualquier abuso, o han incorporado la idea de que el que tiene más fuerza y poder puede disponer del cuerpo de otros no solo con fines sexuales sino con propósitos que no tienen en cuenta la fragilidad infantil.

Miles y miles de niños son objetos de abusos durante los primeros cinco años de vida, cuando son más indefensos, y la mayoría de esos casos ocurre en el ámbito familiar.

Tal vez quienes sostienen que la familia es el lugar donde mejor educación se ofrece ignoran que la escuela infantil surgió en gran parte para proteger a los niños de la perversión del ambiente familiar que imperaba en el siglo XVII.

Esto para no hablar del acceso que los niños tienen hoy a una cantidad de información enorme e inmanejable que se difunde a través de los medios digitales. La televisión, las revistas, la prensa y el internet ofrecen toda clase de contenidos sexuales, no solo visualmente, sino en materia de estilos de vida, historias y escándalos de ilustres personajes públicos. ¡Y nadie dice que toda esta información es solo para bachillerato y universidad!

Los niños de primaria comparten direcciones de páginas de pornografía en la red, tienen videos en sus celulares que comparten en los recreos, oyen historias de parientes y vecinos y tienen compañeros que expresan tendencias y comportamientos sexuales muy diversos desde una edad temprana.

Sin duda el argumento del procurador y de quienes piensan como él – aquello de que  una clase de educación sexual puede ser un incentivo para iniciar más pronto las relaciones sexuales- resulta ser bastante ingenuo.

El asunto no es si se recibe o no se recibe educación sexual desde el preescolar. Lo importante es saber que es inevitable recibirla, porque aparte de que el medio donde   vivimos nos inunda de información, ejemplos, estímulos e imágenes constantes, la naturaleza nos mueve a actuar, experimentar y preguntar desde el inicio hasta el final de la vida.

Pero también el silencio es una forma de educación, así como los tabúes, el miedo, la noción de pecado, la culpa, el maltrato, la televisión, las redes sociales, el uniforme del colegio, el maquillaje usado desde la primaria, el You Tube del funcionario y el tío abusivo… ¡y todo educa!

Lo que se debe analizar es si resulta correcto hablar de educación sexual o tendríamos que comenzar a hablar de “re-educación sexual”, como lo propone Guillermo Carvajal, un psicoanalista que lleva más de cuarenta años escuchando a niños y adolescentes.

En una nota que me envió esta semana dice: “todos los niños y menores en general se enteran del mundo de la sexualidad perversa y quedan ahítos de información. Por lo tanto no hay que educarlos, es decir, informarlos, sino oírlos y ver cómo podemos meter basa en las concepciones que sobre ella ya tienen y ayudarlos a romper prejuicios perniciosos hacia el respeto al otro y la inclusión de lo amoroso en lo sexual, para que esta no se conciba sólo como un instrumento de uso y abuso del prójimo”.

El buen camino

Estudiantes participan en la campaña “Bebé piénsalo a lo bien” ofrecido por en Localidad de Fontibón.
Estudiantes participan en la campaña “Bebé piénsalo a lo bien” ofrecido por en
Localidad de Fontibón.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Desde finales de los años noventa el Ministerio de Educación ha venido desarrollando unos lineamientos sobre el tema que orientan a los educadores para realizar con los niños un trabajo que conduzca al cuidado de su cuerpo, al conocimiento de sus capacidades, al respeto de la intimidad, al cuidado de la salud y al desarrollo de la afectividad.

En estos lineamientos la educación sexual se articula con el desarrollo de la ciudadanía, la formación de vínculos y el fortalecimiento de la autonomía, así como con el desarrollo de las competencias emocionales que permiten convivir en paz. Sin embargo nunca pueden eludirse las preguntas de los niños en todos los momentos y en todas las edades.

Desde los primeros años de vida los niños y las niñas deben aprender a convivir en igualdad, deben aprender a respetar los gustos de los otros, sus actividades y sus formas de vestir. Pero también deben aprender a controlar muchos comportamientos con los cuales llegan de sus casas: agresiones, intentos de abuso de los compañeros, vocabulario inapropiado, o uso inadecuado de instrumentos electrónicos. Y tendrán que aprender a proteger su cuerpo de eventuales intrusiones de adultos, desconocidos o compañeros.

La ley no es el problema. El problema es la formación de seres humanos capaces de vivir la vida con plenitud en todos sus aspectos: intelectual, estético, espiritual, social, y también sexual. Por supuesto, también es necesario que esta formación permita que niños, niñas y jóvenes puedan protegerse de las agresiones, especialmente en los primeros años cuando son más frágiles, y manejar su vida sexual de manera que sea el resultado de sus decisiones y no de circunstancias no deseadas.

Ninguna ley, ningún fallo de una Corte judicial o ningún concepto de un funcionario serán capaces de regular la fuerza de gravedad o el ejercicio de la sexualidad. Solamente la educación y el ejercicio de la razón permitieron a la humanidad desprenderse de la tierra y solo ellas permitirán que nuestros niños y niñas sean mejores seres humanos.

 

* Filósofo, magister en Economía. Consultor en educación, ex Secretario de Educación de Bogotá y columnista de El Tiempo.

 

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