Andrés Segura, autor en Razón Pública
Foto: Facebook: Gustavo Petro - Aunque Gustavo Petro obtuvo 2,5 millones de votos más que Rodolfo Hernández, la conversación pública puso al segundo como el ganador de la jornada.

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Los abstencionistas, los que responden ‘no sabe / no responde’ en las encuestas, los frustrados que se resignaron a votar en blanco, y quienes saldrán “de puente” el 19 de junio serán decisivos en las presidenciales.

Andrés Segura*

Romper la ola de opinión

Aunque Gustavo Petro obtuvo 2,5 millones de votos más que Rodolfo Hernández, la conversación pública puso al segundo como el ganador de la jornada. Este fenómeno se debió a la ola de opinión que puso los reflectores sobre Hernández y ayudó a aumentar la intención de voto a su favor durante las tres últimas semanas.

Eso marcó el derrotero de la primera semana de campaña para la segunda vuelta. Las primeras mediciones pusieron a Rodolfo a la cabeza, pues se esperaba que los votos de Federico Gutiérrez se le sumaran espontáneamente. La conclusión se basaba en la idea, subestimada hasta ahora, de “cualquiera menos Petro”.

Pero las olas de opinión son pasajeras, y si alguien tiene que mantenerlas necesita organización. Rodolfo Hernández no la tiene. Eso lo sabe el equipo de campaña de Petro, y por eso desplegó una campaña negativa —similar a una estrategia de Character Assassination— que ha rendido sus frutos.

Incluso, los partidarios de Petro le achacan debilidades a Hernández que pueden atribuírsele a su candidato. Esta estrategia de los seguidores de Petro ya tuvo éxito con Sergio Fajardo, y deja un precedente para cualquiera que sea identificado como opositor.

El trabajo en cuestión ha sido más efectivo debido a que los “esqueletos en el clóset” del candidato de la Liga de Gobernantes Anticorrupción son más de los que se esperaban, más graves para el debate público, y muy fáciles de identificar y poner en la agenda. Esto ha ayudado a dejar en evidencia las falencias en conocimientos y capacidades del candidato.

Hernández no ha sabido responder a esta agenda organizada desde las huestes del Pacto Histórico porque no tiene estructura, un número alto de seguidores leales o equipo que contrarreste esa arremetida. De ahí que las alianzas con líderes políticos y sociales sean esenciales en su campaña. Sólo de esta manera podrá ganar más credibilidad como gobernante. Sin embargo, la primera opción que tenía con el centro se cayó.

Lo que dicen las mediciones

La campaña de Petro está logrando que Rodolfo no recoja todos los votos que potencialmente podía aglutinar y que le daban la ventaja hacia la segunda vuelta.

el Voto en blanco en colombia
En la medición diaria que hace la firma española GAD3 para medios del grupo RCN se identifica un aumento marginal de la intención de voto hacia Petro —dentro del margen de error—. Esta medición es consistente con casi todos los estudios que se han hecho durante la campaña, pues en ninguno Petro logra superar el 45 % (ni siquiera en los escenarios de segunda vuelta que se hicieron semanas atrás).

La campaña de Petro está logrando que Rodolfo no recoja todos los votos que potencialmente podía aglutinar y que le daban la ventaja hacia la segunda vuelta.

Aunque Petro ha disminuido el rechazo a su imagen en los últimos meses, apenas logró consolidar para esta primera vuelta el voto que tuvo en la segunda vuelta del 2018. Un logro nada despreciable.

Por esta razón, evitar el crecimiento de Hernández es crucial. Para los propósitos de Petro es central estimular el voto en blanco, como lo ha hecho hasta el momento. En menos de una semana, el voto en blanco se ha casi duplicado. Esto pone a los dos candidatos ante un empate técnico, y al votante decepcionado, aburrido y resignado como la balanza que desempate. En este grupo se encuentran no solo quienes optaron por el voto en blanco, también a quienes deciden no votar o anular su voto.

el Voto en blanco en colombia

Puede leer: Pragmatismo histórico: los escenarios de la izquierda para la segunda vuelta

Los que no toman partido

Existen tres fenómenos que pueden ayudar a anticipar cómo se comportarían estos votantes decepcionados, aburridos y resignados.

El primero es la tendencia a que menos gente vote en segunda vuelta en comparación con la primera, debido a que hay personas que no ven a su opción original en el tarjetón y no se sienten representados. Esta es una buena noticia para Petro, ya que son menos votos para que Hernández recorte los 2,5 millones de ventaja del primero.

En una campaña donde se resaltan los negativos, es posible que la caída de la participación sea mayor. Además, el fin de semana de elecciones es un puente festivo, y esto induce la abstención de quienes no tienen un candidato.

Los dados parecen estar echados, pero existe la posibilidad de que la diferencia entre los dos candidatos sea menor de 5 % —más o menos un millón de votos—.

el Voto en blanco en colombia
Foto: Facebook: Rodolfo Hernández - Hay una tendencia negativa en la candidatura de Hernández que no es definitiva.
El segundo es que desde 2006 el voto en blanco en segunda vuelta ha aumentado levemente. En 2018 fue alrededor de 4,2 %, una cifra inferior a las que muestran las encuestas de GAD3 —va en 5,8 %—, o la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, que habla de un 12,4 % entre indecisos y votantes en blanco.

Es está dentro de lo esperable que en 2022 el voto en blanco aumente de las elecciones anteriores, pero no de forma extraordinaria. No existe un elemento diferencial que explique un eventual salto significativo, teniendo en cuenta que  estas elecciones se parecen mucho a las de 2018 en términos de opciones de elección atractivas, ambiente tenso y campañas negativas.

Paradójicamente, durante los últimos cuatro años los seguidores de Petro han castigado a los “votiblanquistas” con una especie de chantaje moral de que, en estos  escenarios, “es un deber tomar posición”. Una parte del rechazo hacia Petro resulta de los ataques de sus partidarios, lo cual puede jugarle una mala pasada en las elecciones. Hoy necesitan que no tomen partido en vez de irse con Rodolfo porque “no es Petro”.

El tercer factor es el voto que avergüenza, y existe como respuesta a un debate político con tintes morales. Gran parte de los votantes que hoy anuncian voto en blanco, anular el voto, o no participar, la semana pasada estaban del lado de Hernández. Por eso si ellos deciden votar por alguien, es más probable que lo hagan por el candidato de la Liga de Gobernantes Anticorrupción donde ya hay evidencia de cercanía.

Va a estar apretado

Los escenarios anteriores muestran que:

  • Petro no tiene mucho espacio para mejorar sus números por sí mismo, y
  • Hay una tendencia negativa en la candidatura de Hernández que no es definitiva.

Se puede deducir que la votación de estas campañas se moverá dentro de un margen de un 5% aproximadamente en comparación con las mediciones más recientes, protagonizado por votantes que se debaten entre “tomar partido”, o manifestarse en blanco, anulando o absteniéndose.

Los dados parecen estar echados, pero existe la posibilidad de que la diferencia entre los dos candidatos sea menor de 5 % —más o menos un millón de votos—. Esto pone al país ante la incertidumbre, agravada además por políticos que ponen sobre la mesa el riesgo de fraude, y lo que obliga a plantear escenarios sobre cómo van a reaccionar diferentes fuerzas a resultados de este estilo.

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Andrés Segura

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Andrés Segura

Consultor en asuntos públicos, crisis y comunicación estratégica. Socio de Ennoia
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Foto: Misión Permanente de Colombia en la ONU - A un mes y unos días de la elección presidencial en Colombia el panorama sobre intención de voto se percibe estable, estancado dirían algunos.

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El ambiente político es tenso y los candidatos luchan por convencer al electorado: ¿cuáles son sus estrategias y qué deben hacer para evitar la derrota?

Andrés Segura*

No muchos cambios

La elección presidencial se aproxima y la intención de voto parece ser estable: las campañas de los candidatos no han tenido los efectos deseados, pues ha cambiado poco la intención de voto durante las seis semanas posteriores a las consultas interpartidistas.

Semana financia y publica una encuesta del Centro Nacional de Consultoría en la cual, en su última versión, puede comprobarse el escaso movimiento en la intención de voto. Esta encuesta se produjo tres semanas después del anterior estudio de opinión, y sus resultados sugieren un posible techo en varias candidaturas.

La plataforma Recetas Electorales y la firma Colombia Risk Analysis hicieron un ejercicio estadístico para comparar de manera rigurosa las diferentes encuestas, de forma más frecuente y sopesando los sesgos inevitables de cada medición. En ellas se ve la misma tendencia.

Lento pero seguro

Gustavo Petro aumentó su preferencia entre 5 y 10 puntos (dependiendo de la encuesta que se tome) inmediatamente después de las elecciones legislativas, tal vez gracias a sus excelentes resultados en la consulta y los de su coalición en las parlamentarias. Aun así, ese aumento de la intención de voto en su favor en la primera vuelta es más bien modesto frente a las expectativas.

Pero, hasta ahora, él es el único que registra un aumento, aunque apenas por encima del margen de error. Todavía le queda un trecho para llegar al 40 % y por eso el escenario de ganar en la primera vuelta es lejano.

Los escándalos de las últimas semanas no han afectado su campaña: entre ellos se destacaron la idea del “perdón social” y el riesgo por los procesos judiciales de Piedad Córdoba. Inclusive, ya se habla de que el candidato goza del “efecto teflón”. Con todo esto, la posibilidad de ser víctima del establecimiento tampoco le ha servido para tomar un nuevo impulso.

Agrupando a los de siempre

Federico Gutiérrez tuvo el gran salto después de la consulta, pues logró recoger un gran porcentaje de votantes dispersos antes del 13 de marzo. Así superó la barrera de los 20 puntos, pero desde ese momento no ha convencido a nuevos votantes.

Conviene resaltar que ese rango entre 20 y 25 puntos es muy similar al porcentaje del electorado que en los últimos años se ha declarado como de ‘derecha’. Esto es congruente con su mensaje de consolidar el discurso institucional y conservador, como el apoyo a las fuerzas militares, frente a las críticas de Gustavo Petro.

Gutiérrez también busca capturar votantes de centro con la escogencia de Rodrigo Lara como fórmula vicepresidencial, pero esta estrategia no parece haberle frutos inmediatos. Se puede pensar que el candidato espera una votación suficiente en la primera vuelta para pasar a la segunda y dejar la tarea de crecer para las semanas subsiguientes. Pero para ese momento tal vez sea demasiado tarde.

Los perseguidores

Sergio Fajardo y Rodolfo Hernández se mantienen alrededor del 10 % sin síntomas de crecimiento. El primero habría sido víctima de las disputas dentro de la coalición Centro Esperanza, que debilitaron el mensaje de esperanza como una alternativa al conflicto que significan los candidatos Petro y ‘Fico’. Se ve, inclusive, que el poco crecimiento de Petro ha sido a costa de Fajardo.

Rodolfo Hernández está pagando el precio de abandonar el tablero durante poco menos de un mes, pues no había podido reingresar al debate en las semanas siguientes a la consulta. Aun así, mantiene las cifras previas a las legislativas, lo cual puede ser un buen síntoma, pero no encuentra la fórmula para crecer.

La diferencia amplia entre los dos punteros y los demás candidatos, sumada al antagonismo atractivo para la opinión que promueven las campañas de Petro y Gutiérrez, entre el miedo a una izquierda anacrónica o la venganza hacia una institucionalidad corrupta, hace que el espacio para que avancen Fajardo y Hernández sea muy limitado.

La segunda vuelta

En las encuestas ya se exploran los escenarios posibles en una segunda vuelta, e incluso algunos mensajes de campaña se centran en esta posibilidad, especialmente las que lideran, pues así cierran el imaginario electoral para el votante.

Pero las preguntas sobre intención de voto en la segunda vuelta no son un diagnóstico claro; sucede lo mismo que antes de las consultas, cuando se hacían preguntas sobre la primera vuelta. Aun así, estas preguntas dan señales acerca de las tendencias generales del voto. La última del Centro Nacional de Consultoría ofrece insumos adicionales para este análisis, al preguntar sobre posibles migraciones de votos de los candidatos.

Los estudios de opinión desafortunadamente no han medido bien los efectos de los candidatos a la vicepresidencia, ya que normalmente tienen un papel secundario en las campañas.

Llama la atención que las cifras de Petro en segunda vuelta no varían dependiendo de quién sea su rival. Esto querría decir que el candidato ya alcanzó su techo de crecimiento, algo que también explicaría su lento crecimiento a partir de las consultas. Esta idea alimenta el temor en su campaña de que se repita el escenario de 2018 en segunda vuelta y se consolide el “miedo” a Petro.

Gutiérrez es el más cercano a Petro en los números en una eventual segunda vuelta. Pero al mismo tiempo es el candidato que menos votos recogería entre los votantes de los demás candidatos. Eso lo deja en una posición vulnerable: buscar repetir la fórmula de Duque (los votos contra la izquierda, o Petro), pero sostenido por la imagen negativa del gobierno que termina representando, quiéralo o no.

Fajardo es el candidato que más votos recogería en segunda vuelta, pero se percibe inviable ante la escasa baja votación que recibió en la consulta y la poca reacción en las encuestas. Ahora tiene una disyuntiva: ¿quiere recuperar los votos que disputa con Petro o va por los de Fico que no está creciendo? Esa es una decisión clave, y muy difícil de tomar, que definirá el norte de su campaña en el mes que queda.

Finalmente está Hernández, quien tendría que meterse en el juego, ampliar su escenario cómodo de redes sociales y perseguir la confrontación, que es la línea que le ha funcionado. El problema es saber a quién o contra qué confrontar en un escenario polarizado; su ventaja es su afinidad con la polémica.

las encuestas en elecciones 2022
Foto: Registraduría Nacional - Las encuestas ya están preguntando sobre posibles escenarios de segunda vuelta, e incluso, los mensajes de varias campañas se cierran a ello.

Puede leer: Análisis electoral: ¿fallan las encuestas o los periodistas?

Los vicepresidentes

Los estudios de opinión desafortunadamente no han medido bien los efectos de los candidatos a la vicepresidencia, ya que normalmente tienen un papel secundario en las campañas.

Pero con esto dejan de lado el análisis del fenómeno de Francia Márquez, quien ha renovado el debate electoral colombiano, algo que confirma la ventaja abrumadora que les lleva a sus rivales en la encuesta del Centro Nacional de Consultoría. Su presencia es un síntoma de que nuevos actores, lenguajes y representaciones llegaron para quedarse en la política colombiana.

Entender cómo ella irrumpió en la conversación política, representando a los ‘excluidos’ (los nadie) y proponiendo nuevas agendas y formatos son puntos que merecen estudiarse, pero que muchos desconocen tanto desde la academia como desde sus contrincantes. Ella le dio un impulso a la campaña de Petro (con muchas dificultades durante el proceso); hay que ver si alguno de los otros candidatos podrá simular, al menos en parte, ese fenómeno.

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Andrés Segura

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Andrés Segura

Consultor en asuntos públicos, crisis y comunicación estratégica. Socio de Ennoia
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Foto: Twitter: Andrés Hernández - Gran encuesta 2022.

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Analizar las elecciones leyendo exclusivamente datos de las mediciones de opinión es incompleto y lleva ineludiblemente a la confusión, pero hacerlo sin tener en cuenta este tipo de información es comparable a leer el tarot.

Andrés Segura*

Las cifras no hablan solas

La semana pasada, YanHass S.A. reveló los resultados de La Gran Encuesta realizada para RCN Televisión sobre las elecciones presidenciales de 2022, donde Gustavo Petro vuelve a aparecer como el más probable ganador. Por eso —y en todo caso— es conveniente revisar el alcance y los usos o malos usos de las encuestas electorales con algún detenimiento.

Ya en su clásico de 1954, Cómo Mentir con estadísticas, explicaba Darrell Huff cómo el analista de los datos (o “la data”, como se tiene que decir en estos días) tiene un papel fundamental en las conclusiones que se extraen de las encuestas. La lectura de cualquier documento que se basa en información cuantitativa es tan importante como su producción. El contexto, las correlaciones y variables no medidas son fundamentales para enmarcar los resultados.

Encuestas: ¿demasiadas y demasiado tempranas?

Una de las novedades más notables en las elecciones de este año ha sido la abundancia de mediciones de opinión publicadas antes del comienzo oficial de las campañas presidenciales. Esto ha convertido las encuestas en una gran fuente de noticias sobre el proceso electoral y —además— en una herramienta efectiva para la propaganda política.

La cantidad de encuestas publicadas alimenta la sensación de que el mundo político ya está en modo electoral, pero no garantiza que la ciudadanía realmente esté pensando en las elecciones o haya tomado posición sobre los candidatos.

El momento decisivo

Normalmente, los resultados acerca de intención de voto en las encuestas realizadas con varios meses de anticipación tienen una relación mayor con los grados de reconocimiento y favorabilidad de los candidatos que con una postura clara sobre las preferencias en las urnas; solo a medida que avanza el proceso y el panorama se organiza es posible percibir con claridad cuáles son las fuerzas en contienda.

¿Cuándo ocurre ese momento? Esa es una de las preguntas más difíciles que existe en el análisis y la consultoría electoral. Aun así, la experiencia de las últimas presidenciales en Colombia muestra que las elecciones legislativas son un momento clave. Por ejemplo,

  • En 2010, antes de la consulta entre Mockus, Peñalosa y Garzón, nadie podía imaginar el salto del Partido Verde unas semanas después —a lo cual ayudó la posterior adhesión de Fajardo—.
  • En 2014, la reelección de Juan Manuel Santos parecía asegurada hasta que los resultados del Centro Democrático en las parlamentarias le dieron un gran impulso a la candidatura de Óscar Iván Zuluaga. Algo similar sucedió en 2018, cuando Iván Duque logró un salto extraordinario después de las elecciones legislativas. En estos dos casos, la figura de Álvaro Uribe fue fundamental para entender estos saltos.

¿Estabilidad o calma chicha?

En 2022, los últimos estudios de opinión están mostrando un panorama más o menos estable y con movimientos fácilmente identificables.

En 2018, en comparación, se encontraban mediciones donde Gustavo Petro encabezaba la intención de voto con cifras similares a las que registra este año. En otras, Sergio Fajardo tomaba la delantera, e incluso Germán Vargas Lleras tuvo su momento fulgurante.

Dado que el panorama se mantiene similar entre las encuestas y no se han presentado saltos importantes —a excepción del caso de Rodolfo Hernández—, surge la pregunta sobre si la ciudadanía ya entró en modo electoral —que justifique esa relativa estabilidad en las mediciones— o si las elecciones legislativas, especialmente las consultas interpartidistas, volverán a tener un papel clave para reorganizar el panorama.

Las últimas mediciones

Entre la última semana de enero y la fecha de publicación de este artículo, han sido publicadas dos encuestas, una de Yanhass y otra del Centro Nacional de Consultoría (CNC). Al revisar sus resultados, es pertinente hacer una lectura desde la perspectiva de si ya estamos en modo electoral.

Los candidatos que ya se sabe que llegarán a primera vuelta tienen posiciones privilegiadas. No solo Gustavo Petro, que seguramente ganará su consulta, sino Rodolfo Hernández quien ha logrado consolidar un apoyo importante con su campaña disruptiva, y Óscar Iván Zuluaga quien entre el grupo de candidatos relegados tiene una posición destacada a pesar de las diferencias dentro de su partido y la poca presencia en la esfera de opinión.

Los demás candidatos parecen tener una intención de voto diluida. Seguramente, después del 13 de marzo, muchos de esos apoyos se sumarán —no necesariamente de forma directa— alrededor de los dos ganadores de las consultas entre los diez candidatos que se encuentran en ese abanico.

Ese cambio esperable aumentará la confusión de la ciudadanía porque entonces se reducirán las diferencias de favorabilidad entre los candidatos, algo que no se ve en las mediciones anteriores.

Esta será una consecuencia directa de la insistencia de las encuestadoras y los medios de comunicación que las financian puesto que miden, equivocadamente, a todos los candidatos y precandidatos en un único paquete antes de las consultas interpartidistas.

las encuestas electorales 2022 en colombia
Foto: Twitter: Elecciones Colombia 2022 - El liderazgo de Gustavo Petro es claro, pero lleva varias mediciones donde los cambios se quedan dentro (o muy cerca) del margen de error.

Le recomendamos: Las consultas de marzo: una muy mala idea

Las campañas de hoy

El liderazgo de Gustavo Petro es claro, pero lleva varias mediciones donde los cambios se quedan dentro, o muy cerca, del margen de error, lo cual sugiere que no le sería fácil resultar elegido en la primera vuelta. Se espera que sus buenos resultados en las legislativas sean el motor para despegar después de marzo, lo cual le abriría la puerta para seguir acumulando apoyos con bancadas tradicionales.

Por los lados de la Coalición Centro Esperanza, Sergio Fajardo sigue teniendo una ventaja fundamentada en la recordación por las elecciones de hace cuatro años. Aun así, Juan Manuel Galán acorta distancia aprovechando que su campaña ahora es doble con la de la lista al Senado y que, hasta el momento, le brinda mucha resonancia, pero pocos votos.

El caso de Alejandro Gaviria es extraño. En las mediciones formales se mantiene estancado en el fondo de las intenciones de voto, pero en plataformas digitales hay muestras de que está despegando. Ponderar datos con diferentes procedencias, como en este caso, es uno de los retos de las firmas que hacemos análisis de opinión.

Las consultas interpartidistas tendrán lugar el mismo día que las legislativas, de manera que las “maquinarias” o los cuadros políticos tendrán un peso relativamente grande en relación con los factores de opinión. Eso explicaría las alianzas que ha venido sumando Gaviria con políticos tradicionales.

Las opciones de Voto en Blanco y No sabe/No responde siguen altísimas en todas las mediciones. Ese podría ser un indicador de que la ciudadanía aún no está en modo electoral.

En el Equipo por Colombia es claro que la discusión está entre Alejandro Char y Federico Gutiérrez. Será una lucha entre la maquinaria propia del grupo de la familia barranquillera versus una maquinaria de derecha de varias vertientes —en gran medida el Centro Democrático que busca un candidato mejor posicionado para la primera vuelta—. La balanza puede desnivelarse no por qué tanto puedan sumar, sino qué tanto se van a dejar quitar de Enrique Peñalosa y David Barguil.

Rodolfo Hernández es el único candidato que muestra cambios significativos. Al comparar las cifras de reconocimiento, favorabilidad e intención de voto se percibe un potencial de causar una ola de opinión más grande, pero apenas una ola porque no tiene elementos para consolidar ese voto. Por esa razón, el timing en su campaña será clave. Sin embargo, es vulnerable dado que, después de marzo, habrá gallos que le podrán quitar el terreno ganado.

Óscar Iván Zuluaga se destaca entre los pequeños, pero al no participar en una consulta pierde la opción de tener un turbo en su campaña. Eso lo pone en una posición muy complicada porque, con las cifras actuales, está lejos de llegar a mayo en una posición competitiva.

Ingrid Betancourt tuvo un salto destacable en apenas uno de los escenarios que planteó la encuesta del CNC, y eso fue suficiente para que varios titulares en medios se enfocaran en ese aspecto que no es concluyente. Esa medición se hizo cuando todos los reflectores estaban sobre ella. Únicamente se sabrá si fue recordación o su polémica la que le trajo réditos en una próxima medición.

Y no puede olvidarse un punto muy importante, tal vez el que merece mayor atención. Las opciones de Voto en Blanco y No sabe/No responde siguen altísimas en todas las mediciones. Ese podría ser un indicador de que la ciudadanía aún no está en modo electoral.

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Foto: Revistas UNAL - El estado de ánimo de América Latina es débil.

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Los resultados de la encuesta de Latinobarómetro muestran que el pesimismo de la población sobre la democracia ha persistido después de la pandemia. Colombia debe poner mayor atención a esta tendencia.

Andrés Segura*

Pesimismo en el aire

El pesimismo es el estado de ánimo de América Latina.

La prensa habla de otra década perdida y aumenta el descontento de los habitantes con la democracia y sus instituciones. Los cambios socioeconómicos son negativos o son insuficientes, y es demasiado el cansancio frente a las élites.

Desde hace un cuarto de siglo, la Corporación Latinobarómetro mide el estado de ánimo de la ciudadanía latinoamericana y su percepción sobre sus democracias. Para el informe 2020-2021 se llevó a cabo una encuesta en 17 países en medio de la reactivación y la incertidumbre sobre el futuro después de un año tan atípico.

“Los resultados muestran que no hay ilusión, no se ha disipado el malestar anterior, sino que parece reafirmarse la decisión de no ceder en la demanda de una vida mejor. En este escenario, todas las demandas se vuelven más inelásticas”, concluye el informe.

Este hecho confirma que el pesimismo, el desasosiego y la desconexión de los latinoamericanos con sus sistemas políticos son hechos arraigados y que los lideres no logran contrarrestar esta tendencia.

No puede dejarse de lado el hecho de que este estudio se hizo semanas después de haber sido levantados los confinamientos debidos a la pandemia. El pesimismo en las respuestas era previsible, debido a las debilidades de las diferentes instituciones para atender la pandemia.

A grandes rasgos, los resultados no trajeron cambios significativos en comparación con las encuestas anteriores; las tendencias se consolidaron, en la mayoría de los casos negativas.

Este hecho confirma que el pesimismo, el desasosiego y la desconexión de los latinoamericanos con sus sistemas políticos son hechos arraigados y que los lideres no logran contrarrestar esta tendencia.

Foto: Flickr - La mala imagen del sistema democrático en América Latina también se refleja en la débil confianza en sus instituciones.

Puede leer: Las ocho condiciones para decir que hay democracia

La democracia en la región

La indignación no conduce directamente hacia un rechazo del sistema democrático, como podría suponerse, ni tampoco hacia una preferencia por los modelos autoritarios. Pero sí alimenta una indiferencia creciente frente al tipo de régimen que refleja la desconexión entre los ciudadanos y las instituciones políticas, lo cual puede considerarse como un escenario peor.

A mayor edad hay más cercanía hacia los regímenes democráticos, a menor edad, más cercanía al autoritarismo y la indiferencia.

Varios pensadores abordaron este sentimiento en las últimas dos décadas y lo relacionaron directamente con las manifestaciones sociales que se presentaron alrededor del mundo. Las protestas en Latinoamérica serían un reflejo más de este sentimiento.
Los rasgos más interesantes entre los encuestados son la edad y el acceso a la educación: a mayor edad hay más cercanía hacia los regímenes democráticos, a menor edad, más cercanía al autoritarismo y la indiferencia.

La democracia tiene mayor aceptación entre las personas con más educación y la indiferencia tiene más presencia entre quienes apenas tienen educación básica. Por otro lado, parece que el autoritarismo no cambia según la educación.

¿La democracia para qué?

La mala imagen del sistema democrático en América Latina también se refleja en la escasa confianza en sus instituciones.

Las personas perciben que los encargados de responder a sus demandas y gestionar las relaciones entre las diferentes entidades no cumplen con su labor. Además, en el imaginario de la región prevalece la idea de que se gobierna para unos pocos.

Esta percepción trasciende los límites del sector público y llega hasta las instituciones privadas y sociales.

Puesto que las mediciones no presentan cambios significativos respecto de encuestas anteriores, parece que las manifestaciones y protestas se sustentan en esta insatisfacción arraigada que causa la percepción negativa, y no en elementos coyunturales como algunos líderes intentan plantear.

Igualmente, la lentitud y falta de adaptación para responder a los desafíos que traen los cambios sociales y económicos (en ocasiones empujados por las nuevas tendencias digitales) agravan la desconfianza frente al sistema.

Los problemas de la sociedad quedan sin solución y así se ahonda la brecha social. Paradójicamente, entre más se habla de innovación pública, menos se innova.

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Colombia frente a la región

En los últimos años, el caso colombiano resalta respecto del apoyo a la democracia, pues el país registra una de las caídas más significativas entre 2018 y 2020: de un 54 % pasó a un 43 %, por debajo del promedio regional. Este indicador muestra el efecto de la débil respuesta del gobierno a las demandas ciudadanas, efecto que también se refleja en las protestas entre 2019 y 2021.

En casi todos los indicadores el país esta por debajo del promedio regional. Esto corrobora el mal momento del estado de ánimo de los colombianos, condición que seguramente será decisiva para las elecciones de 2022.

Desde hace tiempo se alerta sobre la tendencia ‘antiestablecimiento’. Varios países del hemisferio muestran las consecuencias y los peligros de este fenómeno. El informe parece confirmar los temores.

Algunos plantean que la situación actual aumentará las preferencias por propuestas de “mano dura”, como consecuencia de la debilidad de las instituciones, pero el estudio parece desmentir esta idea al no mostrar una diferencia marcada en la región frente a mediciones anteriores en las preguntas que puedan sugerir esta preferencia.

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Foto: Elaboración Propia - Nadie quedó bien parado en la encuesta Invamer.

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Andres Segura

Los resultados muestran que los colombianos mantienen una opinión negativa de las instituciones y los gobernantes. La mayoría siente que las cosas están lejos de mejorar. ¿Qué detalles se pueden extraer de estos resultados?

Andrés Segura*

Desconfianza y desesperanza

La semana pasada fueron publicados los resultados de Invamer Poll, la encuesta que desde hace más de dos décadas describe la percepción de los colombianos sobre el gobierno, las instituciones, las autoridades locales y los principales líderes del país.

Aunque la muestra incluye apenas cinco ciudades, se trata de la medición más confiable, sostenida y reconocida de la opinión pública en Colombia.

Desde la medición de octubre de 2020 esta encuesta se presenta bajo la marca Invamer después de más de dos décadas de hacerlo con la etiqueta Gallup. Vale la pena recalcar que es diferente a la llamada “Colombia Opina”, también desarrollada por Invamer.

Los resultados confirman las tendencias de mediciones anteriores: los ciudadanos creen que las cosas en Colombia están empeorando y cada vez sienten más desconfianza hacia las instituciones, los gobernantes y la democracia en general. Esto es preocupante porque podría facilitar la llegada de líderes demagogos, populistas e inclusive autoritarios en las elecciones de 2022.

La última vez que hubo un panorama similar, los colombianos escogieron un régimen de “mano dura”, lo cual abre la posibilidad de que las elecciones del próximo año se conviertan en un debate alrededor de opciones que representen un gobierno “fuerte” y uno “débil” en contraste con las posibles competencias entre el “institucionalismo” y el “antiestablecimiento” o “derecha” vs. “izquierda”.

¿Es la economía?

A la pregunta “¿Cuál es el principal problema que tiene Colombia en estos momentos?”, los colombianos contestaron, en su orden: corrupción; desempleo y economía; otros, seguridad y orden público. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en otras administraciones, ningún problema sobresale, sino que todos están bastante “parejos”.

El componente económico tiene un comportamiento interesante: alcanzó sus picos negativos en mayo de este año, durante el paro nacional, y desde entonces ha tenido una mejoría constante (aunque insuficiente), lo cual muestra que las decisiones sí han tenido un efecto positivo en la opinión pública.
Pero esa mejoría no se ha visto reflejada en aprobar la gestión del presidente. Dado que se trata de un malestar generalizado, el gobierno tendría que mejorar su imagen en distintas materias y no apenas en un determinado asunto. Hoy no se trata ya de una sola carta ganadora.

Por otra parte, vale la pena resaltar el salto positivo que tuvo la imagen de los empresarios en el mismo periodo, quienes pasaron de tener una favorabilidad del 48% en mayo a una de 62% en agosto. Parece ser que ellos se están llevando el crédito de la recuperación económica, un dato fundamental para los candidatos presidenciales.

Foto: PxFuel - Los medios de comunicación siguen sin conquistar a la ciudadanía y cada vez se alejan más de la época dorada en la que eran percibidos como el “contrapoder”.

Puede leer: Análisis electoral: ¿fallan las encuestas o fallan los periodistas?

Seguridad y medio ambiente buscan el reflector

Mientras que la gran mayoría de temas consultados se mantienen dentro de los rangos de mediciones anteriores, los temas de seguridad y medio ambiente tienen cambios importantes. Al principio de la pandemia tuvieron un aumento considerable en su favorabilidad, a causa de la coyuntura especial que vivía el país. Sin embargo, ha venido en descenso, regresando a los niveles previos a la llegada del Covid-19.

Estos movimientos riñen con la estabilidad en los números del resto de asuntos medidos, lo que significa que ambos temas han logrado atraer la atención de los ciudadanos, otro dato fundamental para los candidatos. Vale resaltar que en los dos casos se está llegando a los máximos históricos de desprestigio.

Justamente ahora que la seguridad es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, las instituciones que luchan contra la delincuencia están en su peor momento.

Durante el actual gobierno la favorabilidad de las Fuerzas Militares ha caído 20 puntos porcentuales y la de la Policía se mantiene en la tendencia más baja hasta ahora. Este dato es sumamente preocupante, pues la confianza en estas instituciones es fundamental para que tengan éxito las medidas de seguridad.

Se trata, además, de un muy mal síntoma para la administración Duque, cuya bandera principal era la seguridad. Esta situación crea un escenario que facilita la promoción de reformas importantes que permitan recobrar la confianza de la ciudadanía.

Credibilidad refundida: Medios de comunicación y redes sociales

De igual manera, los medios de comunicación siguen sin conquistar a la ciudadanía y cada vez se alejan más de la época dorada cuando eran percibidos como el “contrapoder”. Actualmente, dos de cada tres personas tienen una imagen desfavorable de los medios, lo cual reafirma que la crisis del país no solo es económica, sino de credibilidad. Tal vez si las cabezas de los medios reconocen que las dos crisis van de la mano logren encontrar una salida.

Mientras tanto las redes sociales mantienen su favorabilidad en un rango estrecho de 40 a 50 puntos porcentuales, una opinión que se puede describir como ‘dividida’. Sin embargo, en las últimas tres mediciones, precisamente las posteriores a las protestas de mayo, la opinión positiva ha aumentado, dato que no se puede dejar de lado.

Se vive, pero no se siente: Colombia cada vez es más progresista

Los resultados también ratifican que Colombia cada vez es más progresista, aunque muchos crean lo contrario. Por ejemplo, en diez años el apoyo al matrimonio civil entre parejas homosexuales aumentó más de 20 puntos porcentuales y en apenas cinco años la aprobación de menores por parejas del mismo sexo aumentó casi 20 puntos.

La legalización de las drogas también cuenta con más simpatizantes, pero no ha reportado cambios tan grandes, probablemente por la difícil relación que el país ha tenido con el narcotráfico.

Mientras la idea de legalizar las drogas en Colombia es compartida por una de cada tres personas —cifra que apenas amentó un poco más de 10 puntos en diez años—, el apoyo a la venta de cannabis recreativo se encuentra por encima del 40%.

Varios candidatos presidenciales quieran traer estos temas a la discusión pública, lo cual invita a hacer un seguimiento constante de la percepción ciudadana sobre ellos, porque se trata de asuntos donde muchos se quedan en lugares comunes.

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Andrés Segura

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Andrés Segura

Consultor en asuntos públicos, crisis y comunicación estratégica. Socio de Ennoia
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foto: Diarios Inciertos Los colombianos opinan

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Los resultados de las encuestas Invamer durante el paro nacional dicen cosas importantes sobre el estado de la opinión y las tendencias que puedan esperarnos. “Las revoluciones suceden cuando ya se han dado”.

Andrés Segura*

Nuevas realidades, nuevas metodologías

La semana pasada se publicó la encuesta Invamer Poll (antes conocida como Gallup Poll), que lleva más de 27 años siguiendo la percepción de los colombianos acerca de temas generales de interés para el país.
Pero esta vez resulta inevitable leer los resultados de la encuesta a la luz del paro nacional que ya cumplió un mes y que supera en duración e intensidad a las protestas sociales anteriores.
Esta edición de la encuesta incluyó un ajuste metodológico para considerar el efecto de las protestas. Ya se habían presentado los resultados de finales de abril, siguiendo la frecuencia bimestral de sus reportes; pero, en la primera quincena de mayo, también hicieron dos mediciones adicionales sobre algunas preguntas.

Sin grandes cambios

Contra lo que podría pensarse, las cifras de esta encuesta muestran cambios significativos en unos pocos ítems: contradicen la intuición de que estos procesos sociales cambian profundamente la percepción ciudadana.

En contraste con lo anterior y por ejemplo, el paro agrario de 2013 marcó un antes y un después en la popularidad del gobierno Santos.
Por supuesto será necesario revisar la siguiente medición, que se espera para finales de junio o principios de julio; la nueva encuesta permitirá corroborar cualquier tendencia que se haya detectado durante estas semanas.

Del pesimismo al optimismo

Desde 2013, los encuestados creen que Colombia está empeorando. Las cifras habían aumentado hasta llegar al punto más alto a comienzos de la protesta (90 %). Esta encuesta arrojo un resultado similar a las últimas que se habían hecho bajo el actual gobierno (81 %). Esto hecho merece mucha atención.
Aun así, en la medición entre mediados y finales de mayo, es notable el aumento en el número de quienes creen que el país está mejorando: del 3 % al 14 %. Este hallazgo se registra de manera similar en las cinco ciudades medidas.
Habría dos interpretaciones posibles de este hallazgo que puede parecer inesperado:

  • con la caída de las reformas tributaria y de salud a causa de las protestas, se siente que estas manifestaciones pueden traer cambios positivos;
  • se percibe que los hechos violentos de las primeras semanas de protesta se redujeron y que estamos volviendo a la normalidad.

Actitudes frente al paro

En cuanto a las actitudes frente al paro hay que decir que el 89 % de la gente apoya las manifestaciones y el 79 % reconoce su naturaleza ciudadana; pero el 95 % rechaza la violencia y el vandalismo en las protestas. Este hecho representa un reto para los líderes políticos, que deben ofrecer soluciones complejas o donde se recojan esas dos perspectivas.

Desafortunadamente, los discursos que más resuenan en el debate público se enfocan en uno solo de los extremos. Veamos:

Puede leer: Duque y la confusión en medio de las protestas

Las grandes preocupaciones

Desde las mediciones de 2020, la corrupción y la economía sobresalen como temas que más preocupan a los ciudadanos. Así se marca distancia con la seguridad, que históricamente tenía un papel más protagónico.
Lo anterior indica que la percepción acerca de estos dos elementos va de la mano con el descontento actual: no pueden analizarse como preocupaciones separadas.
Las protestas comienzan con la corrupción como el principal motivo de descontento, lo cual se relaciona directamente con el rechazo hacia la gran mayoría de instituciones y personajes que están en la política. Claramente, esto influyó en el éxito de la convocatoria ciudadana de las protestas.

El 89 % de la gente apoya las manifestaciones y el 79 % reconoce su naturaleza ciudadana; pero el 95 % rechaza la violencia y el vandalismo en las protestas

Así mismo, los indicadores de estado de ánimo en temas económicos son tradicionalmente pesimistas; son los que tienen peores resultados entre todos los asuntos consultados.
Entre las tres mediciones que se hicieron para este último informe de Gallup transcurrieron de tres a cuatro semanas. Durante ese lapso, el orden de prioridad se invirtió: la corrupción fue la principal preocupación al comienzo de las protestas, pero al final de las protestas, fue la economía.
Los bloqueos y el desabastecimiento que producen han afectado la vida cotidiana, los empleos y —claro está — los ingresos. Por eso en la última medición la economía ocupa el primer lugar. Es lo que enseña la gráfica siguiente:

Foto: Alcaldía de Bogotá La pandemia situó a la pobreza y a la falta de oportunidades en los primeros lugares de las preocupaciones de la gente.

Puede leer: El gobierno de Duque y las encuestas: como la espuma y la cerveza

Ganadores y perdedores

La opinión favorable sobre los empresarios aumentó un 12 % durante las protestas. Esto puede explicarse por la conmiseración con las dificultades que han sufrido. Es una oportunidad inesperada para que los empresarios asuman mayor protagonismo en la reactivación económica y para que propongan soluciones a los problemas de Colombia.

Además de este cambio en la imagen de la clase empresarial, se constatan pocas diferencias en la favorabilidad de personajes o instituciones. Con respecto a los liderazgos nacionales, se confirmaron tendencias que ya existían.
Por ejemplo, justo antes de las protestas, la gestión del presidente Duque tenía un 21 % de aprobación: hasta entonces, su porcentaje más bajo. Con las protestas, bajó a 17 % y 18 % en las dos mediciones siguientes, respectivamente.
Hubo otras caídas significativas en favorabilidad durante este periodo:

  • la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez (de 26 % a 22 %);
  • Álvaro Uribe (de 30 % a 20 %);
  • Germán Vargas Lleras (de 30 % a 18 %).

Son los porcentajes de favorabilidad más bajos que se hayan registrado para estas tres personas. Para Ramírez y Uribe, se acentúa la tendencia negativa de los últimos meses.
La favorabilidad de los demás líderes nacionales incluidos en la encuesta se mantiene dentro del margen de error: su participación no ha sido relevante en la crisis actual. Este es otro síntoma de la dificultad de encontrar caminos para aprovechar esta situación y, así, ganar mayor reconocimiento o apoyo en un escenario casi preelectoral.
Que haya pocos cambios de opinión también indicaría que las estrategias de esos presuntos líderes (si es que han tenido alguna) no están teniendo el efecto esperado, o que las posiciones de la ciudadanía frente a ellos o ellas están muy cimentadas, de modo que se necesitarían esfuerzos especiales para modificarlas.

Justo antes de las protestas, la gestión del presidente Duque tenía un 21 % de aprobación: hasta entonces, su porcentaje más bajo. Con las protestas, bajó a 17 % y 18 % en las dos mediciones siguientes

En el caso de las instituciones, hay que resaltar el caso de la fuerza pública: pese a que estuvieron tan expuestos ante el público durante estas protestas, mantienen las tendencias que traían desde mediciones anteriores (entre 60 % y 58 % para las fuerzas militares y entre 43 % y 40 % para la Policía).
Esta situación ha reafirmado apoyos y rechazos previos. Por lo tanto, puede pensarse que su imagen en este momento no se relaciona con su gestión, sino con la percepción del papel que deberían tener en la democracia.
Los sindicatos y la JEP han sabido sacar provecho de las manifestaciones. En relación con los primeros, se ha reconocido el Comité del Paro y las convocatorias que ha encabezado; esto ha mejorado su imagen (de 43 % a 52 %). En relación con la JEP, su imagen mejoró del 27 % al 47 %: es símbolo de los avances que nacieron de los diálogos con las extintas FARC

Los síntomas que se dejan pasar

Normalmente, los “grandes acontecimientos” —como suponemos que es o puede llegar a ser esta manifestación— son más consecuencias que causas.
Esta lectura que ofrece la encuesta Invamer Poll señala elementos que explican buena parte de la situación actual. Es muy sencillo predecir desde el futuro. Aun así se observan algunos signos de cuáles caminos podría tomar Colombia.
Alguien, hace varios años ya, me compartió una cita cuyo autor no recuerdo: “Las revoluciones solo suceden cuando ya se han dado”. Es indispensable tomar algo de distancia (y de aire) para observar desde una perspectiva amplia los acontecimientos y no sucumbir bajo el peso de los hechos.

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Andres SeguraEs común decir que las encuestas se “descachan” en las elecciones. Sin embargo, esta percepción viene de un mal uso de ellas. No se trata de predicciones de lo que va a pasar sino de diagnósticos que ayudan a entender el proceso electoral.

Andrés Segura*

Continue reading «Análisis electoral: ¿Fallan las encuestas o fallan los periodistas?»

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Andres SeguraQué dicen las encuestas más recientes sobre el presidente que recibió el mayor número de votos en la historia, sobre su equipo y sobre sus actuaciones en tres meses y medio de gobierno*.

Andrés Segura**

Continue reading «El gobierno Duque y las encuestas: entre la espuma y la cerveza»

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Andres SeguraEn esta época de encuestas abundantes, resultados inestables y disputas ideológicas es importante recordar para qué sirven -y para qué no sirven- estas mediciones, cómo se deben -y como no se deben – recolectar, procesar, interpretar y difundir sus resultados.

Andrés Felipe Segura*

Continue reading «En defensa de las encuestas»

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