Proyectos energéticos colombo-venezolanos, analogías eurasiáticas - Razón Pública
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Proyectos energéticos colombo-venezolanos, analogías eurasiáticas

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Laszlo PalotasEl acercamiento entre ambos gobiernos está propiciando la cooperación en el campo energético: se vislumbran posibilidades muy atractivas para proyectos conjuntos como la construcción y la operación de un oleo-gasoducto que permita exportar crudo y gas de Venezuela a China, pasando por Colombia, y dando de paso acceso a ECOPETROL a las reservas de Venezuela.

Laszlo Palotas*

El anuncio

Según Caracas, en la última cumbre colombo-venezolana, los ministerios responsables de hidrocarburos quedaron en elaborar un cronograma para comenzar a estructurar proyectos conjuntos de las petroleras nacionales de ambos países durante los próximos tres meses, o sea, hasta la próxima reunión presidencial. 

Estos proyectos conjuntos de la Empresa Colombiana de Petróleos (ECOPETROL) y Petróleos de Venezuela (PDVSA) son: (a) construir un oleoducto-poliducto de la Franja Petrolífera del Orinoco (FPO) al Pacífico colombiano para exportar a China; (b) dar participación a ECOPETROL en exploración-producción en la FPO y otras dos zonas petroleras de Venezuela; (c) extender el gasoducto Transguajiro (Ballena-Maracaibo) a Panamá y Ecuador, tras la reversión de su flujo. 

Sobre los proyectos hay poca información. ¿Qué ruta se escogería para el oleoducto? ¿O poliducto? ¿Quién construiría el largo tramo colombiano hasta la Costa Pacífica? ¿Estatales chinas en concesión? ¿O PDVSA, como el corto tramo colombiano del Transguajiro? ¿O algún consorcio? ¿Qué control tendría ECOPETROL sobre el oleo-poliducto? ¿Cuál sería la participación de PDVSA? Así mismo, abundan las preguntas respecto a los demás proyectos. 

Ganancias de lado y lado

Lo que está claro, es que se plantea un paquete de proyectos conjuntos. En esencia, Venezuela (PDVSA) ha ofrecido a Colombia (ECOPETROL) acceso a sus reservas a cambio de la construcción de un oleoducto FPO-Pacífico en territorio colombiano. La interdependencia que surgiría entre las dos petroleras y sus Estados accionistas, aumentaría con las extensiones del Transguajiro. Colombia se convertiría en país de tránsito para el petróleo y el futuro gas de Venezuela. 

Al mismo tiempo, el oleo-poliducto involucraría a Colombia -al lado de Venezuela- en la competencia global chino-estadounidense por los recursos naturales. Venezuela-PDVSA diversifica sus exportaciones de Estados Unidos hacia China, a pesar de que en Estados Unidos ya posee refinerías especializadas en sus crudos pesados, mientras que en la ruta hacia China hay que construir nuevas refinerías de este tipo. Es claro que la diversificación hacia China -un objetivo geopolítico del gobierno Chávez- va a exigir sacrificios económicos a corto plazo. 

Sin embargo, garantizar al crudo venezolano el acceso al mercado chino a largo plazo proporcionaría ventajas económicas para ambas partes. La demanda china seguirá creciendo, mientras que Estados Unidos reducirá sus importaciones petroleras. El redireccionamiento venezolano (con la meta de exportar 1 millón de barriles diarios a ambos mercados) respalda el rápido crecimiento chino, que a su vez constituye una amenaza potencial a la hegemonía económica de Estados Unidos. 

El paquete colombo-venezolano no sólo daría a ECOPETROL acceso a la FPO sin licitación (sobre bases intergubernamentales, justificadas por razones geopolíticas), sino que le permitiría también transportar su propio petróleo a China, a la India, al Japón, así como a la costa occidental de Estados Unidos. 

Ejemplos similares en Eurasia

Como se sabe poco sobre los proyectos ECOPETROL-PDVSA, vale la pena buscar analogías en la experiencia relativa a oleo-gasoductos en Eurasia, que podrían ayudar a imaginar cómo podrían estructurarse dichos proyectos. 

Dadas las diferencias petroleras entre Venezuela y Colombia (un modelo Estado-céntrico, nacionalista, frente a otro mercado-céntrico más liberal) se contemplan conductos "inter-sistémicos" eurasiáticos: los que conectan a distintos regímenes (petroleros, económicos, políticos, sociales) o, por lo menos, a socios disímiles. 

El planteado paquete colombo-venezolano evoca los arreglos en torno a Corriente Norte (gasoducto en construcción que conectará a Rusia directamente con Alemania en el fondo del Mar Báltico). GAZPROM, la compañía estatal rusa de gas, invitó a las empresas alemanas asociadas con ella en la construcción de Corriente Norte a participar en la extracción del gas siberiano. Para muchos analistas, tal acceso privilegiado de E.ON-Ruhrgas y BASF-Wintershall a las reservas rusas constituyó un incentivo más para que Alemania tuviera en cuenta los intereses políticos de Rusia. 

El Consorcio del Oleoducto Caspio (CPC) – Kazajistán-Rusia con terminal en la costa rusa del Mar Negro- podría servir de inspiración para estructurar la sociedad que construiría y operaría el oleoducto FPO-Pacífico entre Venezuela y Colombia. La composición original del CPC exigía encontrar un delicado balance entre petroleras estatales e internacionales (privadas), así como entre los Estados mismos. 

A primera vista convendría que ECOPETROL tuviera mayoría absoluta en la propiedad sobre el tramo colombiano. El control sobre los flujos de tránsito le podría servir como póliza de seguro para sus proyectadas inversiones extractivas en Venezuela. Sin embargo, ECOPETROL no debería pensar en bloquear los flujos: aunque una eventual interrupción afectaría más a PDVSA que a China o a la India, ECOPETROL no podría mantenerla por mucho tiempo ni justificarla ante un tribunal de arbitraje. 

Si ECOPETROL se contentara con un control relativo (25-30 por ciento) en el consorcio constructor-operador, podría crear una grado de interdependencia más complejo: además de PDVSA (que tendría una parte sustancial, pero menor que ECOPETROL), se invitarían al consorcio a las demás petroleras presentes en la FPO, tanto estatales (chinas, rusas) como privadas internacionales (Chevron, Repsol). 

Esto correspondería a la orientación del gobierno Santos, que escogió la tercera entre tres opciones de integración energética en las Américas:

  • El TLC-plus de Estados Unidos: vector mercado, favorable a las petroleras internacionales;
  • El ALBA de Venezuela: entre gobiernos y petroleras estatales, mecanismos alternativos al mercado;
  • El UNASUR de Brasil: proyectos comercialmente viables tanto con actores estatales como privados.

Obama, China y nosotros

Si la experiencia eurasiática fuera una buena guía, Estados Unidos desaprobaría un oleoducto FPO-Pacífico, y su oposición retardaría el proyecto, pero no necesariamente impediría su realización. Estados Unidos siempre ha apoyado aquellos proyectos de oleo-gasoductos que incorporan a sus aliados (esquivan a sus rivales) y se ha opuesto a aquellos que conectan a sus rivales y aliados. 

Así por ejemplo, Estados Unidos desaprobaba los conductos inter-sistémicos eurasiáticos, menos Yamal-Europa (gasoducto Rusia-Alemania vía Bielorrusia y Polonia) y el mencionado CPC, los cuales se remontan a los años 90, cuando Rusia era aliada de Occidente (y privatizó la mayor parte de su industria petrolera entre pocos oligarcas). 

Más importante, la oposición de Estados Unidos retardó el Corredor Trans-ucraniano (gasoducto desde la URSS hasta Europa Occidental atravesando la Cortina de Hierro) y Corriente Norte (durante las administraciones Reagan y Bush hijo, respectivamente), pero no impidió su realización. 

La administración Obama se abstuvo de criticar los proyectos Corriente Norte y Sur -a diferencia de la administración Bush, que los había fustigado por aumentar la dependencia europea del gas ruso, reprimir la competencia y facilitar el uso de la energía como arma política- tratando las disputas energéticas como de carácter económico. De hecho, la colocación de tubos del gasoducto báltico arrancó hace un año. 

Los problemas de la volatilidad del precio del petróleo y del cambio climático podrían catalizar la cooperación entre Estados Unidos y China. Es posible incluso que Washington y Pekín se pongan de acuerdo sobre un código de conducta en la competencia por los recursos y busquen un acuerdo global. Oficialmente, la administración Obama da la bienvenida al hecho de que los países latinoamericanos comercien más con China y obtengan mayores inversiones. 

Sin embargo, sería ingenuo pensar que Washington no intentara, por lo menos, retrasar un oleoducto FPO-Pacífico, mientras el gobierno Chávez (enfrentado a sus intereses) estuviera en el poder. Colombia (ECOPETROL), en cambio, podría lograr un ventajoso arreglo con el actual gobierno venezolano, aprovechando sus motivos geopolíticos, como lo hacen varias petroleras de países amigos (orientales) y hermanos (latinoamericanos). 

Tras un eventual cambio de régimen petrolero-político (como resultado de las elecciones venezolanas de 2012), los proyectos ECOPETROL-PDVSA se evaluarían por separado, con criterio económico-comercial. ECOPETROL tendría que competir por cada oportunidad de extracción en Venezuela. En cambio, podría ser más fácil organizar un consorcio para realizar un oleoducto FPO-Pacífico. 

* Investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga 

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Laszlo Palotas
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*Docente-investigador de Uniciencia Bucaramanga, doctor en relaciones internacionales.

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*Docente-investigador de Uniciencia Bucaramanga, doctor en relaciones internacionales.

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