Asesinatos por prejuicio: el caso de la población LGBT - Razón Pública
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Asesinatos por prejuicio: el caso de la población LGBT

Escrito por Mauricio Noguera
Mauricio Noguera

Mauricio NogueraLa igualdad ante la ley avanza lentamente a favor de minorías como la comunidad LGBT, pero otras evidencias demuestran la persistencia de la discriminación y el odio contra ella. La punta del iceberg son los asesinatos por prejuicio, numerosos y brutales.

Mauricio Noguera*

Paso hacia la igualdad

El 13 de abril, la Corte Constitucional reconoció el derecho de las uniones maritales de hecho, y en particular de las parejas homosexuales, a la llamada porción conyugal. Esta porción se define como aquella parte del patrimonio de una persona difunta que la ley asigna al cónyuge sobreviviente que carece de lo necesario para que viva de una forma similar a como vivía antes de la muerte de su pareja. 

Aunque el fallo se extiende a todas las uniones de hecho, el debate público se centró únicamente en las parejas del mismo sexo: no importa que las parejas heterosexuales disfruten de una nueva garantía; "lo preocupante" es que "los gays" obtengan más derechos. 

Las descalificaciones numerosas y de toda índole, no se hicieron esperar en los foros donde se publicó la noticia y donde se deshumanizaba a las parejas del mismo sexo. Aunque todos y todas ganamos, a juicio de algunos, estas parejas no lo merecían porque ni siquiera son reconocidas como personas. En forma preocupante, iguales criterios y palabras similares parecerían justificar los homicidios de lesbianas, gay, bisexuales y transgeneristas. 

Imagínese Usted

Con signos de tortura fue hallado el cuerpo de un hombre gay, asesinado en el municipio de Soledad (Atlántico) el día 3 de abril del presente año. Varios medios informaron que fue asfixiado y apuñalado repetidamente en diferentes partes del cuerpo. Fue encontrado oculto detrás de una casa abandonada. 

Imagine ahora el dolor que puede sentir una persona cuando un ser querido es asesinado en circunstancias similares; imagine la ira cuando descubre que dicha muerte se ha convertido en objeto de exposición en fotos a todo color, titulares morbosos y denigrantes; imagine el pesar de quien lee y escucha toda clase de burlas, comentarios ofensivos y tratamientos deshumanizantes sobre este ser querido; imagine la impotencia de quién oye decir a las autoridades estatales -sin haber investigado adecuadamente- que "él se lo buscó" o que "su forma de vivir lo llevó a eso"; imagine que después de mucho luchar para superar todas estas injusticias y lograr que se reconozca la verdad de los hechos (su caso fue afortunado) un juez dictó sentencia sin aplicar todos los recursos de ley y dejó sin resolver la verdadera motivación del homicidio. 

Imagine el dolor, la soledad, la impotencia, la ira, el silencio y la sensación de impunidad de esa persona. Multiplíquelo por 127 y luego multiplíquelo por el número de familiares, parejas y amigos. Eso es lo que sienten las personas cercanas a los 127 casos de homicidio de personas lesbianas, gay bisexuales y transgeneristas -LGBT-, que fueron reportadas entre 2008 y 2009, según un informe divulgado la semana pasada por la organización Colombia Diversa. 

Violencia simbólica, prejuicio generalizado

Recientemente, entre marzo y abril de 2011 los medios de comunicación registraron cuatro homicidios de hombres gay y mujeres transgénero en Bogotá, Riohacha, Catambuco (Nariño) y Soledad (Atlántico). 

El exceso de violencia ha caracterizado los homicidios por prejuicio de las personas LGBT (torturas, estrangulamiento un alto número de puñaladas o impactos de bala). No menos, el lugar de hallazgo del cadáver -lugares apartados, carreteras, terrenos baldíos e incluso alcantarillas- da cuenta del alcance de una violencia simbólica que trasciende a la persona asesinada: es una violencia que busca expresar el desprecio por la vida de todo un grupo humano o toda una categoría de personas. 

De 3.000 artículos y notas periodísticas analizadas por el observatorio de medios de Colombia Diversa que hacían referencia a la población LGBT, durante el periodo 2008-2009, 180 daban cuenta de homicidios de personas LGBT. 

Desde luego, este ejercicio de visibilidad es laudable. Pero la forma como algunos medios presentan estos homicidios, no puede generar sino indignación. Precisamente con motivo del homicidio de una mujer transgénero en abril de este año en la localidad de Santa fe en Bogotá, un medio de comunicación pregunta en un titular en colores llamativos: "¿"Mata-locas" suelto?". 

La percepción ciudadana en ciertos casos no parece ser mejor. Las referencias deshumanizantes de algunos ciudadanos en los foros de internet y en medios de comunicación, refiriéndose a estos asesinatos como si no se tratara de la muerte de personas o como si los LGBT fueran un peligro social que merecen y deben ser eliminados, ponen de manifiesto la extensión e intensidad de los prejuicios. 

Guardadas proporciones, este tipo de expresiones han sido también empleadas por grupos al margen de la ley que hacen circular panfletos amenazantes, atemorizando a la población LGBT en diferentes zonas del país. En particular, esta situación ha merecido voz de alerta por parte de, entre otras, la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas. 

El prejuicio

Siguiendo a la investigadora y teórica María Mercedes Gómez, Colombia Diversa propone el prejuicio como categoría de análisis [2] para caracterizar aquellos homicidios que se dan en un contexto social que avala la violencia contra un determinado sector de la población (en este caso las personas LGBT), mostrando así el desprecio y el rechazo a todo tipo de expresiones individuales que se salen de lo que es considerado "normal". De esta forma se pretende eliminar lo "anormal", al tiempo que se mantiene a estas personas en un estatus de inferioridad. 

La violencia por prejuicio sale del plano de lo personal y de odios individualizados, se produce en el contexto social y se extiende a otras discriminaciones (en el campo educativo, institucional, en los medios). 

Subregistro

Los sistemas de información no dan cuenta de la existencia de la población LGBT; por tanto las bases de datos de la Fiscalía, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), la Policía e incluso las Defensorías y Procuradurías no pueden registrar bien la magnitud de este tipo de hechos. 

Así mismo, el desconocimiento de los funcionarios encargados de la investigación y sus propios prejuicios, han conducido a que las investigaciones pasen por alto pruebas y hechos relevantes, apresurándose a calificar los homicidios como pasionales o motivados por hurto en la mayoría de los casos. 

Por ejemplo, al sustentar la resolución inhibitoria que permitió el archivo de un proceso de homicidio de un hombre gay en Cartagena, el fiscal afirmó que la víctima tenía relaciones con varias personas, por lo cual se convertía en fácil víctima de psicópatas que asesinaban sin ningún motivo, siendo "prueba" de ello que en el caso indagado ni siquiera hubo hurto. El funcionario ni siquiera pensó en la posibilidad de que el homicidio se debiera precisamente a la orientación sexual, agravante contemplado en el Código Penal colombiano y solicitado por los familiares de la víctima. 

Aunque Colombia Diversa no plantea que el prejuicio haya sido el motivo de los 127 asesinatos conocidos -de hecho, estima que en 46 de estos casos podría presumirse esta motivación- la falta de investigación por parte de las entidades estatales explica en mucho el sub-registro de los casos de homicidio de las personas LGBT. 

Impunidad

Cuando en 2009 el comisionado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Sergio Pinheiro, aludió a los homicidios de personas LGBT en las Américas, no solo se refirió a la gravedad de los homicidios, sino a la grave situación de impunidad al respecto. 

En efecto, de 99 homicidios conocidos por Colombia Diversa entre 2006 y 2007, hasta el 2010 solo se había proferido una sentencia condenatoria y en 44 casos las fiscalías no suministraron información alguna. El panorama no mejoró para el periodo 2008-2009 cuando, de 127 casos de homicidio, se registraron cinco sentencias condenatorias y no se obtuvo respuesta de las autoridades sobre 81. 

Y sin embargo existen herramientas de investigación, como los estudios del Grupo de Tanatología Forense de Medicina Legal, realizados en el año 2000, donde se daba cuenta de una alta tasa de homicidios de hombres gay por asfixia mecánica. 

Aunque la impunidad es un problema que afecta a todos los colombianos, llama la atención que frente a los hechos ocurridos contra la población LGBT, los pocos casos que logran una sentencia condenatoria, no dan cuenta de la orientación sexual de las víctimas y peor aún, que no se tenga en cuenta el agravante del delito de homicidio que según el Código Penal implica el que se produzca por motivo de la orientación sexual de la víctima. 

Esperanza

La falta de protección estatal frente a estos hechos es evidente. El desinterés y la inacción han persistido bajo diferentes gobiernos. Y no obstante los llamados del sistema de Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos, la Fiscalía General de la Nación no se ha pronunciado al respecto. 

A pesar de algunos intentos de trabajo en mesas con funcionarios del alto gobierno, junto con algunos defensores de derechos de la población LGBT, no hubo en años anteriores respuestas ni acciones contundentes frente a la gravedad de estos hechos. 

Sin embargo, recientemente han surgido nuevas esperanzas de un trabajo serio y coordinado con el Estado. El vicepresidente de la República se comprometió a convocar una nueva mesa de trabajo con la población LGBT y la nueva directora del CTI se comprometió a recoger información sobre estos hechos registrados por diferentes fiscalías seccionales del país. 

Queda pendiente el compromiso por parte de otras entidades estatales encargadas de la vigilancia, promoción y protección de los derechos humanos, tales como la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría General de la Nación, el silencio frente a estos hechos no puede seguir siendo una opción. 

Luchar contra el prejuicio

El trabajo organizado de las mujeres transgénero en Cali, la producción de informes sobre derechos humanos de personas LGBT en la Costa Caribe, las denuncias realizadas por las personerías de Medellín y Bogotá con informes que dan cuenta de estos homicidios, así como el trabajo de algunas fiscalías seccionales y de Medicina Legal, muestran que sí es posible luchar contra el prejuicio. 

La producción periodística seria e informada de los medios y las manifestaciones de rechazo e indignación por parte de un gran número de ciudadanos frente a este tipo de hechos sin importar que sean heterosexuales o no, reafirman la idea de que la vida y los derechos humanos son para todos y todas, sin ningún tipo de distinción. 

En conclusión, no podemos seguir permitiendo que algunas vidas humanas sean eliminadas como si se tratara de una temporada de caza, debemos cerrarla de una vez por todas y para siempre. La voz de rechazo de la sociedad civil frente a esta violencia injustificada debe hacer eco en las entidades nacionales para que se le de el valor que merece la vida con investigaciones prontas y efectivas. Así como podemos imaginar el dolor de estas familias, podemos imaginar nuevas formas de acabar el prejuicio y más importante actuar frente a ello, denunciar y no aceptar el silencio para que un día toda esta violencia sea solo imaginada en una pesadilla y no en la realidad. 

* Abogado y candidato a la Maestría en Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia. Coordinador del proyecto de derechos humanos de la organización Colombia Diversa.

Notas de pie de página


[1] Comisionado Sergio Pinheiro. Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Noviembre de 2009. 

[2] Ver, La Mirada de los Jueces, en Violencia por prejuicio. Siglo del Hombre Editores. 2008. 

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