
El PIB de 2025: un vehículo con motor público y llantas pinchadas
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La economía colombiana crece al 3,6%, pero su velocidad depende excesivamente del gasto en nómina oficial y consumo, mientras los sectores productivos tradicionales actúan como un lastre.
El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) acaba de entregar las cifras preliminares del Producto Interno Bruto (PIB) para el tercer trimestre de 2025. El dato de crecimiento anual del 3,6% es, a primera vista, una buena noticia: confirma que la economía ha dejado atrás la fatiga y la contracción de 2023 para entrar en una fase de recuperación.
Sin embargo, si miramos la economía como un vehículo que avanza por una autopista, el diagnóstico mecánico revela matices preocupantes. El carro se mueve, y a buena velocidad, pero lo hace gracias a un motor —el consumo— que trabaja a máximas revoluciones, impulsado por el combustible del gasto público y de los hogares.
El problema es que este motor enfrenta una resistencia aerodinámica considerable: el aumento de las importaciones. Y lo que es más grave: el vehículo avanza con dos llantas pinchadas, representadas por la contracción persistente en la explotación de minas y canteras y en la construcción.
Mantener la velocidad bajo estas condiciones exige revisar qué hay realmente bajo el capó de ese crecimiento.
No fue la salud, fue la nómina
Uno de los errores más comunes en el análisis apresurado de estas cifras ha sido atribuir el dinamismo del sector servicios al sistema de salud. Es necesario corregir esa narrativa con los datos desagregados en la mano.
La actividad económica que agrupa a la “Administración pública, defensa, educación y salud” (APDES) fue la gran protagonista, que creció en 8,0% y aportó 1,3 puntos porcentuales a la variación total del PIB. Al abrir esta caja negra, descubrimos que la salud no fue la jalonadora: su crecimiento fue de un inercial 3,8%.
Los verdaderos pistones de este motor fueron la Educación, con un crecimiento del 11,0%, y la Administración pública y defensa, que creció 9,1%.
¿Qué significa esto en los términos de las cuentas nacionales? Aquí la contabilidad macroeconómica es clara. En el sector público (servicios de no mercado), el valor agregado no se mide por precios de venta, sino por la suma de sus costos. El componente más grande de estos costos es la remuneración de los asalariados.
En términos sencillos: el crecimiento del 9,1% en la administración pública refleja, en gran medida, un aumento en la nómina del Estado y en las contribuciones a la seguridad social. Estamos ante un crecimiento contable impulsado por la expansión del gasto burocrático y salarial, no necesariamente por un aumento en la productividad física de los servicios.
La educación como gasto y costo
El caso de la educación (11,0%) merece un capítulo aparte. Al igual que en la administración pública, la mayor parte de este rubro corresponde a la educación oficial, cuyo valor agregado se calcula sumando costos: salarios de docentes, insumos y depreciación.
Si el Gobierno contrata más maestros o aumenta sus categorías salariales, el PIB de este sector sube automáticamente en las cuentas, bajo el supuesto de productividad constante. Aunque esto tiene un impacto social innegable, económicamente representa una inyección de recursos vía gasto corriente, clasificado técnicamente como “gasto de consumo individual del gobierno general”.
Es vital entender que este impulso es un “gasto” que activa la demanda hoy, pero que difiere cualitativamente de la inversión productiva que genera riqueza futura (de nuevo, desde la perspectiva contable).
Aerodinámica y frenos
Mientras el consumo de los hogares y el gasto del Gobierno aceleran el vehículo, las estructuras externa e interna de la producción imponen frenos.
Por un lado, tenemos la resistencia del aire: las importaciones crecieron 10,0%. Cuando el consumo interno se dispara (5,7%), pero la industria local no puede satisfacer esa demanda, el país compra afuera. En la aritmética del PIB, las importaciones restan (contribuyeron negativamente con -2,2 puntos porcentuales). Esto sugiere que parte de los estímulos fiscal y privado se están filtrando hacia el exterior en lugar de fortalecer el aparato productivo nacional.
Por otro lado, están las “llantas pinchadas”. Dos sectores que históricamente han sido columnas vertebrales de la economía están en números rojos:
- Explotación de minas y canteras: cayó 5,7%. Este retroceso en un sector primario clave es alarmante para la generación de divisas y la estabilidad fiscal futura.
- Construcción: se contrajo 1,5%. Aunque hay movimiento en obras civiles, la edificación sigue deprimida. Un país que no construye vivienda ni infraestructura al ritmo necesario está hipotecando su capacidad instalada.
¿Corredor de fondo o velocista cansado?
Si analizamos el ciclo económico desde la crisis de 2020 hasta este 2025 preliminar, vemos una economía que ha mutado. Pasamos del rebote estadístico de 2021 (13,2%) a la frenada en seco de 2023 (-0,3%) y ahora a este rebote del 3,6%. La composición de este crecimiento permite plantear una hipótesis: estamos ante una “terciarización” acelerada de la economía, donde los servicios (financieros, comercio y administración pública) compensan el declive de la producción material (minería y construcción).
La metáfora final es la de un atleta. La economía colombiana ha recuperado el ritmo de carrera, al superar la fatiga de años anteriores. Pero está impulsándose con los músculos de “corto plazo” (consumo y gasto público). Mientras tanto, los músculos de resistencia, necesarios para correr la maratón del desarrollo —la inversión (Formación Bruta de Capital) y la producción industrial— apenas muestran una recuperación tímida (2,2%) o siguen atrofiados.

Un crecimiento basado en la nómina estatal y el consumo importado puede darnos velocidad hoy, pero nos deja vulnerables ante cualquier bache en el camino fiscal o externo. Para llegar lejos, no basta con acelerar, hay que reparar las llantas.
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Acerca del autor

Luis Eduardo Gonzalez Lozano
*Economista de la Universidad del Rosario, MBA con énfasis en Gerencia de la Innovación del Colegio de Estudios Superiores de Administración, estudiante de PhD en Economía de la Universidad del Rosario. Analista de datos y negocios, investigador y gerente de proyectos.
2 comentarios





Tercerización = Desindustrialización. Eso es el neoliberalismo (= posfordismo, globalización…). Solo hay una ocasión donde el gasto estatal se recorta, cuando hay crisis de deuda. Veo el futuro oscuro.
Una mirada aséptica de la economía, otros dirían neoliberal, la economía por la economía, nada de su condición social ni ambiental. Olvida que venimos de una recesión por la pandemia para cuya recuperación es fundamental el gasto público, jalonador. Suena a Keynes. y lo de la tercerización viene desde cuando se desmontó el proteccionismo en aras del neoliberalismo. No es culpa de Petro.