Las múltiples caras de la crisis: ecológica, ética y existencial
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Las múltiples caras de la crisis: ecológica, ética y existencial

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El concepto que se ha arraigado es el de la triple crisis planetaria, que se refiere a las situaciones convergentes del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación en todas sus formas (suelos, aguas, aire, mares, residuos sólidos, plásticos, etc.).

Hay muchas formas de hablar sobre el momento que estamos viviendo en el planeta tierra, pero la clave de todos los discursos es el concepto de crisis. En este texto explico las visiones diversas sobre esta crisis y planteo que, sin importar el marco conceptual que uno elija, esta es una disyuntiva ética y existencial para los seres humanos.

Es importante aclarar un poco el mapa mental de estas discusiones, pues se trata en el fondo de una serie de factores que constituyen la mayor amenaza existencial que hemos enfrentado como especie y como planeta vivo. Si bien todo termina algún día, incluso los planetas, sistemas solares y galaxias, no puede dejar de importarnos el que la vida en la Tierra, la nuestra y todas las demás vidas humanas y no humanas, acabe como consecuencia de nuestras propias acciones y elecciones colectivas. A pesar de que tenemos las soluciones tecnológicas, científicas, técnicas y económicas para reparar el daño causado al mundo, por razones políticas no las estamos aplicando. Y aclarar cómo pensamos en el problema es una forma de empezar a acotar esas posibles soluciones. Por eso, una reflexión teórica como esta puede ser valiosa para ver con mayor claridad cuál es la situación en la que estamos inmersos hoy.

Las formas de la crisis: triple, multi, poli y meta

El concepto mismo de crisis, si bien viene de la Antigüedad, es una característica de la Modernidad en la cual el manejo y la superación de las crisis son la manera de enfrentarse al futuro, según Rowson. Crisis se refiere a un momento de quiebre, un punto en el que una trayectoria toma una nueva dirección. No necesariamente debería tener la connotación negativa que le damos hoy, de urgencia, de colapso. Sin embargo, la inercia o dependencia del trayecto es una fuerza social poderosa, razón por la cual ese cambio de rumbo puede resultar en la mayoría de los casos traumático y su anticipación, angustiante. 

Así, en las discusiones sobre la situación ecológica actual, los conceptos que coexisten en relación con la crisis son varios: triple crisis, multicrisis, policrisis, metacrisis. Se presenta cada uno para ir aclarando a qué se refieren y cómo enmarcan cursos diferentes de reflexión y acción. Sin importar cómo se le llame, el punto de quiebre que vivimos supone un riesgo existencial y un desafío ético de proporciones sin precedentes. Si todo sale mal, habrá un colapso de las condiciones que permiten que las formas de vida que predominan actualmente continúen existiendo en este planeta. 

En el ámbito de las discusiones ambientales, el concepto que se ha arraigado es el de la triple crisis planetaria, que se refiere a las situaciones convergentes del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación en todas sus formas (suelos, aguas, aire, mares, residuos sólidos, plásticos, etc.). Esta es una manera de abordar en un solo concepto todos los daños ambientales que se siguen haciendo, de forma que se reconozcan su interrelación e interdependencia, pues se han tratado históricamente de manera separada. Cada aspecto tiene su propio tratado internacional, su estructura burocrática propia, pero en años recientes se ha reconocido que la naturaleza no funciona en esos compartimientos estancados. 

En efecto, cuando no se manejan bien los residuos, se afecta la biodiversidad, tanto el agua como el suelo se ven contaminados, y las emisiones de la basura y sus malos manejos también contribuyen al cambio climático. Cuando se pierde biodiversidad, los ecosistemas enteros pueden derrumbarse y la tierra desertificarse y perder capacidad de absorber CO2, para poner solo algunos ejemplos simples. El discurso de una triple crisis planetaria es un llamado a la acción para que podamos tener un futuro viable en este planeta. 

En versiones más recientes de esta idea, algunos hablan de la multicrisis para indicar que no se trata solamente de tres problemas, sino de muchos más que afectan además de lo ya mencionado también la salud y la alimentación humanas, dadas la mayor probabilidad y frecuencia de pandemias y hambrunas generadas por la superación de siete de los nueve (7/9) límites planetarios. La solución a la crisis desde esta mirada se basa en la cooperación internacional, desde un paradigma de interdependencia entre Estados y de funcionalidad del sistema internacional y los tratados ambientales, unido a una gobernanza global que involucre al sector privado y a la sociedad civil en las soluciones colectivas económicas y políticas.

En otras orillas, en discusiones desde el enfoque sistémico y de la complejidad, se habla de policrisis como un estado que aborda un conjunto complejo de riesgos en sistemas interconectados. Esta mirada sirve para indicar que lo que ocurre en el terreno natural nos incluye y afecta también a los seres humanos, y a entender que la crisis del “medio ambiente” es a la vez una crisis social, política y económica para nuestra especie. Somos también una especie animal y parte de la naturaleza, no estamos separados de esta. Las diferentes crisis, humana y de lo no humano, se relacionan en formas complejas.

Por un lado, los humanos causamos daño a los ecosistemas y a los medios que permiten la vida porque nuestras instituciones políticas, económicas y sociales están degradadas. La democracia, el capitalismo, la ética pública, la sociedad del consumo, los inventos tecnológicos, todo ello se puede considerar en crisis, en decadencia, y esto causa nuestra diferenciación y alienación del mundo natural y nos permite dañarlo sin comprender. Pero también, a la inversa, los problemas que hemos creado en la naturaleza nos afectan cada vez más y profundizan las desigualdades sociales y económicas, la competencia por recursos, la violencia, los problemas de salud globales, la tenue estabilidad política que nos aleja de las guerras, los frágiles derechos humanos que intentamos defender de nosotros mismos, la inteligencia artificial no regulada. Esta es la policrisis. Las soluciones posibles se basan en la idea de gestionar los riesgos, regular mejor y aumentar la resiliencia de los sistemas sociales y ecológicos.

En un intento aún más atrevido de explicar de forma sistémica y comprehensiva las dificultades que caracterizan nuestro espíritu de los tiempos, autores como Daniel Schmachtenberger hablan de la metacrisis. Este concepto va más allá de los anteriores, pues indica que no se trata de varias crisis diferentes que se conectan y potencian entre sí, sino de los factores que están detrás de todas las crisis, es decir, lo “meta” de la “crisis”. En este planteamiento, la mirada pasa de la preocupación principal con el aspecto existencial de la crisis (¿sobreviviremos o no?) hacia una reflexión con sus aspectos ético, psicológico e incluso espiritual. 

La metacrisis es la crisis subyacente de nuestro tiempo. No se trata solo del cambio climático, la desigualdad económica y la inestabilidad geopolítica, sino del fracaso de los sistemas que los producen y de las capacidades humanas necesarias para gestionarlos. Se trata de un colapso de la civilización, el fracaso de las instituciones, la gobernanza global fallida, la pérdida de significado y sentido, la crisis de salud mental, entre otras.

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La dimensión ética y espiritual de la crisis

En la visión de la metacrisis es central una mirada transhumanista, es decir, que no centra al ser humano en la cúspide de las formas de vida ni como separado de estas. Así, la ética que está involucrada es una ética ecológica, que se preocupa por los ecosistemas y la vida en términos amplios, pero es también una ética espiritual en la que la conexión entre todas las formas de vida es una realidad profunda que va más allá de la utilidad, el uso, el aprovechamiento y la explotación humana de todo lo otro. La naturaleza y la vida son un fin en sí mismas.

En ese pensamiento ético se han sustentado decisiones jurídicas como la de dar personería o derechos a ríos o a ecosistemas. Entonces, los proponentes de la metacrisis están señalando cómo hay unas causas en la psique colectiva de la humanidad que nos han desconectado de esta mirada en la que somos parte del mundo natural, unas causas enraizadas en la modernidad, el racionalismo y el individualismo. Este pensamiento sustenta los enfoques regenerativos, tomando elementos del pensamiento indígena de varias culturas, del budismo y tradiciones espirituales respetuosas de las formas de vida, pero también de la teoría de la complejidad y los sistemas vivos. Nuestras heridas de separación, nuestros paradigmas que nos ven como seres separados y cerebrales, son responsables tanto de los problemas que hemos causado como de nuestra fundamental incapacidad para verlos como problemas, y más aún para resolverlos.

Un cambio de paradigma necesario

La solución sería entonces un cambio profundo de paradigma, que pueda integrar el pensamiento científico con la ética; la visión ecologista con cosmovisiones y sabiduría indígena; la conciencia de las crisis humanas, de las crisis del mundo natural y de la sensación expandida de una pérdida de sentido individual y colectiva en una mirada que vaya de lo interior a lo exterior. 

Así, estos enfoques de la crisis son círculos concéntricos no mutuamente excluyentes. Se podrían entender como enfoques progresivamente más amplios, que empiezan por lo puramente biofísico para ir creciendo hacia lo ambiental, económico, político, social y finalmente lo meta-humano. Cada lector podrá elegir qué elementos de estos resuenan con su visión de la época que vivimos y con su manera de entender el estado del mundo y de su “crisis” permanente. Es cierto que desde este concepto normalizamos los problemas graves para los cuales contamos con herramientas tecnológicas, cognitivas, colectivas e internas para resolverlos. En otras palabras, en vez de hablar de crisis, deberíamos empezar a implementar los cambios que están dentro del ámbito de maniobra de cada cual, incluso organizarnos para la acción colectiva.

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Carolina Isaza
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*Doctora en Gobierno y administración pública. Consultora y profesora independiente. IN: @carolinaisazaespinosa

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