
Tunja: La curiosa ciudad donde hay más suicidios que homicidios
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Solo en el mes de mayo ocurrieron cuatro casos probados de suicidio consumado, eso para una ciudad de 187.000 habitantes es escandaloso.
Imaginemos una pantalla en negro por cinco segundos, luego un crédito en letras blancas que dice:
“Según la OMS, los efectos en salud mental pospandemia durarán alrededor de diez años, la nueva pandemia será —y ya es, de hecho— la de la salud mental”.
Desaparecen los créditos y vuelve la pantalla a negro.
En Tunja la pandemia dejó estragos gravísimos en su economía (en esos años el desempleo llegó al 45%) y no se ha recuperado aún; las dinámicas económicas en los hogares cambiaron, todos tienen ahora que aportar para sobrevivir.
El asunto es que la violencia intrafamiliar, que ya era un problema hace muchos años, se agudizó porque se normalizó aún más el consumo de alcohol dentro de los hogares, y no es ningún secreto que los dos factores van unidos, primero el consumo y luego la consecuencia: violencia.
El consumo y la venta de alcohol son tan elevados que le dicen “la taberna chiquita”; hoy día hay estancos, bares, discotecas y tiendas en todos los estratos, en donde hay más casos de riñas —la policía después los reporta siempre usando la expresión “casos de intolerancia”—; es en el sur, donde están los estratos 1 al 3.
Son unos tomaderos que parecen sacados de “La mujer del animal”, la última película de Víctor Gaviria. Iluminados con luz mortecina, una rocola vieja, algunas prostitutas y muchos dipsómanos.
Cuando estos últimos ya sienten mucho la beodez, es bastante probable que traten de nivelarse con bazuco, la cocaína de los pobres (en Tunja casi no hay tusi o drogas sintéticas), y esa mezcla hace que a los apacibles y ultracatólicos tunjanos se les salga el demonio y pasen dos cosas: o se agarren a botellazo limpio con sus compadres, o lleguen a la casa a golpear a la esposa e hijos.
El “matrimonio” violencia intrafamiliar-suicidios está documentado, no es nuevo, solo que ahora es un triángulo de factores porque llegó el problema de la salud mental. Son tres factores gravísimos que ya están mostrando sus consecuencias: solo en el mes de mayo ocurrieron cuatro casos probados de suicidio consumado, eso para una ciudad de 187.000 habitantes es escandaloso. En junio hubo un caso de muerte en el interior de una vivienda que aún no está probado.
A principios de ese fatídico quinto mes, los medios locales apenas reseñaron uno de los casos (apareció una mujer ahorcada en un árbol) como: “Se presentó una novedad en salud mental” (¡¡) ¿en serio?
En la Secretaría de Salud de Tunja dicen que al parecer fue por presiones de los prestamistas gota a gota. La persona entonces tuvo que llegar a tal grado de acorralamiento que prefirió acabar con su vida creyendo que, si ella moría, la deuda también. Yo no sé cómo es la lógica (afortunadamente) de esas acreencias, pero me imagino que esa gente ahora les está cobrando a sus familiares, no creo que los gota a gota tengan un seguro para que cuando el deudor fallezca, la empresa de seguros pague.

¿Para qué sirven entonces todos los bancos que hay en Tunja? Están los principales del país, estos deberían ofrecer créditos blandos a emprendedores e informales. Cada nuevo cliente de un gota a gota es un nuevo fracaso en políticas sociales y de la banca presente en la capital de Boyacá, y si la consecuencia es un suicidio, pues peor aún. Así de simple y de grave.
El suicidio en jóvenes es alarmante. La ciudad tiene excelentes universidades, pero al graduarse los estudiantes no encuentran empleo y deben ir a buscarlo casi siempre a Bogotá (fuga de cerebros), y los que no pueden entrar a universidades y no consiguen empleo, pues obviamente entran en etapa de depresión profunda.
En septiembre de este año se logró evitar un caso (una mujer intentó arrojarse desde el único viaducto que tiene la ciudad, una infraestructura que han usado repetidamente para esto, y a ninguna autoridad se le ha ocurrido instalar rejas antisuicidio como ya se hizo en el viaducto César Gaviria de la ciudad de Pereira), pero el 26 de ese mismo mes ocurrió un caso consumado en el interior de una vivienda.
En la capital de Boyacá no hay fábricas de nada, la etiqueta made in Tunja no existe; de haberlas, serían una fuente de empleo importante.
Al parecer, la Secretaría de Salud de Tunja tiene recursos para implementar un plan de choque, pero no los ejecuta y no contrata los profesionales que se necesitan de manera urgente, se solicitaron varias unidades de salud mental (estas unidades en ciudades con problemáticas tan complejas como Cúcuta han dado resultados), pero se están botando la pelota unos a otros porque las asignaron adonde no debían, entonces todo se está volviendo una maraña burocrática, y las benditas unidades ni llegan ni se ponen en funcionamiento.
Los líderes de las Juntas de Acción Comunal saben de primera mano cómo es el problema en sus barrios, tienen la capacidad de saber más o menos donde podría ocurrir un caso de suicidio; el enlace entre ellos y la Secretaría de Salud es imperativo, los escuchaderos tienen que fortalecerse y ampliarse. La recién sancionada Ley de salud mental se debe implementar de manera urgente en Tunja, porque es donde más casos de suicidio se están presentando en el país.
¿De qué sirve ufanarse de ser “la ciudad más segura del país” si el suicidio y la violencia intrafamiliar están disparados? Cada vez que hay un homicidio, un robo, un fleteo, los medios locales lo cubren muy alarmados, pero hasta mayo, cuando pasaron cuatro casos y los posteriores en los siguientes meses, ahí sí parece que se están dando cuenta del problema de salud mental subyacente y silencioso en la ciudad.
Dicho todo lo anterior, a la psicóloga de la Secretaría de Salud, con la cual tuve la oportunidad de hablar del asunto, me dijo lo mismo que a los medios de comunicación de Tunja (que sí, que están muy atentos a lo que está pasando, etc.) y sin la posibilidad de contrapreguntar, por favor, no les diga “casitos” (sic) a los casos de suicidio en Tunja, el diminutivo sobra, y mucho.
Y ya por último (pero no por esto lo menos importante), al que se deprime o le da ansiedad, y no tendrá ningún problema en lidiar con ello, es al alcalde de Tunja, el profe Mikhail Krasnov, porque con todo y que fue imputado por la Fiscalía por celebración indebida de contratos, amenazas a testigos, y posteriormente juzgado y, además, inhabilitado por catorce años en primera instancia por la Procuraduría, el señor ya tiene apartamento propio no en el norte de Tunja, sino en el norte de Bogotá, en la calle 85 con carrera 15, al lado del parque el Virrey para ser exactos, donde podrá recordar que hace dos años no tenía ni para pagar la luz y reírse plácidamente con su magnífica situación económica gracias a que se posesionó para enriquecerse… y los tunjanos… pues miren a ver que hacen.
Así cualquiera vence un problema de salud mental.
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Acerca del autor

Mateo Duarte del Castillo
*Realizador audiovisual con especialización en TV periodística y documental, investigador senior en proyectos de investigación con la Universidad Nacional de Colombia, asistente de investigación en TV cultural (Ministerio de Cultura) y asistente de producción en TV cultural con el maestro Ómar Rincón; columnista en la revista cultural digital Perro Negro (Londres), La Línea del Medio y Las2orillas y columnista invitado en El Espectador.
12 comentarios



Suben al poder y se enriquecen ellos mientras el pueblo está lleno de deudas y problemas mentales a causa de falta de trabajo y con familia que alimentar pagando arriendos caros como progresa una población si los que suben al poder son los que viven Sabroso
Este periodista utiliza una narrativa solapada, burlona, despreciable, debería irse de Tunja si le parece atrasada y tonta.
Quien debería irse de Tunja es el señor Krasnov
Muy de acuerdo, habla desde el desconocimiento y no parece y no parece querer presentar los hechos de manera profesional. Parecen comentarios de vecina chismosa. Que horror.
Seguro el periodista debe ser Bogotá, que piensan que están en New York y que es la panacea, ojalá nunca le toque a el ni a la familia padecer el desempleo, la violencia intrafamiliar y el suicidio, que es una problemática nacional e inclusive mundial. La vida da vueltas periodístucho mediocre y poco profesional.
Tambien dejé un comentario al respecto, pero lo triste es que el man al parecer si vive o es de Tunja…. que se ponga a escribir otro tipo de literatura xD
Soy tunjana y leí su artículo con cuidado. Sí, aquí hay un problema con el suicidio, nadie lo niega. Pero su texto, escrito desde la distancia, más parece un regaño irónico que un análisis responsable. Habla de cifras sin cuadros comparativos, sin fuentes claras, sin mostrar tendencias reales. Mezcla anécdotas con metáforas, pero no voces de quienes viven esto día a día. Se siente más como una crónica de bar que como periodismo de investigación.
Desde afuera es fácil señalar y generalizar, pero la salud mental no se resuelve con frases sarcásticas ni con estigmas. Aquí hay familias, estudiantes, profesionales, gente real que necesita soluciones, no caricaturas. Si de verdad quiere aportar o sacar un buen artículo traiga datos sólidos, hable con las personas que viven la crisis, contraste a las autoridades y ofrezca algo más que literatura amarga. Tunja merece rigor y respeto, no solo un titular llamativo… que al final es solo titular, porque no habló de homicidios tampoco….
Por poner el dedo en la llaga, sale regañado y ultrajado el periodista autor del articulo presente. Siempre pasa lo mismo sea el medio de comunicación que sea, los foristas se van por las ramas respecto al tema que se trate, se mata al mensajero y no hay ningun aporte serio y propositivo al problema planteado.
Daniela es o fue contratista de la Alcaldía, y pide cuadros comparativos para ver que fue lo que no pudo hacer. Xd
Tunja es una ciudad fallida…fin de comunicado
De acuerdo con Ptolomeo. Se sigue matando al mensajero. No podía hablar de homicidios porque el artículo trata del suicidio. Se puede estar en desacuerdo pero la crítica debe ser razonada
El tono del artículo si es burlón, pero es real..lo estoy viviendo…aunque como profesional rara vez he trabajado en tunja, cuando quedó sin trabajo he salido a buscar..y ni pa recoger mierda se contrata si no es con palanca de algún lame culos políticos.