Camilo Echandía e Irene Cabrera, autor en Razón Pública
Foto: Canal Capital

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El gobierno y el ELN comenzaron otra vez a negociar. Pero estos son los tres obstáculos grandes para que las conversaciones conduzcan a la paz.

Camilo Echandía e Irene Cabrera**

La crisis  

Los avances en las conversaciones de paz entre el gobierno y el ELN son claros, más aún si se comparan con los del gobierno Santos. Entre noviembre de 2022 y febrero de 2024 se habían logrado varios acuerdos, principalmente el de cese al fuego bilateral. 

Pero hoy el proceso se encuentra sumido en una nueva crisis. A finales de febrero las tensiones aumentaron debido al anuncio de un proceso de paz regional con el frente Comuneros del Sur del ELN en el departamento de Nariño.  

El Comando Central (COCE) interpretó esa iniciativa como una maniobra del gobierno para dividir a la organización guerrillera. Las discrepancias con el COCE llevaron al frente Comuneros del Sur a desobedecer sus directrices y a solicitar su reconocimiento como un actor independiente. 

Esta crisis hizo aplazar el comienzo del séptimo ciclo de negociaciones, previsto para abril. Además, en mayo, la organización guerrillera reanudó los secuestros, una actividad que se había suspendido tras el secuestro del padre del futbolista Luis Díaz. 

El ELN atribuyo la decisión de reanudar los secuestros al supuesto incumplimiento del gobierno, que se había comprometido a crear un fondo para el proceso de paz; el gobierno, sin embargo, había aclarado en su momento que no se destinarían recursos para el ELN mientras siguiera en armas.

Bajo estas circunstancias debemos preguntarnos si existen las condiciones para avanzar en los diálogos que se reanudaron la semana pasada en Caracas. 

El éxito de este proceso no depende apenas de la voluntad de paz —como ambas partes lo han señalado repetidamente—, sino de dos cuestiones que no son menores: 1) la correlación de fuerzas y su relación con la naturaleza y alcance de los temas a tratar, y 2) La dificultad creciente del ELN para incluir a todas sus organizaciones territoriales en la negociación.

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La correlación de fuerzas 

Para empezar, algunos frentes del ELN creen tener la capacidad militar necesaria para continuar la confrontación, y esto disminuye los incentivos para acogerse a la negociación. Varios frentes han mantenido un nivel de actividad armada que supera la iniciativa militar del Estado, según se muestra en la gráfica siguiente. Por su parte, la evidencia disponible indica que el Estado registra niveles muy bajos de contención y combate.

En las conversaciones anteriores de paz, esta guerrilla ha tenido más iniciativa militar que el Estado,  y tras la desmovilización de las FARC, varios frentes han ampliado su influencia territorial han mejorado sus condiciones militares y económicas. 

En efecto, la línea guerrerista del ELN sigue apostándole a la vía armada, a la vez que no pocos comandantes temen las investigaciones judiciales una vez que suscriban el acuerdo de paz.  

Una agenda exagerada

Además, la visión sobredimensionada del ELN sobre su poderío militar hizo que el gobierno aceptara una agenda de negociación ambiciosa y sin un foco preciso. De aquí que las propuestas incluidas en los documentos que elaboró la secretaría técnica del Comité Nacional de Participación (CNP) puedan ser contraproducentes para el avance en las próximas negociaciones.

La falta de una agenda limitada dificulta llegar a compromisos acotados y afecta la confianza entre las partes para alcanzar la paz mediante acuerdos.

Entre las propuestas llamadas “ejes de las transformaciones”, se destacan las de lograr   una “democracia directa, redistributiva, poder social y poder popular y ciudadano”, reformar la doctrina de seguridad y la actuación de la fuerza pública, un rediseño institucional acompañado por una reforma electoral, el cumplimiento del Acuerdo de Escazú, debates en torno a la propiedad, uso y tenencia de la tierra y la eliminación y transformación de economías ilegalizadas y del narcotráfico. 

En el trasfondo de estas propuestas es evidente la visión del ELN sobre la correlación de fuerzas, y la percepción exagerada de su representatividad social. 

Por su parte, el gobierno Petro, al aceptar la discusión de un temario tan amplio, refleja la premura por mostrar avances en la negociación. 

Bajo estas condiciones, la falta de una agenda limitada dificulta llegar a compromisos acotados y afecta la confianza entre las partes para alcanzar la paz mediante acuerdos.

El cese al fuego 

Este es otro asunto crítico para la apuesta de paz con el ELN. El cese, convenido en Venezuela durante el cuarto ciclo de conversaciones, entró a regir en agosto de 2023 y se prorrogó en enero de 2024 durante el sexto ciclo en Cuba. 

Pero el acuerdo asegura que la correlación de fuerzas se mantenga a favor del ELN. El cese beneficia al ELN porque le permite reorganizar sus redes, mantener sus actividades de financiamiento, instalar campamentos e impedir la actuación de la fuerza pública, como indica Armando Borrero

De esta manera el grupo guerrillero ha logrado concentrar su energía en la disputa con las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo por el control de una variada gama de actividades criminales.

Evitar más divisiones  

La dificultad de evitar que el ELN sufra más divisiones es un tercer desafío para mantener el cese al fuego y los diálogos de paz. 

Aunque el cese al fuego ha reducido la intensidad de la confrontación entre el ELN y la fuerza pública, los enfrentamientos con otros grupos armados se han intensificado, con graves repercusiones para la población civil.

Las acciones militares no autorizadas, como las llevadas a cabo por el frente de guerra Oriental, han socavado intentos de diálogo anteriores. De esta manera, sin importar los intereses políticos del COCE, los sectores más guerreristas podrían desacatar sus órdenes en cualquier momento. La participación de cualquier unidad del ELN en actividades prohibidas, según los protocolos pactados, se traduciría en una violación del cese al fuego y un obstáculo para las negociaciones.

Dentro de la organización del ELN, cada frente puede mantener su independencia, oposición o apoyo al planteamiento político-militar del COCE. Esto implica un problema crítico: la limitada capacidad del COCE para asegurar el cumplimiento de los acuerdos futuros.

Como muestra la Gráfica 2, durante el gobierno Petro, cada frente ha utilizado su poder militar y tácticas violentas según sus propios intereses y condiciones de poder. 

También debemos destacar que, aunque el cese al fuego ha reducido la intensidad de la confrontación entre el ELN y la fuerza pública, los enfrentamientos con otros grupos armados se han intensificado, con graves repercusiones para la población civil. 

¿Qué hacer? 

Urge entonces que el gobierno adopte una estrategia para cambiar la correlación de fuerzas, obligando a los sectores más guerreristas del ELN a reconocer la imposibilidad de una victoria militar y a opten por la solución negociada.

El grupo guerrillero tiene que desistir de su esperanza sobre la vía armada, y en todo caso el gobierno tiene que evitar el ELN utilice el cese al fuego para insistir en su estrategia guerrerista. 

El peligro inminente de la negociación entre el gobierno Petro y el ELN no logren superar la visión de corto plazo para el logro de beneficios aparentes. Entonces, resolver los tres problemas señalados debe ser la prioridad para avanzar hacia el objetivo de la paz.

Lea en Razón Pública:  Proceso de paz con el ELN: Más allá de la crisis

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Camilo Echandía e Irene Cabrera

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Camilo Echandía e Irene Cabrera

**Profesores e investigadores del CIPE de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Foto: Flickr: Brasil de Fato

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El ELN es clave para la “paz total”, pero su “Frente Oriental” parece persistir en la opción de la violencia. Por eso importa conocer el origen, la fuerza y la actitud de este grupo frente a la paz negociada.

Irene Cabrera y Camilo Echandía*

Las disidencias son inevitables

Un fenómeno poco reconocido en las negociaciones de paz es el riesgo de exacerbar o hacer más evidentes las divisiones existentes dentro del grupo armado no estatal.

Casos como el del Movimiento de Liberación de Sudán, el Consejo Nacional de Defensa por la Democracia en Burundí, el del Frente Polisario en Sahara Occidental, el del Movimiento Moro de Liberación Nacional en Filipinas, o el Movimiento Popular para la Liberación del Azawad en Mali, han mostrado que a falta de un liderazgo robusto y centralizado, algunas facciones actúan en oposición a proceso o al acuerdo de paz, inclusive optando por separarse de su organización.

Los grupos armados no estatales por lo general no son actores homogéneos y dependen de múltiples facciones que muchas veces no están dispuestas a perder poder o a ceder en su visión o sus intereses.  Por eso los estudios confirman que cuando al comenzar un proceso de paz aumenta la probabilidad de fractura o disidencia de facciones, lo cual en últimas resulta en la prolongación del conflicto.

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) merece especial atención en medio de la actual iniciativa de paz, puesto que esta guerrilla recurrió desde hace mucho a la dispersión y autonomía de sus frentes para evitar golpes contundentes de la Fuerza Pública.

Por eso los frentes tienen hoy muy distintos grados de capacidad militar y financiera, a punto tal que, por ejemplo, dos de los siete frentes activos de esta guerrilla —Nororiental y Oriental— hayan sido responsables de la mayor parte de la actividad armada del ELN desde finales de los años noventa.

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Foto: Flickr: Casa de América - En 1996, durante el mandato de Ernesto Samper, se inició una negociación de paz con el ELN. A la vez, se llevó a cabo la más fuerte expansión territorial del frente Domingo Laín como consecuencia del pago millonario por el rescate de una persona secuestrada.

Insistiendo en la violencia

El frente de guerra Oriental, o fuerza de Área ABC, encabezado por Gustavo Aníbal Giraldo, alias Pablito, es hoy la más activa y numerosa fuerza dentro del ELN. De no lograrse un acuerdo que la incluya, disidentes de otros grupos podrían engrosar sus filas.

Los grupos armados no estatales por lo general no son actores homogéneos y dependen de múltiples facciones que muchas veces no están dispuestas a perder poder o a ceder en su visión o sus intereses. Por eso los estudios confirman que cuando al comenzar un proceso de paz aumenta la probabilidad de fractura o disidencia de facciones, lo cual en últimas resulta en la prolongación del conflicto.

Pero el secuestro del sargento del Ejército Libey Danilo Bravo, perpetrado en Arauca por el frente de guerra Oriental este 15 de febrero, al tiempo que en México comenzaba la segunda ronda de conversaciones entre el ELN y el gobierno de Colombia, refuerza las dudas sobre la disposición de ese frente para sumarse al proceso de paz.

De ahí la importancia de recordar la actuación de este frente a lo largo de los varios intentos o procesos de paz. Sin incluir el intento de conversación con López Michelsen ni la negativa rotunda del ELN a dialogar con el gobierno Betancur, en esta relación se incluyen los diálogos bajo el gobierno Samper, los esfuerzos para acordar una zona de encuentro en el sur de Bolívar, similar a la que el Pastrana concedió a las FARC, el intento de entablar una negociación con Uribe y el ingreso al proceso de paz de la administración Santos.

Las altas y las bajas

La Gráfica 1  muestra cómo las negociaciones del ELN con el gobierno han estado precedidas por escaladas en la actividad militar de esta guerrilla, con la participación muy destacada de su frente Oriental.

La década de 1990 fue el momento de máxima expansión territorial del para entonces llamado frente Domingo Laín. Este frente decidió atacar la actividad petrolera para imponer sus exigencias económicas, lograr subcontrataciones y ubicar personal de su confianza en las cuadrillas de trabajadores. Su control sobre la frontera con Venezuela le ha permitido ramificaciones en los estados de Zulia, Táchira, Apure y Anzoátegui y disponer de fondos derivados del contrabando, las extorsiones y los secuestros.

La entrada en escena del frente Oriental en 1996 coincidió con la gestión del gobierno alemán, en tiempos de Samper, hasta lograr el encuentro de Puerta del Cielo y los diálogos en Maguncia. En aquel momento la dirección del ELN logró viajar a Europa y recibió un pago millonario por el rescate de una persona de nacionalidad alemana, que le permitió aumentar su fuerza militar.

Por su parte el gobierno de Uribe escaló la ofensiva militar contra el ELN y, en especial, contra el frente Oriental, al mismo tiempo que intentó entablar negociaciones con la mediación del presidente de México Vicente Fox.  En 2005, el gobierno mexicano decidió poner fin a su tarea debido a la inconformidad del ELN ante la cercanía ideológica de Fox con el gobierno de Colombia. Las negociaciones continuaron con la mediación de Hugo Chávez en el 2007, pero llegaron a su fin un año más adelante.

La disminución de las actividades armadas entre 2002 y 2009 fue consecuencia de la superioridad que alcanzó la Fuerza Pública y el mayor protagonismo de los grupos paramilitares bajo el gobierno de Uribe.

Pero a la desmovilización de las AUC sobrevino el enfrentamiento del ELN con las FARC por el predominio en Arauca, circunstancia que pesa mucho en el declive del ELN. Sin embargo, durante los cuatro primeros años del gobierno Santos, las acciones contra el gobierno volvieron a aumentar gracias al pacto de no agresión y distribución territorial que puso fin al enfrentamiento con las FARC en Arauca.

El repunte de las acciones armadas del frente Oriental entre 2010 y 2014 obedeció al deseo del ELN de presionar su inclusión en el proceso de La Habana. De aquí también la disminución de los ataques contra la infraestructura eléctrica y petrolera en el Área ABC y el país en su conjunto una vez que Santos anunció contactos iniciales con el ELN en junio de 2014

En 2019, el ataque presuntamente ordenado por “Pablito” a la Escuela de Policía General Santander llevó al gobierno Duque a cerrar la puerta a las negociaciones que había iniciado la administración Santos.

Una fuerza disminuida

Por último, el aumento de los operativos del Frente Oriental durante 2022 tuvo el doble propósito de despedir al gobierno Duque y reabrir los diálogos con el gobierno entrante. Este último repunte, sin embargo, no alcanza la intensidad registrada en 2000 y en 2014.

Si bien es indudable que la capacidad militar y política del frente Oriental es hoy menor de lo que fuera en el pasado, el territorio que ocupa sigue siendo un escenario óptimo para cobrar extorsiones, principalmente a la industria petrolera, y un corredor que le permite hacer presencia en Venezuela.

Además de lo cual, las actuaciones del ELN, que sobre todo consisten en bloqueos de carreteras, hostigamientos a la Fuerza Pública, explosivos contra la infraestructura eléctrica y de comunicaciones, voladuras de puentes y tramos de oleoductos, no necesitan mucha fuerza ni gran esfuerzo militar.

En todo caso, como se advierte en la serie de mapas (Gráfica 2) el frente de guerra Oriental mantiene capacidad ofensiva y afecta a los civiles en términos de homicidios selectivos, secuestros y masacres. La elevada victimización y los enfrentamientos con disidencias de las FARC son consecuencias de su participación en negocios criminales y de su pérdida creciente de control sobre la población.

¿Y la paz?

En este punto cabe preguntarse si el frente Oriental tendría incentivos para desmovilizarse en el evento de que el ELN y el gobierno Petro llegue a un acuerdo para poner fin al conflicto.

El principal obstáculo en los diálogos de paz con el ELN ha sido el que se trate de una guerrilla descentralizada, con muchos grupos de poder que no siempre han estado de acuerdo con el Comando Central (COCE).

Si bien es indudable que la capacidad militar y política del frente Oriental es hoy menor de lo que fuera en el pasado, el territorio que ocupa sigue siendo un escenario óptimo para cobrar extorsiones, principalmente a la industria petrolera, y un corredor que le permite hacer presencia en Venezuela.

Por eso mismo, infortunadamente, no parecen existir los incentivos suficientes para que el frente Oriental del ELN proceda a hacer dejación de las armas y poner fin a sus acciones criminales.

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Camilo Echandía e Irene Cabrera

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Camilo Echandía e Irene Cabrera

**Profesores e investigadores del CIPE de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Foto: Twitter - A partir de los paros armados y los ataques más recientes por parte del ELN en diferentes zonas del país, no son pocas las voces que han interpretado tales hechos como una confirmación del fortalecimiento militar de esta guerrilla.

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Con su escalada de violencia, el ELN despide a Duque y pretende reabrir las conversaciones con el próximo gobierno. ¿Es posible un proceso de paz con esta guerrilla?

Camilo Echandía* e Irene Cabrera**

Protagonismo con poco esfuerzo militar

No son pocos los analistas que interpretan los paros armados y los ataques más recientes del ELN en distintas regiones del país como una prueba del fortalecimiento militar de esta guerrilla.

No se puede negar el reacomodo de varios frentes del ELN en zonas de presencia histórica como Norte de Santander, Arauca y Antioquia, así como el intento de algunas unidades de esta guerrilla de expandir su influencia hacia municipios estratégicos disputados por otros grupos en La Guajira, Cesar, Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño.

Sin embargo, un breve examen de los eventos recientes revela, en primer lugar, un retroceso militar y estratégico del grupo alzado en armas y, en segundo lugar, su intención de abrirse un espacio en la agenda del próximo gobierno ganando protagonismo a través de la degradación de los métodos de guerra.

Los bloqueos a las vías, los hostigamientos a la fuerza pública, la detonación de explosivos contra la infraestructura eléctrica y de comunicaciones, la voladura de puentes y tramos de oleoductos, así como el uso de panfletos, han hecho parte de las acciones del ELN en los territorios donde trata de hacer visible su presencia.

El ELN quiere demostrar que aún es una fuerza desestabilizadora, pero sin adelantar acciones armadas de peso.

Este tipo de acciones necesita de muy poca capacidad o esfuerzo militar. Enviar a un miliciano, por ejemplo, a instalar o dejar un petardo, no supone capacidad alguna de despliegue militar, ni operaciones complejas de inteligencia, hombres entrenados para el combate o armas sofisticadas. Estas acciones no se comparan con las tomas de poblaciones del pasado, las emboscadas a patrullas del Ejército o los ataques a bases militares donde se desplegaban cientos de hombres, se aplicaban tareas de inteligencia y se necesitaba un alto poder de fuego.

En otras palabras, el ELN quiere demostrar que aún es una fuerza desestabilizadora, pero sin adelantar acciones armadas de peso. Es decir, que no se está fortaleciendo militarmente. Como muestra la gráfica siguiente, esta tendencia no es nueva en el conflicto armado colombiano.

Acciones armadas del ELN y las FARC clasificadas en bajo esfuerzo y alto esfuerzo militar

ataques del ELN en este 2022
Fuente: Echandía, C y Cabrera, I. (2017) Madurez para la paz: Evolución de la territorialidad y las estrategias en el conflicto armado colombiano. Universidad Externado de Colombia.
Las acciones que no demandan capacidad ofensiva se acentúan en coyunturas estratégicas, cuando resulta útil ejercer presión sin desgastarse, como pasó en los años previos a la firma del acuerdo con las FARC. Y sin embargo estas acciones tienen un alto impacto humanitario y tienden a destruir el poco apoyo o legitimidad de la guerrilla entre la población civil.

La lógica territorial del ELN

El ELN ha tratado de evitar a toda costa los combates directos con la fuerza pública. Pese al registro de nuevos reclutamientos, esta guerrilla sabe que su mejor alternativa militar es golpear y huir, dando así prioridad al esfuerzo de controlar los espacios estratégicos.

Las operaciones de la fuerza pública mediante comandos conjuntos en las últimas dos décadas han causado un repliegue difícilmente reversible para el ELN, incluso cuando el gobierno no ha logrado consolidar su control territorial e institucional, entre otras cosas, por el cumplimiento apenas parcial del Acuerdo de 2016.

Como puede verse en el mapa siguiente, buena parte de los ataques registrados en 2022 han ocurrido en departamentos de frontera como zonas clave de refugio, financiación y corredores hacia espacios seguros. Ya en 2015 casi el 90% de las acciones armadas del ELN estaban ocurriendo en departamentos de frontera.

Mapa: Acciones armadas del ELN en 2022

ataques del ELN en colombia
Fuente: Elaborado por los autores a partir de registros de prensa
La localización del mayor protagonismo armado de 2022 en zonas limítrofes es un indicador de que los frentes o unidades del ELN siguen replegadas territorialmente. El frente de guerra nororiental (entre Norte de Santander y La Guajira) y el frente de guerra oriental (en Arauca) están liderando la escalada de acciones armadas. En medio de la creciente autonomía de los frentes del ELN para garantizar su supervivencia y financiación, la pérdida de cohesión interna es otro factor que tiende a debilitarlo.

Entre tanto, los ataques intermitentes de algunas unidades del ELN alteran el orden público y aumentan la inseguridad de comunidades localizadas en áreas rurales y fronterizas.

El ELN y el gobierno Duque

La escalada del ELN despide a un gobierno que cerró la puerta a la salida negociada del conflicto, al incumplir los protocolos que garantizaban el retorno al país de los negociadores de esta guerrilla tras la ruptura de las conversaciones iniciadas por el gobierno Santos. Aquí se marca un contraste con el proceso de las FARC, cuando el gobierno accedió a cumplir protocolos y reglas específicas para iniciar las negociaciones.

En la actual coyuntura electoral, el mayor activismo armado del ELN pretende reabrir las conversaciones con el próximo gobierno.

Los líderes del ELN hicieron caso omiso al llamado del gobierno Duque a dar muestras de voluntad de paz, y más bien insistieron en reanudar las conversaciones sin condiciones.
los ataques del ELN en colombia 2022
Foto: Twitter: Gonzalo Orduz - La viabilidad de un proceso de paz entre el próximo gobierno y el ELN dependerá de la voluntad de superar las incompatibilidades en la negociación para que las partes puedan alcanzar simultáneamente sus objetivos.

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Sin interlocutor y sin agenda definidos

En la actual coyuntura electoral, el mayor activismo armado del ELN pretende reabrir las conversaciones con el próximo gobierno, pero acá nos hallamos frente a dos dificultades cuando menos: la falta de un eje o un tema central en la agenda, y la insistencia del ELN en tener como interlocutor a la sociedad en lugar antes que al propio gobierno.

Un obstáculo para el reinicio eventual de las negociaciones es la imprecisión de la agenda de seis puntos que se acordó con el gobierno Santos en 2016: 1) participación de la sociedad en la construcción de la paz, 2) democracia para la paz, 3) transformaciones para la paz, 4) víctimas, 5) fin del conflicto armado y 6) “implementación” de los acuerdos.

Esta agenda, que fue motivo de desacuerdo permanente, ya de por sí contiene algunas incompatibilidades básicas. Por ejemplo, mientras que para el Gobierno el objetivo de la negociación es acabar el conflicto armado, para el ELN se tratará de resolver los problemas del país.

Cabe recordar que Jesús Antonio Bejarano, en Una Agenda para la Paz, define las incompatibilidades básicas como “verdaderos nudos gordianos […] que surgen de concepciones diferentes de las partes sobre aspectos centrales de la negociación, las que habitualmente no se expresan en forma explícita, pero conducen a objetivos mutuamente excluyentes, en tanto se fundan en diferencias sobre la manera como cada parte evalúa las relaciones de poder”.

Cómo avanzar

Debe tenerse en cuenta que la correlación política y militar de fuerzas determina la naturaleza y el alcance de la agenda de negociación. De ahí que las FARC y el gobierno Santos acordaran una agenda restringida, cuyo foco principal fue la política de transformación de los territorios afectados por el conflicto, y los derechos y garantías para la participación política de los excombatientes.

En cuanto al ELN, el balance de fuerzas y la representatividad del grupo alzado no se corresponden con su aspiración de superar los problemas del país mediante la negociación. Aunque se trata de la organización guerrillera con mayor presencia territorial y poderío militar en la actualidad, hay que advertir su profunda fragmentación y cómo la relación estrecha con actividades criminales ha hecho que sus métodos tengan costos humanitarios que minan su legitimidad.

Es necesario redefinir la agenda de negociación pactada en 2016, orientándola hacia el propósito de ponerle fin al conflicto armado y ampliar la democracia.

La viabilidad de un proceso de paz entre el próximo gobierno y el ELN dependerá de la voluntad de superar las incompatibilidades para que las partes puedan alcanzar simultáneamente sus objetivos. Es muy importante que hagan una adecuada lectura de la correlación política y militar de fuerzas como condición necesaria para construir consensos.

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Camilo Echandía e Irene Cabrera

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**Profesores e investigadores del CIPE de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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 La participación política de la FARC sigue en riesgo.

Irene CabreraCamilo EchandiaEn medio de asesinatos y denuncias de persecución, los desmovilizados de las FARC se aprestan para unas nuevas elecciones ¿Qué es lo que está sucediendo? *

Irene Cabrera y Camilo Echandía**

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**Profesores e investigadores del CIPE de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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Camilo EchandiaIrene CabreraUna mirada cercana a la mezcla explosiva entre drogas, petróleo, guerrillas, disidencias y criminales ordinarios en esta región mártir de Colombia. ¿En qué consiste realmente el posconflicto?

Camilo Echandía e Irene Cabrera*

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