Universidades latinoamericanas: malas condiciones, peores resultados - Razón Pública
Ernesto Villareal

Universidades latinoamericanas: malas condiciones, peores resultados

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Ernesto VillarealLas de América Latina no aparecen entre las cien mejores universidades del mundo.  Una radiografía completa, precisa y preocupante de nuestras universidades y de por qué seguimos retrasados en la globalización del saber y la competitividad.

Ernesto Villarreal*

panorámica del campus en Shangai​

Competir con los grandes

En el mundo globalizado de hoy, los profesionales colombianos debemos competir con  egresados de las instituciones educativas de todos los países. Y por su parte el avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), así como la educación virtual,  están permitiendo que nuestros bachilleres adelanten estudios universitarios en instituciones extranjeras.

Estos dos factores, aunados a la firma de Tratados de Libre Comercio y al deseo de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), hacen que las  universidades colombianas deban competir con sus pares del resto del mundo. ¿Qué tan preparados estamos para ello?

Los “rankings” internacionales

Los escalafones o “rankings” internacionales miden la calidad de las más de 17.000 universidades que existen hoy en día, y evalúan distintos aspectos de su desempeño. Cada escalafón utiliza su propio conjunto de indicadores, y por eso suelen mostrar ordenamientos distintos de las universidades.

Durante los últimos años han aparecido escalafones más especializados o que tienen en cuenta factores específicos, como el QS Latin American University Rankings, que incluye  algunas variables específicas de la región, distintas de las que emplea el escalafón mundial de la misma empresa, el QS World University Rankings.  Por eso las clasificaciones de las  universidades latinoamericanas en los escalafones mundial y regional resultan ser diferentes. 

También se ha desarrollado el Webometrics o ranking web, que califica el volumen y la calidad de las publicaciones que las universidades hacen en el internet. Y está el  Assessment of Higher Education Learning Outcomes (AHELO), que lleva a cabo la OCDE sobre la base de los exámenes a estudiantes.

Nuestra región aún no cree que el mundo de la ciencia y la tecnología se desenvuelve en inglés, como sí lo han entendido Asia y Europa.

Entre los muchos escalafones disponibles, los más respetados sin duda son:   

– El Academic Ranking of World Universities (ARWU) de la Universidad Shanghai Jiao Tong. Es el más antiguo y es conocido como “Ranking de Shangai”. Utiliza indicadores específicos para calificar la calidad de la educación, de los docentes, los  resultados de la investigación, y el desempeño de los docentes.

– El ya mencionado QS World University Rankings, que califica el desempeño de las universidades en investigación, docencia, empleo de los graduados e internacionalización.  

– El Times Higher Education World University Rankings (THE), que tiene en cuenta el desempeño en docencia, investigación, proyección social e internacionalización.

Los tres escalafones anteriores subrayan la importancia de la investigación y sus impactos internacionales, la internacionalización de las universidades y su riqueza acumulada.

Campus de la Universidad Nacional Autónoma de México - UNAM
Campus de la Universidad Nacional Autónoma de
México – UNAM.
Foto: Wikimedia Commons

Latinoamérica quedada

Aunque América Latina ha tenido un crecimiento económico sostenido durante una década, ninguna de sus universidades aparece entre las 100 mejores en las últimas publicaciones de los “Rankings Shangai 2014”, QS 2014-2015 y THE 2014-2015, con la única excepción de la Universidad de Sao Paulo.

Este pobre desempeño puede explicarse por dos razones: los indicadores usados por los escalafones mencionados, y la situación propia de América Latina.

Los indicadores

Entre los indicadores empleados, podemos mencionar como causas del bajo nivel de América Latina:

1. El alto valor que los escalafones confieren a la investigación científica de alto nivel, lo cual favorece a las universidades con inmensos recursos y ubicadas en países con un sistema anglosajón de investigaciones.

2. El número de alumnos por docente, lo que va en contra de las universidades públicas superpobladas, como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Buenos Aires, que tienen más de 300.000 estudiantes cada una.

3. La cantidad de referencias hechas a las publicaciones de docentes e investigadores de las universidades latinoamericanas por otros académicos en el mundo, lo que no favorece a los artículos escritos en idiomas distinto del inglés.

Sabemos que la medicina y las ciencias básicas son áreas mejor representadas en los indicadores bibliométricos que las ingenierías, las ciencias sociales y, especialmente, las  humanidades, que son las áreas donde nuestras universidades tienen mayor número de alumnos.  

Y además nuestra región aún no cree que el mundo de la ciencia y la tecnología se desenvuelve en inglés, como sí lo han entendido Asia y Europa, cuyas universidades lo utilizan de manera regular.

4. El hecho de que las encuestas entre académicos y empresas para medir la reputación de las instituciones se realizan sobre todo en países angloparlantes.

5. El reducido intercambio internacional de docentes y de estudiantes por parte de   nuestras universidades, y  

6. Los pocos premios Nobel y Medallas Fields otorgadas a exalumnos y docentes latinoamericanos. La región ha tenido 14 Premios Nobel de Paz y de Literatura, pero solo 7 en Física, Química, Medicina y Economía. Y apenas este año un brasilero ganó la primera Medalla Fields a las matemáticas.

El atraso de fondo

Sin embargo, la mala posición de nuestras universidades es sobre todo un reflejo de la difícil situación de la educación latinoamericana en todos sus niveles.

El profesor Roberto Rigobon, del MIT, opina que América Latina tuvo un buen desarrollo  educativo que permitió a países como Argentina reducir el analfabetismo desde el siglo XIX. Pero en las últimas décadas, la inversión en educación no ha mantenido el mismo ritmo del crecimiento  de la población estudiantil, lo cual les ha impedido mejorar su calidad.

Por su parte el profesor Marco Zago, de la Universidad de Sao Paulo, destaca el hecho de que América Latina y el Caribe aportan menos del 3 por ciento de la inversión global en investigación y desarrollo, mientras que Estados Unidos aporta un 34 por ciento y Europa un 25 por ciento.

Las universidades públicas de América Latina dependen de recursos asignados por los gobiernos, los cuales dan prioridad a la enseñanza sobre la investigación

Las universidades públicas de América Latina dependen de recursos asignados por los gobiernos, los cuales dan prioridad a la enseñanza sobre la investigación. Y son pocas las instituciones que han podido establecer alianzas financieras con el sector privado.

Además, la brecha en productividad es un problema persistente en América Latina y el Caribe, cuyas economías se basan en sectores no intensivos en el uso de tecnología y con baja inversión en investigación, desarrollo e innovación. Según la OCDE, mientras la inversión en investigación y desarrollo de la región es del 0,6 por ciento del Producto Interno Bruto, en el mundo desarrollado es del 2,3 por ciento.

Cobertura sin calidad y mala docencia

Durante los últimos años, los gobiernos de América Latina han destinado recursos cuantiosos a la ampliación de la cobertura, construyendo más instituciones para ofrecer más oportunidades de estudios superiores a un número creciente de bachilleres.

No obstante, es común que nuestras universidades públicas estén sobrepobladas, no reciban presupuestos suficientes y tengan altos índices de deserción. De acuerdo con un reciente artículo, en Argentina solo el 25 por ciento de los que ingresan a la universidad se gradúa, en México, el 30 por ciento, y en Colombia, el 50 por ciento.

Gracias a los esfuerzos para ampliar cobertura, en las dos últimas décadas la región ha duplicado el número de estudiantes universitarios, y ha multiplicado por seis la producción de artículos científicos, que hoy representan el 4,3 por ciento del total mundial.

Pero este aumento en cantidad no ha estado acompañado de un aumento en calidad.

Otra razón de nuestro atraso académico es la existencia, en la mayoría de los países, de un sistema de educación privada con ánimo de lucro paralelo al de la educación pública, que capta la demanda masiva de educación superior sin ofrecer calidad.

Las universidades privadas han permitido una rápida expansión de la cobertura sin que los gobiernos deban gastar más, pero los mecanismos para asegurar su calidad no existen o son débiles.

Además, de acuerdo con Philip Altbach en su libro Paying the Professoriate, en América Latina  menos de un docente por cada diez tiene el grado de doctor, muy por debajo de los estándares de las universidades de calidad.

En la mayoría de los países de la región la profesión de docente no es de tiempo completo, y el 70 por ciento de los profesores trabaja a tiempo parcial. Los bajos salarios de los docentes en las universidades públicas los obliga a tener otros empleos suplementarios, y en estas condices es muy difícil dedicarse a la investigación.

La brecha es muy grande entre los salarios de los profesores de las universidades dedicadas a la investigación y el de quienes laboran en instituciones que se dedican principalmente a la docencia.

Por último, hay que decir que la pérdida de los mejores docentes es un problema para las universidades latinoamericanas, pues muchos de ellos emigran a Europa o a Estados Unidos. Esto hace que mientras en ciertos países del mundo se estén ganando cerebros para la investigación, en Latinoamérica los estemos perdiendo.

 

*Ph.D., profesor de la Universidad Militar Nueva Granada y Asesor de la Comisión Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CONACES).

 

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Ernesto Villarreal
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