Tráfico de migrantes en Colombia: radiografía de un fenómeno en ascenso. - Razón Pública
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Tráfico de migrantes en Colombia: radiografía de un fenómeno en ascenso.

Escrito por Mauricio Palma Gutiérrez
Barco de migrantes haitianos en el mar Caribe.

Barco de migrantes haitianos en el mar Caribe.

Mauricio PalmaColombia se ha convertido en punto de tránsito para miles de migrantes irregulares provenientes de Cuba, África y Asia. Esto entraña una nueva oportunidad para la delincuencia común y las bandas criminales. Y el problema llegó para quedarse.

Mauricio Palma Gutiérrez*

Trata y tráfico de personas

Para hablar de tráfico de migrantes hay que diferenciarlo de la trata de personas. Por ser un fenómeno relativamente reciente en Colombia, lo primero suele confundirse con lo segundo. De hecho, la línea que los separa es tan delgada que a veces parece inexistente.

Por regla general, la trata se refiere al desplazamiento involuntario de individuos con fines de trabajo forzoso o de esclavitud. Colombia ha sido escenario de este fenómeno, en tanto durante varias décadas muchas víctimas han sido oriundas de nuestro territorio.  

Los casos más sonados son los de mujeres, niñas y niños víctimas de explotación sexual. Pero ningún tipo de personas está exento de ser víctima de este delito, para obligarlo a ejercer actividades que van desde la minería o la agricultura hasta un empleo en sweatshops (talleres clandestinos) alrededor del mundo.

Por su parte, el tráfico es una actividad criminal cuyos ejecutores actúan como agentes de paso para personas que tienen la intención de desplazarse -voluntaria o involuntariamente- a través de las fronteras nacionales pero en la mayoría de los casos no cuentan con los permisos para hacerlo.

Estas personas pueden ser calificadas como migrantes irregulares que, por su misma condición, requieren de los servicios de los traficantes. Entre las funciones de éstos últimos se encuentran administrar las rutas de paso fuera del control institucional y proveer los servicios de transporte.  De cualquier forma, los migrantes suelen recurrir a los traficantes en la creencia de que gestión disminuye los riesgos y quizás los costos en los que incurrirían si emprendieran el viaje por sí solos.

Migración irregular a través de Colombia

Puente Internacional de Rumichaca entre Ecuador y Colombia.
Puente Internacional de Rumichaca entre Ecuador y Colombia
Foto: Cancillería del Ecuador

Mediante el seguimiento a varios grupos de traficantes, en Colombia se han logrado establecer algunos indicadores que dan cuenta del fenómeno.

Según Migración Colombia, en 2014 fueron encontrados más de 2.100 migrantes irregulares en diferentes redadas contra bandas de traficantes. En lo que va de 2015 son ya más de 1.100 los reportados.

Aunque estas cifras son apenas la punta del iceberg –por la naturaleza clandestina de este delito-, ellas ilustran su tendencia al aumento. Según el Wall Street Journal, Panamá (siguiente punto de tránsito para la mayoría de migrantes irregulares) reportó en 2014 la llegada de más de 8.000 personas desde Colombia. En lo que va de 2015 este número se acerca a 4.000.

Varios factores explican esta situación. Uno de ellos es la apertura de rutas de migración irregular –ante la saturación de algunas de las más antiguas, como la transpacífica y la caribeña- que ponen a Colombia como punto de paso obligado de miles de personas que buscan llegar a Estados Unidos.

El caso cubano es quizá el más notorio. Desde 2012 el gobierno de Cuba comenzó un proceso de liberalización en materia migratoria, lo cual implica que muchos de sus ciudadanos puedan salir y entrar de la isla con cierta autonomía. Este hecho acabó por coincidir con la liberalización de la política de visados de países como Ecuador y la subscripción de acuerdos entre ambos gobiernos, lo que han traído como resultado el aumento de los flujos migratorios de cubanos.

El tráfico es una actividad criminal cuyos ejecutores actúan como agentes de paso para personas que tienen la intención de desplazarse -voluntaria o involuntariamente- a través de las fronteras nacionales

Las fronteras colombianas confluyen con 76 pasos ilegales que hacen del país un paso obligatorio para conectar con destinos como Panamá y Estados Unidos. Personas provenientes de Asia, de África e incluso de Haití, estarían utilizando esta misma ruta. Son ya más de un centenar los casos reportados de ciudadanos de Bangladesh o de Somalia, así como varias decenas de personas procedentes de Ghana, Nepal y Mali.

Los puntos de mayor tránsito serían los terminales terrestres de Ipiales, Pasto y Medellín, el puerto de Turbo en Antioquia -el principal nodo del tráfico de migrantes desde Colombia hacia Panamá-, Apartadó, el Río Cacarica y Puente América -ya en el tapón del Darién-. Muchos de los migrantes  llegarían a Suramérica por Brasil y pasarían a Colombia vía Perú, y luego Ecuador.

Cómo funciona este ilícito

Muchos migrantes son esclavizados en fábricas textiles y talleres de confección.
Muchos migrantes son esclavizados en fábricas textiles y talleres de confección.
Foto: Gerry Poppelstone

Los rasgos peculiares del tráfico de migrantes y las especificidades del caso colombiano dificultan su seguimiento y control por parte de las autoridades en por lo menos tres aspectos específicos:[TCL1] 

– La primera dificultad resulta del espacio donde tiene lugar el tráfico y de la naturaleza de su objeto: los individuos.

Como la gran mayoría de los tráficos ilícitos, el de migrantes se vale de las zonas donde la presencia del Estado es limitada o tiende a ser disputada. Los epicentros del tráfico son las sensibles zonas fronterizas –como Nariño y Putumayo con Ecuador; y el Urabá antioqueño y chocoano con Panamá- donde la ausencia del gobierno se asocia con la porosidad de las fronteras.

A lo anterior  se suma la disposición de los individuos traficados de colaborar (hasta cierto punto) con sus traficantes con el objeto de llegar a su destino. Esta posibilidad por supuesto no existe en materia de tráfico de bienes.

En estas circunstancias, la respuesta institucional debe ocuparse tanto del aspecto delictivo como de proveer garantías de contenido humanitario. Este acompañamiento aumenta  la posibilidad de que las víctimas colaboren con las autoridades. Contar con traductores oficiales ayudaría a detectar y desmantelar las redes de tráfico.

– La segunda complicación surge de la oportunidad de negocio que representa la migración irregular para las organizaciones criminales existentes. El campo de acción criminal en materia de tráfico de migrantes ha estado prácticamente libre y solo desde hace poco comenzó a ser controlado.

Pero también el tráfico de migrantes se vale de las rutas existentes para otro tipo de movimientos ilícitos. Se producen así economías de escala para los traficantes. Los migrantes pueden servir como correos humanos de drogas u otros bienes ilícitos o extraídos ilegalmente.

Los epicentros del tráfico son las sensibles zonas fronterizas donde la ausencia del gobierno se asocia con la porosidad de las fronteras.

Hay indicios muy serios al respecto. En el  Urabá antioqueño y chocoano se ha reportado  una suerte cohabitación en torno a los retornos del negocio entre bandas criminales –como los Úsuga- y las FARC.  Estos grupos dominarían el tráfico en Turbo, el puerto y su zona de influencia sobre el litoral, mientras que aquellos tendrían el control del negocio sobre la parte continental, en selva próxima al tapón del Darién. Ambos grupos estarían traficando migrantes y otros bienes ilícitos a través de las mismas rutas y medios.

– La tercera dificultad proviene de la naturaleza transnacional del problema. De aquí  la necesidad de una respuesta conjunta entre el gobierno colombiano y los gobiernos vecinos, en el plano municipal y no apenas central. Respuesta que además tendría que  incluir lo político, lo policial y lo humanitario.

Esa respuesta implica intercambios de información entre la fuerza pública de los países afectados, el seguimiento conjunto de las rutas migratorias existentes, y comenzar a pensar en centros de recepción y acogida en los puntos de mayor concentración de migrantes.

Mucho por hacer

Esta, como ya dije, es tan sólo la punta del iceberg de un fenómeno que mueve miles de personas al año, que deja millonarios réditos para empresas criminales y que, por lo pronto, parece acentuarse. 

Mientras las rutas tradicionales se cierran, Colombia se perfila como el centro de un nuevo trayecto migratorio. Y esto mientras en todos los continentes se mantienen o quizás se acentúan los motivos de intentar emigrar hacia Estados Unidos.

La necesidad de acciones políticas y humanitaria es evidente, más aún a pocos días de anuncios como el de China sobre financiamiento de la interconexión férrea entre Brasil y Perú hacia el Pacífico. Este tipo de proyectos, pensados en términos de beneficios comerciales, facilitarán también flujos migratorios irregulares, en medio de un mundo cada vez más interconectado.

 

* Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario e Investigador del Instituto de Ciencia Política “Hernán Echavarría Olózaga”

 

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