Wilson Rodriguez, autor en Razón Pública
Foto: Pixabay - La calificación de Colombia pasó de BBB- a BB+ con perspectiva estable.

Compartir:

Wilson-rodriguez

Aunque la pérdida del grado de inversión podría tener efectos negativos para Colombia, hay espacio para buscar soluciones de largo plazo y robustecer la economía.

Wilson Rodríguez*

La calificación

El pasado 1 de julio, la calificadora de riesgo Fitch Ratings bajó la calificación de la deuda del Estado o “deuda soberana” colombiana de largo plazo, tanto en moneda local como extranjera. La calificación de Colombia pasó de BBB- a BB+ con perspectiva estable.

Esta decisión se suma a la que tomó la calificadora Standard & Poor’s en mayo, al quitarle el grado de inversión a Colombia. Según Fitch Ratings, esta medida se adoptó debido al aumento del déficit fiscal y la deuda pública, así como a la incertidumbre sobre su comportamiento en el mediano plazo.

El problema no es coyuntural

El presidente Iván Duque afirmó que las calificaciones crediticias deben estar basadas en criterios de largo plazo y que no es justo evaluar la economía colombiana con los estándares de la prepandemia, pues tanto la deuda como el déficit aumentaron para poder combatir los efectos de la emergencia sanitaria.

Pero el problema va más allá de los efectos negativos de la pandemia. De hecho, desde la crisis que sufrimos por los precios del petróleo en 2015 se viene discutiendo la posible pérdida del grado de inversión en el país. Esto nos lleva a poner en tela de juicio la manera como fue manejada la economía en épocas de bonanza.

Además, las calificadoras resaltaron el deterioro de la efectividad institucional, otro aspecto que había sido destacado en el pasado. Este y los anteriores gobiernos han sido incapaces de efectuar reformas: no hay interés en promover las reformas laboral o pensional, y la reforma tributaria y a la salud se cayeron.

Desde la crisis que sufrimos por los precios del petróleo en 2015 se viene discutiendo la posible pérdida del grado de inversión en el país

Adicionalmente, todas las instituciones públicas –el Congreso, las altas cortes, la Policía, la presidencia, etc.– tienen bajos índices de aprobación. Esta inestabilidad institucional se ve reflejada en las ya constantes movilizaciones sociales, como las de finales de 2019 y las más recientes.

Por otra parte debo notar que, igual que en el caso de Standard & Poor’s, la decisión de Fitch Ratings no fue sorpresiva. El mercado ya lo había anticipado y, de hecho, en las negociaciones posteriores a la noticia, tanto la bolsa como la moneda tuvieron valorizaciones importantes.

Foto: Pixabay - Debemos centrar nuestras energías en las reformas que se requieren para superar esta crisis, pero no solo pensando en la calificación, sino en la construcción de una economía sostenible y una sociedad estable y fortalecida.

Puede leer: La economía colombiana después de la pandemia

Política fiscal en tiempos de crisis

Se esperaba que la decisión de Fitch fuera anunciada después de conocer el texto de la nueva reforma tributaria, pero la medida se adelantó porque a medidados de junio se dio a conocer el Marco Fiscal de Mediano Plazo.

Este Marco Fiscal dejó en claro que la prioridad del gobierno no es controlar la deuda, sino mantener una política fiscal expansiva para sostener programas sociales y de estímulo al mercado laboral que permitan la reactivación económica. Entre otras cosas, se proyecta un déficit fiscal de 8,6 % para 2021, y se establece que los ajustes fiscales comenzarán apenas en 2023. Este documento no satisfizo las expectativas de calificadoras como Fitch y Moody’s.

Aunque no sea lo que esperaban las calificadoras, la proyección del gobierno es realista dada la necesidad de mantener una política expansiva para recuperar la economía, reducir el desempleo y combatir la pobreza. En este momento, esa debe ser la prioridad, antes que ajustar los presupuestos con políticas de austeridad que ya han demostrado ser equivocadas en tiempos de crisis.

Lo anterior por supuesto significa que seguimos pateando la pelota y que el problema de los recortes de gasto y las nuevas reformas tributarias se le pasan al siguiente gobierno.

Los efectos

La primera consecuencia de la pérdida del grado de inversión son las posibles salidas de capitales. Los estatutos de algunos fondos de inversión les impiden invertir en países que tengan calificación por debajo del grado de inversión en por lo menos dos firmas calificadoras.

No obstante, el ministro de Hacienda ha destacado la confianza que mantienen los mercados financieros en Colombia y que se refleja en los diez billones de pesos de inversión extranjera que han llegado al mercado de deuda pública en los últimos tres meses.

Además de lo anterior, se argumenta que la baja en la calificación aumentaría las tasas de interés a las cuales se endeuda el país, debido a la mayor percepción de riesgo. Pero incluso si esto sucediera, los aumentos no serían considerables, pues las tasas de interés en los mercados globales siguen estando en niveles históricamente bajos.

Igual que en el caso de Standard & Poor’s, la decisión de Fitch Ratings no fue sorpresiva. El mercado ya lo había anticipado

Paradójicamente, la pérdida del grado de inversión elimina un factor de incertidumbre. Durante el último año, se había discutido ampliamente esta posibilidad, y eso había desviado el debate. Hoy, tanto el país como los mercados se pueden enfocar en los aspectos que toman mayor relevancia para el futuro.

En otras palabras, nos quitamos de encima el ruido sobre un posible problema y eso podría llevarnos a una situación con una perspectiva más estable. Esto permite que los inversionistas le apuesten al potencial que tiene un país en el que ya se han castigado sus activos por el efecto de la calificación y que puede representar grandes retornos.

Por último, se piensa que el peso se ha devaluado por la decisión de Fitch. Pero en realidad, nuestra moneda ha mostrado un comportamiento más en línea con el Índice Dólar DXY, es decir, el comportamiento del dólar a nivel mundial, que ha venido subiendo.

Lea en Razón Pública: El reto de reactivar la economía

¿Qué sigue?

Por supuesto, es mejor tener el grado de inversión que no tenerlo. La última vez que Colombia perdió el grado de inversión fue en 1999 y tardó 12 años de ajustes y refuerzos (hasta 2011) para recuperarlo. Seguramente, esta vez se podrá recuperar en un periodo más corto.

Debemos centrar nuestras energías en las reformas para superar esta crisis, pero no solo pensando en la calificación, sino en la construcción de una economía sostenible y una sociedad estable y fortalecida. Por eso, no basta con hacer correcciones ante las dificultades; necesitamos planes de acción para los momentos de bonanza, cuando solemos olvidar la disciplina.

La primera prueba de nuestra voluntad de cambio será la reforma tributaria. Es importante que este proyecto vaya más allá de los problemas inmediatos, que invite a que todos aportemos en proporción a nuestras capacidades y que cumpla con los principios de progresividad y eficiencia.

Si bien tenemos mucho que agradecer a las materias primas y aunque los precios actuales del petróleo son una gran noticia para la recuperación económica, es fundamental que nuestro modelo económico apueste agresivamente por una mayor diversificación. Solo así se podrá reducir la dependencia de los ciclos en materias primas y aumentar nuestro margen de maniobra.

Perdido el grado de inversión, el problema se resuelve con una economía robusta, que fomente el emprendimiento, que produzca empleo y se diversifique. La buena noticia tras todo esto es que Fitch revisó al alza sus proyecciones de crecimiento económico para Colombia de 4,9 % a 6,3 % en 2021 y 3,8 % en 2022. Pero este crecimiento debe estar acompañado de desarrollo y equidad. Que la estabilidad macroeconómica de la que tanto nos jactamos se traduzca en bienestar para todos los colombianos.

Lo anterior debe ir acompañado de instituciones más cercanas a la gente, que construyan confianza y brinden seguridad. Lo de Fitch y Standard & Poor’s era inevitable. Ahora Colombia debe trabajar por soluciones de largo plazo sin el fantasma del grado de inversión, impulsando la vacunación masiva para acelerar la reactivación económica.

0 comentarios

Wilson Rodriguez

Escrito por:

Wilson Rodriguez

*Administrador de empresas, economista con énfasis en finanzas internacionales, magíster en Ciencias Económicas y profesor de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas.

Compartir:

La calificadora de riesgo Standard & Poor’s le quitó el grado de inversión a Colombia en la calificación sobre su deuda. No es la primera vez que pasa y parece que los mercados ya habían descontado la mayor parte de esta noticia, que es mala pero no la más preocupante por ahora. Por Wilson Rodríguez.
Continue reading «¿Qué tan grave es que Colombia pierda el grado de inversión?»

0 comentarios

Wilson Rodriguez

Escrito por:

Wilson Rodriguez

*Administrador de empresas, economista con énfasis en finanzas internacionales, magíster en Ciencias Económicas y profesor de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas.

Foto 5.1 Imagen de MichaelWuensch en Pixabay - Bitcoin

Compartir:

Wilson-rodriguez

Ahora que la Superintendencia aprobó un plan para regularlas, es fundamental entender cómo funcionan las criptomonedas y cuáles son sus principales ventajas y desventajas.

Wilson Rodríguez*

El plan piloto de la Superintendencia

El pasado lunes la Superintendencia Financiera aprobó un plan piloto para vigilar el uso de criptomonedas en Colombia durante un año.

Para analizar esta noticia es fundamental entender cuatro conceptos fundamentales:

  • El dinero fiat es el dinero que usamos en nuestro día a día. El valor de dichos activos está basado en la confianza que tenemos, especialmente con respecto al emisor. El dólar, el euro, el yen y el peso son ejemplos de dinero fiat.
  • La “arena” es un espacio donde se ponen a prueba regulaciones que aún no aplican de manera general.
  • Los exchanges son plataformas de intercambio de criptomonedas.
  • La minería de criptoactivos es la resolución de un problema matemático mediante el uso de equipos informáticos que lleva a conseguir algunas unidades del criptoactivo.

Debido al auge de las criptomonedas en Colombia, el Comité Evaluador y de Seguimiento del proyecto piloto estableció nueve alianzas que harán pruebas en la Arenera de la Superintendencia. Estas alianzas están conformadas por establecimientos de crédito, sociedades especializadas en depósitos electrónicos (Sedpes) y exchanges de alto prestigio.

El plan piloto permitirá realizar operaciones de depósitos y retiro de recursos en productos financieros a nombre de plataformas exchanges. En otras palabras, los bancos funcionarán como un intermediario u operador de pago que les permitirá comprar y vender criptoactivos a una cantidad limitada de clientes.

Este plan pretende evaluar el funcionamiento de la identidad digital y el flujo de información con el fin de mitigar riesgos y avanzar en una regulación general de las criptomonedas.

Foto: Imagen de xresch en Pixabay - Arrancará un plan piloto de criptoactivos en Colombia.

Le recomendamos: Los riesgos del Bitcoin

Ventajas y desventajas

Aunque este tipo de proyectos facilita el acceso regulado al mercado de las criptomonedas, no debemos olvidar los riesgos que recaen sobre el inversionista.

El año pasado, el gobierno de Estados Unidos y su Banco Central se vieron obligado a expandir la política fiscal y monetaria para mitigar los efectos económicos de la pandemia. En consecuencia, los mercados presentaron valorizaciones importantes en la mayoría de sus activos.

Los criptoactivos no fueron ajenos al boom de los mercados financieros: este año el Bitcoin superó los 50.000 dólares y el Dogecoin—que nació como una burla a la fiebre por las criptomonedas—ha tenido valorizaciones de más del 50%.

Como dije más arriba, el valor del dinero fiat depende de la confianza. Muchos ven las emisiones de dinero por parte de los bancos centrales como una amenaza directa al valor de sus ahorros.

Para explicar esta percepción, podemos usar el dólar, la moneda que durante años se ha considerado el activo refugio y reserva de valor por excelencia. Cuando la Reserva Federal, es decir, el banco central de Estados Unidos inyecta miles de millones de dólares a la economía, se presenta un aumento descomunal de la oferta de moneda que la puede llevar a perder valor.

En estos momentos, varios bancos estadounidenses se niegan a recibir depósitos porque tienen mucho dinero y no pueden cumplir los requisitos que les exige la ley. Esto puede conducir a que nos enfrentemos a tasas de captación negativas es decir a que depositar nuestros ahorros en el banco nos costaría perder una parte de dichos recursos. Pero dejarlos “bajo el colchón”, también podría significar menos poder adquisitivo debido a la inflación.

Venezuela es un ejemplo de esta situación: su dinero ha perdido valor porque lo han impreso en exceso. Ahora, usan bolívares para fabricar bolsos y los regalan en el transporte público. Aunque es muy poco probable que esto suceda con el dólar, el caso de los bolívares nos da una idea del problema.

A diferencia del dinero tradicional, las criptomonedas no están centralizadas ni tienen un emisor único que decida aumentar o disminuir la oferta de dicho activo. Como su valor no disminuye por las mismas razones que el dinero fiat, son muy atractivas para los inversionistas que han perdido confianza en el dinero tradicional.

Sin embargo, como no tienen un banco central que los respalde, los criptoactivos no cuentan con tanta confianza como el dinero fiat, y su inflación depende del aumento gradual (aunque limitado) en la oferta.

Además, su precio es sumamente volátil y depende de una demanda creciente impulsada principalmente por la especulación, lo cual representa un alto riesgo para el inversionista.

Los criptoactivos no cuentan con tanta confianza como el dinero fiat, y su inflación depende del aumento gradual (aunque limitado) en la oferta.

En mi opinión, estos criptoactivos no cuentan con fundamentos claros que justifiquen el aumento de su valor actual. Además, no pueden ser considerados divisas porque no cuentan con un Estado emisor y aún no son aceptados como moneda en varios países, lo cual impide que cumplan con una de las principales funciones del dinero: ser medio de pago. En ese sentido, es más adecuado llamarlos criptoactivos que criptomonedas.

Puede leer: El Bitcoin: una guía para curiosos y principiantes

Los más vulnerables

A pesar de estas limitaciones, los criptoactivos llegaron para quedarse. Por eso aplaudo que las autoridades competentes quieran regularlos.

Sin embargo, como señalé en otro artículo en Razón Pública, es peligroso democratizar el acceso a los mercados financieros si no se toman las medidas para impedir que las personas que no tienen conocimiento sobre los riesgos inherentes a dichos mercados enfrenten grandes pérdidas.

En el plan piloto de la Superintendencia, el banco es intermediario del pago, pero no ofrece ningún respaldo al cliente, como es lógico, sobre el riesgo de mercado. Ni el Banco Central, ni la Superfinanciera, ni el Ministerio de Hacienda controlan la emisión de criptoactivos ni ofrecen ningún tipo de respaldo.

El plan piloto de la Superintendencia no ofrece ningún respaldo al cliente

En conclusión, quienes decidan transar con criptoactivos corren el riesgo de que los cambios del mercado perjudiquen sus finanzas. Aunque los inversionistas siempre han corrido riesgos, las criptomonedas han seducido a muchas personas del común que desconocen las complejidades de los mercados. Si vuelve a presentarse una crisis financiera como la de 2008, lo más probable es que los ciudadanos de a pie sean los más perjudicados.

0 comentarios

Wilson Rodriguez

Escrito por:

Wilson Rodriguez

*Administrador de empresas, economista con énfasis en finanzas internacionales, magíster en Ciencias Económicas y profesor de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas.

Foto: Pixabay - PORTADA Wall Street volvió a comenzar el año siendo noticia.

Compartir:

Wilson-rodriguez

Esta es la explicación de lo ocurrido y las lecciones que podemos extraer del más reciente escándalo del mercado financiero estadounidense.

Wilson Rodríguez*

Dos tipos de inversionistas y de inversiones

Hace dos semanas, el mercado financiero volvió a ser noticia. Los principales medios de comunicación publicaron titulares como “Un grupo de jóvenes se organizó a través de Reddit y pusieron en jaque a Wall Street” que cautivaron la atención del mundo entero.

Para comprender lo sucedido necesitamos precisar algunos conceptos claves:

  • En el mercado hay inversionistas institucionales como los bancos, administradoras de fondos o compañías de seguros, pero también inversionistas retail, es decir, personas particulares que hacen operaciones por cuenta propia. Los primeros tienen mucho peso por el volumen de sus operaciones y el tamaño de sus activos. En cambio, los segundos realizan operaciones pequeñas.
  • Un inversionista puede optar por una posición ‘en largo’ (comprar un activo, digamos, una acción de la empresa GameStop) si sus expectativas son optimistas y espera que el producto se valorice. O puede optar por una posición ‘en corto’ (vender el activo) si cree que el producto va a perder valor.

En este último caso, quien toma la posición pedirá prestado el activo a cambio de un interés, y luego lo venderá con la esperanza de que su precio caiga para comprarlo a precio de mercado y devolverlo al dueño original. La diferencia entre el precio al que se vende y el precio al que se compra determina las ganancias o pérdidas del inversionista.

¿Qué pasó?

Lo que sucedió en Wall Street es verdaderamente sorprendente: un grupo de inversionistas retail siguió una recomendación difundida a través de un foro de Reddit llamado Wallstreetbets conformado por jóvenes aficionados que desconocen los fundamentos técnicos y teóricos de la inversión y promueven maniobras bastante agresivas.

No fue una victoria de David contra Goliat, pues, aunque algunos pesos pesados sufrieron grandes pérdidas, otros obtuvieron millonarias ganancias.

La recomendación invitaba a comprar acciones de empresas que están en declive como GameStop, Headphone Maker Koss Corp, Cinema Chain, AMC, Nokia y BlockBuster. Dicha compra generó una mayor demanda y un aumento significativo de sus precios, perjudicando a los inversionistas institucionales que tenían posiciones ‘en corto’ en esas empresas—precisamente porque sabían que las empresas están en declive—. El alza de los precios los obligó a cerrar sus posiciones y a asumir grandes pérdidas.

¿David y Goliat?

Este episodio ha sido descrito como una lucha entre los pequeños inversionistas (retail) y los grandes y poderosos inversionistas institucionales.

Muchos han interpretado lo sucedido como una muestra del inconformismo social o como una ‘lucha’ contra el sistema. Algunos incluso han comparado lo ocurrido con movimientos posteriores a la crisis de 2008, como Occupy Wall Street.

Sin embargo, al comparar los efectos de este episodio con los principios del libre mercado, resulta evidente que no fue un acto de rebelión sino de aceptación. Como señaló el filósofo y sociólogo Slavoj Žižek, “No se trata de una rebelión contra Wall Street, sino de algo mucho más peligroso que subvierte el sistema al identificarse en exceso con él”.

Definitivamente, no fue una victoria de David contra Goliat, pues, aunque algunos pesos pesados sufrieron grandes pérdidas (el hedge fund Melvin Capital, por ejemplo, perdió el 53% de su valor), otros obtuvieron millonarias ganancias. Después de alcanzar sus picos más altos, las acciones han sufrido grandes caídas: algunos lograron materializar sus ganancias y salir a tiempo, pero otros, especialmente los retail, vieron cómo se evaporaban sus utilidades. En estos momentos, esperan ingenuamente que el inusitado fenómeno se repita.

Foto: Wikimedia Commons - La sugerencia de invertir y comprar acciones en empresas como GameStop fue hecha en un blog de Reddit conformado sobre todo por jóvenes aficionados.

Le recomendamos: Los “indignados” de Wall Street no son tan indignados

Lecciones varias

Mientras eso sucede, me gustaría señalar algunas lecciones que podemos extraer de este acontecimiento:

  • La compra de activos que no tienen un sustento en sus “fundamentales” (o solidez intrínseca de la empresa) no es una inversión, sino una apuesta especulativa como las que hacemos en un casino. En este caso, el “efecto manada” hizo que muchos inversionistas pequeños decidieran sobre el precio de acciones de empresas que están en decadencia debido a las nuevas tecnologías y los cambios en patrones de consumo. Esto es un ejemplo del efecto de la psicología de masas y del carácter irracional de los mercados financieros en la actualidad.
  • La mayoría de los inversionistas retail se enfocan en los efectos de sus compras en el corto plazo, no tienen en cuenta los fundamentales de los activos en los que invierten ni su perfil de riesgo, ni el horizonte de tiempo en el cual realizan sus inversiones.
  • Los grandes inversionistas siempre han defendido los supuestos del modelo liberal, especialmente la desregulación del mercado. Pero cuando ese mercado no les favorece—por la participación de actores inesperados—reclaman mayores controles y restricciones. En fin, la hipocresía…
  • Las redes sociales demostraron, una vez más, el inmenso poder que ostentan en la actualidad. Algunos afirman que facilitan la unión de personas que buscan ganarle al sistema y otros aseguran que no son más que un fenómeno de masas irracional. Probablemente, las dos cosas sean ciertas.
  • Las plataformas de trading sin costos de transacción han permitido que muchas más personas tengan acceso a los mercados financieros. Esto contribuye a la democratización del mercado, pero puede dar pie a comportamientos imprudentes si los inversionistas no tienen el conocimiento necesario, y las plataformas resaltan las oportunidades de ganancias y ocultan los riesgos. Indudablemente, nos enfrentamos a una extrema volatilidad que permite obtener ganancias rápidas, pero también grandes pérdidas.
  • El cobro de una comisión pequeña por cada operación habría podido evitar esta situación, pero también habría excluido a los inversionistas que no podían pagarla. Nos enfrentamos, entonces, a un dilema: democratizar los mercados aumentando los riesgos de inversión o limitarlos disminuyendo los riesgos pero también su acceso.
  • Este acontecimiento tendrá repercusiones. Una de ellas es la citación de Jhaneth Yellen, Secretaria del Tesoro de Estados Unidos, a los reguladores del sistema financiero para estudiar las razones y posibles consecuencias de volatilidad causada por estos movimientos. Aunque a nadie le gusta hablar de mayores controles en momentos de euforia, debemos actuar cuanto antes para no sufrir las consecuencias más adelante.
  • La gran cantidad de estudiantes y trabajadores que juegan a ser inversores en su tiempo libre reflejan la falta de educación financiera que prima en las sociedades capitalistas. La posibilidad de que cualquiera pueda negociar los activos más volátiles ha despertado interés entre la gente que disfruta más de la adrenalina de las inversiones que del efecto de dichas operaciones sobre sus ingresos.

La pandemia ha alimentado las ganas de tomar riesgos bajo la premisa de que “solo se vive una vez”. Actualmente, muchos jóvenes aburridos de la monotonía deciden realizar apuestas apalancadas en activos que no conocen desde la comodidad de su hogar. El problema es que no entienden la magnitud ni las repercusiones que sus decisiones pueden tener en el mercado financiero.

El “efecto manada” hizo que muchos inversionistas pequeños decidieran sobre el precio de acciones de empresas que están en decadencia

Este episodio nos invita a preguntarnos por la integridad y la eficiencia de los mercados. Si algo quedó demostrado, es que el sistema es vulnerable ante sus jugadores, y la irracionalidad prima en los mercados contemporáneos.

1 comentarios

Wilson Rodriguez

Escrito por:

Wilson Rodriguez

*Administrador de empresas, economista con énfasis en finanzas internacionales, magíster en Ciencias Económicas y profesor de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas.

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.