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Repensar la educación: maestros, sector privado y familias

Escrito por Felipe Barrera

Felipe Barrera

Más allá de vaguedades como “mejorar la calidad”, de consignas como educación pública contra educación privada, y de propuestas inanes como aumentar un año a la secundaria, la evaluación rigurosa y comparada muestra cosas concretas que funcionan – y cosas que no funcionan- en materia educativa.

Felipe Barrera-Osorio*

Un debate insuficiente

Gran parte del discurso de los expertos colombianos en educación es consistente pero es más bien simplista: la educación es importante, pero es de baja calidad. Los resultados recientes del país en la prueba internacional PISA corroboran el diagnóstico. Más preocupante aún, los datos muestran una tendencia al estancamiento.

Pero el discurso contrasta con la escasez – en calidad y en cantidad- de las propuestas de políticas públicas. Muchas veces las propuestas son generalistas—por ejemplo, que es necesario fortalecer la educación pública—sin decir cómo lograrlo.  Y a esto se suma la ideologización del debate: en vez de discutir cuales políticas aumentan la calidad de la educación, la discusión se centra en tachar, al uno y al otro, de izquierdoso o de neoliberal.

Gran parte del discurso de los expertos colombianos en educación es consistente pero es más bien simplista: la educación es importante, pero es de baja calidad.

En contraste con lo anterior, el trabajo reciente de evaluación rigurosa de programas ha permitido avanzar en el conocimiento sobre cuáles políticas funcionan—y cuáles no—.  Ciertamente, se necesita más conocimiento en temas importantes como pedagogía, pero se ha avanzado, y algunos de los avances son muy promisorios.


Algunos gobiernos, de manera pragmática, están
usando el sector privado para proveer educación
pública. 
Foto: Sergio Fajardo Valderrama

Tres tipos de reformas y sus efectos

Se pueden clasificar las políticas educativas en tres tipos: internas, paralelas, y externas al sistema.

Las políticas internas pretenden cambiar los componentes existentes del colegio (por ejemplo,  disminuir el número de niños por curso o aumentar el salario de maestros); las políticas paralelas intentan cambiar el sistema por medio de nuevos elementos (por ejemplo, maestros diferentes de los regulares y con contratos flexibles), y las políticas externas aspiran a cambiar las características de los estudiantes y sus hogares (por ejemplo mediante transferencias monetarias a las familias más pobres condicionadas a que los hijos asistan a la escuela).

Los estudios recientes apuntan a una conclusión importante: las reformas internas al sistema son altamente inefectivas. “Más de lo mismo” no funciona, si el sistema no opera bien de entrada. Más insumos y recursos a un sistema que no tiene los incentivos adecuados no van a producir ningún cambio.

La propuesta de grado 12 forma parte de este tipo de políticas. ¿De qué forma un año adicional de educación de baja calidad (tal como lo muestra la prueba PISA) puede solucionar el problema de educación? Si no existe un cambio significativo en el sistema, el grado 12 es inefectivo e implica una asignación creciente de recursos a un mal sistema.

En segundo lugar esos estudios permiten concluir que las políticas paralelas dan resultados mixtos. Este tipo de políticas pretende cambiar los incentivos, de modo que funcionan en algunos contextos, pero en otros no funcionan. En mi interpretación, estas políticas son altamente dependientes del contexto institucional de cada país: si las instituciones son débiles, la política puede producir efectos no deseados.

Finalmente, mi tercera conclusión es que las políticas externas son muy prometedoras. Es mucho más fácil cambiar las familias que cambiar el sistema educativo.


Profesor dirige una clase en un colegio de Medellín.
Foto:  MDE Ciudad Inteligente 

Políticas de maestros

Todos los expertos coinciden en decir que los maestros son un componente fundamental en la calidad de educación. Sin embargo, establecer cuáles características definen a un buen maestro es muy difícil.

Las características observables de los maestros (preparación, cursos, títulos, edad, género,  o experiencia, entre otras) no están correlacionadas con ser un buen maestro. Sin embargo, cuando vemos un buen maestro, lo reconocemos y en esta dirección se pueden plantear algunos puntos centrales de una política de educación:

1. Los nuevos maestros deben tener un periodo de prueba suficientemente largo para  detectar quién es bueno y, por supuesto, quién no debería ser maestro. Al cado de este periodo, y luego de hacer observaciones de clase y de ver el rendimiento de los estudiantes, el sistema debe quedarse solo con los mejores.

2. Se debe atraer a los mejores individuos a la profesión de maestros, lo cual es difícil. Un tipo de política promisoria es el programa de “Enseña por América”, el cual tiene ya una contrapartida en el país (“Enseña por Colombia”). Son maestros jóvenes, provenientes de diversas carreras, con excelente record académico. Son los mejores de los mejores. En este programa los maestros tienen un contrato flexible y rápidamente los buenos maestros se reconocen y las personas que no tienen vocación o actitudes no se reenganchan.

La dificultad radica en cómo retener a los mejores. Para hacerlo se necesitan salarios competitivos y atractivos para aquellas personas que han podido demostrar que son buenos maestros.   

¿De qué forma un año adicional de educación de baja calidad (tal como lo muestra la prueba PISA) puede solucionar el problema de educación?

3. Finalmente, es necesario alinear correctamente los incentivos de los profesores. No existen incentivos para mejor la calidad cuando existe promoción automática por antigüedad y estudios. Por consiguiente, una política altamente prometedora son los incentivos a los maestros basados en resultados de los alumnos. Lo fundamental en este tipo de políticas es diseñar incentivos que induzcan a los mejores a quedarse en el sistema y que induzca el mayor esfuerzo posible.

Alianza público-privado

Existe un consenso medianamente claro en educación: el retorno privado a la educación básica es bajo, y el retorno social es alto. El Estado debe intervenir.  

Sin embargo, la recomendación sobre el tipo de intervención ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Los libros de texto de los ochentas proponían que el gobierno debía proveer el servicio directamente, especialmente en zonas marginales. Sin embargo, durante las últimas décadas ha sucedido una revolución silenciosa. Algunos gobiernos -de forma pragmática- están usando al sector privado para proveer educación pública. Estas experiencias mostraron que el sector privado podía ofrecer servicios de forma muy efectiva a las poblaciones pobres y marginales. El Estado puede ser financiador, mientras que el sector privado puede ofrecer el servicio.

La evidencia de países como Chile, India, o Paquistán con este tipo de programas ha mostrado dos puntos importantes:

  • Primero, son fundamentales los parámetros del contrato entre el sector privado y el público. El contrato tiene que estar basado en resultados de calidad, y es importante tener una institucionalidad fuerte para estructurar y supervisar el contrato.
  • Segundo, existen dos riesgos que deben evitarse: (a) que los mejores estudiantes del sector público se vayan al sector privado y, (b) que colegio privados con financiación pública escojan a sus estudiantes. Chile esta trabajando activamente  en ambos problemas.

Uno de los modelos más exitosos en el mundo de alianzas público-privadas son los colegios de concesión de Bogotá. Los colegios de concesión son colegios públicos, administrados por instituciones privadas, con estudiantes de hogares muy pobres. Un tipo de política muy prometedora es un programa de cofinanciación entre el gobierno central y municipalidades para impulsar contratos de concesión, basados en calidad, que abarquen un porcentaje fijo de la oferta en zonas deprimidas y de difícil acceso.

Cambio en las familias

Un niño que proviene de un hogar donde la preocupación diaria es conseguir dinero para poder comer algo, no va a poder funcionar en el colegio. Una niña proveniente de un hogar donde los padres no hablan de educación ni se interesan en el colegio, difícilmente se va a interesar en el colegio.

Parte del problema es, por un lado, que las familias más pobres viven situaciones muy precarias, con alta inseguridad; por otro, que el mismo capital humano de ciertos hogares es muy bajo, produciendo una trampa de baja inversión en educación. Las transferencias condicionadas son programas según los cuales los hogares pobres de una sociedad reciben una cantidad fija y segura de dinero, a cambio de comprometerse a invertir en el capital humano de sus miembros y la cantidad fija de dinero puede cambiar en forma significativa los problemas diarios del hogar.

La primera generación de este tipo de programas condicionaba el dinero a ir al colegio. La nueva generación tiene como objetivo incrementar el esfuerzo de los estudiantes y, de esta forma, mejorar la calidad de educación. Son programas en los cuales se dan incentivos adicionales a ciertos logros educativos, como son terminar secundaria; presentar un buen SABER 11; o ingresar a la terciaria. Los municipios podrían pensar en este tipo de iniciativas.  

Existe un consenso medianamente claro en educación: el retorno privado a la educación básica es bajo, y el retorno social es alto. El Estado debe intervenir.

Otra política que puede cambiar a las familias es “la información como agente de cambio”. La idea básica es simple: información sobre la calidad de los colegios y el desempeño de los alumnos puede cambiar la actitud de padres y estudiantes respecto a la educación y modificar la relación entre los hogares y los colegios. Son programas según los cuales a los hogares se les da información del desempeño de los menores, del colegio en promedio, de los colegios aledaños y del sistema general.

Los retornos o la rentabilidad a la educación es otro tipo de información que se puede otorgar a estudiantes y familias. Este tipo de programas puede aumentar el esfuerzo de los estudiantes, induciendo más escolaridad y mejores resultados en pruebas estandarizadas.

Reforma imperativa

Colombia necesita un cambio importante en el sistema educativo. Las dos opciones son claras: hacer más de lo mismo, y meter más recursos a un sistema fallido, o intentar nuevas opciones. Por lo pronto, una reforma de coyuntura como la del grado 12 no va a cambiar nada.

Lo que es claro, y en esto coincidimos casi todos, es que es necesario un cambio. Es urgente buscar nuevas opciones de política.

 

*  Profesor Asistente de Educación y Economía de la Universidad de Harvard.

@felbarrera

 

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