Discriminación racial: comprendiendo el problema para enfrentarlo - Razón Pública
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Discriminación racial: comprendiendo el problema para enfrentarlo

Escrito por Pastor Murillo

Pastor Elias Murillo

No obstante la retórica formal, el racismo persiste, se repite y afecta gravemente la calidad de vida de los discriminados. Pero cada vez hay más instrumentos y más conciencia para erradicarlo.

Pastor Elías Murillo Martínez*

Siguen los casos de racismo

Transcurridas apenas unas semanas de la muerte de Nelson Mandela, símbolo de la lucha contra el racismo, la discriminación racial y el Apartheid, un internauta brasilero publicó en MercadoLibre -el más grande sitio de compra y venta en Internet en América Latina- un anuncio que decía Negros a la Venta: servirían como carpinteros, albañiles, cocineros, guardias de seguridad, vigilantes de discotecas, barrenderos, recolectores de basura o empleados domésticos", acompañado de una foto de dos niños negros. El precio era de un real, cerca de 45 centavos de dólar.

No hay que olvidar que Brasil abolió la esclavitud apenas en 1888, mientras que Colombia lo hizo mediante la Ley 21 de 1851.

Bastaría con superponer cuatro mapas para graficar la situación de grupos étnicos tradicionalmente discriminados (especialmente pueblos indígenas y afrodescendientes); la diversidad biológica y cultural; el cambio climático y la pobreza. Las coincidencias serían evidentes.

En Colombia, uno de los actos de racismo más reciente fue denunciado por la propia Embajada de Brasil, por hechos ocurridos en contra del futbolista de salón Wesley Nunes da Silva, el 29 de julio de 2013, con ocasión de los Juegos Mundiales, en un partido que tuvo lugar en la ciudad de Buga (Valle del Cauca).

De acuerdo con la queja “…muchos de los más de 3.000 espectadores presentes en el Coliseo de Deportes Luis Ignacio Ávares Ospina imitaban sonido de monos siempre que dicho jugador tenía posesión de la pelota. Eso se ha reproducido a lo largo de todo el partido…”.

Los recientes casos en Brasil y en Colombia son apenas dos ejemplos de los tantos hechos –cada vez más escandalosos– que ponen en evidencia el resurgimiento del racismo y la necesidad de redoblar los esfuerzos para combatirlo.

Otros hechos no menos repudiables han trascendido a los medios de comunicación y, felizmente, han puesto en evidencia el repudio y la consciencia colectiva creciente en torno a la gravedad del problema.


Los pueblos indígenas y afrodescendientes son
tradicionalmente discriminados.
Foto: Gobierno de Guatemala

Un problema global y complejo

Hay que entender que el racismo en sus diferentes manifestaciones no constituye un problema aislado que afecte solamente a ciertos grupos de personas, sino que sus efectos nocivos, de una u otra forma, nos tocan a todos, en tanto habitamos en un mundo cada vez más interdependiente.

Además, muchos de los grandes problemas que enfrenta la humanidad tienen como causa subyacente la cuestión del racismo. Bastaría con superponer cuatro mapas para graficar la situación de grupos étnicos tradicionalmente discriminados (especialmente pueblos indígenas y afrodescendientes); la diversidad biológica y cultural; el cambio climático y la pobreza. Las coincidencias serían evidentes.

Tras los grandes flujos de migrantes, refugiados, desplazados internos y de víctimas del tráfico de personas e incluso en el trasfondo de ciertos conflictos que socavan la paz y la seguridad internacionales, se encuentra la persistencia de la negación, la jerarquización y la relativización del otro, del diferente.

El racismo, más allá de un conjunto de ideas o creencias – prejuicios – expresados en actitudes negativas hacia individuos o grupos de personas, es, en sí mismo, un fenómeno sistémico y estructural, recreado en sistemas sociales racializados.

Es decir que se da, como dice el profesor Eduardo Bonilla Silva, “…en sociedades cuyos niveles económico, político, social e ideológico están parcialmente estructurados por la ubicación de actores en categorías raciales o razas…”[i]. Así, aunque nos choque hablar de razas, hemos de reconocer que raza y racismo son como hermanos siameses. Cuando derrotemos el racismo habremos sepultado el concepto de razas.

los afrodescendientes, que tan solo en América Latina, junto con los pueblos indígenas representan más de un tercio de la población, aún no han sido reconocidos de modo suficiente y, por lo tanto, no participan de manera efectiva en las decisiones que los afectan.

En América Latina, la dramática situación que afronta el pueblo de Haití por las políticas migratorias de República Dominicana, agravadas por un reciente fallo de la más alta Corte de Justicia de dicho país, que profundiza el proceso de desnacionalización y de apatrídia al que se han visto enfrentados cientos de miles de haitianos, es un ejemplo que muestra la gravedad del asunto en la región.

La actual política migratoria de República Dominicana recrea la de comienzos del siglo XX en la región, donde primaron legislaciones como la Ley 114 de 1922, adoptada en Colombia, que en su artículo 11 previó:

“Los agentes de inmigración no visarán pasaporte alguno de inmigrantes que estén en cualquiera de los casos especificados en la Ley 48 de 1920, ni de individuos que por condiciones étnicas sean motivos de precauciones en Colombia. Queda prohibida la entrada al país de elementos que por sus condiciones étnicas, orgánicas o sociales sean inconvenientes para la nacionalidad y para el mejor desarrollo de la raza…”. (Una junta médica era la encargada de certificar el cumplimiento de dicha norma).

En el resto del continente el panorama no es más alentador. En efecto, los afrodescendientes, que tan solo en América Latina, junto con los pueblos indígenas representan más de un tercio de la población, aún no han sido reconocidos de modo suficiente y, por lo tanto, no participan de manera efectiva en las decisiones que los afectan.

En forma sistemática se les viola el derecho a la igualdad (igualdad de trato e igualdad de oportunidades). Asimismo el histórico vínculo entre pobreza y racismo recrea la discriminación.

En América Latina, la superposición de un mapa de pobreza con otro de grupos étnicos pone de presente la existencia de una “pirámide pigmentocrática que da cuenta de la enorme brecha económica, social y cultural.

Basta con observar algunos indicadores socioeconómicos para concluir que esa brecha es una de las principales razones para que la Región no cumpla los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) previstos para el 2015:

Objetivos de Desarrollo del Milenio para la población afrodescendiente, países seleccionados

Fuente: Sonia Eljach y Pastor Murillo. Situación de los Derechos de la Infancia y Adolescencia Afrodescendiente en América Latina y el Caribe – 2011. Página.84  

En Europa, la situación no es mejor y las prohibiciones son de facto. Hechos tan dolorosos como los ocurridos en octubre de 2013, en las costas de Lampedusa, Italia, donde perecieron centenares de migrantes africanos, no están desligados del debate que nos ocupa. Una vez más se pudo constatar el desprecio y la indiferencia por el otro, por el diferente.


El Expresidente y activista anti apartheid,
Nelson Mandela.
Foto: Wikimedia Commons

El racismo en Europa se ha convertido en un instrumento cada vez más utilizado en el ámbito deportivo y en los debates políticos y electorales. Apenas habían pasado unos meses del homenaje que le hiciera la III Cumbre Mundial de Alcaldes y Mandatarios Africanos y Afrodescendientes a la ministra de Integración Social de Italia, Cecile Kyenge, en Cali, Colombia, por la entereza con que afrontó las manifestaciones de racismo de un diputado italiano quien entre otros insultos, le lanzo cáscaras de banano con el fin de asociarla con un simio, para que hechos similares se repitieran con la ministra de Justicia de Francia, Christiane Taubira – otra afrodescendiente, – en retaliación por su respaldo a las políticas de diversidad sexual.

También en Francia, en el marco del anterior debate electoral por la Presidencia, el entonces ministro del Interior manifestó ante un grupo de jóvenes: “A diferencia de los relativistas de izquierda, nosotros pensamos que no todas las civilizaciones valen lo mismo”.

Por eso, hoy es un imperativo ético y político preguntarnos qué aspectos estructurales e ideológicos conducen al fenómeno del racismo y del odio en diferentes partes del mundo y de qué manera podemos contribuir para erradicarlo.

Soluciones globales

En la Conferencia de Durban, realizada en 2001, el racismo fue condenado universalmente. Sin duda un hecho muy reciente para un problema tan antiguo. Con todo, se trató de un acontecimiento importante, pues situó la cuestión del racismo en un lugar destacado en la agenda multilateral, infelizmente opacado apenas unos días más tarde por los lamentables hechos terroristas en las torres gemelas en Nueva York.

Con el paso de los años los desafíos que entrañan el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y demás formas conexas de intolerancia constatados en Durban, se han vuelto más evidentes.

Tras las conferencias de Santiago y de Durban, el racismo y la discriminación racial contra los afrodescendientes ocupan un lugar creciente en las agendas públicas de los Gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil. Si bien los desafíos que enfrentamos en la lucha contra el racismo y la discriminación racial son de enormes proporciones, hay progresos que nos alientan a continuar.

Los discursos del odio preocupan al Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) que en agosto de 2012 adoptó la Recomendación General 35 para  “…contribuir a la promoción del entendimiento, una paz duradera y la seguridad entre comunidades, pueblos y Estados”.

La Recomendación busca combatir el racismos en todas sus manifestaciones: oralmente o en forma impresa, a través de medios electrónicos como Internet y las redes sociales, así como mediante formas no verbales, como la exhibición de símbolos, imágenes y comportamientos racistas en reuniones públicas, incluidos los eventos deportivos.

Felizmente, el año 2014 comienza de manera positiva pues el pasado 23 de diciembre la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Resolución A/68/L.34, por la cual proclamó la Década de los Afrodescendientes, que comenzará el 1 de enero de 2015, y terminará el 31 de diciembre de 2024. 

Igualmente, tras el Año Internacional de los Afrodescendientes, que proclamó la Organización de las Naciones Unidas, a partir de enero de 2011, el reconocimiento, la justicia y el desarrollo para ese colectivo, hoy son un propósito multirracial, universal e irreversible.

El 2011 permitió constatar el impacto que ha tenido en los afrodescendientes, el surgimiento del constitucionalismo de la diversidad, expresado, entre otras esferas, en la adopción de políticas públicas a favor de dicha población. Este nuevo orden constitucional ha sido posible gracias a la transición o la profundización de la democracia en América Latina, y se refleja en las reformas constitucionales que se ha producido en las dos últimas décadas: Colombia (1991), México y Paraguay (1992), Perú (1993), Bolivia y la Argentina (1994), Ecuador (1996 y 1998) y Venezuela (1999).

En su mayoría, estas reformas han estado acompañadas con la ampliación o el reconocimiento de nuevos estándares de derechos humanos integrados al bloque de constitucionalidad, desarrollados por un amplio catálogo de leyes que les otorgan derechos étnicos a los pueblos indígenas y a los afrodescendientes. Incluso, las cartas constitucionales de Bolivia y Ecuador contemplan el reconocimiento a la plurinacionalidad.

Algunos países han adoptado planes de acción contra el racismo y leyes que lo penalizan (la Ley 1482 de 2011, adoptada en Colombia es quizá la más reciente); otros, incluso han adoptado medidas especiales o de acción afirmativa, incluidas cuotas. Tal es el caso de Brasil y Ecuador. Varios países han ratificado y puesto en marcha el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes.

Felizmente, el año 2014 comienza de manera positiva pues el pasado 23 de diciembre la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Resolución A/68/L.34, por la cual proclamó la Década de los Afrodescendientes, que comenzará el 1 de enero de 2015, y terminará el 31 de diciembre de 2024.

La Década permitirá profundizar los esfuerzos desplegados durante el Año Internacional de los Afrodescendientes (2011); con esta decisión la comunidad internacional renueva su compromiso con el tema y ratifica que a problemas globales soluciones globales.

Las dos resoluciones han contado con el respaldo del Gobierno de Colombia. De hecho, el país lideró la primera y copatrocinó la segunda. Ahora el reto es sumar voluntades para hacer realidad el reconocimiento, la justicia y el desarrollo a favor de los afrodescendientes.

 

* Experto independiente, miembro del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD)


[i] Eduardo Bonilla Silva. (2010) ¿Qué es el Racismo? Hacia una interpretación estructural. Página 675. En: Claudia Mosquera Rosero-Labbé, Agustín Lao Montes y Cesar Rodríguez Garavito. (2010). Debates sobre Ciudadanía y políticas raciales en las Américas Negras,  Editores y Coautores. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

 

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