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La salud en las campañas presidenciales

Escrito por Iván Jaramillo
la salud en las campañas 2022

El apoyo de César Gaviria a Gustavo Petro podría ser decisivo en estas elecciones, pero las EPS son su manzana de discordia. En qué consiste este debate, por qué es tan importante y cuál sería la mejor opción para los colombianos.

Iván Jaramillo*

La extraña alianza entre Petro y Gaviria 

Según Semana, Gustavo Petro es un Gulliver en Liliput, el país de los enanos: gana en todas las encuestas.

Pero Petro tiene un peligro muy serio: que en la segunda vuelta aparezca una “Blanca Nieves” capaz de organizarle un “todos contra Petro” (toconPe).  Por eso el candidato de izquierda está tratando de ganar en la primera vuelta. Y para eso a su vez podría aliarse con su peor enemigo “ideológico” que es César Gaviria, adalid del “neoliberalismo” en Colombia.

El expresidente sale un poco deslucido porque no usa como bandera de negociación la apertura económica, que fue la marca de su gobierno (y que, de paso, acabaría resultando en la desindustrialización del país debida a la “enfermedad holandesa”).  A cambio de eso, Gaviria ha puesto sobre la mesa la autonomía del Banco de la Republica y el mantenimiento de las Entidades Promotoras de Salud (EPS), que según el son los únicos elementos exitosos de la “modernización del Estado”:

  • En lo tocante a la “autonomía del emisor”, parece no haber problema con Petro. Según dijo el candidato, “el consejo de administración del banco pertenece a un partido político, el Centro Democrático” y podría estar integrado por voceros de los gremios productivos.
  • El punto principal del desacuerdo se refiere entonces a la continuidad que pretende Gaviria o la eliminación que ha propuesto Petro de las mal llamadas Entidades Prestadoras de Salud (EPS), pues más que prestadoras son realmente aseguradoras.

Los éxitos del sistema colombiano

Hernando Gómez Buendía en su libro Entre la independencia y la pandemia dice que “el principal avance social de Colombia en los últimos treinta años se refiere sin duda a la salud; la población asegurada pasó del 25% en 1990 al 97,6% en 2017; el gasto en salud pasó del 1% del PIB promedio en los ochenta a 7,2% en 2018…”.

Asimismo, el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, ha dicho que quiere reformar la salud tomando como referente la experiencia de Colombia, lo cual no se entiende porque la izquierda colombiana ha dicho hasta el cansancio que la reforma de la salud no es más que una copia al carbón de la reforma chilena y sus ISAPRES.

Precisamente en estos días, el ministro Fernando Ruiz ha sido invitado a Chile para que explique el asunto de la pandemia y reforma de salud y ha dicho que en los últimos años el sistema de salud colombiano se ha consolidado y, actualmente, tiene un 99 % de cobertura de aseguramiento, de los cuales el 47 % corresponde a población subsidiada. El ministro dijo además que “hay 11.000 instituciones hospitalarias (10.000 privadas y 1000 públicas)”. Además, destacó que Colombia es de los países en la región con menor gasto de bolsillo.

Por otra parte, precisó que el sistema de salud se guía por varios principios. “El primero, el principio de bien común, teniendo en cuenta una visión de salud pública; el segundo, la subsidiaridad, considerando la población en condición de pobreza; el tercero, la equidad, esencial como principio y desarrollo de todas las intervenciones en salud”.

El modelo peculiar de Colombia

Para dar un poco de contexto, Otto Bismarck, un burgués alemán de derecha, inventó la Seguridad Social en salud, en pensiones y en riesgos profesionales en 1880. Dicho sistema de seguridad social cubría únicamente a los obreros y su intención era neutralizar la lucha de clases.

En 1947, a Lord William Beveridge, un socialdemócrata de Inglaterra, se le ocurrió promover la universalización de la seguridad social, más allá del proletariado y como alivio a las secuelas de la segunda guerra.

El nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, ha dicho que quiere reformar la salud tomando como referente la experiencia de Colombia, lo cual no se entiende porque la izquierda colombiana ha dicho hasta el cansancio que la reforma de la salud no es más que una copia al carbón de la reforma chilena y sus ISAPRES.

Después, estas ideas se extendieron a otros países, hasta que el Banco Mundial, promotor del neoliberalismo, quiso reformar la seguridad clásica. El experimento se hizo primero en Chile en la década de los 70. De ese modo, se crearon los fondos privados de ahorro pensional individual que tomaban aspectos del aseguramiento social en salud de Bismarck —paradójicamente en consonancia con el principio socialista de todos aportan según su capacidad y reciben según su necesidad—.

Finalmente, estos fondos se convirtieron en una especie de “medicina prepagada” de corte capitalista donde cada quien tiene un plan de salud diferente y proporcional a sus aportes económicos.

Según el Banco Mundial, al desmontar la seguridad social clásica basada en el monopolio y en un solo Plan Obligatorio de Salud (POS) e introducir la competencia del mercado, tanto en la prestación como en el aseguramiento, se produciría una disminución de los precios, una mejor calidad y la eliminación de la corrupción.

Pero en Colombia, si bien el sistema de los fondos privados es una opción similar a la que existe en Chile, el sistema de salud divergió del caso chileno puesto que la constitución de 1991 estableció el Artículo 48, según el cual la Seguridad Social es un servicio público en sujeción a los principios de eficiencia, universalidad y solidaridad, en los términos que establezca la Ley.

Fue así como la ley 100 de 1993 creó la competencia entre las IPS públicas y privadas, desmonopolizó el aseguramiento por parte del ISS y de la Caja Nacional de Previsión y, sobre todo, impulsó las Entidades Promotoras de Salud.

Pero, al verse obligado a aplicar el principio de la “solidaridad” desconocido por la reforma chilena y contrario a los principios neoliberales, el legislador debió establecer un sistema económico de compensación en el régimen contributivo para los trabajadores asalariados y crear, además, el régimen subsidiado de salud para la población vulnerable.

De esta manera nació el sistema de las EPS, competitivo, mercantil pero supremamente solidario y universal. Asimismo, fue el inicio de la tensión entre César Gaviria y Gustavo Petro.

la salud en las campañas 2022
Foto: Ministerio de Salud y protección social - Se requiere si de unas que se especialicen en prevención y promoción con programas como “salud en su casa” y que dependan de los municipios; pero se necesitan otras entidades o EPS nacionales que actúen como “empresas auditoras”.

Corrupción e ineficiencia en el sistema

Si bien es cierto que el interés mercantil —capturar más Unidades de Pago por Capitación (UPC)— impulsó a las EPS, hizo también que el sistema consiguiera la casi universalidad en pocos años.

Pero la competencia público-privada estimuló la ineficiencia y corrupción que, hoy día son la norma en el sistema de salud. El Banco mundial no ha tenido la franqueza de reconocer lo absurdo de las teorías neoliberales o, al menos, sus errores prácticos. Pero hay entidades académicas internacionales como la Revista Brasileña de Políticas Públicas que, si negar los éxitos de la solidaridad y la universalidad del sistema de salud, también han puesto en duda su eficacia.

En un estudio de dicha revista, David Mendieta escribe que la eficiencia del Sistema de Seguridad Social en Salud de Colombia (SGSSS) está en entredicho, siendo la corrupción su principal problema. Además, el alto número de tutelas de salud pone en evidencian esta crisis.  “¿Qué ha pasado con los principios de Universalidad, Solidaridad y Eficiencia del Sistema General de Seguridad Social en Salud de Colombia?” se pregunta Mendieta.

Podría decirse que hoy se necesitan dos clases de EPS. Ninguna de ellas debe manejar los recursos, sino que la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES) debe encargarse de ello.

En ese sentido, el Superintendente de Salud, Fabio Aristizábal Ángel, viene repitiendo que su agencia ha identificado setenta formas de robar en el sistema de salud. Sin embargo, Aristizábal usa el eufemismo de “malas prácticas” en vez de la palabra “robar”. Precisamente el Supersalud ha ordenado en buena hora la liquidación de doce EPS por malas prácticas —algunas de ellas fueron en su momento entregadas a grupos paramilitares por el gobierno de turno—.

Pero tampoco se puede caer en lo que Juan Gossain hace en sus artículos echándole toda la culpa a las EPS y suponiendo que los inmaculados del paseo son las clínicas, los hospitales y los profesionales.

Hacia una destrucción creadora de las EPS

El expresidente Gaviria dijo en alguna reunión de trabajo que las bondades de la reforma en salud eran una especie de peaje para que pudiera pasar la reforma de pensiones. Vale decir que se trataba de dar una palada de socialismo en salud para compensar la otra palada de capitalismo en pensiones.

Sin embargo, el expresidente debe aceptar que las teorías del Banco Mundial, que con tanto entusiasmo impulsó, deben ser ajustadas debido a que la competencia aumentó la corrupción y disminuyó su eficiencia.

Por otra parte, Petro debe superar sus tendencias izquierdistas y aceptar que los prestadores no son San José o la Virgen santísima y que se necesitan otras entidades que los controlen y los auditen.

Podría decirse que hoy se necesitan dos clases de EPS. Ninguna de ellas debe manejar los recursos, sino que la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES) debe encargarse de ello.

  • Se requiere, sí, que unas de estas EPS se especialicen en prevención y promoción con programas como “salud en su casa” y que dependan de los municipios.
  • Pero se necesitan otras entidades o EPS nacionales que actúen como “empresas auditoras” y que controlen la afiliación, la calidad de los servicios, el acceso y los precios.

En otras palabras, es necesario que estas entidades cumplan funciones de auditoría integral al sistema en representación de los usuarios.

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