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Negociar con el ELN, necesario y posible

Escrito por Jaime Zuluaga
paz

Todo favorece ahora una negociación de paz con la otra guerrilla.  Sus líderes han reiterado su disposición.  El Presidente también.  Y sin embargo, no hay señales.  ¿Se  cerrara esta ventana de oportunidad?

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Otras circunstancias

El fin de la confrontación armada mediante una negociación política con las FARC, sin la participación del ELN, vuelve a estar en el centro del debate político, como en 1998.

 

jaime Zuluaga ELN graffitiCon la caida de la Reforma a la Justicia el gobierno dio el mensaje de que para el ciudadano no había justicia.
Foto: Globovisión http://www.flickr.com/photos/
globovision/4654115021/

En ese entonces ambas guerrillas se encontraban a la ofensiva y estaban en una proceso de  fortalecimiento militar, el paramilitarismo se extendía aceleradamente,  el gobierno iniciaba la reingeniería de las Fuerzas Militares y, desde 1999, contó con recursos cuantiosos del gobierno estadounidense para la acción contrainsurgente y antinarcóticos a través del Plan Colombia.

El fracaso de las negociaciones — formalizado en febrero de 2002 — y la cruzada mundial contra el terrorismo liderada por la administración Bush, fueron decisivas para adoptar y ejecutar una estrategia orientada a la derrota militar de las guerrillas: la Política de Seguridad Democrática (PSD).

Hoy la situación es diferente: las fuerzas estatales se han fortalecido cuantitativa y cualitativamente y están a la ofensiva, las guerrillas se han debilitado militar y políticamente y han reducido  su presencia territorial, el paramilitarismo sufrió importantes metamorfosis, pero sobrevive, y la guerra se ha desplazado a zonas marginales y de frontera.

Estas condiciones hicieron posible el tránsito de la PSD del gobierno Uribe a la Política de Prosperidad Democrática (PPD) del actual gobierno: es decir, el paso del énfasis en la seguridad al énfasis en la economía; y de la estrategia de derrota militar de las guerrillas a otra que combina la continuidad de la presión militar con la negociación política.

El contexto internacional es más favorable a la paz negociada que a la estrategia de derrota militar, por  la política de Estados Unidos hacia la región, por la nueva geopolítica de América Latina y por el viraje de Santos en materia de relaciones internacionales.

Optimismo con las FARC

Estos cambios favorecieron la suscripción — el 26 de agosto de 2012 en La Habana — del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”  entre el gobierno nacional y las FARC, donde se consignó “la decisión mutua de poner fin al conflicto como condición esencial para la construcción de la paz estable y duradera.”

El optimismo entre las partes es hoy la nota dominante. El vocero de las FARC en la Mesa de Conversaciones y el presidente Santos coinciden en señalar que el proceso va bien y que se registran avances en la construcción de un acuerdo como nunca antes. Incluso plantean la posibilidad de que se produzca en el curso de este año[1].

Una negociación necesaria

El cierre definitivo del conflicto armado no sería factible si se deja de lado al ELN.  Tres consideraciones sustentan esta afirmación:

1. En primer lugar, se trata de una organización insurgente con medio siglo de existencia a cuestas, que en algunas zonas ha tejido estrechas relaciones políticas con sectores de la población y que está presente en nueve departamentos (ver el análisis de Alejo Vargas, El ELN: una guerrilla distinta en el mismo conflicto, publicado por Razón Pública en diciembre de 2012).

 

jaime Zuluaga ELN manuelPlaca Pérez Martínez: http://www.flickr.com/people/valentos/

Al igual que las FARC, el ELN se encuentra en un proceso de adaptación a la nueva correlación de fuerzas y de recuperación de la iniciativa militar. Según el Informe General del Estado del Conflicto Armado en Colombia, recientemente presentado por la Corporación Nuevo Arco Iris:

2. el ELN aumentó sus acciones en el último año, al pasar de 232 en 2011 a 272 en 2012;

3.  fortaleció su presencia en el Chocó, en el nororiente (Arauca, Casanare y Boyacá);

4. afectó seriamente la construcción del oleoducto del Bicentenario;

5. arreció sus acciones contra la infraestructura petrolera y las empresas multinacionales;

6.  está incidiendo en la regulación de la minería ilegal en Cauca, Nariño, Chocó y Sur de Bolívar[2]

7.En segundo lugar, como lo enseñan los exitosos procesos pasados de paz con el M19, el EPL, el PRT, el  MAQL y la CRS, las negociaciones parceladas no ponen fin al conflicto y los espacios “libres” que dejan las organizaciones que salen de la guerra son ocupados por las guerrillas supérstites u otros grupos armados.

8. Por último, si nos atenemos a las teorías de resolución de conflictos armados, es claro que lo ideal es adelantar negociaciones de paz con todos los grupos, con mayor razón en una situación como la colombiana con fuerte presencia del paramilitarismo y del narcotráfico y de cooptación parcial del Estado por estas fuerzas ilegales.

Una negociación viable

Existen condiciones que hacen viable una negociación con el ELN:

  • Su comandancia  ha reiterado la disposición a entrar en un proceso de negociación. Cuando se instaló la Mesa con las FARC en Oslo, Nicolás Rodríguez Bautista planteó que son “respetuosos” de la opción de las FARC,  que eso “no los distancia”, porque “cada fuerza es soberana para desarrollar sus actividades” y manifestó su interés por que  “el proceso que ahora se inicia por separado, pueda confluir en una misma mesa ya que, salvo algunas diferencias, somos fuerzas con objetivos similares, que es lo más importante”[3].
  • Las FARC han planteado la necesidad de la negociación con el ELN y, conjuntamente con el gobierno, invitaron en el Acuerdo General a las “otras organizaciones guerrilleras a… unirse a este propósito.”
  • Se han adelantado contactos entre el gobierno y este grupo, tal como este informó en la revista Si Futuro. Según el ELN, el gobierno habría entrado en contacto con ellos en agosto, cuando un emisario les entregó un “mensaje del Presidente, en el que decía que estaba interesado en abrir también los diálogos [con ellos y] solicitaba una respuesta… Al presidente ya se le hizo saber que el ELN está dispuesto a ir a los diálogos sin condicionamientos previos. Hasta el momento no se ha pasado de los contactos previos…”[4].

De ser así, ¿por qué no se han iniciado las negociaciones? La respuesta la ha dado el presidente. Al anunciar el Acuerdo General con las FARC, afirmó que el ELN podría incorporarse a las negociaciones, si se acoge al Acuerdo.

Y al responder al anuncio del ELN de que su delegación “para el diálogo exploratorio con el gobierno está conformada y lista para cumplirle a Colombia” — hecho público el día de la instalación de la Mesa de Conversaciones en La Habana —  el presidente sostuvo que “si el ELN quiere algún tipo de acercamiento, tiene que respetar ese principio [se refiere al de la discreción]. En su debido momento le responderemos por los canales adecuados…”[5]

De estas manifestaciones se desprende:

  1. hay interés en la negociación con el ELN, por eso se han producido contactos;
  2.  para que se abra la negociación, el ELN debe acogerse al Acuerdo General;
  3.  aún no es el “debido momento” para iniciarlas.

¿Por qué esta posición?

Aventuro algunas respuestas. Si bien es cierto que resulta preferible negociar con el conjunto del movimiento guerrillero,  reunir en una sola mesa a dos organizaciones que tienen orígenes, historias, relaciones con la población y el territorio, y formas de hacer la guerra tan diferentes plantea dificultades adicionales a las propias de una negociación de esta naturaleza.

 

Jaime Zuluaga ELN marcha

Y las dificultades pueden ser mayores si se tienen en cuenta las agendas y  prioridades de cada organización guerrillera. De ahí la exigencia de acogerse al Acuerdo General para participar en las negociaciones. Así las cosas, parecería más viable organizar dos mesas diferentes, que puedan converger en el futuro mediato, tal como lo ha planteado Nicolás Rodríguez Bautista.

El gobierno y las FARC valoran altamente haber pactado el Acuerdo General para la terminación del conflicto. Es natural que el gobierno le haya dado prioridad a negociar con las FARC, puesto que se trata de una organización con mayor presencia bélica y por tanto de mayor incidencia sobre la terminación del conflicto.

Ojalá esa decisión no lleve a desestimar la necesidad de negociar con el ELN y a tratarlo, al igual que gobiernos anteriores, como una fuerza en vías de extinción. Aún está fresca la lección que dejó esa posición triunfalista, cuando el gobierno Pastrana adelantaba las negociaciones en el Caguán.

Temas comunes, mesas separadas

Aunque no sea posible una mesa única, es necesario abrir, cuanto antes, una mesa para las conversaciones con el ELN.  Si ésta no se ha abierto es, probablemente, porque no se ha  llegado a acuerdos sobre la agenda, o porque en los cálculos del gobierno, no resultaba conveniente iniciar simultáneamente ambos procesos.

Pero dados los avances en La Habana, ahora sí conviene iniciar el diálogo con el ELN. Si  se decide mantener dos mesas independientes durante una fase inicial, la convergencia entre ellas será tanto más difícil cuanto menores sean la diferencias en los tiempos de negociación y en el desarrollo de los acuerdos.

En fin, hay temas diferentes propios de cada agenda, pero otros son comunes y no tiene sentido discutirlos de manera separada.  Por ejemplo: las garantías jurídicas y políticas para los excombatientes y la organización política que emerja del proceso de paz, las condiciones de participación política y la cuestión de las víctimas, entre otros.

 

* Profesor emérito del Externado de Colombia y la Universidad Nacional de Colombia.

 

 

Jaime-Zuluaga-Razon-Publica

Jaime Zuluaga Nieto *

 

El optimismo entre las partes es hoy la nota dominante. El vocero de las FARC en la Mesa de Conversaciones y el presidente Santos coinciden en señalar que el proceso va bien y que se registran avances en la construcción de un acuerdo como nunca antes. Incluso plantean la posibilidad de que se produzca en el curso de este año. 

 

 El ELN aumentó sus acciones en el último año, al pasar de 232 en 2011 a 272 en 2012, fortaleció su presencia en el Chocó, en el nororiente (Arauca, Casanare y Boyacá.

 

 Según el ELN, el gobierno habría entrado en contacto con ellos en agosto, cuando un emisario les entregó un “mensaje del Presidente.

 

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