Límites al conflicto entre Colombia y Venezuela: ¿Réquiem para la guerra en la región andina?* - Razón Pública

Límites al conflicto entre Colombia y Venezuela: ¿Réquiem para la guerra en la región andina?*

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A pesar del gran aumento en la tensión, hay cinco circunstancias de fondo que hacen poco probable un choque armado entre los dos países. Una mirada reposada y distinta sobre la nueva crisis entre Colombia y Venezuela. 

Jorge M. Battaglino **

Venezuela y Colombia han atravesado periodos de conflicto y de cooperación desde la época de formación de los estados en la segunda mitad del siglo 19. La crisis actual fue precedida por incidentes importantes, como el que ocurrió en el archipiélago de los Monjes en 1952; la crisis de la corbeta Caldas en 1987; o el secuestro en Caracas del guerrillero  Rodrigo Granda, en diciembre de 2004[1]. Todas ellas fueron resueltas por la vía diplomática, como la mayoría de las crisis en América del Sur.

Es más, la resolución pacífica de la crisis desatada por la incursión de tropas colombianas en territorio ecuatoriano es un nuevo ejemplo de la naturaleza de las relaciones interestatales en la región andina: los conflictos entre estados se resuelven generalmente sin apelar al uso de la fuerza. 

Sudamérica es la región que ha experimentado la menor cantidad de crisis interestatales entre 1918 y 2005, un 3,6% del total mundial. El 70% de esas crisis se ha resuelto sin apelar al uso de la fuerza, un porcentaje que supera ampliamente al del resto del mundo, donde sólo el 25% tuvo ese desenlace. Un 22% concluyeron en guerras, mientras que en América del Sur sólo el 6% tuvo ese final (ver cuadro abajo). Esta perspectiva comparada permite afirmar que las crisis entre países de la región son raras; los enfrentamientos militares poco probables y las guerras muy improbables.

Crisis internacionales, 1918 a 2005 (n=448) 

Cómo concluyeron…

Mundo (n=448) (96.4%) América del Sur (n=16) (3.6%)

Sin uso de la fuerza

25% 70% (11)

Enfrentamientos menores

28% 20% (3)

Enfrentamientos mayores

25% 6% (1)

Guerra

22% 6% (1)

Fuente: Center for International Development and Conflict Management, Universidad de Maryland.

Esta tendencia a la resolución pacífica de las disputas ha sido analizada desde distintas perspectivas que emplean como variable independiente el efecto estabilizador de la presencia hegemónica de Estados Unidos, el equilibrio del poder en la región, el impacto del tipo de régimen o la existencia de una sociedad de estados[2]. El objetivo de este escrito es complementar los enfoques anteriores mediante el análisis de distintas condiciones que han favorecido el desenlace pacífico de las crisis. Las condiciones que voy a examinar son cinco: (1) El alto nivel de congruencia en el balance Estado-Nación; (2) La orientación interna de las fuerzas armadas; (3) El alto grado de dificultad para pelear una guerra; (4) Los crecientes niveles de interdependencia, y (5) La tradición regional de resolución pacífica de controversias.

Primera condición: un alto nivel de congruencia entre Estado y Nación

La teoría del balance Estado-Nación es un intento reciente de explicar las causas estructurales de la guerra y la paz desde una perspectiva estatal[3]. Este enfoque no es novedoso, sus fuentes se encuentran en los estudios sobre geografía étnica que se multiplicaron en los años 90 para explicar la abundancia de conflictos en África.

Esta teoría sostiene que el grado de congruencia entre la división de una región en estados territoriales y las aspiraciones nacionales e identificación política de sus habitantes, es la variable principal para explicar la probabilidad de una guerra interestatal. Un elevado nivel de congruencia supone una fuerte identificación de los habitantes de un territorio con su Estado y la aceptación de los límites soberanos establecidos por el mismo. Por el contrario, el desequilibrio, o incongruencia, entre el Estado y la Nación es el principal motivo para la guerra[4]. Altos niveles de incongruencia fomentan la aparición de grupos revisionistas, nacionalistas o regionales que desafían el status quo territorial. Estos grupos pueden contribuir a transformar crisis diplomáticas en enfrentamientos o guerras generalizadas. Su ausencia, en cambio, favorece la resolución pacífica de las crisis.

América del Sur es una región con altos niveles de congruencia en el balance Estado-Nación, por ello, una zona pacífica. Ningún Estado ha desaparecido o ha sido creado como resultado de la violencia en el siglo 20, y los cambios en las fronteras nacionales han sido menores. Colombia y Venezuela no escapan a esta caracterización. El nivel de congruencia del Estado-Nación en ambos países es muy elevado. No existen fuerzas étnicas o subnacionales secesionistas o un revisionismo pan-nacionalista. La esencia de la supervivencia de un Estado, su territorio, no corre peligro.

Segunda condición: los militares sudamericanos prefieren la paz interestatal

Los militares sudamericanos han estado volcados a lo interno desde su nacimiento como institución en el siglo 19. Han sido un actor importante en los procesos de construcción del Estado y han adoptado el rol de garantes de la Constitución y del orden interno, que se mantiene inalterado en la mayor parte de los países de la región. Paradójicamente, es ésta orientación interna la que ha favorecido el largo periodo de paz interestatal que disfruta América del Sur[5]. 

El ejército colombiano se crea y consolida más en función de la seguridad interna que de las amenazas externas. Su principal interés estuvo centrado a lo largo de la historia en lo doméstico (protesta social, disputas partidistas o las guerrillas liberales). Esta tendencia  fue reforzada durante el Frente Nacional y más tarde con el surgimiento de los distintos grupos armados internos[6] – sucesos que reforzaron aún más su función de mantener el orden interno.

Las fuerzas armadas de Venezuela siguieron una trayectoria similar a las de Colombia.  La orientación hacia adentro y la politización de los militares nunca dejó de estar presente,  desde el gomecismo, pasando por el trienio, la dictadura de Pérez Jiménez o el puntofijismo. En la etapa actual, esta orientación se manifiesta a través de una creciente militarización del Estado y la sociedad. La adopción de la doctrina asimétrica, como estrategia para enfrentar una eventual agresión de Estados Unidos, representa una formidable oportunidad de expansión y fortalecimiento institucional[7]. Gracias a ella, los militares han pasado a tutelar un gran número de aspectos de la vida del país[8]. En términos doctrinarios, las fuerzas armadas conciben la nueva estrategia en términos de unidad cívico-militar que implica la fusión de ambas esferas como un mecanismo esencial para potenciar la seguridad del Estado frente a amenazas externas[9].

Asimismo, el patrón paradójico de paz externa y violencia interna que ha prevalecido en Sudamérica también puede ser explicado en términos de la existencia de un "cálculo elitista" de la institución militar[10]. Dos experiencias bélicas del siglo 20 parecen ser centrales para el resultado de este cálculo. La Guerra del Chaco (1932-1935) y la de Malvinas (1982). En el primer caso, los dos contendientes, Paraguay y Bolivia, experimentaron severas revoluciones sociales y constante inestabilidad política luego del conflicto. La derrota de las fuerzas armadas argentinas en Malvinas tuvo consecuencias igualmente negativas para la institución militar: Una drástica reducción del presupuesto, un divorcio profundo con la sociedad civil y una crisis de identidad militar. Ambas experiencias indicaron al resto de los militares del continente que la guerra no era el mejor medio para incrementar su bienestar como organización, su rol dentro de la sociedad y su influencia política, sino que podía provocar los efectos contrarios.

Tercera condición: una guerra  difícil de pelear

En el plano militar hay tres factores que desincentivan el estallido de un conflicto armado entre Colombia y Venezuela. Estos factores son: a) la escasa certidumbre sobre quién obtendría la victoria; b) las limitaciones materiales de las fuerzas armadas y del gobierno para sostener un esfuerzo de guerra prolongado; y c) una geografía que dificulta el desarrollo de operaciones militares.

1. Las guerras suelen iniciarse cuando alguno de los bandos tiene certidumbre o percibe que la victoria militar está a su alcance. Una evaluación de las capacidades militares de ambos países establece la existencia de una virtual paridad entre ellos. El ranking de poder militar ubica a Venezuela en el quinto puesto con 316 puntos, seguida de cerca por Colombia con 303[11]. Colombia despliega más fuerzas terrestres, con un ejército altamente entrenado y con décadas de experiencia en combate. En cambio, la fuerza aérea de Venezuela es superior desde el punto de vista tecnológico. Existe equilibrio, en cambio, en las fuerzas navales. De todas formas, estas ventajas parciales deberían relativizarse tanto en el caso del ejército colombiano, que ha sido definido como "una organización con bajos niveles de entrenamiento y alistamiento para guerras convencionales"[12], como en el de la fuerza aérea de Venezuela que aún no ha recibido la totalidad de los SU-30 y cuyos pilotos no tienen aún suficiente entrenamiento. Esta situación de virtual paridad aumenta la incertidumbre respecto al resultado de un eventual conflicto y, por lo tanto, constituye un fuerte incentivo para evitarlo.

2. Los límites materiales a la escalada militar son aquellos relacionados con la posibilidad de sostener en el tiempo el esfuerzo de guerra y se vinculan principalmente con el grado de disponibilidad y mantenimiento del equipamiento. Ambos países destinan escasos recursos a la renovación del material bélico (Venezuela 15% y Colombia 6%), en cambio, gran parte del presupuesto se destina al pago de salarios y jubilaciones[13]. Esta situación es la principal causa de que una proporción importante del material militar se encuentre en desuso o en mal estado. En el caso de Venezuela, existe un porcentaje importante de las naves de la armada con problemas de mantenimiento. Por otra parte, el traslado de tropas hacia la frontera con Colombia reveló los problemas logísticos que experimenta el ejército venezolano. Se ha informado respecto a la escasa disponibilidad de municiones, que solo serían suficientes para pocos días de combate. Colombia atraviesa problemas similares con parte de su armamento destinado a operaciones convencionales, dado que es el menos utilizado para enfrentar a los grupos guerrilleros[14]. En suma, los límites materiales imponen un serio obstáculo para el desarrollo de un conflicto prolongado. En cambio, el escenario es más favorable para enfrentamientos cortos y de alta intensidad.

3. Finalmente, existen evidentes limitaciones geográficas al desarrollo de una guerra en la región andina. Las operaciones en gran escala son difíciles de conducir en ambientes selváticos, la ausencia de infraestructura limita la posibilidad de utilizar blindados o de desplazar grandes cantidades de tropas. Los problemas logísticos se multiplican. Los conflictos que estallan en este tipo de geografía tienden a transformarse en interminables confrontaciones de pequeñas unidades militares apoyadas, no siempre con demasiado éxito, por la fuerza aérea. El conflicto termina por estancarse ante la imposibilidad de obtener ganancias claras en el terreno[15].

Cuarta condición: creciente interdependencia económica

La teoría de la interdependencia también puede contribuir a explicar la ausencia de escalada militar en el conflicto entre Colombia y Venezuela. Las relaciones económicas entre ambos países han aumentado considerablemente en los últimos años, incluso se han llevado a cabo proyectos conjuntos de inversión en áreas de gran sensibilidad para la seguridad nacional, como lo es la energía.

La prolongada situación de conflicto no parece haber afectado el intercambio económico, que ha aumentado considerablemente desde el 2000. Colombia es el segundo mercado para las exportaciones de Venezuela y viceversa. Las exportaciones de Colombia a Venezuela aumentaron 92,9% en el 2007. Venezuela es el primer comprador de manufacturas colombianas y más de un millón de empleos de la industria venezolana dependen de las exportaciones a ese país. El comercio bilateral superará los 6.000 millones de dólares en el 2008[16]. Este monto sería superior si se consideran las exportaciones no registradas que pasan por la frontera, lo que podría incrementar el comercio en 30%[17]. Todo indica que el comercio seguirá aumentado por las ventajas arancelarias (se firmó un acuerdo bilateral de comercio en el 2006), los bajos costos del transporte y el alto grado de complementariedad de las economías. Estos datos parecen indicar que, frente a un escenario de baja probabilidad de conflicto militar, los actores económicos han optado por profundizar el comercio bilateral antes que buscar fuentes alternativas de provisión de bienes.

Las inversiones de Venezuela en Colombia aumentaron 268% entre 2005 y 2006 y las de Colombia se multiplicaron por seis entre 1999 y 2006. En octubre del 2007 se inauguró el primer tramo del Gasoducto Transcaribeño Venezuela-Colombia que abastece de gas colombiano a todo el occidente venezolano y a la estratégica ciudad de Maracaibo. En especial, la literatura considera que el tipo de interdependencia económica que contempla el suministro masivo de energía a una región importante de un país, sugiere un compromiso de largo plazo de los gobiernos respecto a la estabilidad regional.

La disrupción de estos vínculos a través del uso de la fuerza puede imponer considerables costos económicos, sociales y políticos. Las relaciones comerciales crean y consolidan coaliciones y grupos de interés en favor del mantenimiento y profundización del intercambio. De hecho, las cámaras de comercio de ambos países han reiterado la necesidad de mantener la paz dado que un país es socio fundamental del otro. Es poco probable que esta compleja red de intereses y relaciones económicas, y el potencial daño que hubiera provocado su ruptura, no haya sido considerada por los líderes de ambos países durante la crisis.

Quinta condición: la tradición de resolución pacífica de las controversias

América Latina ha resuelto de forma pacífica la mayor cantidad de diferendos territoriales en el mundo, un total de 151 entre  1820 y 1970[18]. Esta tendencia es para algunos autores el resultado del consenso que existe sobre un conjunto de valores, reglas e instituciones formales e informales que ponen freno a la escalada militar y al enfrentamiento bélico.

Aunque Sudamérica no reúne aún todos los requisitos de una "sociedad de estados", posee algunos de sus atributos principales. En especial, ha desarrollado un fuerte respeto por el principio de soberanía y la solución pacífica de las controversias, y ha contribuido a desarrollar una tradición mundial de control de armas, seguridad colectiva y construcción de medidas de confianza, a través de la firma de acuerdos muy tempranos, como la desmilitarización del Estrecho de Magallanes (1881) o los Pactos de Mayo de 1902 entre Argentina y Chile[19].  

Los valores, reglas e instituciones que consagran el principio de no intervención, descartan el uso de la fuerza y favorecen la resolución pacífica de las controversias, se expresan institucionalmente en organismos hemisféricos como la OEA y a través de acuerdos multilaterales o bilaterales. En este sentido, Jorge Domínguez afirma que la OEA fue más efectiva que la Organización de la Unión Africana, la Liga Árabe y la ONU en la resolución de crisis internacionales durante la segunda mitad del siglo 20[20].

La OEA y la acción de otros países de la región han jugado un papel central en la resolución de las principales crisis que atravesaron Colombia y Venezuela. En agosto de 1987 se produjo el incidente más importante, cuando una embarcación colombiana, la corbeta Caldas, que navegaba en aguas que Colombia considera en litigio y Venezuela como aguas soberanas, fue interceptada por naves de guerra venezolanas. La situación, que estuvo a punto de ocasionar un enfrentamiento militar, se solucionó luego de la intervención del secretario general de la OEA y de algunos países amigos[21]. Del mismo modo, la OEA desempeñó un activo papel en la resolución de la crisis desatada por la incursión de tropas colombianas en territorio ecuatoriano. La resolución aprobada por el organismo contó con el apoyo de todas las partes y reafirmó "el principio de que el territorio de un Estado es inviolable  y no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente,  cualquiera fuera el motivo, aún de manera temporal."

El proceso de construcción institucional en la Región Andina tiene dos diferencias claves respecto al del Cono Sur. La primera es un mayor nivel de heterogeneidad en los países andinos respecto a la percepción de amenazas y la respuesta a las mismas. Con la excepción de Venezuela y Bolivia, existe la tendencia a adoptar la agenda de Estados Unidos e incorporar  al terrorismo y al narcotráfico como prioridades de la seguridad y a legitimar el empleo de las fuerzas armadas para combatirlas[22]. La segunda diferencia es que en el Cono Sur se ha desarrollado un nivel de cooperación militar muy superior al de la Región Andina. En esta última no se han logrado cumplir con los objetivos de cooperación establecidos en las distintas cumbres y reuniones subregionales[23]. No se han establecido sistemas efectivos de confianza mutua y existe una escasa cooperación militar entre los países que se reduce, principalmente, al intercambio de información de inteligencia[24].

Pese a estas diferencias, la región andina, y en especial Colombia y Venezuela, han avanzando en la construcción de una relación bilateral de seguridad fundada en tres políticas distintas: 1) A través de la firma de acuerdos bilaterales de no agresión y resolución pacífica de controversias; 2) Mediante el permanente apoyo a intentos subregionales de institucionalizar las relaciones de defensa y seguridad, 3) Aceptando el rol mediador de la OEA cuando una crisis estalla.

Los gobiernos de Colombia y Venezuela han firmado tempranamente un acuerdo de resolución pacífica de las controversias.  Ambos países suscribieron en 1939 el Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial, que prohibía el uso de la fuerza en la relación binacional y establecía una comisión permanente de conciliación para examinar y conciliar litigios. En 1941 se reforzó esta norma mediante la firma del Tratado Binacional para la Solución Pacífica de las Controversias. Ambos tratados siguen vigentes en la actualidad[25].

Desde  la década del 50, la relación bilateral ha estado signada por periodos de cooperación y conflicto. En los años 80 y 90 predominó la cooperación y ambos países avanzaron en la construcción de confianza mediante reuniones periódicas de presidentes y cancilleres. Además se conformaron dos comisiones presidenciales para analizar mecanismos de diálogo y negociación. Las negociaciones no se detuvieron con los cambios de gobierno en ambos países a finales de los 90, aunque su agenda y periodicidad comenzaron a estar sometidas a las tensiones que emergían en la relación entre ambos Estados.

En el plano multilateral, Colombia y Venezuela han participado activamente en el proceso de institucionalización de las relaciones de defensa y seguridad que comienza en 1989 con la Declaración de Galápagos (1989), y continúa con la Declaración de Cartagena (1991);  la Carta Andina para la paz y la seguridad, limitación y control de gastos destinados a la defensa externa (2002); la Conferencia  de Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de los miembros de la Comunidad Andina; los Lineamientos de la Política de Seguridad  Externa Común Andina (que crea la Red Andina de Seguridad en el 2004);  la Declaración de San Francisco de Quito, sobre el establecimiento y desarrollo de la zona de paz andina (2004)[26].

Comentarios finales

Las cinco condiciones analizadas establecen límites a la escalada militar y elevan los costos de una guerra. En Colombia y Venezuela no existen actores internos secesionistas que transformen una crisis diplomática en una guerra generalizada. Las fuerzas armadas no practican un militarismo expansionista, sino que su acción es predominantemente interna, orientada a ocupar espacios en el Estado y la sociedad. Las condiciones en las que se pelearía un potencial conflicto tampoco son favorables a que éste se desate. Existen coaliciones domésticas en ambos países muy beneficiadas por las relaciones económicas bilaterales. La tradición de resolución de conflictos se encuentra muy arraigada en la región.

Este contexto desfavorable a la guerra no suprime la probabilidad de un enfrentamiento militar focalizado y de corta duración entre ambos estados. Paradójicamente, cabe la posibilidad de que las cinco condiciones analizadas y, en especial, la fuerte tradición de resolución de disputas, fomenten estrategias de negociación coercitiva debido a que el riesgo de una guerra generalizada es reducido por la segura intervención del sistema interamericano de resolución de conflictos y por la acción limitadora de un conflicto de las cuatro condiciones restantes.

En este contexto, el desafío que enfrenta Sudamérica es cómo aprovechar estas condiciones para preservar y proyectar el que quizás sea su principal capital político internacional: una zona de paz, libre de armas de destrucción masiva y volcada principalmente al desarrollo de sus sociedades. Las condiciones para la paz pueden reforzarse deliberadamente, sobre todo aquellas que coexisten naturalmente con una democracia plena, pero también pueden ser afectadas por procesos que conduzcan al deterioro de los vínculos regionales y al regreso de concepciones ancladas en la rivalidad y el conflicto. Para evitarlo, se requiere profundizar la institucionalización de mecanismos de cooperación en defensa y seguridad y crear otros para la prevención de conflictos.

 

* Publicado inicialmente en la Revista de la Sociedad Argentina de Análisis Político (Volumen 3, Número 3, Agosto de 2009). En la presente versión se reordenaron algunas secciones y se omitieron algunos párrafos.

** Profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, Ph.D. en Política Latinoamericana de la Universidad de Essex y Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires.

Notas de pie de página


[1] Socorro Ramírez, "Colombia-Venezuela: entre episodios de cooperación y predominio del conflicto", en Jorge Domínguez (comp.), Conflictos territoriales y democracia en América Latina, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2003.

[2] Jorge I. Domínguez con David Mares, Manuel Orozco, David Scott Palmer, Francisco Rojas Aravena y Andrés Serbin, "Disputas fronterizas en América Latina", Foro Internacional XLIV:3, julio-septiembre de 2004; Felix Martin, Militarist Peace in South America, New York, Palgrave, 2006; Arie M. Kacowicz, Zones of Peace in the Third World: South America and West Africa in Comparative Perspective, Albany, State of New York Press, 1998; David R. Mares, Violent Peace. Militarized Interstate Bargaining in Latin America, New York, Columbia University Press, 2001.

[3] Benjamín Miller, States, Nations, and the Great Powers: The Sources of Regional War and Peace, Cambridge, Cambridge University Press, 2007.

[4] Miller sostiene que las teorías neorealistas y liberales son débiles porque no consideran el contexto político de las guerras regionales. Factores como el balance de poder o el dilema de seguridad adquieren importancia sólo cuando existe un desequilibrio en el balance del Estado-Nación. Cuando no hay desequilibrio, el tipo de régimen o el grado de interdependencia adquieren mayor importancia. Benjamín Miller, Ibid.

[5] Felix Martin, Militarist Peace in South America, op.cit; Miguel Angel Centeno, Blood and Debt: War and the Nation State in Latin America, Pennsylvania State University Press, 2002.

[6] Harold A. Trinkunas, Crafting Civilian Control of the Military in Venezuela: A Comparative Perspective, Chapel Hill, NC, University of North Carolina Press, 2005.

[7] Francine Jacome, "Venezuela frente al contexto andino y hemisférico ¿Cambios en la doctrina de seguridad? (1999-2005)," Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (Ildis), junio de 2006. Un análisis actual de las relaciones civiles en Venezuela puede encontrarse en Domingo Irwin G. y Frédérique Langue (Coord.), Militares y Poder en Venezuela: Ensayos históricos vinculados con las relaciones civiles y militares venezolanas, Caracas, Universidad Católica Carlos Andrés Bello, 2005.

[8] Existe una creciente incorporación de militares activos y retirados en todas las esferas del gobierno y, en general, una militarización de distintas instancias en  los espacios civiles. Ver Francine Jacome, "Venezuela frente al contexto andino y hemisférico ¿Cambios en la doctrina de seguridad?, op.cit.

[9] Ibid, pág.64.

[10] Felix Martin, Militarist Peace in South America, op.cit; Miguel Angel Centeno, Blood and Debt: War and the Nation State in Latin America, op.cit.

[11] En http://www.militarypower.com.br/ranking.htm.

[12] Fundación Seguridad & Democracia, Balance militar sudamericano en

http://www.seguridadydemocracia.org/allSeguridadRegional.asp; pag.32.

[13] Resdal, Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina, Edición 2007.

[14] El Universal, 5 de Febrero de 2008.

[15] Tal fue el caso del conflicto entre Perú y Ecuador en 1995. Ver, G. Weidner, "Operation Safe Borders: The Ecuador-Peru Crisis", Joint Forces Quarterly, Spring 1996.

[16] "Vecinos con fuertes lazos comerciales", en

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_7116000/7116289.stm.

[17] Ibid.

[18] Benjamín Miller, States, Nations, and the Great Powers: The Sources of Regional War and Peace, op.cit., pág. 325.

[19] Arie M. Kacowicz, Zones of Peace in the Third World: South America and West Africa in Comparative Perspective, op.cit.

[20] Jorge I. Domínguez con David Mares, Manuel Orozco, David Scott Palmer, Francisco Rojas Aravena y Andrés Serbin, "Disputas fronterizas en América Latina", op.cit.

[21] Socorro Ramírez, "Colombia-Venezuela: entre episodios de cooperación y predominio del conflicto", op.cit, pag. 220.

[22] Socorro, Ramírez, "Tres reuniones andino-brasileñas: síntesis de acuerdos y desacuerdos", en Marco Cepik y Socorro Ramírez: Agenda de seguridad andino-brasileña: primeras aproximaciones, Bogotá, Fescol/Iepri/Universidade Federal Do Rio Grande Do Sul, 2004.

[23] Adrián Bonilla: "Una agenda de seguridad andina", en María Cristina Rosas (coord.), Seguridad hemisférica: un largo y sinuoso camino, México, Unam/CEDH, 2003.

[24] Ibid.

[25] Socorro Ramírez, op.cit,  pág. 203.

[26] Pablo Celi, "El impacto de las políticas de seguridad en el área andina y las condiciones de la cooperación multilateral", en Fundación Friedrich Ebert e ILDIS, Integración, seguridad y conflictos en la subregión andina,  Quito, ILDIS-FES, 2007.

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