Es hora de usar la voz activa al hablar de abuso sexual
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Es hora de usar la voz activa al hablar de abuso sexual

Escrito por Ana María Ferreira
el abuso sexual 2022

La polémica frase de Ingrid Betancourt es un recordatorio de que debemos juzgar a los violadores en vez de estigmatizar a las víctimas.

Ana María Ferreira*

La polémica

Hace unos días, en medio de una conversación sobre la importancia de proteger a las mujeres y a las niñas en nuestra sociedad, la candidata presidencial Ingrid Betancourt dijo que “hay mujeres que se hacen violar”. En un sentido literal, la frase quiere decir que los culpables de este crimen no son los violadores sino las mujeres violadas. Así mismo, implica que las mujeres “buscan” ser violadas.  Posteriormente, la candidata pidió disculpas públicamente y manifestó que se confundió con la estructura de la voz pasiva del francés, su otra lengua materna.

La frase “se hacen violar” es una invitación a discutir la forma en la que hablamos sobre la violencia doméstica y el abuso sexual, pues muchas veces las familias, el sistema judicial y los medios culpan a las víctimas y no los victimarios.

Lo que dijo después parece confirmar su explicación: “Las mujeres que se hacen violar, se hacen violar por gente muy cercana a la familia, o se hacen seguir por delincuentes que siguen su ruta”. Dado que la candidata confundió los verbos tres veces, parece que, en efecto, no fue su intención culpar a las víctimas de su propia violación. Además, como señaló la columnista Sara Tufano, en Francia se ha debatido el uso de la voz pasiva para hablar sobre violencia sexual en un sentido literal y también en la construcción gramática porque pone la culpa sobre la víctima.

En cualquier caso, este artículo no busca culpar o excusar a Betancourt ni explorar la complejidad de la voz pasiva en francés, pues la verdadera intención de la candidata solo está en su conciencia. Sin embargo, la frase “se hacen violar” es una invitación a discutir la forma en la que hablamos sobre la violencia doméstica y el abuso sexual, pues muchas veces las familias, el sistema judicial y los medios culpan a las víctimas y no los victimarios.

Amarillismo y revictimización

Cada vez que sale a la luz un crimen de esta índole, siempre aparecen las siguientes preguntas: ¿Qué ropa llevaba puesta? ¿Había tomado? ¿Dónde estaba? ¿Por qué estaba afuera a esa hora? Dependiendo de las respuestas, justificamos o rechazamos el crimen. En ocasiones decimos que “se lo buscó”. Y es así como muchas víctimas son revictimizadas por la sociedad, los medios y el sistema judicial.

La revictimización puede causar miedo y estrés, agudizar el trauma y dejar secuelas en el largo plazo. Muchas víctimas deciden no denunciar porque temen ser juzgadas. Es por eso que en las estadísticas oficiales no reflejan el verdadero número de casos.

A veces creemos que las palabras no tienen valor y, por ende, no tiene sentido discutir una frase dicha en un debate cualquiera. Pero en realidad, las palabras tienen el poder de transformar la realidad. Una pregunta con tono acusatorio o condescendiente puede marcar la diferencia para una víctima de abuso. Puede llevarla al camino de la sanación o de la destrucción. Incluso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Si bien el principal problema no es el lenguaje sino las violaciones, la forma en la que describimos los hechos puede agredir a las víctimas o contribuir a transformar la forma en que la sociedad percibe estos crímenes.

En Colombia hemos normalizado la revictimización porque nos hemos vuelto insensibles frente al crimen. Como forma parte de nuestra cotidianidad, estamos preparados para que algo malo pase en cualquier momento. Y cuando pasa, nos culpamos. Por ejemplo: No debimos parquear el carro en ese lugar, no debimos haber dejado la billetera sobre la mesa, no debimos haber tomado tanto ni quedarnos en la calle hasta cierta hora… Por increíble que parezca, no le atribuimos la culpa al ladrón sino a nosotros mismos. “No debimos dar papaya”, decimos cuando algo malo nos pasa. Nuestra experiencia en el espacio público está llena de peligros y exige que estemos atentos y cuidemos nuestras pertenencias todo el tiempo.

En español, pocas veces usamos la voz pasiva al hablar. Generalmente, la usamos al escribir. Está presente en titulares como “Las mujeres fueron violadas” que ponen el énfasis en la acción o en el objeto, y no en el sujeto que realizó la acción. En este ejemplo ignoramos quién cometió el crimen. Sin duda, la conexión entre la construcción verbal y la realidad es apabullante, pues el criminal desaparece y la víctima se lleva toda la atención.

También es cierto que muchos medios son expertos en redactar títulos controversiales o llamativos que en ocasiones no tienen nada que ver con el contenido del artículo o la noticia. De esa forma, logran que las personas compartan sus contenidos sin siquiera haberlos leído. Las palabras son poderosas y muchas veces son usadas para desinformar, desaparecer al criminal o culpar a las víctimas.

La importancia de la voz activa

Si bien el principal problema no es el lenguaje sino las violaciones, la forma en la que describimos los hechos puede agredir a las víctimas o contribuir a transformar la forma en que la sociedad percibe estos crímenes. También puede ser un aliciente para alentar a otras víctimas a denunciar. Es por ello que, en vez de enfrascarnos en la discusión sobre la frase de Betancourt, debemos proteger a las víctimas y juzgar a los culpables.

Como profesora de Literatura, siempre les pido a mis estudiantes que tengan cuidado con lo que dicen y la forma en que lo dicen, pues la forma puede alterar el contenido. Incluso un error ortográfico puede modificar el mensaje.

En el debate en cuestión nadie recuerda lo que los candidatos dijeron sobre otros temas, pues la frase de Betancourt se robó el show y quedó resonando en las redes sociales. En vez de obsesionarnos con esa frase, deberíamos discutir la respuesta a la pregunta que le hicieron a los candidatos ese día: ¿Cómo podemos proteger a las mujeres y niñas de nuestro país?

Por supuesto, la respuesta no puede ser que usemos otro tipo de ropa, que no bebamos o que evitemos salir de noche. La respuesta no debe poner el énfasis en la víctima, sino en los criminales. Es hora de que usemos la voz activa para hablar del abuso sexual, pues solo así entenderemos que los violadores son los únicos culpables de las violaciones.

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