Ley del Actor: el futuro del cine colombiano en peligro - Razón Pública
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Ley del Actor: el futuro del cine colombiano en peligro

Escrito por Jacques Toulemonde

Debate de la Ley del Actor en la Comisión Séptima del Senado.

Jacques ToulemondeEste proyecto de Ley fue aprobado en primer debate en el Senado. ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias para el cine colombiano? Aquí están los argumentos de un director en desacuerdo.

Jacques Toulemonde*

Protagonistas por decreto

En abril de este año se radicó el proyecto Ley del Actor en el Senado de la República, y el pasado 15 de junio fue aprobado en primer debate. 

Algunos artículos del texto de esta Ley del Actor me dejaron frío. Y la respuesta de la Asociación Colombiana de Actores al artículo de Arcadia que criticaba la iniciativa, todavía más. Estoy preocupado, triste e indignado.

Admiro profundamente a los actores; los respeto y los quiero. Muchas personas importantes en mi vida son actores. Con ellos he realizado proyectos que le han dado sentido a mi vida. Sé que es una profesión compleja y muchas veces ingrata. Entiendo que sus condiciones laborales deben mejorar y apoyo sus intenciones en ese sentido.

Sin embargo, el texto del proyecto tiene propuestas absurdas. Así, su artículo 11 dice: "Las producciones cinematográficas de ficción o producciones web que cuenten con aportes de presupuesto público, que para su realización utilicen recursos públicos o que se beneficien de la normatividad que favorezca al cine en el país, tales como el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, deberán tener como mínimo en el elenco al menos el 90 % de actores, de conformidad con el artículo 3°". Es decir, deben contar con actores avalados por el Comité de Acreditación Actoral.

Me entristece pensar en los motivos que impulsaron la redacción de este artículo. No quiero ni mencionarlos. Pero pienso que si el cine es importante en Colombia es porque nos permite reflexionar sobre nosotros mismos y sobre nuestra sociedad. 

Algunas películas no deben hacerse con actores profesionales porque buscan un nivel de representación que no puede dar un actor profesional. El abrazo de la serpiente, por ejemplo, no tendría sentido con un 90 por ciento de actores profesionales, impostando su pertenencia a la selva. Tampoco La vendedora de rosas, cuya fuerza está justamente en no trabajar con actores profesionales y en darle una voz a quienes no la tienen. 

Van a matar muchos proyectos y empresas creativas.
 

Este artículo callaría estas voces, así como empresas creativas valiosas e importantes como La sociedad del semáforo, Gente de bien, La tierra y la sombra o El silencio del río, por citar solo algunos ejemplos. Incluso Anna, mi película, que tomó diez años de mi vida, y está protagonizada por actores profesionales, no cumple con la cuota que la ley exigiría.

Trabajar con actores no profesionales no es una decisión que se toma para excluir a los profesionales. Es una necesidad artística, creativa e incluso social que no deberían coartar. Es una opción que no deberían volver imposible. Sería como imponerle a un compositor usar solo ciertos instrumentos en su música.

Además, trabajar con un actor en particular, escribir para él y dirigirlo, es algo que viene de un deseo. Ese deseo no puede nacer de actos legislativos, prohibitivos y proteccionistas. Lo mismo ocurre en el teatro, donde pretenden imponer una cuota del 70 por ciento. E incluso con la televisión. No es con cuotas que van a garantizar más trabajo. Al contrario, van a matar muchos proyectos y empresas creativas.

¿Censura a la vista?

Ciro Guerra, el director de El Abrazo de la Serpiente (2015).
Ciro Guerra, el director de El Abrazo de la Serpiente (2015).
Foto: Casa de América

Más adelante, en el mismo artículo 11, hay lo que los proponentes, supongo, ven como una puerta de salida: "Si por condiciones particulares de la realización del proyecto audiovisual o teatral, se requiere contratar personas que no cumplen los requisitos del artículo 3° de la presente ley en un porcentaje superior al establecido en este artículo, un representante de la producción tendrá que justificarlo ante el Comité de Acreditación Actoral y recibir su aval; sin el cual no podrá continuar la producción".

En primer lugar, les sugiero cambiar el nombre de esa entidad, porque recuerda a la Revolución Cultural de China o al macartismo norteamericano. ¿Se imaginan las consecuencias que pueden resultar de esto? Si yo quiero hacer una película con una comunidad en particular, compuesta por actores no profesionales, debo suplicarle su aval a un Comité. Eso es censura, simple y llana.  Y es totalmente inaceptable.

Por otra parte, el artículo 22 dice: "Las producciones audiovisuales para televisión o medios web, obras cinematográficas consideradas como producto nacional conforme a la normatividad vigente, y/o teatrales realizadas en Colombia podrán contratar como máximo un actor o actriz extranjero visitante temporal y/o turista, en rol protagónico, coprotagónico o antagónico y hasta el 30% de personajes de reparto".

No estoy seguro de que los impulsores de la Ley se den cuenta de las implicaciones de esta disposición: simplemente acaba con las coproducciones. Eso es gravísimo por varios motivos. Las fuentes de financiación en Colombia no son suficientes para muchas películas independientes, que deben asociarse con otros países para encontrar los recursos para hacerse. Les pediríamos dinero a otros países, pero les diríamos que no vamos a cumplir con sus requerimientos (que muchas veces son mínimos). 

Nuevamente, esto haría imposibles Anna o El abrazo de la serpiente. Sin coproducciones internacionales tampoco existirían Los viajes del viento, El vuelco del cangrejo, Gente de bien, El cartel de los sapos, La sirga o La playa, entre muchos otros ejemplos. Esto sería la muerte también de coproducciones minoritarias como Magallanes, Rabia, Pescador o Contracorriente, que les dieron trabajo a actores profesionales colombianos.

Un gran error

El Vuelco del Cangrejo (2008) dirigida por Oscar Ruíz Navia.
El Vuelco del Cangrejo (2008) dirigida por Oscar Ruíz Navia.
Foto: Festival de Cine Africano

En un momento pensé que estos artículos se debían al desconocimiento y la radicalización de una intención que en principio es loable y necesaria para los actores. Pero leí la respuesta al artículo de Arcadia que decía: "Planteamos los porcentajes de actores profesionales en las producciones audiovisuales nacionales, porque no es equitativo que quienes han escogido la actuación como opción de vida, compitan en condiciones de igualdad por los reducidos espacios laborales que hay en el país, con cualquiera a quien decidan los productores convertir en actor".

Con esto se confirmó mi miedo a que esta fuera una decisión consciente y un ataque a mi libertad creativa. Discúlpenme, amigos actores, pero yo, como director, guionista y productor, tengo la facultad de convertir en actor de mis películas a quien quiera, pues filmarlo lo convierte en actor, así sea en esa única oportunidad. 

¿Acaso no puedo filmar a mi padre o a mi madre, como lo he hecho en mis películas? ¿No puedo filmar a mi familia, como lo hizo con la suya Franco Lolli en Rodri? ¿No se puede filmar al colombiano común y corriente? 

No creo que una película sea un producto de calidad por tener o no actores profesionales. 

Además, no somos pioneros en este estilo. John Cassavetes o Maurice Pialat lo hicieron varias veces. Incluso Francis Ford Coppola lo hizo en El Padrino. ¿Qué opinan de esto Ramiro Meneses o Fabio Restrepo, dos de los actores más talentosos del país? ¿Qué opinarían Sofía Coppola o Magaly Solier?

El artículo de Arcadia concluye diciendo: "queremos una industria que genere espacios de trabajo para todos, en la que los directores no tengan que esperar un premio para rodar una película, ni los guionistas pasar años para ver sus historias convertidas en filmes, sino que tengamos público y productoras demandando profesionales para realizar productos de calidad y alto consumo y no seguir asistiendo al triste espectáculo de ver estrenarse decenas de películas colombianas, algunas de las cuales no llegan ni a una semana de exhibición".

Yo también quiero que las películas produzcan trabajo y se hagan sin premios. Pero no creo que una película sea un producto de calidad por tener o no actores profesionales. Tampoco me parece triste ver estrenarse decenas de películas colombianas al año. En realidad, me parece una buena noticia. Si varias de ellas no llegan ni a una semana de exhibición no es por no contar con actores profesionales. Y su proyecto de ley no va a arreglar este fenómeno. Preséntenme al actor colombiano que garantice cifras capaces de competir contra Batman vs. Superman y empezamos una película mañana.

Cuidado, no mezclemos todo. Hay un debate y una reflexión pendientes sobre la distribución y la exhibición de las películas colombianas, pero eso no se va a resolver con esta iniciativa, ni tumbando la Ley de Cine, que es la que nos ha puesto en esta cresta de la ola. Podemos tratar de surfear o caernos.

Aunque apoyo la iniciativa de proteger y garantizar mejores condiciones laborales para los actores, me opondré a esta ley mientras mantenga los artículos en cuestión y sea un ataque a mi libertad artística, creativa y social. Me opondré a ella mientras amenace al cine y al teatro con cuotas y mientras anuncie una censura que remite a los momentos más oscuros de la historia.

Apoyo a los actores, pero no a este proyecto de ley.

* Director, guionista y productor de cine.

 

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