El Reino Unido por fuera de la Unión Europea: ¿qué sigue? - Razón Pública
Inicio TemasInternacional El Reino Unido por fuera de la Unión Europea: ¿qué sigue?

El Reino Unido por fuera de la Unión Europea: ¿qué sigue?

Escrito por Francesco Bogliacino

Ante los resultados del Brexit el Primer Ministro Británico David Cameron renunció a su cargo.

Francesco Bogliacino¿Por qué los ingleses decidieron salirse de la Unión Europea? ¿Quién gana y quién pierde con esta decisión? ¿Qué consecuencias tendrá para la economía inglesa?  ¿Y para el futuro de la Unión?

Francesco Bogliacino*

Resultado sorpresivo

El jueves 23 de junio los ciudadanos del Reino Unido votaron por segunda vez un referendo sobre la permanencia o el abandono de la Unión Europea (UE). La primera consulta de este tipo se produjo en 1975, dos años después de que el país ingresó a la Comunidad Económica Europea.

La consulta de este jueves fue una decisión del primer ministro conservador, David Cameron, quien bajo presión del derechista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por su nombre en inglés), decidió cortejar el voto antieuropeo y prometió llevar a cabo el referendo. Pero mientras en la década de 1970 la integración a Europa era un asunto de disputa entre partidos, en este caso las divisiones eran trasversales, con los extremos de cada lado a favor de abandonar la Unión. 

Finalmente resultó ganador el “Brexit” (por “British exit” o salida de Inglaterra) con el 52 por ciento de los votos y una participación de alrededor del 70 por ciento del censo electoral.

Los jóvenes, las personas más educadas y las élites votaron para quedarse.

Este resultado fue una gran sorpresa. Aunque hace algunos meses las encuestas se inclinaban por el Brexit, el repudio al asesinato de la congresista Jo Cox por parte de un extremista de derecha y la alta participación electoral parecían señales de la movilización de aquella parte del electorado con simpatías hacia Europa. Incluso Nigel Farange, quizás el líder más caracterizado del Brexit, hizo declaraciones al cierre de las urnas que parecían reconocer la derrota. Pero en la noche llegó el resultado que dejó atónita a la opinión mundial.

Según The Guardian, los jóvenes, las personas más educadas y las élites votaron para quedarse, mientras que la clase media-baja y las zonas rurales votaron por salirse de Europa.    

Técnicamente, el referendo es de carácter consultivo y por tanto el Reino Unido todavía puede no recurrir al artículo 50 del Tratado de Lisboa para abandonar la Unión.

Un matrimonio incómodo

Nigel Farage, político conservador y líder del UK Independence Party.
Nigel Farage, político conservador y líder del UK Independence Party.
Foto: Gage Skidmore

La relación de Inglaterra con Europa ha sido siempre conflictiva y a lo largo de los años el país ha negociado varios estatutos especiales dentro de la UE. La última negociación concluyó en febrero de este año y el Reino Unido pactó los siguientes puntos: 

  • Mayor capacidad para proteger a los trabajadores locales,
  • Mecanismos para combatir el “turismo del bienestar”, o sea la posibilidad de que otros ciudadanos de la Unión se aprovechen de los subsidios ingleses (por ejemplo, mandando ese dinero a sus parientes por fuera del país),
  • Mayor margen de maniobra sobre las normas que caracterizan los países del euro (que nunca adoptó),
  • La no aplicabilidad hacia Reino Unido de la clausola “hacia mayor integración”, como disponen los tratados de la UE.

Como se sabe, el Reino Unido no adoptó el euro ni suscribió el Tratado de Schengen que regula la movilidad de personas y trabajadores.

El debate alrededor del referendo fue sin duda emocional, populista y basado en argumentos más bien superficiales. Aunque el bando de salida (“leave”) ridiculizó las regulaciones europeas y usó expresiones muy duras contra los inmigrantes, quienes  apoyaban el quedarse (“remain”) no se quedaron atrás pues apelaron al terrorismo mediático sobre las consecuencias negativas de abandonar la UE.

Pero ¿cuáles serán las consecuencias reales para el Reino Unido de abandonar la Unión Europea? Imaginar escenarios no es fácil, pero hay algunos indicios que ayudarían a entender la situación.

Economía y política

Según algunos analistas, el elemento más débil de la economía británica es su cuenta externa.

La Gráfica 1 muestra la evolución de la cuenta corriente de la balanza de pagos como porcentaje del PIB. Allí se nota que el Reino Unido arrastra un déficit externo desde mitad de la década de 1980 y como producto de las políticas de liberalización financiera del gobierno de Margaret Thatcher. Pero esta debilidad no ha sido hasta el momento un gran problema debido a la confianza internacional en la economía inglesa. No se anticipa que el retiro de la Unión afecte seriamente esta confianza, y por lo tanto el brexit no tendría gran impacto en este aspecto.

Gráfica 1 Saldo de la Cuenta Corriente de la balanza de Pago (en % del PIB): Reino Unido

Fuente: IMF, World Economic Outlook Database

La capacidad para atraer capitales se debe en mucho a la plaza financiera de la City y a la  ventaja comparativa de Inglaterra en materia de servicios financieros. Además, el Reino Unido tiene su propia moneda y se endeuda en ella, lo cual limitará los efectos negativos de la devaluación en curso. Y, no menos importante, Londres adhiere a la ortodoxia económica de los mercados financieros que están a favor de la austeridad y en contra de la inflación: esto se vio con claridad en las duras medidas de austeridad adoptadas tomadas desde 2010, que implicaron un recorte del gasto público de cinco puntos del PIB en cinco años.

Pero el Reino Unido depende en gran medida del comercio con la UE. Según  Eurostat (la oficina estadística de la Unión), el 44,4 por ciento de las exportaciones británicas en 2015 fueron hacia este mercado (en el año 2000 esta cuota era del 59,4 por ciento, lo cual demuestra que sus exportaciones han ido diversificándose). Por eso el principal impacto económico vendría por el lado del comercio.

Lo más probable es que el Reino Unido empiece una negociación para pertenecer al Área de Libre Comercio Europea (EFTA por su nombre en inglés), de cual ya forma parte  Islandia, Suiza y Noruega, entre otros países. La ironía para los partidarios del brexit consistiría en recibir por la ventana lo que salió por la puerta pues el tratado EFTA implicaría volver a las odiadas regulaciones europeas, aunque con menos restricciones en materias como el mercado de trabajo y la inmigración. Sin embargo nadie quiere empezar la negociación en este momento, porque obviamente Europa impondría requerimientos punitivos ante la solicitud de Inglaterra. Es bueno subrayar que culquier retalación por parte Europea sería contraproduciente, porque el 53% del deficit externo británico se explica por comercio intra-EU. Además, medidas punitivas serían percibidas como imperialistas y favorecerían el descontento hacia la UE.

Los cambios más intensos se darán en la esfera política, como quedó probado con la renuncia de Cameron al día siguiente del referendo. También después de la votación, Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista (de centro-izquierda), fue seriamente criticado por su débil campaña en favor de la permanencia dentro de la UE.

Consecuencias para Europa

Campaña en pro de mantener al Reino Unido en la Unión Europea.
Campaña en pro de mantener al Reino Unido en la Unión Europea.
Foto: Toby Scott

Los analistas llevamos años diciendo que en el viejo continente se veía venir una crisis como esta. La UE ha construido un tejido irracional de  instituciones que profundizan en lugar de absorber las divergencias económicas. Esto sucede con el euro, con la unión bancaria y con el territorio Schengen. Y la crisis no ha hecho sino agudizar estos desequilibrios.

La movilidad de los ciudadanos y el talante pro-mercado y neoliberal de la UE, aunque producen grandes ganadores también producen muchos perdedores entre la clase media. Por eso las opciones populistas y extremistas, que se valen de chivos expiatorios para capturar votos, tienen tanto eco en Europa como en otras regiones del mundo.

Que la crisis haya estallado en el Reino Unido, que ha estado mucho menos comprometido con la integración, se debe a contingencias de la historia. Pero los problemas de Europa son reales y explican en parte los flujos de migrantes que van a Inglaterra en busca de mejores políticas sociales. Por eso, a pesar de sus lamentables tonos racistas, la campaña a favor del leave dio en el clavo entre el electorado inglés.  

El Reino Unido depende en gran medida del comercio con la UE.

El resultado final marcará un hito importante y es posible que regiones del Reino Unido como Escocia o Irlanda del Norte pidan su propio referendo para quedarse dentro de la UE. También, en el futuro, otros países pueden pedir su salida de la Unión, ya que el brexit ha marcado un precedente de indudable importacias. Finalmente, es también posible que se busque un reparo legal para no respetar la decisión de las urnas.

Al final, sin acudir a la clásica utopía de “otra Europa posible”, las únicas opciones reales son más Europa o menos Europa. Más Europa quiere decir ignorar el voto inglés, como se hizo con el referendo griego de julio de 2015, con los referendos contra la Constitución Europea en Francia y Holanda en 2005 o con el no danés a la ratificación del Tratado de Maastricht en 1992.

Esta opción significa seguir creyendo que el descontento popular de Europa se debe a que no hay suficiente unión y seguir impulsando la senda integracionista que se ha reforzado desde la crisis. El riesgo aquí consiste en que a medida que se acentúe la integración, la ola de derecha seguirá creciendo en toda Europa.

Por otro lado podría pensarse en una menos romántica congelación del proceso de integración, en devolver las competencias económicas y en renegociar las condiciones de movilidad, manteniendo un sistema federal y un área de intercambio económico y de cooperación política. Pero al momento el clima político no parece apoyar soluciones racionales.

 

* Economista de la Universidad de Torino (Italia) y Ph.D. en Economía de la Universidad de Pavia (Italia), profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional.

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies