La COP 16: el evento que ‘ambientalizó’ a los alcaldes
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La COP 16: el evento que ‘ambientalizó’ a los alcaldes

Escrito por Alejandro Sanchez

La inseguridad ha sido la bandera de los nuevos alcaldes de Bogotá y de Cali, pero la posibilidad de alojar la COP16 está cambiando sus discursos: ¿qué tan cierto es ese cambio?

Alejandro Sánchez Guevara*

El discurso de la seguridad

Debido a las múltiples prácticas nocivas para el ambiente de los salientes alcaldes de Bogotá, Claudia López, y de Cali, Jorge Iván Ospina, el interés local en el desarrollo sostenible perdió mucha fuerza; en su lugar se dio énfasis al problema de la inseguridad ciudadana.

Esta “securitización” de la agenda consiste en posicionar el tema como causa originaria a todos los males de una ciudad. Su lógica es la siguiente: si hay inseguridad disminuye la confianza de los empresarios y, por tanto, la inversión; sin inversión no hay nuevos empleos y las empresas optan por trasladarse a lugares más seguros; peor todavía: el desempleo aumenta la inseguridad, y así caemos en un círculo vicioso.

¿Qué hacer ante este círculo vicioso? Invertir recursos públicos en la seguridad, sacrificando otras materias como el bienestar social o la defensa del ambiente: más agentes de policía, mejor tecnología para los agentes, operativos conjuntos con las fuerzas militares, ‘inteligencia’ contra las bandas criminales, más Comandos de Atención Inmediata (CAI), más estaciones de policía. En fin, armar, dotar, capacitar hasta la saciedad a las fuerzas policivas de las ciudades.

la ciudad que sea anfitriona sacará réditos económicos, ya que se esperan cerca de 12.000 visitantes que moverán toda la cadena de valor del sector turístico: hoteles, transporte, aéreo, catering y restaurantes, traductores

Este discurso fue adoptado por los actuales alcaldes Carlos Fernando Galán y Alejandro Eder para hacerse elegir, el primero bajo el lema “Bogotá camina segura” y el segundo bajo el de “Seguridad y Orden”. Uno de sus primeros actos de gobierno fue reunirse con comandantes y generales de la policía y el ejército, como también con el Ministerio de Defensa. Ambos alcaldes comenzaron su gestión sacando a las calles a la policía y a los guardas de tránsito para hacer controles y retenes.

Esta estrategia se complementa con una hábil campaña mediática para mostrar resultados rápidos frente al reto de ‘devolverle la seguridad’ a bogotanos y caleños.

Un giro en los discursos: de la defensa a la ciudadanía a la del ambiente

Pero por estos días ha disminuido el ímpetu en impulsar la agenda de la seguridad. Y es porque la ministra de Medioambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad, anunció que Bogotá y Cali se encuentran entre las ciudades finalistas para acoger la Conferencia de las Partes signatarias de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en su sesión 165, conocida como COP16.

La COP es el evento internacional más importante para plantear acciones, programas y apoyos financieros para proteger la cada vez más amenazada biodiversidad mundial. Es un encuentro de organismos multilaterales, gobiernos, empresas, activistas y conferencistas especializados al cual la prensa le da amplio cubrimiento. Por tanto, la ciudad que sea anfitriona sacará réditos económicos, ya que se esperan cerca de 12.000 visitantes que moverán toda la cadena de valor del sector turístico: hoteles, transporte, aéreo, catering y restaurantes, traductores, entre otros. Adicionalmente, la COP 16 es una oportunidad para ‘vender’ a la ciudad designada como destino, posicionándola además como centro defensor de la biodiversidad.

Conscientes de las posibilidades y beneficios que representaría el evento para las respectivas ciudades, los alcaldes Eder y Galán le han pegado a su imagen una ‘lavada ambiental’ o greenwashing. Ahora se están vendiendo como los máximos defensores de la biodiversidad que alojan sus territorios. Son cientos las publicaciones en redes sociales que, desde las cuentas institucionales y personales, promueven a Cali o Bogotá como la ciudad más apta para acoger el evento.

Los alcaldes se muestran como los más defensores de los farallones, de los cerros, de las aves, de las políticas de carbono neutro, de la protección ambiental, de la protección del agua, etc. Ninguno de ellos se sonroja al mostrarse como grandes conocedores y protectores de la biodiversidad, cuando en campaña y en sus primeros días de gobierno, las agendas ambientales no pasaban de ser temas secundarios o de ser una retórica utilizada para legitimar determinadas acciones.

Por eso el nuevo tono enverdecido de Galán y Eder no debe ser aplaudido; habría que mirarlo con recelo, porque una vez pasen los doce días que dura la COP16, volverían a desplazar las agendas ambientalistas por su creencia de que la seguridad es la piedra angular de sus gestiones respectivas.

Un giro que podría ser sin reversa

No obstante, el evento puede ser la oportunidad para comprometer a dichos mandatarios con acciones urgentes para proteger los ecosistemas seriamente dañados en tiempos recientes.

Por ejemplo, Bogotá viene de apagar uno de los incendios más intensivos y perjudiciales que se hayan visto en Colombia en los últimos tiempos, pues lo que se quemó fueron los páramos y cientos de frailejones centenarios.

Cali, por su parte, viene de recibir en el mes de noviembre de 2023, una alerta por parte de la Procuraduría General de la Nación, en la que advierte que en los Farallones de Cali se encuentran elevados niveles de mercurio y cianuro que desembocan en los afluentes del Río Cali, ocasionados por la minería ilegal.

Otro ecosistema que requiere especial atención en dichas ciudades son los humedales: para el caso de Cali, en los últimos años la Contraloría Distrital de la ciudad ha evidenciado un deterioro en la calidad del agua de los humedales Charco Azul y el Pondaje, ubicados hacia el oriente de la ciudad.

En Bogotá, la tan defendida reserva Van Der Hammen, ha sido condenada por Claudia López a quedar aislada de su conectividad ecológica, lo que amenaza su conservación.

Foto: Parques Nacionales - En noviembre de 2023 la Procuraduría advirtió que los niveles de mercurio y cianuro en los Farallones en Cali están elevados y desembocan en el río Cali.

el nuevo tono enverdecido de Galán y Eder no debe ser aplaudido; habría que mirarlo con recelo, porque una vez pasen los doce días que dura la COP16, volverían a desplazar las agendas ambientalistas por su creencia de que la seguridad es la piedra angular de sus gestiones respectivas.

Finalmente, otro frente que podría requerir también acciones urgentes es la gestión de las aguas residuales. El río Bogotá sigue presentando altísimos niveles de contaminación, mientras que en Cali, la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) no tiene capacidad suficiente para tratar el total de las aguas servidas, por lo que se viene haciendo vertimiento directo al Río Cauca, deteriorando la calidad del agua de este río.

Así pues, los actuales mandatarios han abierto una brecha para volver a posicionar los problemas ambientales de dichas ciudades y da la casualidad que la han abierto en días previos a las formulaciones de los respectivos Planes de Desarrollo Distritales.

Para este momento resuenan de importancia las palabras de José Acevedo y Gómez para el movimiento ambientalista y la ciudadanía en general: “Santafereños(as) [y caleños(as)], si dejáis perder estos momentos de efervescencia y calor, sí dejáis escapar esta ocasión única y febril” en menos de 12 días —que es lo que dura la COP16— la sostenibilidad ambiental volverá a estar en segundo plano.

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